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miércoles, 13 de marzo de 2024

El caso del fugado de Villa Cisneros

Recoge Carlos Hernández de Miguel en "Los campos de concentración de Franco: Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradas" cómo se produjo una fuga masiva en el campo de concentración de Villa Cisneros: «En Villa Cisneros, en el Sáhara, el 13 de marzo de 1937 se escaparon los noventa y nueve hombres que permanecían allí confinados. Contaron con el apoyo de uno de los oficiales del campo y de varios soldados. Aprovechando que el grueso de la guarnición había abandonado el lugar para realizar una patrulla, se hicieron con armas y lograron someter a sus guardianes. Una vez conseguido ese primer objetivo, aún quedaba lo más difícil, abandonar esa remota colonia española. A bordo de una falúa abordaron el buque Viera y Clavijo, en el que encontraron la complicidad de buena parte de la tripulación. Tras un rocambolesco viaje en el que la prensa del Movimiento llegó a anunciar su hundimiento, el barco llegó hasta Dakar, desde donde los evadidos consiguieron viajar hasta la España republicana».

Grupo de soldados evadidos de Villa Cisneros
durante su estancia en Dakar.

Los huidos eran un total de 23 (veintitrés) fugados del campos de concentración y 93 (noventa y tres) clases y soldados del Regimiento Infantería Canarias nº. 39, entre ello el sargento jefe del complot; 34 (treinta y cuatro) tripulantes del Viera y Clavijo y 2 (dos) pasajeros del mismo, lo que hacían un total 152 personas.

Y, entre estos, se encontrará el canario Luis Rodríguez García. Nacido en 1914, tras hacer el bachillerato se incorporó al ejército, estando destacado en Guinea Ecuatorial, cuando comenzó la guerra. 

Cuenta Víctor Sanz en "El exilio español en Venezuela" que «su destacamento era fiel a la República, pero quedaron recluidos en Africa, hasta que llegó la oportunidad de ir a la península. Había cuarenta y nueve prisioneros políticos enviados por por Franco, entre ellos el escrtior José Antonio Rial, y se separaron para asaltar un barco que llegaba cada quince días, en el cual había gente que se había puesto de acuerdo. El 13 de marzo se fueron todos los que simpatizaban con la República a Dakar. La marina francesa les condujo a Francia, en 1937, y de allí a España, siendo recibidos en Port Bou por Indalecio Prieto. Tenía el grado de sargento y le asignaron al transporte en Valencia. Alcanzó el grado de teniente y estaba a las órdenes directas del gobierno. Destinado al 13 ° Batallón Disciplinario, en Murcia, encargado de prisioneros extranjeros, conoció algunos italianos, que encontró años después en Venezuela, le reconocieron y le explicaron que lo recordaban como quien les había salvado la vida, al proveerles de comida y ropas. Cuando Valencia quedó aislada, herido, fue a Barcelona y, al sanar, le asignaron al cuadro eventual del Ebro, hasta la retirada a Francia. Sólo estuvo pocas horas en Barcarès. Un amigo del ejército francés le ayudó a conseguir una plaza como agregado del 7º de Ingenieros de Ferrocarriles, pues había terminado la guerra como capitán. Dormía en el campo de Barcarès, pero tenía libertad para salir a la calle, a trabajar. Cuando los alemanes invadieron Francia se incorporó a la resistencia, pasando a la zona ocupada con el grupo Soleil, con el que realizó varias operaciones de sabotaje. Finalizada la guerra, se quedó en el ejército, hasta que, en 1948, le hizo venir un tío suyo que hacía tiempo vivía en Venezuela. Llegó en noviembre de ese año y trabajó con su tío en un negocio de abastos bastante grande, unos seis meses. En 1949 se fue a Maracay a trabajar en la Cervecería Aragua como agente de ventas, durante unos tres o cuatro años. Después vendió mercancía seca por el interior del país, para la Casa Peltre, por unos años y luego, fue agente de ventas de productos farmacéuticos. Siguió trabajando en la venta de productos, unas veces con unas compañías y otras por cuenta propia, hasta 1974. Se retiró y se dedicó a vender en una pequeña tienda de gorras deportivas en el centro de la ciudad, hasta 1985. Sigue fabricando, ocasionalmente, gorras deportivas. Nacionalizado venezolano».

Estando en Barcarès, había intentando infructuosamente lograr asilo en México, en donde se ofrecía como carpintero. Finalmente logró rehacer su vida en el exilio venezolano.
Otros de sus compañeros de fuga tuvieron menos suerte, ya que acabaron presos y condenados a penas de hasta 30 años de reclusión o con sentencias de muerte.

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