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lunes, 25 de septiembre de 2017

El exilio de Pedro Prado Mendizábal

A los ciudadanos leales a la República se les sancionó por diferentes vías y en este blog se pueden consultar diferentes ejemplos: multas, prisión, inhabilitación profesional, confiscación de propiedades destierro (en unos caso en Guinea y en otros... de Guinea), muerte...
Persecución que en muchos casos acabó suponiendo el exilio del país.

Es posible contar varios ejemplos de vida y muerte en el exilio, de los que incluimos algunos casos.
Así, por ejemplo, Victoria Fernández Díaz en El Exilio de los Marinos Republicanos recoge la trayectoria de Pedro Prado Mendizábal:

Oficial del Cuerpo General comprometido con el gobierno de la República desde el primer día y que defendió la legalidad gubernamental hasta el último momento. Además, tuvo un exilio largo y azaroso.
Pedro Prado había nacido en Lugo en 1902. Ingresó en la Escuela Naval de San Fernando con 17 años y en septiembre de 1922, con 20 años, fue promovido alférez de navío e integró la División de instrucción de submarinos y la Escuela de Radiotelegrafistas.
Participó en la guerra de Marruecos a bordo del Almirante Lobo, Cíclope y el Alfonso XIII. Le fueron otorgadas durante la campaña la Cruz Roja al Mérito Naval y la Cruz Blanca al Mérito Militar.
Ya como teniente de navío fue destinado a la comisión de inspección y estuvo embarcado en el submarino C-4. Al proclamarse la II República, formó parte del equipo del Ministerio de Marina, como ayudante personal de Casares Quiroga, luego con José Giral y posteriormente con Lluís Companys. En octubre de 1933 volvió a los submarinos embarcando como 2º comandante en el C-4. Pero en abril de 1936, con el triunfo del Frente Popular, José Giral, que se rodeó de marinos de su confianza, lo nombró en la secretaría técnica junto a Fernando Navarro Capdevila.
Días antes de la sublevación militar, en julio de 1936, Pedro Prado fue mandado a Cartagena como hombre de confianza de Giral para evaluar la situación y propiciar ciertos reajustes. Cuando, en la madrugada del 18 de julio, Benjamín Balboa oyó en Ciudad Lineal, el mensaje de Franco dando el pistoletazo de salida a la sublevación militar, a quien primero informó, saltándose la cadena de mando, fue a Pedro Prado Mendizábal.
Fue nombrado Jefe de Operaciones de la Flota y fue el artífice de la constitución de Málaga como Base Naval. En aquellos momentos tan tensos, con oficiales arrestados, la formación de los Comités y la desconfianza de las tripulaciones, Pedro Pardo sopesó con clarividencia la situación e intentó componer una solución. Junto con otros marinos defendió que la base de Málaga fuera cabeza de puente para ocupar Algeciras, impedir el traslado de tropas del ejército de África, “pero desde las autoridades republicanas siguieron sin escucharles”.


En noviembre de 1936 fue nombrado comandante del crucero Méndez Núñez cuando éste regresó de Guinea. En 1937 fue ascendido a capitán de corbeta. Fue mandado a Francia para hacerse cargo de los submarinos C-3 y C-4 cuyos mandos habían desertado en Francia.
En abril de 1938 fue nombrado Jefe del Estado Mayor Central de la Marina hasta enero de 1939. En febrero de 1939, perdida la guerra, cruzó la frontera junto a las tropas del general Modesto hacia Francia.
Estaba casado con la cartagenera Elisa Fernández Meroño y habían tenido tres hijos, Jorge, Alberto y Rosina. Los dos chicos estaban, en los momentos finales de la contienda, acogidos en la URSS. Pedro Pardo, que tenía simpatías comunistas, marchó a aquel país en mayo aunque consta su petición al SERE para poder emigrar a México.
En la URSS, ingresó en la Escuela del Alto Estado Mayor del Ejército Rojo, obtuvo el grado de coronel del Ejército Rojo y el de capitán de la Marina de Guerra soviética. Fue profesor de Táctica y Arte Operativo en la Academia Militar Voroshilov. Combatió y sufrió en el largo asedio de Leningrado. En tiempos de paz Prado volvió a la vida civil y trabajó como traductor del ruso y del español. Escribió un Diccionario politécnico español-ruso (2).
A principios de la década de los 60 siguió su exilio en Cuba donde fue asesor de la Armada y dirigió la revista Información Técnica y Científica Naval.
Era un hombre sin prejuicios. Cuentan que fue el primero, y seguramente el único oficial que se atrevía a ir en bicicleta por Cartagena antes de la guerra. Era criticadísimo por sus compañeros del Cuerpo General que consideraban que semejante medio de locomoción carecía de la dignidad que su rango requería.
Aún pudo volver a España donde falleció en septiembre de 1985.

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