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| Joaquín Coll y Astrell en Guinea. |
Pero ¿y el carlismo?
El carlismo tuvo presencia efímera en el territorio desde que a raíz de las fallidas guerras carlistas sus militantes fueran deportados a Filipinas y Fernando Poo.
De hecho, en 1876 hay censados «71 deportados carlistas, la mayoría ya indultados, adaptados al país».
Hay dos casos inusuales entre los gobernadores: ya que unos años antes (1862-1865), incluso hubo un gobernador -el brigadier Pantaleón López Ayllón- que había combatido por el pretendiente Carlos María Isidro de Borbón en la primera guerra carlista, incorporándose al Ejército cristino tras el abrazo de Vergara. Al igual que Federico Anrich Santa María, que tras cesar como gobernador (1870-1872), evolucionó políticamente desde el republicanismo hasta integrarse en el ejército del pretendiente carlista, y participar en la tercera guerra carlista.
Y un hecho curioso: cuando el pretendiente Carlos VII regresó de su exilio y se presentó ante sus seguidores vascos y navarros, éstos pasaron de la curiosidad reverencial a la consternación; no hablaba español, parecía "almidonado"... y no faltó quien -con desesperación- cuestionara su capacidad para el cargo. Incluso algún cortesano resabido deseó por el bien de la causa, que la corte de Estella replicara las costumbres de los reyes bubis, quienes evitaban la exposición (especialmente ante europeos).
De hecho, el Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid documentará que el rey Moka «representa el tipo bubi por excelencia: ni ve á ningún hombre blanco, ni se acerca jamás á la costa». Y no debía ser muy diferente su predecesor Sepaoko.
Anécdotas aparte, las guerras sucesorias dejaron su impronta en la Guinea Española de forma colateral: precisamente Iradier acabó en el golfo de Biafra, tras coincidir en 1873 con el explorador Stanley, que en esa época era corresponsal del New York Herald cubriendo el conflicto carlista.
Pero Iradier, como francmasón, es muy poco probable que fuera carlista.
Sí hay otros casos con vinculación real y mayor permanencia, especialmente entre algunos finqueros de origen catalán:
Y éste fue un actor clave en el triunfo de los golpistas en la isla.
Ya había tenido contradicciones anteriores con el gobernador por discrepar con las regulaciones laborales que estaba impulsando (se puso coto a la recluta de nativos realizada hasta entonces, siendo sustituida por bolsas de trabajo reglamentadas), ejerciendo Avendaño su oposición como presidente de la Cámara Agrícola.
En el verano de 36, con el inicio del conflicto, asumirá nuevamente un rol protagónico entre los confabulados (el denominado sector clerical y lobby agrícola), canalizando las reuniones del casino y de la Cámara Agrícola.
Cuenta el diplomático Francisco Pascual de la Parte en Las Puertas del Paraíso que «una noche, tuvo lugar una reunión en el barracón de la Cámara. Allí estaban los hacendados, presididos por Teodomiro Avendaño, algunos mandos de la Guardia Civil, el jefe de la Guardia Colonial y su ayudante, (…). Avendaño comenzó la alocución patriótica que ya traía preparada. Siguieron intervenciones de los oficiales del Méndez Núñez que habían quedado en la isla tras el motín de la marinería. Su prestigio era alto y su nivel cultural muy superior al de todos los presentes, de modo que fueron escuchados con mucha atención. El principal objetivo de la reunión era confirmar la actitud que adoptarían las fuerzas del orden. Estas se hallaban compuestas por unos 500 hombres en total, que incluían efectivos de la Guardia Civil y seis compañías de la Guardia Colonial a las órdenes un teniente coronel llamado Luis Serrano Marangues. Para tranquilidad de los hacendados, en la reunión quedó claro que las simpatías de las fuerzas del orden, sin excepción alguna, se decantaban hacia el bando nacional».
En cualquier caso, estos preparativos fueron frustrados por la deposición de los oficiales del Méndez Núñez y su confinamiento en la hacienda de Avendaño en San Carlos. Y si bien esas reuniones fueron la base del posterior golpe del 19 de septiembre, la fuga de los oficiales organizada por -y con- el finquero, le impidió participar en el mismo.
Breve historia de legítimismo español de ediciones Montejurra resume la acción con un «no olvidemos a los carlistas que actuaban en la retaguardia y que realizaron hechos de tanta trascendencia como el caso de los carlistas de Fernando Poo, que permitieron escapar de la muerte a los oficiales del crucero rojo Méndez Núñez, incorporándoles al servicio de España».
Él fue quien dio empleo en la década de los cuarenta al coronel Félix Muedra como gerente de su empresa Bokoko (gestora de la finca Avendaño, antigua hacienda Jones). Muedra, había sido un militar republicano asignado al Estado Mayor del Grupo de Ejércitos de la Región Central sobre quien siempre cayó la sospecha de connivencia con los franquistas (se le señaló reiteradamente como saboteador y quintacolumnista en el frente de Madrid).
Pasadas las décadas -seguirá su obituario- las oxidadas armas que había reunido a escondidas para el alzamiento en Santa Isabel y que usó para secuestrar la lancha con la que huyó de la isla en el 36, generaron sospechas en una generación más joven de autoridades franquistas, por lo que los viejos compañeros de la guerra tuvieron que interceder por él para evitarle problemas.
Completamos su biografía con un par de detalles familiares: el sargento Paisa había nacido en Liendo (Cantabria) en 1896, donde la impronta familiar perdura en vetustos edificios y obras sociales. Se trata de una familia indiana que había hecho fortuna en Cuba y Nueva Orleans. De hecho su tío Peregrino Avendaño había sido comandante confederado de la milicia española de esa ciudad, «the regiment of the Spanish Legion, Cazadores espanoles, under Commandant P. Avendano». Al igual que lo fueron sus tio-abuelos Indalecio y Emilio, comerciantes y propietarios con rango de teniente coronel y capitán del Regimiento de Caballería de Voluntarios de Pinar del Río que combatía a los independentistas cubanos.
Pero Iradier, como francmasón, es muy poco probable que fuera carlista.
Sí hay otros casos con vinculación real y mayor permanencia, especialmente entre algunos finqueros de origen catalán:
Es un buen ejemplo Joaquín Coll y Astrell, médico y periodista que dirigió la revista África y que poseía importantes propiedades en la isla de Fernando Póo, donde pasó bastantes temporadas.
Pero si la última guerra carlista y los deportados son del siglo anterior, y el propio Coll falleció en 1910.... ¿qué fue del carlismo en la Guinea Española durante el golpe del 36?
Quien nos haya acompañado por este paseo a lo largo de la calle 19 de septiembre de la vieja Santa Isabel, no le resultará desconocido el nombre de Teodomiro Avendaño y del Hoyo, finquero y responsable de la fuga de los oficiales del crucero Méndez Núñez.
Según Historia del Tradicionalismo Español, en Fernando Poo existía un «núcleo carlista de prestigio dirigido por el hacendado don Teodomiro Avendaño».
Quien nos haya acompañado por este paseo a lo largo de la calle 19 de septiembre de la vieja Santa Isabel, no le resultará desconocido el nombre de Teodomiro Avendaño y del Hoyo, finquero y responsable de la fuga de los oficiales del crucero Méndez Núñez.
Según Historia del Tradicionalismo Español, en Fernando Poo existía un «núcleo carlista de prestigio dirigido por el hacendado don Teodomiro Avendaño».
Y éste fue un actor clave en el triunfo de los golpistas en la isla.
Ya había tenido contradicciones anteriores con el gobernador por discrepar con las regulaciones laborales que estaba impulsando (se puso coto a la recluta de nativos realizada hasta entonces, siendo sustituida por bolsas de trabajo reglamentadas), ejerciendo Avendaño su oposición como presidente de la Cámara Agrícola.
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| Avendaño, entrevistado en octubre de 1932. |
En el verano de 36, con el inicio del conflicto, asumirá nuevamente un rol protagónico entre los confabulados (el denominado sector clerical y lobby agrícola), canalizando las reuniones del casino y de la Cámara Agrícola.
Cuenta el diplomático Francisco Pascual de la Parte en Las Puertas del Paraíso que «una noche, tuvo lugar una reunión en el barracón de la Cámara. Allí estaban los hacendados, presididos por Teodomiro Avendaño, algunos mandos de la Guardia Civil, el jefe de la Guardia Colonial y su ayudante, (…). Avendaño comenzó la alocución patriótica que ya traía preparada. Siguieron intervenciones de los oficiales del Méndez Núñez que habían quedado en la isla tras el motín de la marinería. Su prestigio era alto y su nivel cultural muy superior al de todos los presentes, de modo que fueron escuchados con mucha atención. El principal objetivo de la reunión era confirmar la actitud que adoptarían las fuerzas del orden. Estas se hallaban compuestas por unos 500 hombres en total, que incluían efectivos de la Guardia Civil y seis compañías de la Guardia Colonial a las órdenes un teniente coronel llamado Luis Serrano Marangues. Para tranquilidad de los hacendados, en la reunión quedó claro que las simpatías de las fuerzas del orden, sin excepción alguna, se decantaban hacia el bando nacional».
Según "La guerra silenciosa y silenciada" de los hermanos Salvador y Fernando Moreno de Alborán y Reina, en el proyecto de hacerse con el crucero Méndez Núñez, pensaron incluso incluso en su voladura. A tal efecto, el finquero fernandino Maximiliano Jones, por mediación de su vecino Avendaño, facilitó la dinamita que fue transportada a pie por el teniente de complemento Velo desde San Carlos a Santa Isabel. El proyecto se frustró por haber llegado a oídos del propio Gobernador el cual ordenó registrar la casa del Sr. Avendaño donde se incautaron algunas de las armas que poseía.
En cualquier caso, estos preparativos fueron frustrados por la deposición de los oficiales del Méndez Núñez y su confinamiento en la hacienda de Avendaño en San Carlos. Y si bien esas reuniones fueron la base del posterior golpe del 19 de septiembre, la fuga de los oficiales organizada por -y con- el finquero, le impidió participar en el mismo.
Breve historia de legítimismo español de ediciones Montejurra resume la acción con un «no olvidemos a los carlistas que actuaban en la retaguardia y que realizaron hechos de tanta trascendencia como el caso de los carlistas de Fernando Poo, que permitieron escapar de la muerte a los oficiales del crucero rojo Méndez Núñez, incorporándoles al servicio de España».
La información sobre Avendaño es escasa: Cuenta La Guinea Española en su obituario (falleció en 1962), que éste les habría acompañado hasta Canarias en la huida, y que regresó para participar de la toma de Bata entre los voluntarios canarios del Ciudad de Mahón. En esa acción asumió el nombre de guerra de "sargento Paisa".
Tras el sometimiento de la zona continental, el "sargento Paisa" asume de forma interina la subgobernación de Bata, siendo recibido y festejado a los pocos días en la isla, para retornar poco después a la península, en donde participa en Salamanca de las negociaciones entre Franco y Salazar. Recalca el artículo que el finquero contribuyó además con su patrimonio personal al sostenimiento del bando franquista, hasta poner en riesgo su propia economía.
Tras el sometimiento de la zona continental, el "sargento Paisa" asume de forma interina la subgobernación de Bata, siendo recibido y festejado a los pocos días en la isla, para retornar poco después a la península, en donde participa en Salamanca de las negociaciones entre Franco y Salazar. Recalca el artículo que el finquero contribuyó además con su patrimonio personal al sostenimiento del bando franquista, hasta poner en riesgo su propia economía.
Tras la guerra se valoró su nombre como gobernador general y Jefe Provincial de la recientemente unificada Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. en los Territorios Españoles del Golfo de Guinea, rechazando Avendaño el ofrecimiento, para volcarse en sus negocios y en la participación activa en la Cámara Agrícola.
Él fue quien dio empleo en la década de los cuarenta al coronel Félix Muedra como gerente de su empresa Bokoko (gestora de la finca Avendaño, antigua hacienda Jones). Muedra, había sido un militar republicano asignado al Estado Mayor del Grupo de Ejércitos de la Región Central sobre quien siempre cayó la sospecha de connivencia con los franquistas (se le señaló reiteradamente como saboteador y quintacolumnista en el frente de Madrid).
Pasadas las décadas -seguirá su obituario- las oxidadas armas que había reunido a escondidas para el alzamiento en Santa Isabel y que usó para secuestrar la lancha con la que huyó de la isla en el 36, generaron sospechas en una generación más joven de autoridades franquistas, por lo que los viejos compañeros de la guerra tuvieron que interceder por él para evitarle problemas.
Completamos su biografía con un par de detalles familiares: el sargento Paisa había nacido en Liendo (Cantabria) en 1896, donde la impronta familiar perdura en vetustos edificios y obras sociales. Se trata de una familia indiana que había hecho fortuna en Cuba y Nueva Orleans. De hecho su tío Peregrino Avendaño había sido comandante confederado de la milicia española de esa ciudad, «the regiment of the Spanish Legion, Cazadores espanoles, under Commandant P. Avendano». Al igual que lo fueron sus tio-abuelos Indalecio y Emilio, comerciantes y propietarios con rango de teniente coronel y capitán del Regimiento de Caballería de Voluntarios de Pinar del Río que combatía a los independentistas cubanos.
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| Fragmento de Cuaderno de viaje a África de Mª de las Nieves Braganza Borbón. Archivo de la familia Borbón-Parma, PARES. |
No tiene que ver con esta historia... pero os dejamos un bonus track en forma de carta certificada de ¿1943? de un desconocido "T. Avendaño" desde Bokoko al capitán de artillería Luis Gil-Delgado Agrela en Madrid.







Mi padre era primo tanto de Teodomiro de Avendaño y del Hoyo como de su mujer Regina de la Mora y Avendaño. No tuvieron hijos. La genealogía de la familia está en https://genealogy.avendano.org/avendano.php
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