Consejo viejo en la plaza Shelly.
Edificio antiguo del Consejo de vecinos de Santa Isabel de Fernando Poo.
El 26 de noviembre de 1880 se establece el Consejo de vecinos de Santa Isabel para atender a la administración comunal. Éste estaba integrado por 5 ó 7 miembros, mayores de edad, con residencia en la isla, así como ejercer alguna industria o contar con propiedades rústicas o urbanas.
El 15 de Junio de 1929 se publica la Real Orden Núm. 242 reconociendo que "constituye una excepción entre los Consejos de vecinos de esas posesiones el de Santa, Isabel, cuya población, formada por un gran número de vecinos españoles, comerciantes y agricultores en su mayor parte, entre los cuales se halla altamente desarrollado el sentido de solidaridad en favor de los intereses del procomún" aprueba un nuevo reglamento por el que ha de regirse el Consejo de Vecinos de Santa Isabel.
Consejo viejo visto desde la costa. Sello denominado "casa de nipa" de 1924, reproduciendo la que entonces era la casa del Gobernador.
Han pasado los años, y el viejo Consejo de Vecinos de Santa Isabel ha dado paso a la Alcaldía de Malabo.
Pero... por asociación de ideas: ¿y si hablamos del Consejo de Residentes?
Los CREs tienen las funciones de asesorar al jefe de la Oficina Consular, encauzando hacia ésta el sentir y preocupación de la comunidad española, proponiendo medidas que puedan contribuir a mejorar la atención a ella y constituyendo un cauce abierto para que los españoles en el exterior puedan conocer las medidas de las administraciones públicas españolas que les afecten o exponer sus problemas
Frente a los 700 electores mínimos que establecía el Real Decreto 1339/1987, de 30 de octubre, sobre cauces de participación institucional de los españoles residentes en el extranjero, el actual Real Decreto 1960/2009, de 18 de diciembre, por el que se regulan los Consejos de Residentes Españoles en el Extranjero, establece un mínimo de 1.200 electores:
Artículo 2. Constitución.
1. En todas las circunscripciones consulares en cuyas listas del Censo Electoral de Residentes Ausentes se hallen inscritos, como mínimo, mil doscientos electores, se constituirá, por elección, un Consejo de Residentes Españoles como órgano consultivo de la respectiva oficina consular.
2. Sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 10.2 de este real decreto y a los solos efectos de este artículo, se consideran electores quienes figuren en la correspondiente lista del Censo Electoral de Residentes Ausentes en el último día del mes anterior al de la fecha de publicación de la convocatoria de elecciones.
Países con un volumen similar de ciudadanos españoles como por ejemplo Nicaragua con 1.368, cuentan con su propio Consejo de Residentes. Así que ¿por qué no Guinea Ecuatorial?
Cuando se habla de colonialismo y de sus consecuencias (racismo, apartheid, saqueo económico, etc) se suele hacer referencia casi siempre a estados como el Reino Unido, Francia y, en menor medida, Bélgica o Portugal. Todos estos países, además de otros del continente europeo (entre los cuales Italia y Alemania), mantuvieron colonias en África hasta bien entrado el siglo XX. También fue el caso de España que conservó su presencia en el continente negro hasta 1975 cuando mediante el Acuerdo Tripartito de Madrid firmado el 14 de noviembre de aquel año, se transfirió la administración de la colonia a Marruecos y Mauritania. Esta controvertida decisión chocaba con los planes de la ONU de celebrar en el territorio un referéndum de independencia y sus consecuencias siguen condicionando en nuestros días la política en la región. Aún así , y como se apuntaba anteriormente, no poca gente considera que España es un caso aparte en Europa en lo que se refiere al colonialismo en África y que su praxis en la materia no es comparable a la de ingleses, franceses o portugueses. ¿Responde esta creencia a una realidad? ¿No es comparable la colonización española en África a la de otros estados europeos? ¿Se trató de una colonización light? Para intentar responder, ni que sea parcialmente, a estos interrogantes, nos centraremos en el caso de la Guinea Ecuatorial en la primera mitad del siglo XX y, sobre todo, en los primeros años del franquismo.
La historiografía colonial española y el nacionalismo guineano suelen establecer el inicio de la colonización hispana del pequeño país africano en 1778 con la fracasada expedición militar del brigadier conde de Argelejo a las islas de Fernando Poo (actual Bioko) y Annobón. En realidad, sin embargo, la colonización efectiva comenzó con posterioridad al primer asentamiento británico en 1827 al llegar en 1858 el primer gobernador español, el capitán de fragata Carlos Chacón y progresó de forma muy lenta, pues solo se completó en 1927 con la ocupación de Río Muni (la parte continental).1
La creación de la Guinea española era una consecuencia de la cesión de Portugal a España mediante los tratados de San Idelfonso (1777) y El Pardo (1778) de Fernando Poo y Annobón, dos islas distantes con realidades muy diferentes. La primera, un territorio más extenso, de 2017 km2 (como Tenerife), poblado por los bubis, que siempre habían rehuído el contacto con los europeos y la segunda, diminuta, de 17 km2, habitada por criollos descendientes de esclavos que habían conseguido escapar a la dominación lusa.2
En naranja el actual estado de España y en Verde el de Guinea Ecuatorial
En 1885 tuvo lugar la Conferencia de Berlín que consagró el reparto de África entre los países europeos los cuales se arrogaron el derecho de decidir unilateralmente sobre su destino y su futuro.
En 1900, todo el continente estaba bajo dominación excepto Liberia y Etiopía que, liderada por el emperador Menelik II había aplastado cuatro años antes a un ejército italiano en la batalla de Adua. Ese mismo año 1900 se firmó un tratado en París, el llamado Convenio franco-español, que determinaba los límites del territorio reconocido a España.
Con el nuevo siglo se ponen en marcha las instituciones que regirán la vida de la colonia: el Patronato de Indígenas (1904-1959) y la Dirección General de Marruecos y Colonias (1925).
El Patronato de Indígenas tenía como misión la promoción económica y social de los nativos y su Junta rectora estaba compuesta por representantes de la Iglesia y dos guineanos. La presidencia le correspondía al Vicario Apostólico de Fernando Poo y en 1932, bajo la Segunda República, pasó el cargo al gobernador general.3
El Patronato tutelaba a los indígenas que, jurídicamente eran considerados menores de edad y que, en aspectos civiles, podían regirse entre ellos por su propio derecho consuetudinario. Este organismo recogía sus quejas, tenía que dar el visto bueno a sus contratos y les protegía ante los tribunales coloniales. No obstante, había una minoría exigua (64 individuos en julio de 1944, buena parte de ellos fernandinos*) con el estatus jurídico de emancipados, que se regían en todo por la legislación española si bien la emancipación, concedida por las autoridades, podía ser revocada4
Una de las pocas cosas en que las autoridades coloniales fueron eficaces fue en su pretensión de “españolizar” a los nativos. En 1926 el gobernador Nuñez de Prado (1926) consiguió en seis meses que todos los indígenas al servicio del Estado dominaran el castellano y todos los residentes que no lo supieran estaban obligados a pagar un intéprete.5
La falta de funcionarios especializados en cuestiones coloniales y de estructuras políticas centralizadas llevó a la administración a utilizar a los misioneros como agentes de la penetración en el territorio. Durante todo el siglo XIX y principios del XX, el gobierno ayudó económicamente a los claretianos (Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María) para contrarrestar la influencia de las misiones protestantes anglófonas consideradas “antiespañolas.” La escuela, según Gustau Nerín, se convirtió en el eje central de aculturación lingüística. Los misioneros se sirvieron en un primer momento de las lenguas autóctonas como medio de aproximación a los guineanos, pero con la clara intención de sustituir progresivamente su uso por el del castellano, al contrario de lo que hacían los protestantes.6
La Guinea Ecuatorial era un territorio de apenas 28.000 km2 poco poblado (200.000 habitantes en 1950) que no implicaba la obtención de importantes beneficios para la metrópoli. Aún así, sus producciones de cacao, café y de madera la convirtieron en la colonia más rica del pequeño imperio africano (los fosfatos del Sáhara aportarían ingresos más tardíamente). Ello permite entender que el colonialismo español en el continente negro careciese del apoyo generalizado con que contaba en otras potencias. Además, la prioridad absoluta para el gobierno siempre fue Marruecos y es bien ilustrativo al respecto que, desde su pacificación en 1926, el departamento de asuntos coloniales español se denominase Dirección General de Marruecos y Colonias. 7
La colonia estaba habitada fundamentalmente por pueblos del tronco lingüístico bantú, que habían vivido en el bosque de la caza, la pesca la recolección y la agricultura itinerante de rozas por fuego, en poblados independientes carentes de estructuras estatales, y en el interior de la zona continental incluso de jefaturas: los bubis en la isla de Fernando Poo, los grupos ndowé y bissió en la zona continental y los fang en el interior. Los habitantes de la alejada isla de Annobón practicaban un cristianismo sincrético y hablaban un dialecto portugués fuertemente criollizado. En la capital colonial Santa Isabel, sin embargo, vivía un grupo diferente de habitantes de origen africano que los españoles llamaron “fernandinos”, llegado con los británicos en 1827. Se trataba de criollos procedentes de Sierra Leona y de otros puntos de la costa occidental africana. Su idioma era el inglés (en la variante criolla de la zona, el pidgin English) y su confesión, la protestante8.
En 1907 se dispuso la creación de una Policía Indígena (semejante a la que había en Marruecos) para sustituir a las compañías de la Infantería de Marina. Para ello fueron enviados desde España dos tenientes, dos sargentos, cuatro cabos y otros cuatro números más pertenecientes a la Guardia Civil. Al año siguiente, en 1908, se le cambió el nombre por el de “Guardia Colonial de Territorios Españoles del Golfo de Guinea” formada por 59 españoles (sargentos y cabos especialmente) y 362 indígenas (sobre todo soldados rasos incluidos los músicos).
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, un gran número de camerunenses que habían luchado al lado de los alemanes se internaron en la Guinea hispana y, en su mayoría, pasaron a alistarse en la Guardia Colonial mientras que sus oficiales germanos eran devueltos a Europa.
La Segunda República no trajo demasiados cambios a la colonia. Olegario Negrín Fajardo, doctor en Filosofía y Letras y catedrático de la UNED subraya, no obstante, que sí hubo novedades en el ámbito educativo. Se produjo, en efecto, un aumento significativo de profesores nativos y del número de alumnos matriculados; igualmente, recibió un impulso considerable la creación de centros escolares, al tiempo que se disponía de un mayor presupuesto para la enseñanza colonial oficial. Negrín Fajardo sostiene que la línea de actuación más singular en este periodo fue la preocupación por seleccionar a los funcionarios adecuados para la administración colonial con criterios de calidad y, de una manera muy especial, la planificación y creación del cuerpo de administradores coloniales con una dimensión académica significativa.9
La actuación de la Segunda República responde perfectamente, según Manuel Burgos Madroñero, al esquema de colonización francesa, proponiéndose decididamente hacer rentable esas posiciones además de racionalizar y dignificar la ocupación española; entre los años 1932- 1935, España importa de Guinea más de 40.000 millones de pesetas-oro, mientras exporta a Guinea tan sólo unos 4.000 millones.10
También durante la Segunda República, el 17 de febrero de 1935, se dictó un nuevo reglamento para la Guardia Colonial. Un nuevo reglamento meticuloso hasta el punto de de determinar de manera exacta los uniformes de jefes, oficiales y tropa, tanto de los indígenas como de los españoles. Se estipuló, asimismo, que los hijos de los funcionarios y comerciantes hicieran su servicio militar en la Guardia Colonial, dotándoseles de uniformes diferentes a los del elemento indígena.11
Ese mismo año, 1935, la colonia se dividió en dos distritos, el insular formado por Fernado Poo y el resto de islas cuya capital era Santa Isabel, y el continental, con capital en Bata.
El golpe de estado que se inició en Melilla el 17 de julio de 1936 no tuvo repercusiones hasta pasados tres meses en la colonia cuando en la madrugada del 18 al 19 de septiembre, el comandante de la Guardia Colonial, el teniente coronel de ingenieros Luis Serrano Maranges sublevó con éxito la isla de Fernando Poo. Días después, el 23, se produjo un intento frustrado de sublevación en el área continental. En Bata, sin embargo, el subgobernador Miguel Hernández Porcel se negó a unirse a los rebeldes y mantuvo su obediencia al gobierno de Madrid. De hecho, hasta inicios de 1937, con la ocupación de la isla de Annobón, no se obtuvo el dominio efectivo de la colonia por parte de los nacionales. La razón que explica que el golpe no triunfara de inmediato en Guinea era que los conspiradores en la metrópoli y en el Protectorado de Marruecos no habían organizado allí sublevación alguna. Manuel Burgos Madroñero apunta también como un factor decisivo que ayudó a mantener la calma un acuerdo implícito entre las partes por miedo a que los nativos pudiesen aprovechar los enfrentamientos entre las facciones coloniales para sublevarse y tomar el control del territorio.12
La primera norma local emanada del Gobierno general de Guinea bajo control de los franquistas está referida a la toma de medidas contrarreformistas y se limitaba a aplicar lo dispuesto en la real orden 482, de 26 de julio de 1928, en relación a la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas y la exhibición de símbolos religiosos.
1ª. Que presidan los Crucifijos en todas las aulas de las Escuelas Oficiales.
2º. La enseñanza de la Religión católica será obligatoria en todos los grados de Escuela primaria, excepto para aquellos niños cuyos padres pertenezcan a Religión distinta y soliciten la excepción.13
La inclusión, en el apartado segundo, de la posible excepción a dicha orden para alumnos que profesaran una religión diferente de la católica, no deja de ser un pequeño oasis de tolerancia en el contexto del nacionalcatolicismo de la época. En el resto del territorio bajo control de los rebeldes, la persecución de los cultos no católicos era moneda corriente. En este sentido, la minoría fernandina relacionada con religiones protestantes y la mayoría de los trabajadores de las plantaciones isleñas procedentes de otros países africanos, especialmente de Nigeria, veían más respetados sus derechos que los bautistas de Sevilla o Zaragoza, por poner dos ejemplos.
La Constitución de 1931 establecía por primera vez la separación entre Iglesia y Estado y otorgaba a la educación pública un papel que hasta entonces aquel había delegado en buena medida en la órdenes religiosas. Las disposiciones de 1928, por lo tanto, quedaron sin efecto bajo la República por lo que los rebeldes se apresuraron a restablecerlas cuando lograron el control total de la colonia.
En el caso de la Guinea Ecuatorial, además, la religión servía de pretexto para justificar la colonización. De hecho, según el historiador y militar José Pery Cervera, citado por Gustau Nerín en Guinea Equatorial. Història en blanc i negre (Empúries, 1998), “un punto esencial de la retórica hispanotropicalista (heredera de la Hispanidad), era la convicción de que el cristianismo había sido y podía convertirse en uno de los vínculos más sólidos entre los países de lengua oficial castellana”.14
Las autoridades del primer franquismo aducían motivos puramente altruistas y evangelizadores para defender la presencia española en aquellas lejanas latitudes y la desvinculaban de cualquier veleidad imperialista sin ni aceptar siquiera que fuese una colonización. España no era como la Gran Bretaña o el Reino Unido. El propio Franco abonó esta teoría en algunos de sus discursos.
Vosotros sabéis que España no es ni ha sido nunca colonialista, sino civilizadora y creadora de pueblos, que es cosa bien distinta. El colonialismo es la explotación del débil por el fuerte, del ignorante por el avisado; es la utilización injusta de las energías del país dominado para beneficiar al país dominante. La labor civilizadora es, precisamente, todo lo contrario. Es la ayuda del mejor situado al que lo está menos para hacerle avanzar en la búsqueda de su propio destino.15
En otra disertación suya sobre la cuestión, el Caudillo insistía de nuevo en el carácter humanitario y desinteresado de la presencia española en el mundo.
Desprovista de prejuicios raciales de ninguna clase, sintiendo profundamente el precepto cristiano de la igualdad de todos los hombres, ni España ni los españoles se sintieron nunca ajenos, indiferentes o superiores a aquellos pueblos que convivieron y a los que incorporaron a la civilización occidental y cristiana. España, a través de la historia, ha sabido siempre entregarse sin reservas con amor y con entusiasmo a las necesidades, a los afanes y a las ilusiones de aquellos pueblos a los que fue uniendo a sus destinos, desprovista de prejuicios raciales de ninguna clase, sintiendo profundamente el principio cristiano de la igualdad de todos los hombres.16
Muchas alocuciones por aquellos años subrayaban que el español era un imperio movido por el altruista afán de civilizar a los pueblos y razas atrasados, cuyo fruto había sido el espíritu común de la Hispanidad, que reunía a las hijas en torno a la madre. Los españoles estaban repitiendo en Guinea la benemérita y cristiana labor que se hizo anteriormente en América. Así, por ejemplo, informaba el periódico falangista Ébano sobre la clausura del curso de enseñanza indígena de 1939:
Llamó mucho la atención el Mapa Mundial, de grandes dimensiones pintado al óleo por los niños de tercer grado, representativo del Imperio de la Hispanidad durante los siglos XVI y XVII. La finalidad de esta obra no es otra que la de que con su examen diario, guarden en sus en corazones amor a la Patria que con sus sacrificios e ideales ha sabido civilizar y conquistar la mayor parte del mundo y que hoy tiene para ellos sus mejores cariños misioneros..17
Para la revista claretiana La Guinea Española, civilizar suponía luchar contra el salvajismo, “una vida sin controlar, sin sujeción a normas de economía y trabajo” (el tópico de la holgazanería indígena). Por ello, pedía a la autoridad colonial que forzara a los nativos al trabajo, bien en sus propias fincas de café o cacao, bien como jornaleros o, si no, en la prestación personal : “en la sociedad todo el mundo debe ser productivo a la colectividad en una u otra forma, estando condenada la vagancia.18”
Al respecto hay que tener en cuenta que desde 1906 el gobierno colonial regulaba las condiciones de trabajo y que fiscalizaba que los patronos las respetasen, pero eran reiterados los incumplimientos. El mismo gobernador general Mariano Alonso lo reconocía en 1942: “Ya se sabe que la legislación de trabajo no se cumple19.” Sin embargo, una vez reclutado, el bracero no podía romper el contrato antes del plazo; la fuga se castigaba legalmente con trabajos forzados en régimen penitenciario, en ocasiones, en condiciones de hambre extrema.
Al trabajo de los indígenas en las plantaciones o en las pequeñas explotaciones de café se añadía al invertido tradicionalmente en construir sus casas y producir su propio sustento. Había que sumar, por otra parte, la prestación personal, es decir, trabajo temporal periódico y obligatorio en las obras públicas coloniales (carreteras, edificios públicos, etc), a veces cobrando y otras no.
Además, los poblados de una demarcación territorial tenían la obligación práctica de suministrar al puesto de la Guardia Colonial los alimentos para los jefes españoles y para la tropa indígena.
Y, por si esto fuera poco, las nuevas autoridades franquistas habían elevado la jornada laboral de ocho a nueve horas.20
La concepción paternalista de los negros como seres infantiles que necesitan de la tutela de los blancos que destilaba la revista claretiana antes mencionada era bastante generalizada entre los colonizadores al servicio del nuevo régimen y se extendió en el tiempo muchos años. Así, el general Hermenegildo Altozano, secretario general de los territorios españoles del golfo de Guinea (1949-1955) afirmaba que al indígena, como al menor de edad de cualquier grupo social avanzado, le faltaba madurez, sentido de la responsabilidad, experiencia, capacidad en suma, y le sobraban incentivos pasionales y afán de realizar inmediatamente sus deseos, sin reparar en medios ni consecuencias. Al nativo, por tanto, había que educarle y capacitarle, pero, previamente, había que protegerle.21
Unos años antes, entre 1940 y 1943, los doctores Vicente Beato y Ramón Villarino habían realizado un exhaustivo trabajo en la Guinea española sobre la capacidad mental del negro. Los doctores redactaron un estudio antropológico del negro con el fin “de colonizar racionalmente nuestros territorios,” a pesar de reconocer que no estaban técnicamente preparados para ello. Afirmaban que el negro se encontraba mentalmente mermado debido a las enfermedades tropicales, pero, aún así, los colonizadores no podían prescindir de él porque representaba la fuerza de trabajo necesaria para explotar la región.22
Beato y Villarino vieron como su “investigación” fue publicada en el libro Capacidad mental del negro en 1944 por la Dirección General de Marruecos y Colonias siendo reeditado una década más tarde por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Particularmente elocuente es l siguiente párrafo del mismo que contradecía el discurso oficial de los colonizadores sobre el altruismo de la empresa.
La materia prima que más interesa en nuestros territorios es el hombre,¿Qué es capaz de hacer este hombre negro, de ojos más negros que su piel, grandes pero inexpresivos; de nariz corta y ancha, de boca amplia? ¿Qué capacidad somática y psíquica alcanza a desarrollar? (…) ¿ Qué trabajo es capaz de desarrollar? La solución a todos estos problemas la consideramos absolutamente necesaria, si queremos colonizar racionalmente nuestros territorios. De otra parte cabe preguntar:¿es posible en África una colonización espiritual o solamente hay posibilidad de una colonización material?23
La inferioridad atribuida a los nativos implicaba dos matices específicos: la lentitud y pereza ante el trabajo y la corta inteligencia. Según las autoridades coloniales franquistas esto implicaba que el negro debía ser colonizado porque era perezoso y torpe. Durante los años del Directorio militar, la prensa local de Fernando Poo, dirigida a los colonos blancos, recogía mensajes profundamente racistas en los que se incitaba a los blancos a no mezclarse con los negros.
Por ejemplo, en La Voz de Fernando Poo, que también se publicaba en Barcelona, su colaborador A.Torres solicitaba que se prohibiera el alcohol entre los negros, lo cual le sirve de pretexto para verter la opinión que le merecen: “El indígena de Fernando Poo, el bubi, es un perfecto indolente, vago innato y difícil, dificilísimo de hacérsele trabajar. Sus vicios y sus costumbres las conocemos; sabemos positivamente que la raza bubi no piensa más que en el vino y en la mujer.24”
Juan Bonelli, gobernador general de los territorios afirmaba en 1947:
Porque la realidad es que el indígena es menor de edad, porque tiene mucho de infantil en su modo de sentir y en su manera de proceder, y, por eso mismo es preciso tratarle con el mismo exquisito cuidado con que se trata al niño (…) Otorgad a un indígena la plena posesión de su capacidad jurídica y habréis dado el primer paso y el más decisivo para hacer de él un esclavo.25
En 1938 se dictó, entre otras disposiciones la Ordenanza General de los Territorios Españoles del Golfo de Guinea, cuyo principal objetivo era la derogación de las normas de la República. La institución central era elgobernador general. Este dependía directamente del Ministerio de la Presidencia que, a través de suDirección General de Marruecos y Colonias, (convertida en de Provincias y Plazas Africanas en 1956), eludía todo control de otros órganos del estado, incluyendo el Consejo de Gobierno.
La Ordenanza dividía y subdividía el espacio en distritos y demarcaciones territoriales. Estas últimas se correspondían con las parcelas de poder de cada administración territorial. El poder colonial era ordenado a partir de criterios espaciales y jerárquicos aunque el control del territorio que tenía España por aquel entonces fuese débil y muestra de ello era la indefinición acerca de los contornos de las demarcaciones. La determinación de los límites de las mismas se dejaba en manos del gobernador general, que solo los fijaría en una Ordenanza en 1952.
Para el Estatuto Orgánico de 1938 el administrador territorial era el último nivel del aparato colonial, con unas competencias bien definidas y cuya misión fundamental era la de ostentar…
…dentro de su demarcación, la representación de las respectivas autoridades delegantes, correspondiéndoles, en tal concepto, difundir, ejecutar y hacer que se ejecuten todas las disposiciones del Gobierno de la Nación que se declaren aplicables a la Colonia y las emanadas del Gobierno General.26
El administrador gobernaba, sin embargo, no sobre individuos, sino sobre un conjunto de tribus y poblados de su demarcación. He aquí, afirma Alicia Campos Serrano en su tesis doctoral La Descolonización en Guinea Ecuatorial (1955-1968) presentada en la UAM en septiembre de 2000,el punto de inflexión de todo el aparato colonial y el carácter indirecto del gobierno franquista en Guinea. Pese a la casi invisibilidad de las jefaturas tanto en la legislación como en los discursos del régimen, el sistema de dominación de Guinea se sustentaba en las mismas bases que el resto de los sistemas coloniales.27
La Ordenanza del Gobierno General del 29 de agosto de 1944 se refería al nombramiento de jefes de tribus y poblados. El área de competencia es estos jefes/funcionarios, que eran verdaderamente el último eslabón de la cadena colonial, el que estaba en contacto directo con la población africana, no se definía en ninguno de los estatutos fundamentales de la colonia. En la Ordenanza general de 1938 solo se reconocía que las demarcaciones territoriales estarían “integradas por por los poblados indígenas y municipios existentes.” Aquí encontramos los dos ámbitos espaciales del poder colonial: el de los municipìos surgidos alrededor de un núcleo de población europeo y regido por una especie de ayuntamiento o Consejo de Vecinos y el de los poblados. Al frente de los mismos se encontraba el jefe. Pero, además de los poblados, había otro nivel de ordenación de la población africana de carácter personal, y superpuesto al anterior, que eran las tribus, y que también daban lugar a una jefatura.28
En el ámbito educativo, en 1943, el inspector Heriberto Ramón Álvarez logró la aprobación del Estatuto de Enseñanza, que reformaba el Reglamento de 6 de abril de 1937. En él se establecía una estricta segregación racial del alumnado ya que los blancos disponían de sus propias escuelas, regidas por los planes de enseñanza de la metrópoli. Además se abría una extensión del Instituto Nacional de Bachillerato en Santa Isabel.
La educación de los niños indígenas se estableció en dos niveles: uno, de enseñanza elemental y otro, que se impartía en la Escuela Superior Indígena. En los años cuarenta, el nivel elemental creció en número de alumnos más que el de maestros con el consiguiente hacinamiento en las aulas. Los objetivos de este nivel de enseñanza, que se pretendía universalizar a todos los niños de la colonia eran:
Cristianizar y españolizar: enseñanza del castellano, aprendizaje de cantos patrióticos del régimen, el culto a la bandera nacional franquista (que se izaba al iniciar la jornada escolar) y al retrato del Caudillo(que presidía las salas), el saludo fascista y demás símbolos oficiales. Para ello, cooperaban estrechamente la escuela y la misión.
Alfabetizar (en castellano) y enseñar el cálculo elemental.
Preparar para el trabajo agrícola o de oficios manuales mediante una enseñanza práctica en talleres salvo a las alumnas. A ellas se las instruía en las tareas que la futura madre y esposa habrían de tener dentro del hogar cristiano. Esta preparación era completada posteriormente para una minoría de alumnos, en las escuelas de artes y oficios, la mayoría de ellas en manos de los misioneros29.
El segundo y último nivel educativo para los indígenas se impartía en la Escuela Superior Indígena (antes Instituto Colonial Indígena), destinada a formar a una pequeña élite en oficios no manuales o que precisasen de capacitación intelectual, aunque solo fuera en el nivel de auxiliares: maestros auxiliares indígenas, funcionarios auxiliares administrativos, empleados de las empresas o auxiliares sanitarias.
En el Reglamento de la Escuela Superior Indígena de 3 de enero de 1944, redactado también por el inspector Álvarez, se exigía que los alumnos de la institución fueran bautizados y pertenecientes a familias indígenas católicas.
El inspector Álvarez estaba, asimismo, muy preocupado por las ideas y prácticas inmorales de los indígenas, sobre su promiscuidad sexual fuera del matrimonio y por ello abundaban los informes sobre la vida privada sobre los maestros y maestras nativos.
La segregación de la que se ha hablado anteriormente no se limitaba, ni mucho menos, al sector educativo. Un decreto de 1920 establecía la construcción de barrios separados en las ciudades de la colonia. Si en Malabo la existencia de una amplia clase de negros acomodados amortiguaba la discriminació, en Bata la barrera racial era estricta: los guineanos habitaban en los barrios periféricos (Moganda, Lea, Comandachina…) y de noche tenían prohibida la circulación por el centro de la ciudad30. En las fincas y en las mismas casas coloniales había una clara separación entre el área donde dormían los blancos y en la que descansaban los negros varones mientras que las mujeres negras podían pasar la noche en ambas zonas.
La segregación estaba presente incluso en las panaderías. Los blancos compraban pan blanco en el establecimiento y para los negros no emancipados había una pequeña ventanilla en la que se vendía “pan de burro”. En los cines existía una zona reservada para europeos y otra para africanos y algunas películas eran clasificadas como “no aptas para africanos no emancipados31.”
En los bares y en los deportes también regía una separación estricta así como en la sanidad. Así, el hospital de Bata disponía de salas reservadas para blancos. La Iglesia, por su parte, aplicó igualmente de forma sistemática la segregación racial. En los templos se reservaban los bancos delanteros para los blancos y en las escuelas de monjas se separaba a las niñas blancas de las negras.
La segregación permitió, además, endurecer los sistemas de explotación. Mediante el reglamento de concesión de terrenos de 1944, los blancos pudieron apropiarse de las mejores plantaciones y los propietarios guineanos solo consiguieron mantener algunas fincas en los distritos más alejados de los centros de comercialización. Con la concentración de los medios de producción en sus manos, los europeos consiguieron rentas astronómicas mientras que los ingresos de los africanos tendían al estancamiento. En la etapa final de la presencia española, en 1962, la renta per cápita de los blancos de Bioko era de 1,463 dólares frente a los 150 de los africanos. En la región continental el desequilibrio era todavía mayor: 1.354 dólares para los europeos i solo 70 para los guineanos. Según datos del mismo año, un 2’3% de los propietarios de Bioko controlaban el 53% de la tierra mientras que un 55% de los pequeños propietarios solo poseían el 3% del terreno cultivable. Todo ello evidencia la ineficacia de las las leyes destinadas a proteger al negro y si el africano se veía tentado a tomarse la justicia por su mano hay que tener en cuenta que la agresión a a un blanco se pagaba con la pena de muerte y que esta había sido ejecutada en diversas ocasiones por este motivo.32
Los trabajadores del campo no fueron los únicos, sin embargo, que vieron agravada su explotación al socaire de la segregación. Así, los empleados de la sanidad colonial, mediante un decreto de 1937 sobre el funcionamiento de los hospitales, vieron como se establecía que solo el personal indígena estaba obligado a obedecer al personal europeo del establecimiento (art.30) y a someterse al pase de la lista al entrar al trabajo (art.29)
La segregación no evitaba, sin embargo, cierta prudencia, por decirlo de alguna manera, para referirse a los nativos. La palabra “negro” era poco usada y el orden colonial distinguía oficialmente entre indígenas y europeos. En el lenguaje coloquial era bastante frecuente el término “moreno”utilizado con cierta condescendencia paternalista, pero oficialmente, como se ha dicho, se recurría al término “indígena” no solo para los naturales de los territorios ocupados por España sino también para todo africano negro, incluidos los braceros recién inmigrados de países como Nigeria. Así lo establecía un decreto del gobierno metropolitano de 1938 que reorganizaba el Patronato de Indígenas. Ahora bien, los nacidos en la colonia, si eran blancos, entraban en la categoría de europeos. Europeos, se decía , no españoles. Y ello por dos motivos: había blancos europeos de otras nacionalidades (alemanes y británicos sobre todo), pero, especialmente, porque no se podía contraponer indígenas y españoles, porque los primeros también lo eran aunque con un estatus de españolidad diferenciado.33
Al finalizar esta somera aproximación al hecho colonial en la Guinea Ecuatorial se pueden extraer algunas conclusiones.
1ª Los próceres y los intelectuales del régimen franquista incluyendo al mismo Caudillo “vendían” la idea de que España no era un país ni colonialista ni racista ni Imperialista. Enlazando con la teoría de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu, lo que unía a los pueblos que estaban o habían estado en el pasado bajo control de Madrid no era la raza sino el habla castellana y la fe católica.
Como es bien conocido, incluso en la actualidad, la derecha española (o al menos una parte de ella) sigue anclada en esta tesis.
2ª La ocupación en la Guinea Ecuatorial fue una empresa difícil sujeta a múltiples vacilaciones y a los vaivenes de la política en la metrópoli. Al contrario de lo que sucedía en otras potencias coloniales, la empresa no gozó nunca de un amplio apoyo popular ya que a la opinión pública le costaba ver qué beneficios se obtenían de ella. Además, en África, toda la atención mediática y la dedicación del gobierno se la llevaba Marruecos.
3ª La colonización española del pequeño país africano no se diferenció sustancialmente en la práctica de la efectuada por otros estados europeos como Francia, el Reino Unido o Portugal. El motivo fundamental de la misma, como en los casos anteriores, era la explotación del territorio en beneficio de la metrópoli. En el caso español, sin embargo, el pretexto de la evangelización de pueblos “salvajes” primaba sobre la voluntad supuestamente civilizadora de los mismos de París o Londres.
4ª En la Guinea Ecuatorial, la segregación,la explotación y el racismo estaba tan extendida como en las colonias del resto del continente africano. Los nativos eran mano de obra barata, carecían de los derechos de que disfrutaban los blancos y se veían relegados en todos los ámbitos de la sociedad, en el trabajo, en la escuela, en la iglesia y en las ciudades.
BIBLIOGRAFIA
Álvarez Chillida, Gonzalo “Epígono de la Hispanidad. La españolización de la colonia de Guinea durante el primer franquismo.” En: Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo. Madrid: Casa de Velázquez,2014, pp.103-125, (en línea), (consulta 17/11/2018). Disponible en: https://books.openedition.org/cvz/1148
Burgos Madroñero, Manuel “Crónicas portuguesas de la guerra civil de España. Los informes del vicecónsul portugués en Fernando Poo (14 de agosto-31 de octubre de 1936)” En: Aldaba, núm 31, 2001, (en línea), (consulta 15/11/2018). Disponible en: http://revistas.uned.es/index.php/ALDABA/article/view/20472/16961
Campos Serrano, Alicia “El régimen colonial franquista en el Golfo de Guinea” En:Revista jurídica Universidad Autónoma de Madrid, nº 3, 2000 (en línea) (consulta 19/11/2018). Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2879290
Castelló Sanz, Marta Descripción etnográfica y propaganda colonial en la Guinea Española. Los documentale Hermic (1945-1948). Tesis doctoral. Dr Fernando Ros Galiana (director).Valencia, 2017. Universidad Cardenal Herrera-CEU.Departamento de Humanidades. (en línea) (consulta 14/11/2018). Disponible en: http://dspace.ceu.es/handle/10637/8562
Negrín Fajardo, Olegario en “La política educativa colonial de la Segunda República”En: Cuadernos de Historia Contemporánea , núm. extraordinario, 2003, p.216.(en línea), (consulta 15/11/2018). Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/CHCO0303220213A
Nerín, Gustau Guinea Equatorial , història en blanc i negre. Barcelona: Empúries, 1998.
Notas
1 María Dolores García Cantús Fernando Poo, una aventura colonial española en el África occidental , 1778-1900, tesis doctoral, Universitat de València, 2004. Citada por: Gonzalo Álvarez Chillida y Gustau Nerín en “ Introducción. Guinea Ecuatorial : el legado de la colonización española”. Ayer. Revista de Historia Contemporánea,núm 109, enero 2018.Disponible en: https://www.ahistcon.org/PDF/numeros/ayer109_colonizaciongolfoGuinea_%C3%80lvarezChillida_Ner%C3%ADn.pdf
3 Álvaro Rodríguez Núñez “La ocupación española de Guinea Ecuatorial.” En: La antigua Guinea española: Análisis y perspectivas. Seminario del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) de la Universidad de Santiago de Compostela , (en línea) (consulta 15/11/2018). Disponible en: http://www.cmeyanchama.com/Documents/Guinee/trabajoceseden_Seminario.pdf
* Habitantes de la isla de Fernando Poo.
4 D. Ndongo-Bidyogo Las tinieblas de tu memoria negra. Barcelona: Del Bronce, 2000, pp 115-119. Citado por: Gonzalo Álvarez Chillida “Epígono de la Hispanidad. La españolización de la colonia de Guinea durante el primer franquismo.” En: Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo. Madrid: Casa de Velázquez,2014, pp.103-125, (en línea), (consulta 17/11/2018). Disponible en: https://books.openedition.org/cvz/1148
5 Marta Castelló Sanz Descripción etnográfica y propaganda colonial en la Guinea Española. Los documentale Hermic (1945-1948). Tesis doctoral. Dr Fernando Ros Galiana (director).Valencia, 2017. Universidad Cardenal Herrera-CEU.Departamento de Humanidades. (en línea) (consulta 14/11/2018). Disponible en: http://dspace.ceu.es/handle/10637/8562
6 Gustau Nerín “Espanya, un colonialisme light?”. En: Guinea Equatorial , història en blanc i negre. Barcelona: Empúries, 1998, p.38.
7 Gonzalo Álvarez Chillida y Gustau Nerín en “ Introducción. Guinea Ecuatorial: el legado de la colonización española”. Ayer. Revista de Historia Contemporánea,núm 109, enero 2018.Disponible en: https://www.ahistcon.org/PDF/numeros/ayer109_c
8 Gonzalo Álvarez Chillida “Epígono de la Hispanidad. La españolización de la colonia de Guinea durante el primer franquismo.” En: Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo. Madrid: Casa de Velázquez,2014, pp.103-125, (en línea), (consulta 17/11/2018). Disponible en: https://books.openedition.org/cvz/1148
9 Olegario Negrín Fajardo “La política educativa colonial de la Segunda República”En: Cuadernos de Historia Contemporánea , núm. extraordinario, 2003, p.216.(en línea), (consulta 15/11/2018). Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/CHCO0303220213A
10 Manuel Burgos Madroñero “Crónicas portuguesas de la guerra civil de España. Los informes del vicecónsul portugués en Fernando Poo (14 de agosto-31 de octubre de 1936)” En: Aldaba, núm 31, 2001, p.88 (en línea), (consulta 15/11/2018). Disponible en: http://revistas.uned.es/index.php/ALDABA/article/view/20472/16961
11 Gonzalo Álvarez Chillida y Gustau Nerín en “ Introducción. Guinea Ecuatorial : el legado de la colonización española”. Ayer. Revista de Historia Contemporánea,núm 109, enero 2018, pp.216-217 .Disponible en: https://www.ahistcon.org/PDF/numeros/ayer109_c
12 Manuel Burgos Madroñero “Crónicas portuguesas de la guerra civil de España. Los informes del vicecónsul portugués en Fernando Poo (14 de agosto-31 de octubre de 1936)” En: Aldaba, núm 31, 2001, p.89 (en línea), (consulta 15/11/2018). Disponible en: http://revistas.uned.es/index.php/ALDABA/article/view/20472/16961
13 Boletin Oficial de la Colonia (BOC). Citado por: Olegario Negrín Fajardo en “La política educativa colonial de la Segunda República”En: Cuadernos de Historia Contemporánea , núm. extraordinario, 2003, p.216.(en línea), (consulta 15/11/2018). Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/CHCO0303220213A
14 José Pery Cervera Guinea Ecuatorial en Paz. Junta Internacional para la Conmemoración del Aniversario de los XXV Años de la Paz Española, Madrid. Citado por: Gustau Nerín en Guinea Equatorial. Història en blanc i negre.Madrid: Empúries, 1998, p.18.
15 Gustau Nerín en Guinea Equatorial. Història en blanc i negre.Madrid: Empúries, 1998, p.22.
16 Luis Carrascosa Malabo.Ruptura con Guinea. Discurso de Franco a los guineanos del 20 de julio de 1968.Madrid: Mayler, 1976. Citado por: Gustau Nerín en Guinea Equatorial. Història en blanc i negre.Madrid: Empúries, 1998, p.42.
17 Ébano. Semanario de la Guinea Ecuatorial, 11-17 de diciembre de 1939. Citado por: Gonzalo Álvarez Chillida “Epígono de la Hispanidad. La españolización de la colonia de Guinea durante el primer franquismo.” En: Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo. Madrid: Casa de Velázquez,2014, pp.103-125, (en línea), (consulta 17/11/2018). Disponible en:
18 Gonzalo Álvarez Chillida “Epígono de la Hispanidad. La españolización de la colonia de Guinea durante el primer franquismo.” En: Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo. Madrid: Casa de Velázquez,2014, pp.103-125, (en línea), (consulta 18/11/2018https://books.openedition.org/cvz/1). Disponible en: https://books.openedition.org/cvz/1
19 Archivo General de la Administración (AGA), África, caja G1860, exp.3: Gobernador a Subgobernador, 15-VII-1942 Citado por: Gonzalo Álvarez Chillida “Epígono de la Hispanidad. La españolización de la colonia de Guinea durante el primer franquismo.” En: Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo. Madrid: Casa de Velázquez,2014, pp.103-125, (en línea), (consulta 18/11/2018 https://books.openedition.org/cvz/1). Disponible en: https://books.openedition.org/cvz/1
21Marta Castelló Sanz Descripción etnográfica y propaganda colonial en la Guinea Española. Los documentales Hermic (1945-1948). Tesis doctoral. Dr Fernando Ros Galiana (director).Valencia, 2017. Universidad Cardenal Herrera-CEU.Departamento de Humanidades. (en línea) (consulta 18/11/2018). Disponible en: http://dspace.ceu.es/handle/10637/8562
22Marta Castelló Sanz Descripción etnográfica y propaganda colonial en la Guinea Española. Los documentales Hermic (1945-1948). Tesis doctoral. Dr Fernando Ros Galiana (director).Valencia, 2017. Universidad Cardenal Herrera-CEU.Departamento de Humanidades. (en línea) (consulta 18/11/2018). Disponible en: http://dspace.ceu.es/handle/10637/8562
24 Marta Castelló Sanz Descripción etnográfica y propaganda colonial en la Guinea Española. Los documentales Hermic (1945-1948). Tesis doctoral. Dr Fernando Ros Galiana (director).Valencia, 2017. Universidad Cardenal Herrera-CEU.Departamento de Humanidades. (en línea) (consulta 19/11/2018). Disponible en: http://dspace.ceu.es/handle/10637/8562
25 Gustau Nerín “Espanya, un colonialisme light?”. En: Guinea Equatorial , història en blanc i negre. Barcelona: Empúries, 1998, p.48.
26Artículo 3 del Decreto de 22/12/1938. Citado por: Alicia Campos Serrano “El régimen colonial franquista en el Golfo de Guinea” En:Revista jurídica Universidad Autónoma de Madrid, nº 3, 2000, pp.89-90 (en línea) (consulta 19/11/2018). Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2879290
30José María Cordero Torres Tratado elemental del derecho colonia español.Madrid: Editorial Nacional-IEP. Citado por Gustau Nerín “Espanya, un colonialisme light?”. En: Guinea Equatorial , història en blanc i negre. Barcelona: Empúries, 1998, p.50
31Mateo Ríos La España ignorada.Barcekona: Hispanoeuropeu, Citado por: Gustau Nerín “Espanya, un colonialisme light?”. En: Guinea Equatorial , història en blanc i negre. Barcelona: Empúries, 1998, p.48.
33Gonzalo Álvarez Chillida “Epígono de la Hispanidad. La españolización de la colonia de Guinea durante el primer franquismo.” En: Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo. Madrid: Casa de Velázquez,2014, pp.103-125, (en línea), (consulta 21/11/2018https://books.openedition.org/cvz/1). Disponible en: https://books.openedition.org/cvz/1
La historia es caprichosa, tiene giros insospechados, y un ejercicio de memoria histórica lo pone en evidencia:
¿Cómo sino el "Canarias", el mismo crucero que durante la Guerra Civil participó incesantemente en el traslado de tropas de Ceuta a Cádiz, y desde donde se masacró a la población civil en la "La Desbandá" (1936) acabó participando en la evacuación de los ciudadanos españoles del territorio ecuatoguineano en 1969?
O ¿cómo Faustino Ruiz González ocupó durante la guerra varios destinos, incluyendo el de director de tiro del crucero “Canarias”, posteriormente fue Gobernador de los territorios españoles del Golfo de Guinea durante trece años (1949-1962), y cuya administración es recordada por la represión que costó la vida -entre otros- a Acacio Mañé y Enrique Nvó?
El pasado 30 de agosto Rubens Ascanio Gómez hace en Facebook las siguiente pregunta: “¿Y qué hacer con un recuerdo de un barco que participó en la masacre de entre 3.000 y 5.000 civiles en Málaga?”.
Desde aquí agradezco a Rubens su recuerdo a las víctimas de "La Desbandá" y la denuncia contra sus asesinos.
El barco en cuestión no es otro que el crucero “Canarias” de la Armada Española (1936 – 1975), uno de los buques franquistas que participó en el bombardeo de la población civil que en febrero de 1937 huían de Málaga por la carretera de Almería, tras la toma de la capital malagueña por las tropas franquistas. El número exacto de víctimas, hombres, mujeres y niños, no está claro pero se manejan cifras de muertos de entre 3.000 y 5.000, de los heridos no hay datos ni aproximados.
Nos sigue diciendo Rubens:
“La habrán visto un montón de veces de camino a Las Teresitas, apenas a unas pocas decenas de metros del monumento a Franco de Santa Cruz”. Y sigue: “Ya el compañero Julio Concepción comentó hace unas semanas la vergonzosa placa homenaje a este crucero ubicada en las paredes del Cabildo y avanzaba la existencia de este monumento".
"Triste ruta de la memoria y desmemoria la de la costa chicharrera, la misma que sirvió de sepultura marina de tantos, como el poeta Domingo Torres. Dónde está la antigua prisión de Paso Alto, en donde estuvo preso el último alcalde republicano de Santa Cruz. Donde el águila del franquismo todavía preside uno de los laterales del edificio de la Comandancia de Marina. En la que la escultura dedicada a Franco sigue marcando los días...”
¿Cómo responder a la pregunta de Rubens Ascanio? A mi modo de ver la respuesta es sencilla.
Acudamos a la historia:
El “Canarias”, un buque de guerra magnifico, entró en servicio en septiembre de 1936, al comienzo de la Guerra de España. Los sublevados se hicieron dueños de la Base de Ferrol el 18 de julio de 1936, estando el “Canarias” terminando su equipamiento y artillería tras su botadura, llevada a cabo esta el 28 de mayo de 1931, al inicio de la II República, se botó por tanto con bandera republicana. Durante toda su vida útil, y hasta su desguace, estuvo bajo bandera franquista.
Pocos fueron los combates navales en los que se vio inmerso el “Canarias”, todos ellos contra barcos de inferior categoría. En septiembre de 1936 el ministro de Marina de la República, Indalecio Prieto, ordenó que la Flota dejase las costas mediterráneas y se traslade al Cantábrico, dejando solo dos unidades menores para la vigilancia y control del Estrecho de Gibraltar, los destructores “Almirante Ferrándiz” y “Gravina”. El 29 de septiembre los cruceros sublevados “Canarias” y “Baleares” se encuentran ya en aguas del Estrecho. El “Canarias” avista al destructor “Almirante Ferrándiz”, el cual no ha sido advertido por la aviación republicana de la presencia de los cruceros enemigos en esas aguas. El “Canarias” lanza varias andanadas de sus cañones de 203/50 mm desde una distancia de entre 20.000 y 16.000 metros, dos de ellas alcanzan al “Ferrándiz” hundiéndolo sin prácticamente percatarse de la presencia del crucero.
Tarda el "Canarias" casi 90 días en participar en otro combate naval, en la Batalla de Cabo Machichaco. Un combate entre el crucero y varios “Bous”, (bacaladeros armados), de la Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi. El saldo del combate fue el hundimiento del bou “Nabarra”. Eso sí, el “Canarias” no desaprovechó la ocasión para cañonear al mercante “Galdames”, apoderándose del mercante, ocasionando de paso la muerte de cuatro de sus pasajeros, una mujer y tres niños.
En abril de 1937, junto con el crucero Baleares, atacó a varios barcos de la Flota Republicana cuando esta regresaba a Cartagena procedente de Málaga. No hizo ningún blanco, y al poco optó por huir para evitar los disparos de los buques republicanos y los procedentes de las baterías costeras de Cartagena.
En marzo de 1938 participó en la Batalla del Cabo de Palos, en la que, después de que los buques republicanos hundieran a su gemelo el “Baleares”, huyó a toda máquina.
Finalmente, en agosto de 1938, junto a media docena de barcos más, intentó hundir al destructor republicano “José Luis Díez” en aguas de el Estrecho. Ni consiguieron hundirlo, ni apresaron al destructor, refugiándose este en Gibraltar.
Estos fueron los combates navales del “Canarias” durante la Guerra de España, y durante toda su existencia. No es precisamente un historial digno de homenaje alguno.
En el haber del “Canarias” solo hay hundido otro buque más, esta vez sin posibilidad alguna de combate, ya que se trataba de un mercante desarmado, el “Komsomol”, de bandera soviética, al que cañoneó frente a las costas de Orán en diciembre de 1936.
El resto de acciones navales de importancia en las que el “Canarias” utilizó su potente artillería fueron contra objetivos en tierra, sin ninguna oposición artillera digna de mención, más bien inexistente:
Maniobras hispano-francesas en aguas cercanas a Barcelona.
Según lo anterior hemos de convenir que el “Canarias” no es digno de homenaje alguno por sus acciones bélicas, y si alguien así lo considerase dicha consideración quedaría totalmente descalificada por las criminales actuaciones del crucero contra la población civil, muy especialmente en lo referente a lo sucedido en la carretera Málaga-Almeria, lo que popularmente es conocido por “La Desbandá”.
Antes de responder a la pregunta de Rubens Alcaine que cito al inicio, indicar que el “Canarias” es , o era, muy querido por parte de la población canaria, mas concretamente por parte de los habitantes de Santa Cruz de Tenerife. Ya en 1937 las autoridades tinerfeñas se ofrecieron a Franco para costear y entregar al “Canarias” su bandera de combate. La entrega se materializó en 1941, entre grandes festejos militares, civiles y religiosos, el coste de la enseña se sufragó mediante una suscripción popular, a base de la puesta a la venta de papeletas de 25 céntimos. Abundando en lo anterior, cuando el crucero fue dado de baja en la Armada (1975), las autoridades tinerfeñas solicitaron que el buque les fuera entregado para ser convertido en museo, no sé lo que hoy opinaran los tinerfeños sobre esto. Finalmente el crucero fue desguazado.
Bien, teniendo en cuentas los tiempos que corren, y las más que evidentes muestras de rechazo que gran parte de la sociedad española muestra ante la retirada de símbolos franquistas, ante el problema de la hélice del “Canarias” propongo la siguiente solución, una solución sencilla, de bajísimo coste y que además permitirá a los tinerfeños amantes del buque el seguir disfrutando de una de las tres hélices del crucero.
Mi propuesta es la siguiente (concluye Benito Sacaluga):
Conservar la hélice en su lugar, y sustituir la placa que existe actualmente por otra en la que conste en varios idiomas el historial del buque, por supuesto es imprescindible que se refleje con claridad el bombardeo de la carretera Málaga-Almería y el número de muertos civiles que provocó, así como el nombre del resto de poblaciones que fueron objeto del fuego de los cañones del crucero.
Si mi propuesta prosperase, cosa que sinceramente no creo que suceda, sería interesante conocer lo que pensarán los miles y miles de turistas extranjeros que visitan Tenerife cada año, al comprobar a que atrocidades se rinde homenaje en España.
Claro que a mi lo que me pide el cuerpo es que se funda la hélice, y que lo obtenido por la venta de su extraordinario bronce se done a la Asociación contra el Silencio y el Olvido por la Recuperación de la Memoria Histórica de Málaga, una asociación que ya lleva localizadas en fosas comunes a más de 2.800 personas asesinadas por el franquismo.
En la Guinea española La Falange publicó el periódico Ébano, creó grupos de «flechas morenos» y compuso el himno del «falangista moreno». Décadas más tarde, los neonazis españoles llegaron a contar con una sección guineana
El 16 de junio de 1994 fue un día nefasto para Ignacio Alonso García, militante de Bases Autónomas y conocido neonazi madrileño. Fue detenido acusado de golpear con una barra de hierro a varios estudiantes de izquierdas de la asociación ADN Recalcitrante, muy activa en la universidad. No lo hizo solo. Le acompañaban varios ultraderechistas más. La universidad se convertía en foco de agitación. La «rata negra», símbolo fascista europeo con varias décadas de tradición, podía verse en pegatinas y carteles. La organización neonazi, Bases Autónomas, fundada en el otoño de 1983, se distribuía en un sinfín de grupúsculos y asociaciones como Disenso, Teoría y Praxis o Bernal Díaz del Castillo, entre otras, todas ellas propagadoras de la ideología «anarcofascista», como se decía comúnmente para referirse a los basistas y que ellos mismos se encargaban de proclamar.
MANIFESTACIÓN DE BASES AUTÓNOMAS EL 20 DE NOVIEMBRE DE 1988 EN LA PLAZA DE CHAMBERÍ DE MADRID
Según la policía, Alonso no era un recién llegado. Cinco años antes había sido detenido por participar en incidentes durante un acto electoral de CDS. Entonces, lo que hizo parece más ingenuo: lanzó huevos contra quienes intervenían, entre ellos el antiguo presidente Adolfo Suárez. Aquel nazismo disfrazado de social y revolucionario, relacionado con numerosos ataques y agresiones contra activistas, gays e inmigrantes era todavía más sorprendente: Alonso había nacido en Guinea Ecuatorial, la antigua colonia española y feudo del franquismo más rancio.
FASCISTAS GUINEANOS
«Yo soy moreno de la Guinea / que por España voy a luchar / contra los rojos que la mancillan / y que la tratan de destrozar»
Parecía un oxímoron: nazis guineanos y, aún más, una sección negra y africana ultraderechista. La historia del falangismo no reconocía ningún atisbo de «africanidad», pero eso fue antes de la Guerra Civil, cuando todo cambió. Un poco antes del golpe fascista, La Falange ya contaba con un grupo de Guinea, en Santa Isabel, organizado por Luis Ayuso Sánchez-Molero, capitán de la Guardia Civil. El estallido de la guerra tardó en manifestarse en la isla de Fernando Poo, que se sublevó contra el gobierno de la República, mientras que la zona continental se mantuvo por un tiempo fiel al gobierno. Finalmente, la llegada de tropas franquistas desde Canarias hizo que todo el territorio guineano quedase bajo el dominio fascista, sin prácticamente resistencia armada. Comenzaba la ocupación colonial.
CUARTEL GENERAL DE LA FALANGE EN SANTA ISABEL
«El antiguo sueño imperial parecía surgir de las cenizas. Incluso no tardaron en componer un himno de los “falangistas morenos”»
Los falangistas estaban exultantes. Maltrecho el orgullo patriota décadas antes con la pérdida de las colonias americanas, ahora España «resurgía». El antiguo sueño imperial parecía surgir de las cenizas. Incluso no tardaron en componer un himno de los «falangistas morenos»: «Yo soy moreno de la Guinea / que por España voy a luchar / contra los rojos que la mancillan / y que la tratan de destrozar / Nos manda Franco, invicto jefe / que a la victoria marcha triunfal / y aunque caigamos en la Cruzada / la nueva España resurgirá / Los falangistas morenos / por la patria a morir / los falangistas morenos / por la patria a luchar / ¡Arriba España!, bendita e inmortal / Lucharemos por nuestro Caudillo / y por la Falange, que es gran ideal».
LA GUINEA ESPAÑOLA (13 DE FEBRERO DE 1938)
Se crearon, al igual que en territorio peninsular, grupos de «Flechas», de juventudes y niños falangistas, que en el caso de Guinea se llamaron «flechas morenos». ABC, en su edición del 29 de septiembre de 1938, publicó una fotografía en la que se veía a un numeroso grupo de niños guineanos, pioneros «flechas», dirigidos por un falangista. En Fernando Poo la Milicia Falangista estaba compuesta por dos milicias de falangistas indígenas y cuatro de europeos. La Falange, desde 1939 hasta 1969, publicó su vocero Ébano, encargado de difundir sus ideas.
FALANGISTAS GUINEANOS
REVISTA ÉBANO, NÚMERO 5 (NOVIEMBRE DE 1939)
En el minuto 2:40 de este documental podéis ver un desfile del Frente de Juventudes “Moreno”:
EL PRINCIPIO DEL FIN
«Una humillada Guardia Civil decidió, antes de partir, desfilar por última vez por las calles de Santa Isabel, mientras una muchedumbre les increpaba y apuntaba con sus armas»
En 1968 terminaba el sueño colonial español en Guinea, a pesar de la oposición de Carrero Blanco, que intentó por todos los medios su perpetuación. La Guardia Civil inició una evacuación más o menos ordenada de los colonos españoles, aunque muchos se quedaron. Poco antes, Fraga Iribarne, el único representante español que se vio en los últimos días de la colonia, afirmó que lo que sucedería, con la independencia, sería el nacimiento de una nueva «hija de la Hispanidad», atribuyéndose el acontecimiento como un triunfo. Hasta el último momento España se comportó de forma desafiante y arrogante. Encerrados los guardias civiles en sus cuarteles, repartieron armas a los civiles españoles. Frente al puerto de Santa Isabel, el acorazado Pizarro apuntaba con sus cañones el palacio de Macías. Poco a poco fueron saliendo. Cuando solamente quedaban unos pocos centenares de españoles, se produjeron algunas manifestaciones de odio antiespañol. Hubo insultos y se pasearon grupos armados. Un grupo de las Compañías de Operaciones Especiales (COES) viajó hasta Guinea para rematar la operación, levantando rápidamente un pequeño muelle al lado del cuartel para proteger a los españoles de la ira de algunos anticolonialistas. Sin embargo, en un gesto del todo innecesario, una humillada Guardia Civil decidió, antes de partir, desfilar por última vez por las calles de Santa Isabel, mientras una muchedumbre les increpaba y apuntaba con sus armas.
DICTADORES COMBATIENDO A DICTADORES
ACTO ORGANIZADO POR FUERZA NUEVA EN APOYO DE UNA GUINEA ESPAÑOLA EN LA QUE INTERVINIERON ANTIGUOS CARGOS FRANQUISTAS DE LA COLONIA (FUERZA NUEVA, MARZO DE 1978)
El mundo, a finales de los sesenta y primeros setenta, estaba sacudido por luchas antiimperialistas y grupos armados de «liberación nacional». El franquismo, ante esto, no se quedó quieto. Conspiró de forma incansable para derrocar a Macías, el presidente, que instauró una dictadura. Dictadores combatiendo a dictadores. España acogió y financió a los grupos de la oposición, como Acción Nacional de Liberación de Guinea Ecuatorial (ANALIGE), sufragado por empresarios españoles con intereses en Guinea. Incluso estuvo cerca de lograr la caída de Macías, con un golpe fallido en diciembre de 1976. El grupo mantenía relaciones con el terrorismo de ultraderecha español y organizaciones como Guerrilleros de Cristo Rey o Fuerza Nueva a través de dirigentes como Antonino Masoco. También había otros opositores que campaban a sus anchas en el Madrid franquista, como el Partido Nacional para la Democracia. Desarrollo y Educación Cívica (PANDDECCA), fundado en Madrid en 1974 y donde militaban antiguos estudiantes universitarios del Colegio Mayor Virgen de África. Las autoridades miraban para otro lado cuando estos grupos, unidos a otros de carácter marcadamente fascista, conspiraban contra Macías. La acción más importante fue la toma simbólica de su Embajada en Madrid el 5 de marzo de 1978, aniversario del primer intento de golpe contra Macías. Varios militantes entraron en la embajada, donde se celebraba una fiesta en honor del presidente guineano. Leyeron una proclama y ocuparon el edificio durante unas horas. Luego se fueron sin mayores problemas. Un año después se inició la llamada «operación Leon», el golpe militar destinado a derrocar al anticolonialista Macías. Al frente de la intentona estaba Teodoro Obiang Nguema, sobrino de Macías y teniente coronel del ejército guineano, formado en la escuela militar de Zaragoza. El gobierno español conocía el plan y, por supuesto, lo apoyó. Obiang fue bendecido por España, que amparó su régimen.
LOS NEONAZIS NEGROS
PORTADA DEL NÚMERO 9 DE LA PESTE NEGRA (OCTUBRE-NOVIEMBRE DE 1986)
A finales de los ochenta, mientras Bases Autónomas practicaba un terrorismo callejero que puso en guardia incluso a sectores franquistas menos «radicalizados», llegando a celebrar un 20-N en honor del anarquista Buenaventura Durruti y reventar algunos actos falangistas, se publicaban fanzines y revistas, por lo general de escasa tirada, que recogían el ideario basista. Entre las más conocidas estaban Corrosión o La Peste Negra, entre otras. En algunos de sus números hicieron referencia a la Guinea antaño española, llegando a publicar una ilustración en la que se veía un brazo blanco unido a otro negro. La disparidad de personas que participaban en la organización era tal que incluso existió una sección guineana formada por negros guineanos que soñaban con un retorno del país al «Imperio».
La campaña por la vuelta al redil de Guinea sumó numerosos apoyos entre los nazis españoles y grupos guineanos, llegando a colaborar ambos, así como de los falangistas. La existencia de negros en el interior de Bases Autónomas no fue entendida por todos y generó tensiones. Muy pocos basistas, y menos aún los jóvenes ultras, conocían la histórica relación entre Guinea y España y las intentonas del franquismo por aplastar a Macías. En algunas manifestaciones ultras incluso se vivieron momentos de tensión cuando desfilaron algunos guineanos que reclamaban el retorno de una Guinea española, o se repartían panfletos a favor de los «falangistas morenos». Nadie, por entonces, cantaba ya su himno, ese que decía: «Los falangistas morenos / por la patria a morir / los falangistas morenos / por la patria a luchar».