Por la noche recibieron a José Félix con grandes aspavientos en casa de Fifí Estrada. Ya estaba puesta la mesa, con unas velas negras y unas fuentes de plata, para el consomé. Estaban Perico Castro-Nuño, María Parla, los Alberti, Federico García Lorca y el capitán [Manuel] Martínez, héroe de Aviación, con el negrito que se había traído de Fernando Poo.
¿"El negrito que se había traído de Fernando Póo"? Así, es: a los ibéricos pilotos parece que les apeteció emular a Robinson Crusoe y tener su propio "Viernes". Hay constancia de 2 ecuatoguineanos que acompañaron a los pilotos en el viaje de vuelta (en los barcos de apoyo, no en los hidroaviones): José Friman Mata y José Epita Mbomo.
Precisamente Gustau Nerín recordará la declaración de que «Aparte de numerosos objetos,collares, amuletos, pulseras de dientes de elefante y numerosas curiosidades exóticas, nos hemos traído dos negros».
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| La Patrulla Atlántida, finales de 1926 / enero de 1927 (en Patrimonio en llamas). |
Tardamos, pero en este paseo por la vieja calle 19 de septiembre de Santa Isabel ya hemos incluido a José Epita Mbomo, corisqueño tío de la poeta Raquel Ilombe, que sufrió exilio en Francia por su lealtad a la República, luchó contra la ocupación nazis de Francia y acabó en el campo de Neuengamme.
Esa es una gran historia, pero hoy es el turno del fernandino José Friman Mata.
Javier Castillo Fernández, Director del Archivo General de la Región de Murcia, inicia el relato así:
Cuando a las 14.15 horas del día de Navidad de 1926 los tres hidroaviones Dornier Wal de la 'Patrulla Atlántida' amerizaron en el puerto de Santa Isabel (actual Malabo), capital de la colonia española de Guinea, la expectación de los numerosos nativos y españoles que los esperaban no podía ser más grande. Culminaba con éxito la etapa de ida de este arriesgado raid aéreo, realizado por un puñado de militares de la Aviación española al mando del comandante Rafael Llorente. La patrulla surcaba por vez primera por el aire la costa occidental de África, recorriendo los 6.829 km que separan Melilla y la actual Guinea Ecuatorial en dos semanas de vuelo de cabotaje.
La mayoría de los espectadores veían por primera vez un avión que, además y sorprendentemente, podía flotar. Así lo relataría poco después el capitán Niceto Rubio, uno de los pilotos de la misión: «El asombro de los negros al vernos llegar a Fernando Poo fue enorme… Habían estado preparando un campo de aterrizaje al lado de Santa Isabel… Cuando se divulgó la noticia… de que llegábamos, acudieron presurosos a ver lo nunca visto… [y ocuparon el] campo de aterrizaje. Naturalmente, los hidros de la Patrulla Atlántida prefirieron tomar agua en el puerto, y entonces creyeron los negros en la catástrofe, y gritando «¡Kikiribu!» (ya se perdió todo) corrieron a los muelles. Su asombro no tenía límites al ver que aquellos barcos que vuelan no se habían hundido».
Entre aquellos admirados guineanos posiblemente se contaran dos adolescentes, José Epita Mbomo, de quince años, y José Frimán Mata, de trece, cuyas vidas iban a dar un giro sorprendente al marchar ambos a España de regreso con los heroicos aviadores de la Atlántida. La increíble historia de Epita, exiliado en 1939, miembro de la Resistencia francesa y superviviente de los campos de concentración nazi, fue dada a conocer en 2021 por la periodista Tereixa Constenla en 'El País'. Pero la azarosa vida de su compañero Frimán, que ahora mostramos, no le fue a la zaga.
José Frimán Mata, hijo de Alejandro Frimán Gaizan y María Mata, había nacido en Santa Isabel el 19 de noviembre de 1913. Su primer apellido, derivado claramente del término inglés Freeman ('Hombre libre'), apunta a que su padre pudo ser un «fernandino» (por Fernando Poo, actual isla de Bioko): apelativo dado a los descendientes de inmigrantes venidos desde algunas colonias británicas, como Sierra Leona o Nigeria, a trabajar en las plantaciones de cacao de aquella isla a finales del s. XIX y que hablaban una mezcla de español e inglés conocido como 'Pichinglis'.
Tanto Epita como Friman, se arraigaron en Los Alcázares y acabaron trabajando como mecánicos en al base aérea y de jugadores en el equipo local de futbol. Iniciada la guerra civil, ambos se mantienen dentro de la lealtad republicana. Epita, como ya sabemos, acabó exiliado y confinado en campos de concentración nazis, y Friman que había estado a las órdenes del comandante Ortiz, quedó al finalizar la guerra en territorio -hostil- español.
Aquí divergen sus caminos: mientras Epita lucha contra los nazis, Friman se presenta voluntario a la 250.ª División de Infantería de la Wehrmacht, que la conocemos más como la División Azul, y que destacó en la dura postguerra española como forma de exaltar lealtades entre los más falangistas y de limpiar pecados entre los sospechosos de serlo poco.
De todos modos, duró poco. En algún foro de la red, se afirma que "estuvo encuadrado en el Batallón de Reserva Móvil 250 mientras permaneció en la División y que fue repatriado al poco de llegar, concretamente en una expedición que salió para España el 10 de junio de 1943. Debió llegar con el 23 Batallón de Marcha en el mes de mayo anterior y lo debieron repatriar a petición alemana". No llegó a cumplir 2 meses en el frente oriental. A su vuelta, ya con el expediente saneado siguió trabajando de mecánico.
Javier Castillo lo razona así:
Quizás por motivos raciales o por descubrirse su pasado comunista, el 26 de ese mismo mes el jefe del Estado Mayor de la División, el teniente coronel Díaz de Villegas -que por entonces se quejaba de la «mala mercancía» que estaba llegando entre los nuevos reclutas-, ordenó «que el soldado… José Frimán Mata pase destinado al Batallón de Depósito núm. 250, donde quedará pendiente de repatriación con la primera expedición que se organice». En efecto, el 2 de junio fue concentrado en dicho batallón, el 5 dado de baja en la División y el 9 repatriado, «acompañando a la expedición de indeseables de esa fecha». Finalmente, el grueso de la División Azul regresaría a España de forma discreta en octubre de ese año.
El artículo completo resulta esclarecedor:
- Si quieres saber más sobre cómo se involucró la población ecuatoguineana con la guerra civil, consulta la entrada Gran palabra tienen los blancos.
- O Los ecuatoguineanos de la Patrulla Atlántida (I)







