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viernes, 28 de julio de 2023

El proceso de exfoliación

En Las tinieblas de tu memoria negra, el profesor Donato Ndongo-Bidyogo nos cuenta:

«Pero, por encima de todo eso, en el primer banco delante a la derecha te sentías más cerca de la Verdad: con sólo levantar la vista un poco por encima de la bien peinada cabeza de don Ramón se topabas con la rectilínea mirada del General Más Joven de Europa, el Invicto Caudillo de España por la Gracia de Dios, a cuyo conjuro os permitían romper filas al entrar y al salir de la escuela. Sí. El Generalísimo me miraba directamente a los ojos, nunca olvidaré esa mirada severa pero llena de una bondad infinita, que no me dejaba otro remedio sino el de ser obediente y aplicado, la responsabilidad del primer banco delante a la derecha me obligaba a ser agradecido hacia Ese Hombre que nos habla traído la Verdadera Libertad que los sindiós nos quisieron arrebatar esclavizándonos con engaños y asechanzas materialistas, esos sindiós que formaban una raza especial de hombres malvados pintados de rojo y cuyo lenguaje sembraba la confusión de los ismos: el único ismo redentor es el catolicismo que predica la Única y Verdadera Religión y la igualdad entre los hombres ante la presencia del Señor el día del Juicio Final, y cuando me sentía con el valor suficiente para soslayar durante unos brevísimos segundos la escrutadora mirada del Caudillo Salvador de España, mis ojos se encontraban con los del Mártir Vilmente Asesinado, Joven Esperanza Truncada por las Balas Asesinas de los Enemigos de la Patria, como siempre decía don Ramón cuando se emocionaba demasiado contándonos su historia. Pero el Fundador no miraba directamente a mis ojos. Tenía una expresión tristona de contagiosa melancolía idealista, la cabeza ligeramente ladeada para que apreciáramos, y yo lo apreciaba, las bellísimas entradas que adoraban su bellísimo rostro, la camisa de amplias solapas abiertas que dejaban entrever el Impoluto pecho henchido de Generosidad.

Y entre ambos retratos destacaba un enorme crucifijo, y el bronce realzaba nítidamente la viril musculatura de los amplios brazos del Redentor, la cabeza reclinada sobre el pecho, las rodillas arqueadas, el desmesurado agujero del pecho del que colgaban gotas también de bronce reluciente, que don Ramón decía eran sangre…»

Rafael de Mendizábal Allende en Misión en África. La descolonización de Guinea Ecuatorial (1968-1969) relata como «en las primeras semanas, y algo más, hubo una tensión soterrada entre la nueva Administración y los funcionarios españoles, que simbólicamente se resistían a descolgar el retrato de Francisco Franco en sus despachos y sustituirlo por el de Francisco Macías. Era una actitud, psicológicamente comprensible. No se hacían a la idea de encontrarse en otro país, en un país extranjero y de la noche a la mañana dejar de ser, como habían sido hasta entonces los señores en una colonia disfrazada de provincia. En mi despacho había colgado la primera fotografía enmarcada del presidente hecha por Manolo López Padilla y cuando hablaba con alguno de mis compatriotas no me cansaba de recomendarles que hicieran lo mismo. Muchos de ellos nada tenían de franquistas y más de uno había llegado allí de rebote por no serlo pero reaccionaban como carpetovetónicos. De repente su corazón rebosaba adhesión inquebrantable al Caudillo...».

Resulta sugerente hacer un seguimiento al baile de fotografías en el territorio ecuatorial.

Cuenta Albert Sánchez Piñol en Payasos y monstruos, que «De lo que no cabe ninguna duda es de que el ego de Macías estaba sobredimensionado. En sus crecientes delirios de grandeza exigió su divinización. Obligó a colgar su retrato en todas las iglesias y en los servicios religiosos de todas las confesiones se tenían que utilizar las fórmulas: "Dios creó Guinea Ecuatorial gracias a Macías, sin Macías no hay Guinea" y "Nunca sin Macías, todo por Macías, abajo el colonialismo y todos los ambiciosos". En las escuelas los niños rezaban "en el nombre de Mesié, Nguema, Biyogo y Ñegue Ndong"».

En las siguientes fotografías, funcionarios coloniales sustituyen en 1968 la fotografía del que Francisco Macías Nguema llamaba su "colega" Franco, por la del propio Macías. 
Y en la segunda, un residente de Malabo destruye un cartel, el 13 de agosto de 1979, que mostraba a Macías.
Se trata del proceso habitual de exfoliación de símbolos en los relevos políticos.



Este baile de fotografías no es muy diferente del acostumbrado renombramiento del callejero, como por ejemplo la calle «19 de septiembre» en la vieja Santa Isabel. Antes se había llamado «O’Donnell» y «Libertad» sucesivamente, según el régimen político imperante en la península. Últimamente se la conoce como calle del «12 de Octubre» (por el día de la Independencia) y es un callejón absorbido casi en su totalidad por la explanada del Palacio del Pueblo.



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