CB

Mostrando entradas con la etiqueta Faustino Ruiz González. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Faustino Ruiz González. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2026

El día en que el gobernador quiso ser coronado Rey de los Bubis

La figura de Faustino Ruiz no deja indiferente en este paseo por la vieja calle 19 de septiembre de Santa Isabel. Recatamos esta historia recopilada por el dr Armando Ligero Morote, que compartió su hijo (el recordado Armando Ligero Torres): "Pongo este documento escrito por mi padre Armando Ligero Morote (Médico), por considerarlo de interés. Se publicó en la Revista Estudios Africanos (nº del 8 -9-1970 ) de la Asociación Española de Africanistas de la que fue Presidente." en la imprescindible página "Crónicas de la Guinea Ecuatorial":



Era el año 1961. Han pasado, pues, 30 años de lo que aquí se va a relatar. Me consta que puedo usar los nombres de las personas que nombraré, ya que en su día me autorizaron. Cuando llegó Don Francisco Núñez Rodríguez como Gobernador General de la Región de Guinea acudí a saludarle y a presentar mí dimisión como Alcalde-Presidente del Ayuntamiento del Municipio de San Carlos -que se negó a aceptar-, me pidió le informara de lo vivido durante la gestación del intento de nombrar al anterior Gobernador, D. Faustino Ruiz, rey de los bubis, ya que él desconocía lo sucedido al estar ausente de Guinea, en licencia reglamentaria como Secretario General y haber ocupado su puesto accidentalmente el Presidente de la Diputación de Fernando Poo, D. Javier Alzina.
De entrada le dije que era un rumor malintencionado y como tal falso. Le haría el informe cuando me pusiera en contacto con las personas que habían intervenido con el fin de poder usar sus nombres o silenciarlos si así era su deseo.

 

El Gobernador D. Francisco Núñez tomó posesión de su nuevo cargo el 16 de febrero de 1962 y los hechos a relatar se extienden desde agosto al 18 de diciembre de 1961, en que D. Faustino Ruiz, Gobernador General de la región ecuatorial, salió de licencia reglamentaria para no regresar más a petición propia.

 

He aquí los hechos: unos cuarenta días antes del Día de la Provincia de Fernando Poo (hoy Bioco) de 1961 me enteré que se habían reunido, en el poblado de Riuche (municipio de San Carlos), unos bubis para nombrar ABBA a D. Faustino. Mi informante, un español, que había asistido a la misma, me lo manifestaba por una parte por ser yo el Alcalde del municipio y por otra por ser yo conocedor de costumbres bubis y creía que eso no era posible y quería evitar males mayores, «que Ud. puede evitar».
Como nombrar ABBA, para mi jefe espiritual de los bubis y para el Reverendo Padre Amador Martín del Molino, es «Sacerdote principal de la región de Moka con influencia sagrada en toda la isla», según costumbre bubi es muy compleja, que no se nombra sino que se hereda dentro de una familia y es una persona muy honorable y única y ello me indicaba que la «idea» no procedía de una mente bubi, sino de algún español de esos, que hay, con «mente brillante y absurda». Supe de quién procedía la idea, pero me negó toda intervención en este asunto; de aquí no lo nombre, pero el lector quizás lo descubra.
Me pareció interesante investigar el caso por lo que pudiera afrentar o enfrentarse a las costumbres bubis. Toda intromisión en sus costumbres es algo que no se acepta con buenos ojos, debido seguramente a que en los primeros veinticinco años de este siglo fueran perseguidos por los misioneros y funcionarios del gobierno por haber interpretado mal ciertas costumbres: como considerar que el bubi practicaba culto al demonio en lo que llamaban « Morimo», error grave. No todo misionero ni funcionario les habían perseguido y encarcelado, pero sí la generalidad de los administradores, o delegados gubernativos. Sé por mi informante que en la reunión se tocaron como: se era o no español; se quería o no seguir bajo la bandera española. El asunto tenía visos de cierta importancia, pues ya existían movimientos contrarios a la tutela española, de liberación nacional, y que el Gobierno no quería se conociera por los residentes españoles.
Como habían intervenido bubis de mi municipio, indagué entre ellos y al mismo tiempo al ver al encargado de unas cooperativas, le tanteé sobre el tema y me dijo que había oído algo, pero no me podía dar detalles «por ser un subordinado del Presidente de la Diputación, de quién dependían las cooperativas». No me decía nada pero me daba alguna pista a seguir.
Las fechas de ciertas reuniones no las puede dar para reconstruir los pasos dados, por una sencilla razón: el haberme enterado después.

 

La primera reunión tuvo lugar en Riuche y, creo asistieron: D. Clemente López María, D. Aniceto Ebiaka, D. Federico Biachó. D. Santiago Beaka. D. Santiago Sora y otros mayores. En ella el Sr. López indicó se estudiara la posibilidad pues le había escrito una nota el Sr. García Margallo funcionario de la Diputación de parte del Sr. Alzina, de darle un título en homenaje al Gobernador, algo como hacerle ABBA de los bubis (demostrando un desconocimiento total de la organización socioreligiosa del bubi). Los presentes alegaron que se podía hacer ese homenaje, pero era necesario hacer consultas con otros poblados y sobre todo consultar a los «espíritus de nuestros antepasados».

 

La segunda reunión fue en Bocoricho de Balachá, también de mi municipio, y a la misma acudieron otros poblados, a quienes se les había citado. No estuvo presente el Sr. López, lógicamente, y a los citados en la anterior se sumaron nuevos jefes de poblado y personas que representaban el buen saber de costumbres bubis, como: D. Augusto Sañaba. D. Roberto Jora, D. Santiago Lubá. D. Felipe Buileló. D. Salvador Barber. D. Nicolás Riako y otros, faltando varios poblados del norte de la isla. En dicha reunión no se llegó a ningún acuerdo, pues aunque los «espíritus» estaban conforme con un homenaje al Gobernador, debían proseguirse las consultas ya que no se estaba de acuerdo en cuanto al «grado» y faltando gente notable no se podía tampoco fijar una fecha ni hacerlo en Moka, ya «nadie puede entrar en la casa de otros sin que se haya dado permiso» y no acudió ninguno de Moka, aunque se le había invitado. Mi informante fue D. Santiago Lubá, buen amigo mío e hijo del jefe que desencadenó «la rebelión de los bubis de 1910».

 

La tercera fue también en Bocoricho y acudieron los citados anteriormente, y por Batete D. Martín Echube y un anciano, D. Tomás Ebuera. faltando nuevamente otros poblados. que ya tenían antecedentes. En ésta se señaló de nuevo que los «espíritus» estaban conforme, pero se hacía necesario hacer una ceremonia al espíritu « ESULA» en la playa de Boloko. ya que éste es el que trajo la semilla del cacao a la isla y como del cacao viene la riqueza del bubi, debería hacerse la ceremonia, que no se hacía en muchos años y podía homenajearse al Gobernador y a él y, así, no dejaría de producir cacao. Se veía cierta intención a intentar desligarse del compromiso adquirido.
El anciano D. Tomás Ebucra señaló que existían rumores de lo que se proyectaba y se decía que los bubis querían vender la isla a España haciendo ABBA al Gobernador. Mi informante (tic) D. Augusto Sañaba, buen amigo y conocedor, gran conocedor como D. Santiago Lubá de las costumbres bubis. El me dijo que defendía que «Madrid es tan nuestro como la isla»: que otros decían que lo que se debe hacer es arrendar la isla por 40 años y, si nos cuidan bien seguir con los españoles: salió a relucir que los españoles ahora, nos aman antes no, y se recordó las acciones del Teniente Administrador Sr. Pedrazas, muy temido en San Carlos, entre ellas la de varios jefes que le pidieron, al misma unos distintivos y uniformes de jefe para que les respetasen y les amenazó con la cárcel. Llegó un día en que les dieron el emblema y el uniforme: algún jefe dijo que no se lo ponía, pues cuando lo pidió le amenazó con la cárcel: ahora por no ponérselo le "metió" una semana en ella: ésto no estaba bien. Se recordaron los tiempos, no lejanos. en que D. Mariano Riopo y D. Pedro Mocara establecieron un fondo de recolecta de dinero para enviar bubis a estudiar a la península y esto le costó la cárcel a D. Pedro Mocara, pues el Sr. Riopo se fugó con el dinero a Nigeria y se libro de la cárcel. Se recordó que en esa época se habían registrado los archivos del Gobierno en busca del escrito de la venta de la isla, sin que apareciera el mismo: sólo se encontró una factura (le de un traje que el Gobierno le regaló a un jefe ). Se recordaron los sucesos o «Luerla de Balacha» con la consecuencia de la muerte del jefe bubi «Zacarias Lubá» que mencioné en párrafos anteriores conocio «la rebelión de los bubis en 1910»: el hijo. D. Santiago Luhá. presente en la reunión, dijo que había que olvidar acciones pasadas y sólo tener en cuenta la labor realizada por los españoles que han llevado al bubi a una prosperidad no alcanzada por los negros de la costa africana y señaló que se habían reunido para intentar hacer un homenaje al Gobernador y no para analizar la labor de los españoles, muchos de los cuales no habían venido a colonizar sino a negociar y ser agricultores. También se comentó que al morir el jefe conocido por «Moka» se le había enterrado con la cabeza fuera de la tierra, cosa negada por casi todos los reunidos y por uno, en especial, que había asistido de pequeño, al entierro: no existe constancia real escrita lógicamente. Mi interlocutor mencionó otros datos que no retuve. Muchos de estos argumentos los oí más tarde en Batoicopo, reunión a la que sí asistí.
Por el mes de julio, a finales o primeros de agosto, es cuando me llega el rumor, y en la calle se empieza a decir que se quiere hacer «rey» al Gobernador. Hasta ahora no participo en esta historia y es cuando investigo y recojo cuanto he dicho, intentando cambiar el rumbo de la historia.

 

A raíz de esta recopilación de datos me veo obligado a conversar con D. Javier Alzina, Presidente de la Diputación de Fernando Poo y Secretario General accidental del Gobierno, e indicarle que el asunto se ha desorbitado, por no haber querido contar con gente que estaba estudiando las costumbres dé los bubis y que eramos muy pocos: el Rdo. Padre Amador Martín del Molino y mi modesta persona. Se han removido conceptos equívocos hasta el punto de intervenir «los hechiceros» (más propiamente los Bilodyi, prural de Elodyi. que para que la gente se entienda, se puede considerar son los interlocutores con los espíritus, espiritistas) dando lugar a crear un malestar general una semilla de antiespañolismo de incalculables consecuencias.
Le dije que las personas bubis, ante su propuesta, se habían sentido obligadas a satisfacer su deseo, pero al mismo tiempo no sabían como romper el compromiso aceptado en la primera reunión. Había que suavizar las tensiones y creía que de insistir en un homenaje a D. Faustino por sus años de gobierno se debía dar otro enfoque y este podría ser nombrarle «Motuku o Mochuku» que es simplemente jefe, hombre de bien, cabeza visible de un lugar o zona, persona a la que se debe obedecer por su personalidad, siendo título que se adquiere o puede adquirirse tras una ceremonia y que no significa «rey» aunque las personas desconocedoras de la terminología bubi quieran asimilar ambos conceptos, como se hizo a finales del siglo pasado hablando de «Cocoroco» haciéndolo equivalente de reyezuelo, jefe, de los bubis cuando esta palabreja no es bubi y sí de uso común en Hispanoamérica. Hacia 1914, en Ureka se nombró Mochuku al Rd. Padre Francisco Oneti, que se acompañó de un acto ceremonial. Igualmente como acto diferencial, se me consideraba Mochuku y en alguna zona « Mosogo» sin que nadie se pudiera ofender cuando me lo llamaban.
Consideraba factible el rendir ese homenaje a D. Faustino y así acabar, exponiendo las cosas claras, con los que se reían de la ingenuidad del bubi y con la mala fe de algunos de fuera que se tomaban a burla el asunto al ver que se intentaba hacer una demostración de afecto a nuestra madre en la persona que la simbolizaba: el Gobernador. En varias ocasiones pude ver que algunos españoles no querían se hiciera ese acto, pero sí querían que el bubi fuera antiespañol e independiente, y ellos que eran antigubernamentales, podrían de llegar la independencia, manejar el país a través de «amigos nativos» a los que facilitaban dinero o créditos. El tiempo demostraría cuan equivocados estaban, la historia fue por otros caminos al obtener Guinea su independencia.
Había que eliminar todo atisbo de política y por eso propuse a D. Javier Alzina que nos reuniéramos en mi casa, de San Carlos, con el Sr. López María, encargado de la cooperativa de Musola, con el jefe de Moeri D. Roberto Jora, el jefe de Riuche D. Federico Biachó, el jefe del barrio de Las Palmas D. Augusto Sañabá, el secretario de Bocoricho D. Carmelo Ejochi, el ex-jefe de Bombe D. Felipe Buileló, el secretario de Bohemeriba D. Salvador Barber (hijo de la Mutukuari de Omberi) D. Pedro Mocara y D. Aniceto Enbiaka que vino representando a D. Santiago Lubá, aquejado de lumbalgia. D. Pedro Mocara podía haber sido el jefe de los bubis del sur y era uno de los mejores conocedores del idioma y de sus costumbres; mucho aprendí de él.
La reunión tendría lugar el día 25 de agosto, tres días antes de la celebración del Día de la Provincia de Fernando Poo. En la misma se habló de la significación del acto y D. Javier se dio cuenta de que el concepto de provincia todavía no había sido captado por la mente bubi; yo ya hacía tiempo lo había observado. El cambio de trato en estos dos años, que se iba haciendo general, y que era practicado desde hacía años por una minoría de españoles, les extrañaba y les aturdía no no sabían reaccionar con naturalidad ante las circunstancias actuales que podían entrar en los bares, y no lo hacían sino los empujaba alguien; conmigo hacía años entraban sin que nadie dijera nada.

 

En la reunión concretamente les dije lo que ya había dicho antes, que sabía que ABBA no se hacía sino que se nacía, y se llegaba tras realizar las ceremonias preparatorias al cargo para suceder a él, a raíz de la muerte del anterior. Todos estaban conformes en eso. Al Gobernador, por tanto. no se le podía proponer algo tan absurdo. pero sí se le podía proponer, si así se acordaba_ para que se le nombrase «Motuku», al igual que se había hecho con el Padre Oneti, en Urcka. y a semejanza a que en muchos poblados cuando he ido me han dado tal denominación en señal de respeto y afecto y, por tanto, igualmente se le podía dar al Gobernador, aunque no se le tuviera el mismo afecto y simpatía como era nuestro caso, si bien podía ser se le apreciase más y mi inmodestia no lo evaluase.

 

Admitida esa posibilidad se podía realizar un pequeño acto en que se le dieran unos recuerdos típicos de la modesta artesanía bubi. Señalé que esos objetos deberían ser hechos para ese acto y no debían de proceder de «Buenchas» o de otras casitas no visitadas por extraños y, por tanto, con un significado entrañable de las familias a que pudieran pertenecer al ser objetos de sus antepasados, es decir, no estar «consagrados» por ceremonia bubi. Yo, creía, no veía dificultad alguna en ese homenaje y ellos manifestaron que un acto de la naturaleza descrita la podía hacer el pueblo, pues no afectaba para nada sus costumbres antiguas y no se ofendía a la tradición.
Al verles tan dispuestos les pregunté que objetos se le podían ofrecer y dijeron: un sombrero, un brazalete, un bastón y una banda, todo de material del país elaborado según uso y costumbre bubi. Les recordé que en el caso del Padre Oneti, hacía ahora unos 47 años se le había ofrecido una mujer joven y en este caso tendría mayor repercusión por lo que lleva de «simbólico» y añadí que de entreganse una mujer lo ideal sería que fuera además de joven virgen, que simbolizaría que se daba al Gobernador, es decir, a España, el corazón virgen y sano de un pueblo y con él la honradez la pureza de sentimiento de un pueblo que quiere honrar a la madre patria. Naturalmente el Gobernador la mantendría íntegra, tal cual la recibió, y la aceptaría como una hija, con todo amor y afecto y con una dote, sin que yo pudiera decir en que cuantía, pero sería como dotar una obra que la Patria está dispuesta a dar a sus hijos. Esto podría ser ideal, pero era difícil encontrar una joven en ese estado y que fuera de familia noble, Baitahari, y que la familia lo aceptase. Se podía buscar, más no podían los reunidos comprometerse, ya que muchas cosas han cambiado y quizá los otros pueblos no lo aceptarían. Todos los demás estaban seguros era posible pero se debía hablar con los demás pueblos para ver de que manera se podía llevar a cabo el asunto.
Le dije después de la reunión al Sr. Alzina, que por parte de los presentes, todos ellos de mi municipio, donde soy muy conocido y con mutuo aprecio y respeto como se demostró en las elecciones municipales en que fui el más votado, podía garantizar se cumpliría lo acordado, pero por la parte norte y noreste de la isla, aunque me conocían y les conozco no podía garantizar nada, ya que la semilla política se había infiltrado más. En esa zona Vd. es más conocido, realice algún tanteo.

 

 1. La provincia de Fernando Poo estaba dividida en los Municipios de Santa Isabel. San Fernando. San Carlos y Annohón. El Municipio con el Ayuntamiento de Santa Isabel comprendía los siguientes poblados: 1. Bakake Grande: 2. Bakeke pequeño: 3. Baho Basuala y Basuala Misión, que eran un mismo poblado; 4. Baloeri de Cristo Rey (también conocido por Botonos); 5. Baresó: 6. Bariobe: 7. Basakato del Este (que se quería llamar Basakato de la Sagrada Familia: 8. Basilé bubi; 9. Basupú del Este (FihsTown): 10. Basupú del Oeste: 11. Batoicopo; 12. Bososo: 13. Cupapa: 14. Rebola; I5. Sácriba Pamue: 16. Santiago de Baney: 17. Tope: 18. Copohata: 19. Zaragoza. La cabeza de este Avuntamiento era la ciudad de Santa Isabel. El Municipio de San Carlos, tenía la cabeza del Ayuntamiento en la ciudad de San Carlos y le pertenecían los siguientes poblados: 1. Basakato del Oeste: 2. Claret de Bate-te: 3. Barrio de las Palmas: 4. Bilelipe: 5. Babo Grande: 6. Bantabare: 7. Boloco de Concepción: 8. Balacha de Concepción: 9. Belebu de Balacha; 10. Bombe: 11. Bohemeriba: 12. Balome; 13. Bocoricho de Balacha: 14. Ehoco: 15. Maule; 16. Musola; 17. MocaMalabo; 18. Moca-Bioco: 19. Mueri: 20. Rilaja: 21. Ruiche: 22. San Antonio de Ureka. Los Ayuntamientos de San Fernando y Annobón eran cada uno solo núcleo urbano. no existiendo división de poblados. La extensión territorial del Municipio de San Carlos superaba en mucho al (le Santa Isabel. (En la actualidad Santa Isabel es Malabo: San Carlos es Luba, y San Fernando Elá Nguema).

 

Llegado el día 28. Día de la Provincia, en el archivo de la Diputación se reunieron los 41 jefes de poblados, más 2 Presidentes de Cooperativa. que no figuraban como poblado (Baho pequeño y Oloita)  y la gran mayoría de Secretarios de esos poblados (creo recordar que sólo faltaron dos jefes de poblado, no así los secretarios, según pude comprobar en la reunión de Batoicopo. después). Les dije. en presencia del Sr. López Maria, que les reunía, como sabía la mayoría, para ver si era posible hacer un homenaje al Gobernador, que había solicitado el relevo en el cargo, nombrándole Motuku, y hacerle entrega de unos recuerdos con tal motivo. Les dejábamos solos para que no se sintieran cohibidos y lo que surgiera fuera de propia voluntad sin influencias o miedo a represalia. Que deliberasen que día, que objetos y naturalmente si era posible hacer el acto.
Tras deliberar un buen rato, salieron algunos en busca de D. Nicolás Malabo, que no era jefe. pero sí persona de mucho prestigio. Al llegar este se prosiguió la reunión y cuando salieron me dieron una nota, que no obra en mi poder, pues se la di al Sr. Alzina y creo recordar decía: Fecha, el 16 de diciembre: Lugar. Moca; Objetos: Santiago de Baney, una trompeta: Basula Misión, un sombrero y un brazalete; Riuche, un bastón (Saha) y Basacato de la Sagrada Familia (Bascato del este), la joven.

 


Todo lo tratado en la reunión de mi casa y que se había expuesto por nuestra parte en esta reunión se había realizado con el aditamiento de la trompeta (Mpotutu), ofertado por Baney y supresión de la banda, porque la humanidad de D. Faustino, me dijeron, necesitaría mucho Loko o Chivo como material a emplear. El sombrero, que tanto empeño me mostró en hacer D. Salvador Barber, no se haría en Bohemeriba, de donde es Secretario y donde su madre vive y gobierna al estilo bubi y que ella quería hacer. (Ella era la Motukuhari de Ombori, zona no reconocida como tal por el Gobierno y que comprende tres poblados, como mínimo, ese «empleo» es igual que Motuku, pero en femenino. Conocía también a la Motukuhari de Moeri, que aparentemente no trascendía, pero cualquier jefe no movía un dedo sin consultarle antes).
El día 6 de septiembre recibo escrito del Presidente de la Diputación, n.° de salida 2.070 y fecha 5-9-6L en la que me felicita y me dice que según nota que tiene a la vista los Srs. Jefes se distribuyen los atributos de la dignidad de Mochucu, asignando al Valle de Moca el sombrero, a santiago de Baney la trompeta, a Riuche el bastón de mando, a Basuala Misión la banda y la pulsera y a Basakato de la Sagrada familia la joven. Con ligeras modificaciones y que él me transmite de acuerdo con la nota que le dejé y que yo confié en mi memoria estando equivocado. 
No hace mención a la supresión de la banda y que se me comunicó verbalmente por algunos participantes de la reunión. (Estos datos no figuraban en el informe, pues los he encontrado mucho después).
En el acto del Día de la Provincia después del discurso de D. Javier Alzina dio otro discurso D. Carlos Roberto Jora, Jefe de Moeri y Diputado provincial, que terminó el mismo con las siguientes palabras: «De hoy en adelante seréis para nosotros no solamente el Gobernador sino nuestro más querido MOTUKU» (esto que recogí aquel día se puede leer en el Tomo V; Volumen I, septiembre-Octubre 1961, p. 18, de la Revista «Fernando Poo, de la Diputación Provincial).
Todo parecía ir bién, aunque se comentaba entre blancos y morenos que era una tontería hacer Rey de los bubis al Gobernador; que era una tontería darle una mujer cuando podía tener las que quisiera, aunque se decía, dada su soltería que era misógino; que el regalo que se iba a dar era pobre ya que el bubi es un degenerado y no sabe hacer nada: los fang no tolerarían esas cosas pues eran más trabajadores. Todos estos comentarios me dolían por ser absurdos y por conocer o intentar conocer los usos y costumbres bubis y tener muy buenos amigos del país, aparte de que nadie en su sano juicio puede pensar que se quiera hacer rey de los bubis al Gobernador cuando no hubo nunca un Rey que reinase en toda la Isla. Estos comentarios al bubi le molestaba y se sentían avergonzados cuando se lo recriminaba el blanco. A todos y a cada uno del color que fuera y me hablaba sobre esto, les decía que lo que se trataba era de hacer un homenaje al Gobernador que más tiempo, después de Barrera, había dirigido Guinea, e indirectamente el homenaje era a España; todos me decían que habían oído, sin poder precisar quien era el propagador inicial, si bien sabía que era el propio personal de la Diputación, que tenía acceso a la Presidencia, quien los lanzaba.




El comentario de algunos «españoles de color» era que los blancos se querían reír de los incultos negros. El peor enemigo de esa ceremonia era algún que otro español peninsular que estaba disconforme con la política que seguía el Gobierno español en Guinea, molestos al dar igualdad de derechos cívicos, equiparándolos a ellos y que ya existieran «negros» universitarios ejerciendo en Guinea y una pléyade de guineanos que estudiaban en España, es decir ya existía gente nativa con mejor preparación que ellos esos mismos decían «aunque seáis provincianos seguís siendo unos monos». Esto para mi significaba que se quería iniciar una clara política antiespañola por los propios españoles, creando malestar general que perjudicaría el futuro de la Región.

Estos rumores negativos llegaban al bubi y les hacía se sintieran reacios a llevar a cabo los trabajos de terminar los objetos prometidos. D. Javier viendo no se lograba concretar el acto me propuso convocar, citar; a todos los Jefes de los poblados de la Isla en el poblado de Batoikopo, centro medio geográfico de la parte oeste de la Isla.

Dicha reunión se celebró el domingo, 15 de octubre de 1961. Tuvo la reunión dos fases: en la primera les habló el Sr. Alzina sobre los proyectos del Gobierno y de la Diputación en futuras obras en los poblados de la Isla; tras esta alocución comenzó la segunda fase, en la que quedé solo rodeado de unos centenares de bubis, a petición de la gran mayoría y como observador y por si fuera necesaria alguna aclaración. Desde la marcha del Sr. Alzina, el ambiente se distendió y sólo se hablaba en bubi, quizá con la sana intención de que así no me enterase de sus diálogos y vi que en ocasiones el pidchin, inglés africano, se usaba con gran frecuencia. Pude dado mis escasos conocimientos del bubi y mis mayores en el inglés-roto que no existía una unanimidad de ideas, si bien predominaban las que favorecían a realizar el acto.

 

A las 14 horas se empezó a repartir la comida, que se haría en varios turnos. La comida la presidían D. Nicolás Malabo y el Jefe de Batoikopo. D. José Tueta Ehopí: aunque me indican me sentara con ellos, prefería deambular con mi plato a cuestas e ir dialogando con los que podía. Antes de la comida se dijeron o se hicieron una serie de alusiones y entre ellas, se repetían las citadas y como nuevas «que el Sur vendía la Isla España», «que el pueblo bubi carece de CABEZA que lo gobierne para tratar directamente con el Gobierno español» (esto tomó cuerpo en las reuniones para la ley de Bases de la Autonomía, a las que asistí, y sobre todo en la Primera y Segunda fase de la Conferencia Constitucional): «que el Sur no puede gobernar al resto de la Isla», « que no se podía celebrar el acto en Moca, por estar el terreno profanado en los rituales bubis al haber un bubi tenido descendencia con una mujer PROHIBIDA y porque desde que murió MALABO no se había hecho nada para lograr un directo sucesor y por consiguiente el poblado de Moca era el culpable de la desgracia bubi. Algunos bubis se sorprendía de que tomase nota de las cosas. «Ud. siempre anota las cosas». Se podía realizar lo acordado salvo la entrega de la mujer, pues al estar la honestidad «muy desconocida» no se podria encontrar una adecuada, además esa costumbre de dar una mujer no era de todos los poblados bubis y por consiguiente al tratar de hacer un acto general no se debía forzar la situación. Se acordó levantar un acta para firmarla, según propuso D. Nicolás Malabo. y entre tanto se distribuirla la comida. Se comió cabra con ñame, o, ñame con cabra y salsa de Banga (Banga Soup, en pidchin, Supu ebila bita, en buhi) y de bebida Mahu, o, Topé. (vino de palma). que escaseaba, por lo que la gran mayoría bebía vino tinto de garrafón y otros los menos, regaban la comida con el «tres ceros» o«tres cepas» o sea coñac.

 

Mientras se comía, en el primer turno, empecé a ver caras nuevas y que no eran Jefes ni secretarios (conocidos por mí), lo que me hizo pensar que se podía complicar la sesión. A todo eso en lugar apartado estaban reunidos varios Elodyi, que estaban consultando a los espíritus que les poseían o a otros que les pedían, estos espiritistas consumían cierta cantidad de agua del mar. Yo hablé con alguno de mis conocidos y me decían que sus espíritus estaban conformes. Una vez terminada el acta se leyó en bubi y en pidchin, y es cuando empezaron a protestar algunos, que no debían tomar parte al no ser Jefes ¿qué objetos se van a dar?, ¿por qué vamos a dar objetos nuestros al Gobierno? Todo lo tratado y acordado parecía volverse hacia atrás y se empezó a suscitar nuevas discusiones y a negar capacidad a los Jefes presentes para hacer un homenaje, pues habían sido nombrados por el Gobierno español y no según las normas consuetudinarias bubis -lo decía uno que estudió derecho en un libro «el ahogado en su casa», era D. Simeón Dioso, de Baloeri de Cristo Rey: hombre protestante por naturaleza pero buena persona-, lo cual era cierto, pero también era cierto que muchos de ellos no escuchaban a los ancianos y la gran mayoría de «órdenes» no afectaban a la tradición. Pregunté a otros y la respuesta era « Ndalan» o sea «no sé».

 

Al ver que la reunión degeneraba pregunté que Jefes estaban aquí y que no hubieran ido al Día de la Provincia, por si fuera eso el motivo del descontento actual. Sólo dos, el de Basupú del Este y el de Baloeri no acudieron y el de Baloeri, que conocía, me dijo que estaba conforme; al de Basupú-Este no le puede localizar en medio del más de los doscientos bubis presentes. Algunos me preguntaban ¿qué es eso de hacer Rey al Gobernador? les explique el verdadero significado del acto y me replicaban que eso se podía hacer y que había gente que no queria explicar las cosas. Como no se aclaraba nada les dijo que el que quisiera firmar el acta lo hiciera y el que no se marchara, ya que nada le iba a pasar, pues eran las 18,30 horas y por tanto prácticamente anochecido. Firmaron todos menos Batete v Bososo. Documento que se enviaría a la Diputación. Los que defendían a ultranza la idea de hacerlo eran D. Edmundo Bosio. D. Augusto Sañabá. D. Salvador Barbcr, D. Pedro Mocara. D. Nicolás Malabo. D. Agustín Sota, D. Federico Biachó. -todos ellos conocedores de las costumbres bubis-, v en general cuantos habían asistido a nuestras reuniones.

 

A mi juicio el mal estuvo en permitir sólo la lengua bubi y en que intervinieran gente no convocada, que no se identificaran, pues no los conocía y que la gente del Este se sintieran despreciados por no haberles consultado al mismo tiempo que a los del Sur, ya tenían igual derecho ante la ley española y no querían someterse al criterio de Moca (pues presidía D. Nicolás Malabo) ya que no eran tiermpos antiguos (muchos confundían la historia, pues nunca el Jefe MOCA, rigió a los bubis).

 

Parecía que se habían limado las diferencias y por tanto el cielo se despejaba, cuando unos cuantos Jefes vinieron a decirme que el Jefe de Baney, D. Pastor Torao había recogido firmas para suspender el acto, pero que la gente «escapaba» a sus lugares de origen y así no firmar. Durante la reunión se aludieron otros temas que querían plantear a la Diputación por ser de gran interés para el país, que trasladé a D. Javier y por carta de fecha 18 de octubre, con registro de salida n.° 2079, del mismo día me dice que celebra se acordase en definitiva la ceremonia y tomaba nota de lo manifestado sobre la venta de aguardiente de caña, de que se defendiera a que las fincas de los naturales en trance de venta o subasta no se llevasen a cabo, sin un estudio serio; a que se reconozca a las mujeres casadas el derecho de tramitar y adquirir fincas rústicas, con arreglo a las costumbres del país, ya que la ley española les negaba con derecho. En la carta da por hecho que se consiga prohibir la venta del aguardiente de caña y que plantearía al ser cuestión del régimen interno del Gobierno General y del Servicio Agronómico, se paralicen los actos de subasta. No le parece oportuno plantear la adquisición de fincas a las mujeres casadas a la Superioridad, pues de intervenir las Cortes o los letrados de los Ministerios, es difícil prosperarse. El Sr. Torao, Jefe de Santiago de Baney mandó a la Diputación Provincial un escrito hábil y cuya redacción no parecía ser la propia del bubi y en el minifiesta que desea no se desarrolle el acto y se «transponga», por ser una acción general de la Región a esta y no sólo a Fernando Poo. Este escrito lo leí en la Diputación donde se archivó. Iba firmado el Sr. Torao y varias personas de 6 poblados.

 

Por estas fechas la Diputación estaba construyendo un entarimado que sirviera para actos generales en cualquier poblado, y se empezó a rumorear que se estaba construyendo el «trono del Rey-Gobernador». Estos comentarios surgieron del personal de la Diputación. Los comentarios de blancos y morenos se dirigían hacia D. Javier y mi persona como promotores del acto. Se llegó a decir que D. Javier hacía lo que yo quería, según insinuaciones del Sr. García Margallo (funcionario de la Diputación y allegado al presidente), así el responsable único era yo. Para la satisfacción del que esto escribe y a pesar de la oposición del escrito del Sr. Toraa tuve la ocasión de ver la Trompeta y el brazalete que D. Feliciano Buerebiele entregó al Sr. García Margallo. El Sr. Buerebiele era el Jefe de Basakato de la Sagrada familia, y sabía que Santiago de Baney no cumpliría con lo acordado, así como tampoco cumpliría Basuala, que efectivamente no cumplió. D. Federico Biachó, entregó al Sr. Margallo el bastón prometido. Moca me entregó una trompeta por si fallaba Baney y D. Salvador Barber me entregó el sombrero confeccionado por su madre por si fallaba quién debía hacerlo; «Docta si no se hace el acto mi madre me dice que sea para Ud. pués sabe el cariño que tiene a todo lo bubi». Estos dos objetos obran en mi poder. Prácticamente se disponía de todo para celebrar el homenaje. Parecía se podría suspender el acto por la oposición de Baney y las personas. no precisamente Jefes, de 6 poblados: Bososo. Basuala. Tope. Basupú-Fiston, Batete y Batoicopo (de este firmaba el Jefe, que creía, me dijo después, que daba su consentimiento, pero no para hacerlo en Bososo): 7 poblados contra la gran mayoría, 34 poblados que daban su conformidad, pero las minorías siempre chillan más, y se les oye.

 

Tuvimos una última reunión, en mi casa, con la asistencia del Sr. Margallo, Sr. Sañabá. Sr. Biacho. Sr. Tueta. Sr. Barber y Sr. Mocara para ver cómo se debían de colocar los objetos para la entrega y manera de hacerlo. El Sr. Tueta me dijo que como Jefe firmó el documento de Sr. Torao, manifestando lo dicho en un párrafo anterior como Jefe de Batoicopo. Con motivo de la Fiesta de la Patrona de Santa Isabel, el 17 de noviembre, estando hablando con D. Javier se nos acercó D. Pastor Torao. que como Jefe de Baney era el promotor del escrito mencionado y quería justificarse diciendo que los ancianos decían no se podía hacer ya que no era lógico regalar objetos bubis sin que vinieran malos vientos para la «raza». Se le recordó que no eran objetos bubis antiguos, sino que se hacían exprofesos para el acto; nadie se desprendía de antigüedad alguna no cabía pues esperar ningún daño. Se volvió a acoger a la negativa de los ancianos y a que se debía seguir el consejo de ellos. Le argüi que los ancianos de otros poblados me habían obsequiado con objetos de sus mavores, pues yo era una especie de salvalguardia de sus consejos para que los transmitiera a los jóvenes que han renunciado a conocer las opiniones de padres y abuelos, y así la juventud se encontraba carente de honestidad, de honradez y sin conocer la historia de sus mayores. La gran mayoría de objetos que me habían dado, estaban ya depositados en la Misión Católica, de los Claretianos, donde el Padre Martín del Molino, estaba creando el Museo de Africa Claretiano, donde podían ser contemplados por esa juventud desconocedora de la artesanía Bubi y objetos de culto a los antepasados.

 

Continué diciendo que cabría esperar que algún día esa juventud nos pidiera consejo sobre temas de sus mayores -como así ha sido-. En mis años de convivencia con el bubi he visto perder sus hábitos y costumbres por no querer seguir el consejo de sus mayores hasta el punto de pocos bubis menores de 40 años saben algo de la tradición ¿cómo es que ahora le van a dar importancia ¿, ¿si esos bubis que ahora tienen 40 años no han querido saber la historia que les podían contar los que tienen 70 ú 80 y se negaban a oirlos, es ahora cuando le van a aprender. Menos mal que una minoría conserva y cumple a rajatabla la tradición, que nos han ido contando cuando nos hemos ido ganando su amistad. El Padre Amador Martín y yo interesados en su cultura eramos conocedores de cosas «secretas» que esos viejos nos contaban para que las diéramos a conocer a su pueblo, pues cada día se iban rompiendo anillos de esa cultura y debía haber alguien que cubriera la falta de esos eslabones y poder realizar una historia cultural bubi. De no poder transmitir esos conocimientos el bubi no sabrá afrontar el futuro incierto a falta de consejeros. Muy filósofo me sentía ese día. (En 1969 me encontré a D. Pastor Torao en Bata. Río Mi¡ni. y me dijo «que razón tenía amigo doctor» y« así nos va la Independencia»).

 

 


Con motivo de la consagración de la Iglesia de Bososo al Sr. Fernández Blanco, Presidente de la Diputación de Avila, el Jefe del poblado y Presidente de la Cooperativa. D. Mauricio Bocari, entregó al mismo un brazalete, pulsera, de loko o chivo, antigua moneda del país. Era el día 26 de noviembre de 1961. Estaba a su lado D. Faustino. El Sr. Bocari era uno de los que se negaban a entregar objetos del país en la ceremonia de Mutuku, que comentamos y le pregunté ¿cómo se puede dar esto sin que se perjudique la tradición, ya que al darselo le habéis dicho «para que os sintáis como uno de nosotros»? Esto es diferente; es diferente y no se le veía rubor en la cara pues no se observa en una tez oscura.

 

En efecto era diferente y es diferente pues aquí no se homenajeaba a España en la persona del Gobernador; no, no eran los objetos que no se podían dar, sino que lo que se quería evitar era la adhesión. La masa, el pueblo, se sentía español, pero alguno no querían serlo: el malicioso. Tengo la sospecha que esos estaban influenciados, como dije, por algunos peninsulares que deseaban desligarse de España, de las autoridades españolas para situarse como consejeros políticos del guineano. Sé que algún español, les decía a los bubis: El continente, Río Muni, ha recibido más favores del Gobernador que vosotros, por consiguiente que estos «eleven a los altares a S.E.». Si este asunto se hubiera llevado con más discreción por parte de todos y la gente en lugar de criticar, de forma destructiva, se enterase de la realidad y meditara antes de hablar y evitara meter cizaña se habría llegado a cabo y los comentarios serían que la Isla de Fernando Poo se sentía española hasta la médula.

 




Hasta aquí llegaba mi informe a D. Paco. El tiempo me ha dado la razón; he leído libros escritos por bubis y fernandinos que atribuyen el nombramiento de Rev de los bubis al Gobernador Alonso: es decir han oído campanas sin saber dónde tañían. Posteriormente con motivo de la Autonomía y de la Conferencia Constitucional para la Independencia, se ha podido ver que el bubi se sentía, en general, proespañol y deseaba en mayoría una separación del Continente, Río Muni. Mi opinión sobre el tema por ser delicado no me corresponde dar la a favor o en contra en este escrito.

 

Se había fijado, a pesar de todo, la fecha del 20 de diciembre para realizar el acto, pues el mes de noviembre estaba muy recargado de festejos: se iba a celebrar el 17 de noviembre la patrona de Santa Isabel. el día 22 se celebraría por vez primera la fiesta bubi del ñame. o «Roomo», con amplia participación y cierto boato y no clandestinamente como antes, acudiendo esta vez grupos de bubis de todos los poblados, incluso del este; el día 26 se consagraba la Iglesia, recién construida, en Bososo a Santa Teresa, por el Rvdmo. Vicario Apostólico y que por sus dimensiones era orgullo de sus habitantes, cooperativistas o no: de una Iglesia que se decía era Segunda Catedral de la Isla. Unos días antes del 3 de diciembre, domingo, en que celebramos la inauguración de la Casa Consistorial del Ayuntamiento de San Carlos y de la techumbre de la terraza del Club Náutico, de la que también era Presidente el que escribe, D. Javier me comunicó verbalmente que había llegado una carta al Gobierno firmada por D. Pastor Torao y unas cuantas firmas más, dirigida a D. Faustino en la que le solicitaban anulase el homenaje. Con este motivo ya no podía mantenerse «en reserva» la oposición, es decir sin darle cuenta de la misma. Al conocer la existencia de la oposición minoritaria tomó una decisión lógica: no anular el acto, sino agradecer el deseo del pueblo, pero señalando que no podía aceptar el homenaje pues se veía obligado a anticipar su marcha a la península para gestionar asuntos de la Región y poder disfrutar de la licencia necesaria al dejar su cargo en enero. Así el 18 de diciembre embarcaba en el avión de Iberia y se le ofreció una despedida muy emocionante.

 

Estas notas están basadas en el informe reservado que entregué a D. Francisco Núñez Rodríguez, nuevo Gobernador General y anterior Secretario General, a la que he añadido otros datos que tenía referentes a un hecho real que se convirtió en RUMOR: Hacer ABBA, o Rey al Gobernador de la Región de Guinea Española o Ecuatorial, conocido simplemente por D. Faustino. Más de la mitad de las personas citadas en este escrito-análisis han fallecido, quizá más de las tres cuartas partes, de muerte natural, por la edad, o por motivos de las represiones llevadas a cabo durante la etapa del Primer Presidente de la República de Guinea Ecuatorial: D. Francisco Masie (Macías) Nguema Biyogo Negue Ndong.

 

«A veces uno hace historia sin saber que la hace, pues no aparece en los papeles». Esto me dijo una vez. D. Pedro Mocara en una de las muchas conversaciones que tuvimos, él para enseñarme y yo para aprender

Armando Ligero Morote


martes, 4 de noviembre de 2025

Pescado fresco

¿Qué pasó realmente con Acacio Mañé Elá? Donato Ndongo-Bidyogo cita dos testimonios esclarecedores:
  1. El gobernador Faustino Ruiz y su discurso -a lo Queipo de Llano- en Micomeseng «Esos que están ahora en las mazmorras, detrás de mi palacio en Santa Isabel, llorando como mujerzuelas, que creían que ya eran algo por saber las cuatro operaciones fundamentales,conocerán dentro de poco cuán peligrosos son ciertos juegos (…) mi puño no temblará para firmar la sentencia de muerte de ningún desgraciado que atente contra la dignidad de España; vista el hábito que vistiere, cualquiera que atente contra la españolidad de estas tierras lo mandaré fusilar».
  2. O el de Carrero Blanco «Hace poco tuve que venir a cortar la cabeza de una serpiente negra en el estuario del Muni».
Veíamos en El procesamiento a Don Faustino, cómo los ejecutores del asesinato de Acacio Mañe Ela habían mandado al Gobernador General un telegrama que decía «El pescado está fresco», indicando que Acacio Mañe Ela (o su cuerpo) había dejado de ser un problema. Siendo Santa Isabel un pueblo chico, habría llegado la noticia a Rafael Galbe Pueyo, presidente del Tribunal Superior de Justicia, por lo que éste convocó al fiscal Antonio Fernández Dans Rodríguez y al juez Juan de Miguel Zaragoza, para ver la posibilidad de procesar al Gobernador General Faustino Ruiz González. Pero, de acuerdo con el artículo 5 del Real Decreto del 13 de diciembre de 1858, el Gobernador General estaba «investido de todas las atribuciones discrecionales que la naturaleza del país o la urgencia de un suceso imprevisto pueda hacer necesarias»; o sea, gozaba de inmunidad, prerrogativa que eximía ser sometido a proceso judicial. Aunque el gobernador parecía que iba a superar a Barrera en su servicio ecuatorial, finalmente fue cesado un par de años después, aunque tal vez fue el sonrojante incidente de intentar ser nombrado botuku (motuku, según los papeles) en lugar de Moka, y no por la desaparición de Acacio Mañé. Tras su fallecimiento en 1969 fue declarado "Hijo Predilecto de la Ciudad" de San Fernando (Cádiz) en donde tiene dedicada una calle todavía a día de hoy.





Y Dans, como fiscal, humillado públicamente y destinado a anodinos puestos en la península. Galbe, que contaba con otros respaldos (era miembro fundador del Opus Dei -de los primeros 15 supernumerarios surgidos en las jornadas de Molinoviejo, al igual que Jesús Fontán Lobe-, e incluso había servido en el crucero Canarias, coincidiendo con el gobernador como director de tiro) fue respetado, y progresó profesionalmente hasta el cargo de Comisario general Adjunto de la Guinea Ecuatorial, y condecorado con la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort y la Orden de África. Tras la independencia, terminó su carrera profesional en 1987 como presidente de la Sala de los Contencioso Administrativo de la Audiencia Territorial de Zaragoza.

¿Y con Acacio Mañé Elá?

Augusto Iyanga Pendi lo desarrolla más en "Historia de Guinea Ecuatorial":

«Pasados varios meses, se presentó en el despacho parroquial de Bata el Fiscal General de la Colonia con un secretario y pidieron al párroco que les contara la conversación que había mantenido con D. Acasio Mañé la tarde que desapareció. Les contó lo dicho anteriormente. Ellos le leyeron el acta y, estando de acuerdo con lo escrito, el párroco lo firmó.

Después, el Fiscal fue llamando a declarar a las principales autoridades: al Subgobernador de Bata, al jefe de policía, al capitán de la Guardia Territorial y al Capitán de la Marina. Para eso, estuvo en Bata casi un mes. Acabado el atestado, el Fiscal y su ayudante se fueron a Santa Isabel (actual Malabo). Nada se supo de las declaraciones de las autoridades ni del atestado del Fiscal.

Nada se habría sabido del caso si unos seis años después, el mismo Fiscal no se lo hubiese revelado al P. Nicolás Preboste. De vez en cuando, este Fiscal, excelente cristiano y amigo íntimo del P. Preboste, pasaba por el despacho del misionero, para tratar con él asuntos espirituales.

Un día, antes de despedirse, le dijo: "Usted, Padre, nunca me ha preguntado sobre la desaparición y muerte de Acacio Mañé". El P. Preboste le contestó: "Es verdad, y me gustaría mucho saberlo". Le contó que, al descender Acacio las escaleras de la casa del jefe de la policía, varios guardias civiles lo sujetaron y metieron en un jeep que lo llevó a la Guardia Territorial, sin que nadie lo viera. Al día siguiente, habría tenido lugar la llamada a la misión preguntando por un capellán castrense.

A los dos o tres días, lo bajaron de noche al puerto, lo metieron en la lancha del puerto de Bata y lo llevaron a alta mar. Es probable que le dieran un tiro (esto no se ha confirmado), y a continuación lo arrojaron al mar, atado a una piedra grande. Así murió Acacio Mañé, por el "crimen" de haber hecho campaña a favor de la independencia de su pueblo. Fuera de los implicados, nadie vio nada, nadie se enteró de nada. Hasta ahora no consta que se haya castigado a los culpables.

El atestado del Fiscal fue entregado en el juzgado de Malabo, y los jueces, al ver implicadas a las autoridades de Bata, se declararon incompetentes y lo remitieron a Madrid. Allí, vista la gravedad del asunto, se archivó como secreto de Estado en el Ministerio de Guerra o de Justicia.

Los que entonces vivíamos en Guinea sólo vimos que los mencionados altos cargos de Bata, al poco tiempo de los hechos, eran sustituidos por otros, sin llamar la atención».

«Esta otra información la tengo también del P. José María Viñas Bosch. El fiscal de colonias de la Región Continental, del Opus Dei, no recuerda su nombre, se dirigía espiritualmente con el P. Nicolás Preboste. Un día, después de sus charlas místicas, el fiscal le preguntó al P. Preboste: "Padre, usted nunca me ha preguntado por lo de la muerte de Acacio Mëñë". Éste, por la seriedad del problema, le respondió entre titubeos, "pues, pues no". El fiscal le respondió: "yo sí que sé quiénes mataron a Acacio Mëñë. Interrogué a todos los jefes españoles que tenían el mando en Guinea, empezando por el Gobernador General don Faustino Ruiz González. La conclusión que saqué era que todos estos fueron los que ordenaron la muerte de Acacio, y el señor Gobernador General como el primer inculpado. Como yo no podía decidir aquí mandé el expediente a Madrid. Silencio administrativo"».

Rosa Pardo Sanz -recurriendo al Fondo Marcelino Oreja Aguirre- afirmará en La política descolonizadora de Castiella que «El asesinato de A. Mañé fue reconocido por Castiella en su exposición (La Guinea Ecuatorial en la política exterior española, 1957-1967) a la Comisión Interministerial sobre el futuro de Guinea, en abril de 1967, y en Exposición del Ministro al Consejo de Ministros, 28-3-68 (en AC sin numerar). Al parecer se le aplicó una especie de ley de fugas; el caso se llevó a los tribunales (el juez instructor -R.Galbe- era en 1968 Subcomisario General) y se dio una pequeña pensión a la viuda para enterrar el asunto».



En el documento sellado como SECRETO de ese mismo fondo -sin entrar en detalles- se recoge cómo la provincialización y autonomía genera desasosiego en la población local y «produce una reacción de los sectores políticos guineanos y como consecuencia su represión por la fuerza por nuestras autoridades (…) quedando envuelta en el misterio la desaparición de Acacio Mañé, rico propietario de Bata». [El entrecomillado es nuestro, pero el subrayado es del documento original.]
En esa línea, resulta -cuando menos- curioso que Acacio Mañé, definido como "hombre de pocos escrúpulos", desapareciera apenas una semana después de la misteriosa muerte de Enrique Nvo, otro líder independentista guineano presuntamente asesinado por órdenes del gobierno colonial.


¿Cómo saber lo que realmente pasó? Lamentablemente, miembros de la Guardia Civil destacados en Guinea Ecuatorial, con el tiempo acabaron en Intxaurrondo y los tribunales españoles han considerado probado que se significaron en el llamado GAL Verde... por lo que no resulta difícil pensar que esa pauta de mano dura pudo iniciarse en el territorio ecuatorial.

El presidente Macías lo tenía claro; la bandera de la joven república incorporará «una franja roja que simboliza la sangre de nuestros mártires revolucionarios y anticolonialistas Acacio Mañe y Enrique Nvo» (Ébano, 15/10/1969) y en su acostumbrados exabruptos, clamará contra la Guardia Civil: «"Ahora, la única lucha que queda es para expulsar a la Guardia Civil. El nuevo Presidente de Guinea Ecuatorial no puede sentirse satisfecho si no se expulsa a la Guardia Civil que asesinó a Acacio Mañe". Macías grita como un energúmeno ante los micrófonos de radio Bata», recogerá Baleares: órgano de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. en su edición de 9 de abril de 1969.

Dudas parte, en 2024 el español Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática a través de su Secretaría de Estado de Memoria Democrática resolvió la declaración oficial por parte del Gobierno español de Acacio Mañe como víctima de la represión política y colonial franquista, en aplicación del derecho al reconocimiento y la reparación integral por parte del Estado.


Si quieres más información no dejes de consultar:

sábado, 19 de julio de 2025

El gobernador Faustino Ruiz González x Donato Ndongo

Cotaba el profesor Donato Ndongo en su conferencia "El gobernador Faustino Ruiz González y el nacionalismo en Guinea Ecuatorial" impartida en el Seminario  Internacional “Actores Coloniales españoles y Espacios Africanos SS. XIX-XX":

Acabada la II Guerra Mundial en agosto de 1945, se vivía en todo el mundo una efervescencia de las ideas de libertad. Las colonias europeas en África –que habían participado activamente en la contienda contra el totalitarismo- no quedaron al margen de la corriente liberalizadora. Los movimientos anticolonialistas se vieron reforzados, además, por dos hechos decisivos: la constitución formal de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en octubre de 1945, que contaba con un Comité de Descolonización –conocido como el “Comité de los Veinticuatro-y la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, el 10 de diciembre de 1948, que consagró principios como el de la libertad inalienable de todo ser humano y el derecho de todos los pueblos a la autodeterminación.

Como es lógico, el auge del nacionalismo en toda África, y, sobre todo, en el África central, se contagió a los entonces llamados Territorios Españoles del Golfo de Guinea, compuestos por las islas de Fernando Poo y Annobón, y la Guinea Continental o Río Muni. Estas colonias estaban aisladas del resto, por su peculiaridad lingüística y la naturaleza del régimen político de la metrópoli, pero, a pesar de todos los intentos, España no pudo impermeabilizarlas de estos efectos, por varias razones: primera, el trazado de los límites con los vecinos territorios franceses, 45 años antes, no había aislado a las poblaciones respectivas de la parte continental, pues las mismas etnias habitaban en ambos lados, por lo que el contacto seguía siendo fluido entre familiares y amigos separados por límites artificiales; segunda: en la isla de Fernando Poo, el continuo flujo de trabajadores y comerciantes nigerianos, imprescindibles para la agricultura colonial, actuaba de corriente transmisora de las nuevas ideas; y tercera, las emisiones radiofónicas de Nigeria, Camerún y Gabón se percibían perfectamente en los territorios controlados por España, facilitadas por la proximidad, y, sobre todo, por los idiomas nativos comunes y el “pidgin”, verdadera “lengua franca” en todo el golfo de Guinea.

Pero en los territorios coloniales españoles se vivía una situación particular, que los hacía diferentes a las colonias francesas e inglesas del entorno. La metrópoli estaba gobernada por una dictadura fascista, dura y terriblemente represora, consecuencia de la victoria del general Francisco Franco Bahamonde en la guerra civil que asoló España entre 1936 y 1939. Y anotemos que, desde el inicio de la II Guerra Mundial en 1939, el régimen español –proclive a Hitler y Mussolini a pesar de su neutralidad oficial- sufría un aislamiento político y, sobre todo, un embargo económico, que se acentuarían tras la victoria de los aliados. Esas circunstancias impedían la recuperación y el desarrollo de la economía española, donde, hasta ya adentrada la década de los 50, se carecía de todo, e incluso la alimentación estaba racionada. España necesitaba todo tipo de materias primas, y sus colonias africanas podían suministrarle algunas. Se revalorizaron así aquellos territorios, mediante la incentivación de la emigración hacia la colonia, con la finalidad de incrementar la producción de cacao, café, aceite de palma, yuca y otros productos imprescindibles, y la explotación de la madera; como meros ejemplos, el aceite de palma guineano sirvió para fabricar jabón, la harina de yuca fue importante en la alimentación de la España de la postguerra, y los ferrocarriles españoles quizá sigan rodando sobre rieles sujetos a traviesas de madera de Río Muni. La primera consecuencia de esa política fue la enajenación de tierras a favor de los colonos, en perjuicio de los nativos. De manera que a los tradicionales agravios de toda colonización –ausencia de libertad, discriminación racial, sobreexplotación de personas y bienes, desprecio de las culturas autóctonas-, el nacionalismo guineano encontró en las expropiaciones forzosas consagradas por la conocida como “Ley de terrenos”, de 4 de mayo de 1948, el argumento básico e inmediato para articular la reivindicación de la soberanía[1].

Son diversas las versiones sobre la primera manifestación pública del nacionalismo anticolonial, aunque coinciden en lo esencial: se produjo en Micomeseng, en febrero de 1948, durante la primera visita oficial de Luis Carrero Blanco, entonces Subsecretario de la Presidencia del Gobierno, de la que dependía la Dirección General de Marruecos y Colonias. Según Francisco Ela Abeme, los hechos se desarrollaron cuando un grupo de jefes de tribu y otros notables, encabezados por Carmelo Nguema Ndong Asumu, e integrado por Eko Edu Mengue, Esono Ngui, Abeso Motogo, Alogo Nvono, José Meñana y otros, entregó en mano un manifiesto a Carrero, en presencia del gobernador Juan María Bonelli Rubio y del director general de Marruecos y Colonias, general José Díez de Villegas. En resumen, el documento, redactado por Felipe Aseko, Marcos Nze y Marcelo Asistencia Ndong Mba, denunciaba los excesos del colonialismo y pedía una mejora del trato que se daba a los nativos[2], sin cuestionar directamente la situación colonial. Celestino Okenve, sin embargo, señala que el documento fue una “carta” en demanda de la independencia, y habría sido entregada durante una concentración de notables y jefes tradicionales de los distritos más orientales (Ebebiyín, Mongomo, Micomeseng, Añisok y Nsok-Esabecang), convocados por el capitán Basilio Sáez, jefe de la guardia colonial en Micomeseng, para recibir a los visitantes españoles, encabezados por Enrique Ruiz Gallarza, ministro del Aire. Inspirada y redactada por Marcelo Asistencia Ndong Mba, con intervención de Enrique Nvo, se encargó a Moisés Mba Nsono –padre del después candidato presidencial y destacado opositor Andrés Moisés Mba Ada-, “muy amigo de los blancos”, que la entregara a las autoridades españolas; pero éste no se atrevió, y la puso en manos de su amigo el capitán Francisco Pérez Vázquez, delegado gubernativo y jefe de la guardia colonial de Ebebiyín, quien, tras leerla, la guardó en el bolsillo. En la sala del tribunal indígena de Micomeseng, la delegación española se reunió con los representantes guineanos, para transmitirles los saludos de Franco. Al concederles la palabra, el jefe Carmelo Nguema levantó la mano e hizo entrega de una copia del escrito. Marcelo Asistencia Ndong Mba fue represaliado con la venta de todas sus propiedades –incluida su mujer- y confinado en la isla de Annobón durante muchos años[3]. Además de Ndong Mba, otros integrantes del grupo fueron también detenidos, torturados y confinados en Annobón durante una década; alguno logró evadirse y refugiarse en Gabón, integrándose en las filas del nacionalismo.

El resultado de esta acción fue la destitución del gobernador Bonelli Rubio. Se daba la circunstancia de que Bonelli, nombrado en 1943, tenía malas relaciones con el estamento colonial; entre otras razones, por haber propiciado una tímida apertura en el sistema de enseñanza, al modificar el curriculo de la Escuela Superior en la que se formaban los maestros auxiliares y los auxiliares administrativos indígenas. La gran mayoría de los colonos, muy conservadores -encabezados por monseñor Leoncio Fernández Galilea, vicario apostólico-, le acusaban, junto a su inspector de Enseñanza, Heriberto Ramón Álvarez García, de mejorar la educación de los negros con la finalidad de subvertir el orden colonial y prepararles para que pudiesen reclamar la independencia.

Con este telón de fondo, en febrero de 1949 llegó a Santa Isabel de Fernando Poo el nuevo gobernador general, Faustino Ruiz González, marino como la inmensa mayoría de sus predecesores y sucesores. Resultan, pues, claros los objetivos de la sustitución: incrementar la producción económica de la colonia, acentuar la “españolización” de aquellos territorios y cortar de raíz los brotes nacionalistas. En este estudio, dejaremos aparte el análisis de la historia económica y de la historia social, para centrarnos en la historia política de aquel período.

Por razones fácilmente comprensibles –la tradición oral como único testimonio documental, y la obligada clandestinidad de las actuaciones conspirativas- no resulta fácil establecer las fechas exactas del nacimiento de las fuerzas políticas guineanas. Algunas fuentes aseguran que, hacia 1947 o 1948, surgió la “Cruzada Nacional de Liberación de Guinea Ecuatorial”, liderada por Acacio Mañe Ela, un próspero agricultor originario de la zona de Monte Bata, del que no recelaban los colonos ser “emancipado pleno” y miembro del Patronato de Indígenas, por lo cual podía moverse con libertad dentro del territorio colonial sin necesidad de pedir el salvoconducto preceptivo. Otras[4] afirman que se creó tras las detenciones masivas producidas en noviembre de 1959. Es todo un síntoma el nombre escogido para esta primera agrupación nacionalista articulada, que recuerda con fidelidad las ideas de “cruzada” y “liberación”, omnipresentes en la retórica del régimen de Franco, que denominó así a la guerra civil que libró contra la República. Meñe desarrolló en la época una vasta y profunda actividad de proselitismo hacia sus ideas pro-independentistas, realizada sobre todo entre los “evolucionados”: las capas sociales más cultas o prósperas, y personalidades con influencia social, como maestros auxiliares, administrativos, agricultores y catequistas. Algunos de sus partidarios más conocidos fueron el bubi Marcos Ropo Uri, y los fang Enrique Nvo y Francisco Ondo Micha, un prestigioso catequista que ejercía en la emblemática misión de Nkue-Efulan. Más que un partido político, la “Cruzada” puede definirse como un movimiento social y político contestatario que aglutinó a muchos guineanos de todas las tendencias ideológicas y de todas las procedencias étnicas, unidos por el afán de concienciar al pueblo sobre los abusos del colonialismo y exigir la soberanía. Sin embargo, y pese a la coincidencia de fechas y objetivos, aún no ha sido posible establecer un nexo entre la “Cruzada” y el manifiesto de Micomeseng; pero el hilo de los acontecimientos permite extraer la conclusión de que a finales de los años 40 existía una conciencia anticolonial clara y generalizada en Guinea Ecuatorial, que podía manifestarse mediante acciones articuladas o espontáneas.

Lo corrobora asimismo la conversación que mantuvo Ruiz González con el rey Uganda, durante su reunión con los notables ndowés en 1950 (considerada por algunos “cumbre Hispano-Ndowé). Según cuenta Enénge A´Bodjedi, el gobernador español manifestó que “España está dispuesta a otorgar la independencia a su gente benga, así como a los otros playeros de la zona entre el río Campo y el río Muni, pero no a los salvajes pamues de la selva”. Uganda replicó en los siguientes términos: “Fueron vuestros antepasados blancos quienes llegaron hasta la tierra ancestral de mis antepasados negros y les llamaron paganos despiadados y caníbales carentes de compasión con sus semejantes. Los misioneros norteamericanos nos enseñaron, hace cien años, que deberíamos amar a nuestros vecinos tal como nos queremos a nosotros. ¿Cómo podríamos los ndowé aceptar la independencia de España mientras nuestros hermanos y hermanas panghwe (fang) del interior permanecieran colonizados y oprimidos por vuestra gente? Yo no quiero que ningún apartheid divida a los ndowe y a los panghwe de la Guinea Española”. El gobernador contestó: “Bueno… Si quiere que los pamues reciban su independencia al mismo tiempo que sus playeros, entonces está bien. Pero, aunque el mono se vista de seda, mono se queda. Usted y sus playeros verán cómo los salvajes pamues destruirán este próspero país. Sus hermanos pamues del bosque maltratarán a su pueblo playero peor que lo que hizo cualquier blanco. Cuando esos salvajes y caníbales pamues de las junglas del río Muni empiecen a matar y a canibalizar a su gente, sus maravillosos presbiterianos racistas blancos, amantes de Jesús y temerosos de Dios, y el mismo gobierno de los Estados Unidos, no harán nada para detener el genocidio”[5].

Por la misma época, los seminaristas de Banapá –único centro que proporcionaba una enseñanza más o menos homologable a la española peninsular- empezaron a expresar su descontento por su situación. Varios eran los ejes de sus reivindicaciones: la falta de promoción –que ellos vivían como discriminatoria-, ya que los misioneros claretianos, rectores del Seminario, retrasaban cuanto podían su traslado a España o a Roma para proseguir sus estudios de Teología y acceder al sacerdocio; se les tenía prohibido todo contacto con sus familiares, por lo que sus vacaciones escolares transcurrían en el mismo lugar donde estudiaban; los trabajos que les obligaban a realizar en las fincas adjudicadas a los misioneros; la mala calidad de la comida, y, por último, la actitud poco respetuosa de sus educadores, que les vejaban de continuo con insultos y menosprecio a su raza y a sus culturas autóctonas. El conflicto estalló septiembre de 1951, cuando los seminaristas se declararon en huelga, considerada una revuelta por los padres Nicolás Preboste y Antonio Gil Guedán, responsables del Seminario, quienes, muy alarmados, llamaron al obispo Fernández Galilea, y éste al gobernador Ruiz González. El jefe de policía de Santa Isabel, Jaime Ramírez Togores, al frente de un numeroso grupo de fuerzas de la Guardia Colonial y efectivos policiales, se aprestó a reprimir la “sublevación”; pero no contaban con la firmeza y determinación de los estudiantes, que se manifestaban contra “las injusticias” y por unanimidad habían decidido “luchar por las libertades de la institución y del país”[6]. Fueron detenidos los tres cabecillas: Atanasio Ndong Miyón, Enrique Gori Molubela y Rafael Dámaso Sima, así como sus seguidores más destacados: Francisco Obiang Ebaná, Celestino Nnang Mico, Clemente Mpenda Diván, José Esono, Alberto Ndong, Eugenio Eteo, Edmundo Tale, Joaquín Ndong y Vicente Castellón Ntayo[7]. Como puede verse, en el grupo se hallaban compañeros de todos los grupos étnicos, que actuaron de consuno. Fue un espectáculo insólito para los habitantes de Santa Isabel ver encerrados en los calabozos de la Comisaría de Policía a tanto ensotanado, ya que, en la época, los seminaristas vestían como los sacerdotes, aunque su sotana era negra y blanca la de los presbíteros ordenados. Al ser liberados, se expulsó a todos los considerados cabecillas y a algunos de sus seguidores. Rafael Dámaso Sima regresó a su pueblo, en el distrito de Kogo; Enrique Gori se trasladaría después a España para estudiar Derecho, mientras Atanasio Ndong Miyón y Joaquín Ndong se exiliaron en Libreville (Gabón). Tras infructuosas gestiones para ser admitidos en el seminario local, Joaquín Ndong entró a trabajar en una empresa francesa, y Atanasio Ndong se enroló en el Ejército colonial francés. Ambos realizaban frecuentes incursiones clandestinas a la parte continental de Guinea Ecuatorial, para reunirse con activistas y militantes de la “Cruzada”. En 1954, a propuesta de Atanasio Ndong, la “Cruzada” tomó el nombre de Movimiento Nacional de Liberación de Guinea Ecuatorial (MONALIGE), del que fue elegido secretario general. Enseguida contó con las simpatías de los nacionalistas gaboneses y la protección de su dirigente más emblemático, León Mba, que llegaría a ser el primer presidente de Gabón tras su independencia, en agosto de 1960. De manera que una sencilla y nada grave cuestión disciplinaria en un centro educativo se convirtió en un problema político, debido a la cerrazón de unas autoridades coloniales incapaces de dialogar, encabezadas por el gobernador Faustino Ruiz González, sólo dispuesto a emplear métodos represivos.




El MONALIGE, bajo la dirección de Ndong Miyon, se reveló como un partido abierto y dinámico: expandió y consolidó las ideas soberanistas entre la población a través de incursiones cada vez más audaces, gracias a la permeabilidad de la frontera y al apoyo que recibían de los gaboneses. Dentro de Guinea, se sucedían las reuniones clandestinas en los poblados; cuando llegaban los destacamentos de la guardia colonial para reprimirlas y apresar a los independentistas, éstos se habían esfumado en la selva, protegidos por los aldeanos. Las órdenes del Gobierno General eran entonces amedrentar a la población deteniendo a los jefes tradicionales de la localidad, a los familiares de los exiliados y a cualquier sospechoso de connivencia con ellos, que eran multados, encarcelados o condenados a trabajos forzados. Con esos métodos, las autoridades coloniales sólo conseguían legitimar las ideas anticolonialistas y engrosar las filas nacionalistas. Algunos suboficiales guineanos, o simples soldados rasos de la Guardia Colonial, protegieron a personas a las que habían ido a detener, o se pasaron directamente al bando anticolonialista; tal es el caso del sargento Jesús Eworo, que llegaría a ser ministro en el primer gobierno independiente. No se conoce con exactitud el número de guineanos refugiados en las colonias vecinas de Camerún y Gabón entre 1950 y 1964, cuando entra en vigor el Régimen Autónomo; en cualquier caso, llegaría a ser muy numeroso: entre 2.500 y 10.000 personas (según las fuentes), sobre una población que entonces no alcanzaba los 250.000 habitantes[8].

Una de las consecuencias de las dos dictaduras que ha padecido y padece Guinea Ecuatorial desde su independencia es la trágica desaparición de los protagonistas de su Historia, sin que hayan podido transmitir sus vivencias, acciones y recuerdos a las generaciones posteriores. Los que no han sido devorados por la vorágine sanguinaria del “nguemismo” tampoco han tenido la oportunidad de hablar para la posteridad. Recuerdo, durante mi década ominosa en Malabo, que se amedrentaba a las personas con las que pretendía realizar trabajos de campo para recuperar nuestra Historia, como Luis Maho Sicachá y su hermano Elías, Marcelo Asistencia Ndong Mba, y otros que no nombro porque aún siguen viviendo lánguidamente en Guinea Ecuatorial. Por ello resulta muy ardua la labor del historiador, al estar desprovisto de fuentes, orales y escritas, debido al celo desculturizador de las autoridades que sufrimos desde hace 42 años. Es, pues, difícil contrastar la información que poseemos de una sola fuente, y ser riguroso a la hora de ofrecer los datos fundamentales de nuestro devenir histórico. Por eso siempre me limito a dar con cautela los frutos de mis investigaciones en fuentes guineanas, las únicas posibles según de qué temas se trate.

Aprovechando su conocimiento de la situación internacional debido a su estrecha relación con los independentistas de los países vecinos –desde su exilio gabonés, y después de su traslado a Camerún, luego a Argelia- Atanasio Ndong, en nombre del MONALIGE, presenta una dura batalla contra España en los foros internacionales. El 24 de febrero de 1956, con el fin de tramitar adecuadamente la solicitud de entrada de España, el secretario general de Naciones Unidas envió a Madrid un memorando en el que se le preguntaba al Gobierno de Franco si tenía colonias o territorios dependientes. España declaró no tener territorios que no se gobernasen por sí mismos, ya que acababa de devolver a sus legítimos dueños el Protectorado de Marruecos, y el resto de sus posesiones africanas no podían considerarse territorios coloniales, sino “provincias” en las que sus naturales gozaban de los mismos derechos que el resto de los españoles. Así se enteraron los guineanos de que eran “iguales que los españoles”. Pero la creación de la “Región Ecuatorial” tardaría más de dos años en convertirse en una realidad, ya que hasta el decreto del 10 de agosto de 1958 no se oficializa la “provincialización”. Mientras los nacionalistas denunciaban esas falacias en los organismos internacionales, el colonialismo empezó a dividirlos, consciente de que las reivindicaciones soberanistas estaban siendo tomadas en serio por la comunidad internacional y la independencia podía ser posible, como en el resto de África.

Dos fueron los métodos más eficaces: presentar al país no como una unidad, sino como una frágil amalgama de tribus antagónicas, unas más pobres y “salvajes” y otras más “civilizadas” y ricas, cuya coexistencia sólo podía garantizar España; el objetivo era azuzar como fuera unos recelos y rivalidades inexistentes hasta entonces; la otra estrategia fue la introducción de factores ideológicos en unas formaciones políticas cuya razón de ser era casi exclusivamente la liberación del país de la opresión extranjera, sin que hubiesen formulaciones teóricas ni programáticas consistentes que sustentasen políticamente tal aspiración. Esa endeblez ideológica –que al final resultó una de las causas de la posterior tragedia que aún sufre el país- fue aprovechada por la propaganda colonial para infundir en algunas mentes la idea de que los partidarios del MONALIGE, con su secretario general al frente, eran unos “peligrosos comunistas”. La extrema derecha en el poder –en España y, obviamente, en la colonia- empezó a agitar el fantasma de sus propios miedos para asustar a una población que en realidad nada sabía de tales cosas –o estaba influida por dos décadas de adoctrinamiento fascista-, con la finalidad de generar desconfianza hacia los líderes y, en definitiva, impedir o dificultar la independencia. Se logró imbuir en ciertas mentes el espíritu cainista y “guerracivilista” que había llevado al desastre a la propia metrópoli[9].

Al fomentar la rivalidad étnica, el gobierno general regido por Faustino Ruiz González creó las bases de la inestabilidad permanente que minaría la política guineana, evidenciada durante la Conferencia Constitucional, cuyas secuelas permanecen aún hoy. Las pruebas más claras son la creación en 1960 de dos provincias, cuando el decreto del 10 de enero de 1958 aludía a una “provincia ecuatorial”; y, a partir de entonces, la proliferación de una serie de “partiditos” –en la terminología de la época- de base tribal, en una maniobra copiada de la experiencia belga, una de las peores del proceso descolonizador africano, con la que se ahogó al nacionalismo integrador representado por Patrice Lumumba y se impidió –hasta hoy- la cristalización de una nación estable en la República Democrática de Congo.

Otra prueba de nuestro argumento es la creación de Idea Popular de Guinea Ecuatorial (IPGE), el otro grupo político que más contribuyó a lograr la independencia de Guinea Ecuatorial, surgido asimismo de una escisión por la izquierda del MONALIGE. Aunque parece haber sido fundado “dentro del país en los años 1949-1950”[10], fue constituido formalmente en 1959 por exiliados guineanos en Camerún, y su comisión ejecutiva es claramente interétnica: los bubis Marcos Ropo Uri y Luis Maho Sicahá, el fernandino Gustavo Watson Bueco y los fangs Enrique Nvo, Pedro Ekong Andeme, Clemente Ateba o José Nsue Angüe. Dos fueron las características fundamentales de este partido: su radicalismo de izquierdas y su determinación de unir Guinea Ecuatorial y Camerún tras la independencia. La primera podría ser una consecuencia de la deriva cada vez más represora del colonialismo, sobre todo a partir de 1959, como veremos a continuación, o un simple contagio de las formas al uso de los movimientos anticoloniales más ideologizados, como la Unión de los Pueblos de Camerún (UPC), de Félix Moumié; pero no se conoce ningún documento o actuación que avalara tal discurso y, como el MONALIGE, tampoco articuló su propuesta política en un pensamiento que superase el mero deseo de “echar al blanco”, como afirmó más de un líder; no había, pues, un programa que avalase ese aura de “radicales” que siempre le rodeó, y que podemos atribuir a la contrapropaganda de signo colonialista. La actuación de sus dirigentes lleva a pensar más bien en una ideología liberal en lo político y en lo económico; lo cual explicaría los bandazos de sus principales dirigentes, alguno de los cuales, como Luis Maho, que sustituiría a Nvo en la presidencia del partido, aceptó cargos en el Gobierno Autónomo constituido por Bonifacio Ondo Edu en 1964, al dictado de Carrero Blanco; otros militantes destacados se pasarían al MUNGE. Convenientemente orquestado por la propaganda colonial, su compromiso de federarse con Camerún tras la independencia -anunciado y defendido por Maho en una conferencia internacional en Uagadugú, Burkina Faso, y contemplado en el artículo 3º de sus estatutos- restó al IPGE apoyos dentro de Guinea, hasta que fue suprimido en la reunión de Ebolowa en marzo de 1962, a propuesta de Agustín Eñeso y Esteban Nsue Ngomo. Algunos militantes del IPGE atribuyen a “necesidades financieras” aquella insólita propuesta, bien instrumentalizada por el estamento colonial; el propio Maho se justificaría posteriormente con el argumento de que “no sabía francés” y “firmé lo que me pusieron”.

El decreto de “provincialización”, del 10 de enero de 1958, fue un revulsivo para la sociedad guineana. Las autoridades españolas esperaban que sería recibido con alborozo, al equiparar jurídicamente a colonizados y colonizadores y aliviar los efectos más ingratos de la interacción entre blancos y negros. En vez de ello, arreció la oposición anticolonial: los nacionalistas exiliados protestaron ante la ONU, mientras en el interior crecía la oposición a la medida. Enrique Nvo, líder del IPGE, opinaba que el nuevo estatuto estaba destinado a impedir la independencia, pues vaciaba de contenido las principales reivindicaciones de los nativos, que ya no serían considerados sujetos coloniales, sino ciudadanos –“súbditos”, en la terminología de entonces- españoles. El IPGE convocó una reunión en Santiago de Baney (Fernando Poo), a la que asistieron, entre otros, Felipe Ndjoli, Alberto Mbande, Federico Ebuka y Pastor Toraó. Los congregados acordaron oponerse a las maniobras españolas y comisionaron a Nvo para que viajase a Camerún y utilizara sus contactos con el independentismo local para hacer llegar a la ONU un escrito que denunciaba la “provincialización” y exigía la independencia. Nvo llegó a su pueblo, Mbé, en el distrito de Micomeseng, donde cruzó el río Campo (Ntem), fronterizo con la colonia francesa. A partir de ahí se pierde su pista, existiendo varias versiones sobre su desaparición: para unos, “un soplón” habría comunicado a la policía colonial los pormenores de su misión, y habría sido asesinado por guineanos pagados por el gobernador Ruiz González; para otros, Nvo fue asesinado por instigación del gobierno autónomo camerunés –presidido por Ahmadou Ahidjo, que después sería el primer presidente del país- al negarse a ratificar el “compromiso” de federar ambos países tras la independencia.

La desaparición de Enrique Nvo conmocionó al independentismo guineano, y sólo tuvo como consecuencia la huida hacia el exilio de numerosos nacionalistas, que redoblaron sus esfuerzos para acabar con la colonización. En julio, el IPGE presentó ante la ONU una petición formal de independencia, al tiempo que denunciaba la “provincialización” como una argucia de los españoles para impedir el acceso a la soberanía. Se constituiría oficialmente como partido político en Ambam (Camerún), a principios de 1959.

Tras la “provincialización” oficial y la desaparición de Nvo, el MONALIGE, por su parte, también se reafirmó en su determinación de proseguir la lucha por la independencia. En una reunión clandestina que tuvo lugar en Kogo el 10 de junio de 1959, los asistentes (Atanasio Ndong Miyón, Agustín Bibang, Miguel Aloo, Eduardo Makambo, Rafael Dámaso Sima, Ramón Ela, Adolfo Obiang Bikó y otros) resolvieron “potenciar la extensión de las bases nacionalistas en toda Guinea” y enviar al exilio a guineanos voluntarios, con el fin de activar la propagación “de los fundamentos de un cambio revolucionario que se preveía irreversible”, cursar solicitudes de asilo en los países vecinos, cuya independencia ya tenía fecha, y “canalizar los contactos con los Estados africanos ya independientes y con las Naciones Unidas”. A partir de entonces, Ndong Moyón y sus seguidores multiplicarían aún más sus frecuentes viajes clandestinos a las localidades guineanas fronterizas con Gabón. Es también en esta época (1959-1960) cuando el MONALIGE crea un sindicato de inspiración cristiana, la Unión General de Trabajadores de Guinea Ecuatorial; se producen contactos continuos de colaboración activa entre los opositores del interior (Bonifacio Ondo Edu, Francisco Salomé Jones…) y del exterior, así como los acuerdos de concertación entre el MONALIGE y la IPGE.

A mediados de 1959, llegaron a Guinea los primeros efectivos de la Guardia Civil, fuerza de seguridad más eficaz en las tareas policiales que la obsoleta Guardia Colonial (que pasó a llamarse Guardia Territorial). Entre sus 350 efectivos, desplegados en cinco distritos de Fernando Poo y Río Muni, no había un solo guineano, para evitar las complicidades con los nacionalistas detectadas en la Guardia Colonial, compuesta por oficiales blancos y suboficiales y tropas nativas. A medida que España completaba el ordenamiento jurídico de la “provincialización”, arreciaba la represión. Su punto culminante fue la detención y asesinato de Acacio Meñe Ela, cabeza visible del MONALIGE en el interior, el 28 de noviembre de 1959[11]. Meñe fue detenido en Bata, cerca de la Misión Católica, cuando salía de entrevistarse con el padre Antonio Cañigueral, “gran amigo suyo”; aunque otras fuentes aseguran que acababa de confesarse con el padre Nicolás Preboste, vicario general; trasladado al cuartel de la Marina, al parecer fue brutalmente torturado y luego embarcado en un buque que zarpaba hacia Fernando Poo, pero no llegó a la isla. Desde entonces se cree que fue arrojado al mar.

Si la muerte de Enrique Nvo conmocionó al país, este nuevo crimen resultaría un revulsivo. El gobernador Ruiz González reactivó la represión. Fueron detenidos numerosos maestros, funcionarios y gente destacada de las que se sospechaba una proclividad con las ideas soberanistas; entre otros, Justino Mba Nsue, Federico Ngomo Nandongo, Agapito Ona, José Nsue Angüe Osa, Federico Ebuka, Juan Roku, Felipe Ndjoli, Esteban Santos Ekoo, Jesús Alfonso Oyono, Salvador Ndong Ekang, Alejo Ndong... Todos fueron encarcelados y torturados, algunos con especial saña, como Salvador Ndong Ekang. Curiosamente, ninguno de los bubis y fernandinos implicados fueron encarcelados, ni otros que, como Enrique Nkuna y el sacerdote Alberto Ndong, quedaron como sospechosos. En una gira que realizó por todo el país, el gobernador Ruiz González fue muy claro: “Esos que están ahora en las mazmorras, detrás de mi palacio en Santa Isabel, llorando como mujerzuelas, que creían que ya eran algo por saber las cuatro operaciones fundamentales, conocerán dentro de poco cuán peligrosos son ciertos juegos (…) Debo recordar aquí, en Micomeseng más que en ningún otro sitio, que mi puño no temblará para firmar la sentencia de muerte de ningún desgraciado que atente contra la dignidad de España; vista el hábito que vistiere, cualquiera que atente contra la españolidad de estas tierras lo mandaré fusilar”[12]. Y los habría mandado fusilar de no oponerse el obispo de la diócesis, Francisco Gómez Marijuán, y el comandante de la Guardia Territorial, Huete, que al parecer discrepaban de los métodos expeditivos del gobernador. Se propuso el destierro de los implicados a la isla de Annobón, idea que también fue rechazada, y los nacionalistas fueron saliendo de las cárceles (Black Beach de Santa Isabel y “Modelo” de Bata), tras ocho meses o un año (según los casos) de trabajos forzados.

El ya por entonces almirante Ruiz González no actuó por su cuenta, sino de acuerdo con el ministro Subsecretario de la Presidencia, el también almirante Luis Carrero Blanco, mano derecha de Franco, del que dependían las colonias. Lo prueba un párrafo de uno de sus discursos durante su visita oficial a Guinea en octubre de 1962, pronunciado en Bata, en el que, tras asegurar que no era la primera vez que viajaba a aquellas tierras, añadió: “Hace poco tuve que venir a cortar la cabeza de una serpiente negra en el estuario del Muni”[13]. ¿Se refería a Acacio Meñe? En las referencias biográficas oficiales, no consta ese viaje. La verdad sólo se sabrá cuando las autoridades españolas tengan a bien abrir a los investigadores las secciones correspondientes del Archivo General de la Administración, sito en Alcalá de Henares.

En 1960, 17 países africanos obtuvieron su independencia. El colonialismo, tal como se había entendido desde finales del S. XIX hasta la primera mitad del S. XX, quedaba derrotado. Pero no por ello se agotaron las esperanzas de los “viejos coloniales”, como se llaman a sí mismos: estaban dispuestos a oponer resistencia, siguiendo los ejemplos de Portugal, y, sobre todo, de las minorías blancas de Rhodesia del Sur (actual Zimbabue) y Sudáfrica. Diversos estamentos coloniales –los “finqueros” agrupados en el sindicato del Cacao, los madereros y los funcionarios- podían resignarse ante la independencia de la parte continental, pues, a fin de cuentas, no habían conseguido dominar el miedo depositado en su imaginario hacia los belicosos fang, “fieros” y “salvajes”, a los que llamaban pamues. Pero Fernando Poo era distinto: consideraban “pacíficos” y “más civilizados” a sus habitantes autóctonos, los bubis; allí residía la inmensa mayoría de los colonos, allí se había invertido más dinero, allí el nivel de vida era más próspero. Por eso muchos colonos consideraron que la independencia no debía alcanzar a las islas, sino sólo a Río Muni.

A tenor de los datos conocidos, el gobernador Ruiz González se situó a la cabeza de una operación involucionista, que pretendió impedir una independencia unitaria de la “región ecuatorial”, manteniendo Fernando Poo como una provincia, un protectorado o un Estado asociado a España, controlado por la minoría blanca. En el verano de 1961, algunos colonos concibieron la idea de convertirle en “abba” (“sacerdote supremo”, que muchos desconocedores de la tradición bubi interpretaron como “rey”). A tal efecto, se convocaron reuniones con jefes tradicionales y demás notables bubis en Ruiché y Bocoricho. No prosperó la idea, porque los bubis adujeron que ése no es un cargo electivo ni político, sino una representación espiritual hereditaria dentro de una familia determinada; la habilidad de ciertos bubis logró ir posponiendo una ceremonia que describían como muy complicada, que incluía muchas consultas rituales con los espíritus de sus antepasados y requería que el gobernador se casase con una joven virgen de una familia principal, y al gobernador, recalcitrante soltero, se le tenía por “misógino”; se mezclaron los temas políticos, pues muchos de los bubis más influyentes recordaron el rosario de agravios infligidos por los colonizadores, en especial la represión desencadenada sesenta años antes tras el levantamiento del jefe balachá Esasi Ebuera, más conocido como “Sas Ebuera”; como los promotores de la propuesta la habían disfrazado bajo el argumento de que sería un “homenaje a España”, que protegería así a los bubis, algunos nativos propusieron arrendar la isla a España “y después se vería”; muchos bubis expresaron su desconfianza hacia los colonos, pues se sentían aturdidos por la “provincialización”, ya que algunos colonos racistas se empeñaban en seguir llamándoles “monos” aunque fueran “españoles”; en resumen, los bubis no vieron claro el asunto, y la “coronación” se redujo a un descafeinado “homenaje”, con promesa de nombrar “botuku” (persona destacada de un lugar) al gobernador, en un acto propiciado por la Diputación Provincial –presidida por Javier Alzina- con motivo del “Día de la Provincia”, en agosto de 1961[14]. Contrariados sus deseos, el 18 de diciembre de ese mismo año Ruiz González salió hacia España, oficialmente para tomar sus vacaciones, pero ya no regresó.

El fracaso de sus aspiraciones, y el ridículo consiguiente, determinaron la dimisión –cese para algunos- del gobernador Ruiz González. Todavía se desconoce si el almirante Carrero Blanco conocía las pretensiones de su hombre en Santa Isabel; determinados indicios permiten sospechar que sí, aunque aún no hay respuesta a la duda sobre si las compartía. Existen diversos testimonios de destacados “coloniales”, entre ellos el de José Menéndez Hernández, quien escribe: “Para Carrero Blanco la situación de la Guinea era clara. Los nativos de Fernando Poo, los bubis, no deseaban separarse de España. Querían constituir un Estado asociado con la metrópoli. Los que sí postulaban una independencia total eran los fang del Continente. Por ello el Almirante pensaba que hubiese sido más acertado propiciar el nacimiento de dos estados diferentes”[15].

Puede afirmarse, pues, que el largo mandato de Faustino Ruiz González, el gobernador más longevo en su cargo -después de Ángel Barrera, a principios del siglo XX-, se caracterizó por los intentos de impedir por la fuerza la evolución política de Guinea Ecuatorial, mediante la represión y la división de las fuerzas políticas nacionalistas. Fracasó, obviamente, al no lograr impedir la independencia, ni consumar la secesión de Fernando Poo. Poco después de tomar posesión en febrero de 1962, su sucesor, el contralmirante Francisco Núñez Rodríguez, hasta entonces secretario general del Gobierno General, inició una política conciliadora con los independentistas. Presionado por los grupos soberanistas y por las circunstancias internacionales, el Gobierno español tuvo que cambiar radicalmente de actitud; pocos meses después, en octubre de 1962, el propio Carrero declaraba que “España no se opondrá si en el futuro la mayoría deseara modificar en algún aspecto su estatuto actual”, reconociendo así la posibilidad de una independencia que un grupo de nacionalistas le acababa de exigir por escrito en Baney. Menos de dos años después, las “provincias ecuatoriales” pasaron a tener un régimen autónomo que otorgó a los guineanos un amplio abanico de libertades, como la existencia de partidos políticos y sindicatos, y el regreso de los exiliados, de las que no gozaban los propios españoles, preludio de la independencia proclamada el 12 de octubre de 1968.

Si quieres más información no dejes de consultar:

--------------------------------------------------------------------------------

[1] Para no repetir datos de sobra conocidos, remito a mis libros Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial, Edit. Cambio 16, Madrid, 1977; y España en Guinea (con Mariano de Castro), Ediciones Sequitur, Madrid, 1998.

[2] Ela Abeme, Francisco: Guinea, los últimos años; Centro de la Cultura Popular Canaria, Santa Cruz de Tenerife, 1983; ver también Ndongo-Bidyogo, Donato: obs. cits.; “Una merienda de blancos (Descolonización de Guinea Ecuatorial 1936-1968)”, en “Historia 16”, Madrid, núm. Extra, “España en África”, abril 1979, y “España y Guinea (1958-1968”, en “Historia Universal, s/f. Los datos contenidos en estos trabajos proceden de diversas entrevistas realizadas a personalidades del nacionalismo histórico, como Elías Maho Sicachá, Esteban Nsue Ngomo, Justino Mba Nsue y Andrés Moisés Mba Ada.

[3] Testimonio de Celestino Okenve a Xavier Lacosta: “Cronología de Guinea Ecuatorial: de la pre-independencia (1948) al juicio de Macías (1979)”, en Internet. Conviene precisar que el ministro del Aire en la época era el general y aviador Eduardo González-Gallarza.

[4] Justino Mba Nsue en la VII sesión de la Comisión Política de la Conferencia Constitucional, Madrid, 10 de noviembre de 1967. Actas de la Conferencia Constitucional, inéditas.

[5] Enénge A´Bodjedi: Cuentos Ndowe I, Ndowe Internacional Press, Nueva Cork, 2003, págs. 205-207. Cf. “Los pastores presbiterianos ndowe”, en “Oráfrica, revista de oralidad africana”, nº 4, abril de 2008, pág. 73-100.

[6] El profesor Eugenio Nkogo Ondo fue testigo de los acontecimientos. Ver su ponencia “La Guinea Ecuatorial: Reminiscencia histórica. Experiencia de las luces y de las sombras de un proyecto político”, en “International Conference: Between Three Continents: Rethinking Equatorial Guinea on the Fortieth Anniversary of its Independence from Spain”. Hofstra University, Nueva York, 2-4 abril 2009.

[7] Todos los “seguidores”, excepto los dos últimos, alcanzaron el sacerdocio y ejercieron en Guinea.

Enrique Gori Molubela sería después presidente de la Diputación de Fernando Poo, presidente de turno de la Asamblea en el Régimen Autónomo, y durante la Conferencia Constitucional se revelaría como uno de los referentes más sólidos del separatismo bubi. Juzgado arbitrariamente en diciembrede1969 por la intentona golpista de Atanasio Ndong de marzo anterior, y condenado a 25 años de prisión, fue asesinado en la cárcel en 1972.

Vicente Castellón Ntayo fue destacado dirigente de la Unión Annobonesa, partido de corte tribal fundado durante el Régimen Autónomo. Participó en la Conferencia Constitucional. Uno de los pocos supervivientes a la tiranía de Macías, ocupó cargos menores con éste y en la primera etapa de Teodoro Obiang.

El P. José Esono fue asesinado en la cárcel de Black Beach en 1976.

[8] La población total (europeos y africanos y todos los grupos étnicos) evoluciona de los 171.381 habitantes censados en 1942 a los 245.989 de 1962. Ver diversas estadísticas publicadas por el Instituto de Estudios Africanos (IDEA), Dirección General de Marruecos y Colonias –después Dirección General de Plazas y Provincias Africanas-, Presidencia del Gobierno.

[9] En efecto, se logró una escisión del MONALIGE por la derecha, pues Bonifacio Ondo Edu fundó en Libreville la conservadora Unión Popular de Liberación de Guinea Ecuatorial (UPLGE), que, cooptada por el colonialismo, se convertiría en Movimiento de Unión Nacional de Guinea Ecuatorial (MUNGE), partido con el que conseguiría “gobernar” durante el Régimen Autónomo.

[10] Según uno de sus dirigentes históricos, Clemente Ateba, en la VII Sesión de la Comisión Política de la Conferencia Constitucional, Madrid, 10 de noviembre de 1967. Actas de la Conferencia Constitucional, inéditas.

[11] Eugenio Nkogo Ondo, creemos que erróneamente, señala como fecha de este crimen el 20 de noviembre de 1958 (ver documento citado); lo cierto es que la “desaparición” de Enrique Nvo es anterior al asesinato de Acacio Mañe.

[12] Ela Abeme, Francisco, ob. Cit., págs. 51-52.

[13] Ela Abeme, F., ob. cit., pág. 55.

[14] El Dr. Armando Ligero Morote, alcalde de San Carlos (hoy Lubá) en 1961, relata estos hechos en el núm. 8-9, 1990, de la “Revista de Estudios Africanos”, editada por la Asociación Española de Africanistas, de la era entonces presidente.

[15] Menéndez Hernández, José: Los últimos de Guinea. El fracaso de la descolonización”, Sial Ediciones, Madrid, 2008; pág. 412. Lo cual coincide con toda la actuación del almirante Carrero, ya vicepresidente del Gobierno español, durante la conferencia constitucional y las posteriores elecciones de 1968.

Fuente: Donato Ndongo-Bidyogo, Seminario  Internacional “Actores Coloniales españoles y Espacios Africanos SS. XIX-XX":