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sábado, 31 de enero de 2026

Los rojos nos lo robaron todo y nos prendieron fuego a la casa

Carta desde la Hacienda Virgen de Montserrat de Irmina Margenat a María Ferrer Dubé en la que se dan noticias de familia, plantación, Franco victorioso


Bata, Oveng, 30-01-1939 Arriba España

Mi querida María: es tan grande mi alegría al poder escribiros directamente y pensar que ya sois libre de poder hablar y decir como pensáis -y comer lo que hace falta- que no sé cómo expresarme. ¡Cuánto habéis sufrido! Suerte que Dios es grande y Nuestro General Franco victorioso.
Hace pocos días que hemos llegado de la Península, hemos viajado por nuestra España Liberada que un gusto ver lo bien que está todo, vimos a mis hermanos y sobrina que están en Córdoba y finalmente estuvimos 3 semanas esperando barco en Las Palmas desde un puerto inglés os escribimos y supongo habrás ya recibido esa carta. También recibimos las vuestras de noviembre y no podéis figuraros cuánto hemos sentido no poder ayudaros, pero ahora a causa de las divisas es imposible. Afortunadamente ya no pasareis más apuros, pues ya supongo que Joaquín [Prats] os escribirá ó veréis para arreglar vuestros asuntos.
Nosotros tenemos grandes deseos de veros y esperamos que una vez terminada la guerra licenciarán a Juan Garriga (el más antiguo de los dos hermanos), que está en le frente desde noviembre de 36 y entonces aunque se vaya para esa de vacaciones el otro hermano, tal vez podamos ir nosotros y abrazaros a todos y hablar de nuestro asuntos. Mucho tenemos que agradecer a todos por lo de nuestro piso (si es que aún existe?). Mucha falta nos hace, pues aquí los rojos nos lo robaron todo y nos prendieron fuego a la casa. Suerte que unos cuentos indígenas lo apagaron a tiempo y la casa no se quemó. Nosotros habíamos escapado unos días antes ó si no ya podéis suponer lo que hubiera sido de  nosotras. Luego, entre tantos disgustos  la angustia, hasta que que lograron salir mis hermanos fué cuando os escribimos que había yo estado muy enferma pero gracias a Dios ya pasó. Lo malo es que Ana María con su salud tan delicada está muy agotada y María Teresa también está un poco floja. (...)

Podéis consultar el texto original en http://simurg.csic.es/view/9918191590504201

 

 

Unos meses después, reiterará "Os escribí en cuanto se liberó Barcelona... (...) pero ninguno habéis contestado, qué cosas más rara: será que con el comer ahora os emperezáis y ya nos tenéis olvidados (...)".

Fotografía de Ramon Reig e Irmina Margenat
con trabajadores en la Hacienda Virgen de Montserrat
(inicios de los 30).

Se trata del matrimonio de Ramón Reig González-Longoria, nombrado Presidente de la Cámara Oficial Agrícola de Rio Muni por el Gobernador General («...menos mal que ahora esto da poco trabajo, y dan la gasolina y una pick up, aunque está en mal estado...»), y de su esposa Irmina Margenat partícipes de la Hacienda Virgen de Montserrat en Río Muni. Llegado el proceso de independencia de Guinea Ecuatorial, Reig se opondrá a la misma, mientras avanzará cautelosamente en dos direcciones; por un lado, se habrá desprendido estratégicamente de activos (repatriando capitales) a la par que regulariza la propiedad. Posteriormente participará en la Comunidad de Españoles con Intereses en África y apoyará las peticiones de indemnización y/o restitución de propiedades perdidas por los antiguos colonos.

Pero volviendo a 1936; la historiografía franquista ficciona un diálogo entre los religiosos que fueron confinados en el Fernando Póo y el subgobernador Porcel: «Uno de los misioneros se atrevió a objetar que, si tanto interés tenía en que se salvasen, podía entregarles unos pasaportes para trasladarse al Camerún. Porcel fingió una gran contrariedad, mientras decía:
-¿Pasaportes para el Camerún? ¡Imposible! ¿Ustedes saben lo que me hizo ese señor Reig, que parecía tan sensato y que me aseguraba que no se metía en política? Pues según llegó al Camerún con el pasaporte que yo le di, empezó a hacer campaña contra nosotros diciendo que éramos unos malos españoles, unos ladrones y unos sinvergüenzas... No quiero que ese caso se vuelva a repetir. Además, ustedes me van a servir para un canje con correligionarios nuestros que están presos en Fernando Póo».

Ese relato coincide con el que publicara en diciembre de 1936 La Guinea Española, una vez que en el territorio se impusieron los golpistas: «Se le hicieron algunos reparos, manifestándole nuestra disconformidad por no habernos dado salvoconducto para el extranjero como se había dado a otros…………. se escudó con decir que no lo había juzgado conveniente, por la mala conducta que el Señor Reig guardaba en el Camerún, haciendo propaganda antiespañola, diciendo que los de Bata eran unos ladrones, sinvergüenzas y unos antiespañoles».

Bien sabía Porcel del resultado del lobby que realizaron los franquistas del Río Muni en Camerún: el 23 de septiembre, Miguel Ángel Pozanco (el secretario general de la subgobernación) había ido personalmente a Camerún, y las autoridades francesas se habían negado a prestar ayuda o a vender armas, salvo el otorgamiento de asilo político. «Otra de las misiones que llevaba Pozanco a la posesión francesa, era la de gestionar la compra de armas. Para ello se le habían entregado 100.000 pesetas y otras cantidades en divisa extranjera. En Yaundé, floreciente ciudad del Camerún, se entrevistaron con el alto Comisario de la República francesa, señor Gibet. La entrevista fue muy correcta, pero Pozanco no obtuvo los resultados que esperaba. El Gobierno francés podía ayudar a los revolucionarios en España, pero consideraba peligroso facilitarles armas para que llevasen la revolución a la puerta de sus colonias. Gibet salió del paso con palabras corteses. Por otra parte, la población de Yaundé se puso en contra de aquellos emisarios del Frente Popular: "Nos dolió mucho esta actitud-consigna", dirá desalentado Pozanco».

No hay datos accesibles sobre la quema de la Hacienda Montserrat, si bien tras el fallido intento inicial de hacerse con el control del Río Muni republicano desde Santa Isabel -apoyándose en militares y finqueros franquistas-, se dio un canje de presos, saliendo los golpistas a Camerún y Gabón (y posteriormente de ahí a la isla de Fernando Póo). Otros, viajaron discretamente, como Reig («habíamos escapado unos días antes ó si no ya podéis suponer lo que hubiera sido de nosotras.»).
Precisamente unos días antes, el 17 de septiembre, Irmina Margenat escribía a Marta Ferrer desde la ciudad fronteriza de Oveng, explicando a su amiga que pasaba por problemas de salud...
Y poco después, como relata José Luis Vila-San Juan en El curioso alzamiento en Guinea: «En Bata, el Subgobernador (del Frente Popular) se negó a unirse a los sublevados de Santa Isabel. Quedaron, pues, incomunicados Isla y Continente. El 22 de septiembre hubo un pequeño intento de sublevación en Kogo (en plena selva) y se intentó una marcha sobre Bata, pero fue rechazada por las fuerzas gubernamentales. La mayoría de los madereros, sobre todo en las explotaciones forestales de Río Benito, huyeron al Camerún, y, muchos de ellos, desde allí se trasladaron a Santa Isabel en una lancha».

De hecho, el vicecónsul portugués en Santa Isabel recoge en sus informes, cómo «el administrador territorial de Ebebeyin (administrador de la circunscripción) había abandonado su puesto y emigrado al territorio francés limítrofe del Camerún, para seguir viaje y juntarse también a los nacionalistas, llevando consigo el cofre de los fondos del Estado bajo su guardia, el cual entregó al Gobernador de aquella colonia; para que fuese enviado oficialmente al Gobierno General, declarando que llevó consigo aquellos valores para librarse de la responsabilidad de lo que les podía pasar después de su ausencia, con tantos comunistas existentes en esos territorios, y sobre todo en Bata, como se sabe».
Esas huidas conllevaron que algunas fincas quedaron sin el cuidado de sus dueños, por lo que Porcel nombró para atenderlas y administrarlas un "Comité de Intervención y Control Económico".

martes, 20 de enero de 2026

Considerados peligrosos

Cuenta Germán Santana en Canarios en el Ecuador: memorias coloniales y patrimonio en Guinea Ecuatorial

En Guinea tras un fugaz enfrentamiento bélico, el castigo se concentró en los militares que se habían mantenido fieles a la República y los simpatizantes del Frente Popular. Algunos de ellos serían remitidos a Canarias. En 1936, frente a Bata, tuvo lugar el hundimiento del Fernando Poo por el Ciudad de Mahón, que había partido desde Canarias para dar apoyo a los sublevados. También llegaron al archipiélago los presos que se habían mantenido fieles al Gobierno legítimo.

O como decía JL Vila-San Juan en El curioso alzamiento en Guinea, «...hay que subrayar que los elementos de la fuerza expedicionaria, a los que se esperaba como amigos, se comportaron en líneas generales, como ocupantes. (...) se hicieron cargo de cuanto significaba mando. Los presos, hasta entonces respetados, fueron maltratados y apaleados. Los que se habían sublevado (la gente de orden) tratados casi como "nacionales de 2ª clase" o "semirrojos". (..) Puede decirse que hubo represalia. No cruenta, no como la de Badajoz, pero si saliéndose algo de la línea moderada que hasta entonces había prevalecido».

¿Seguimos con Germán Santana?:

El Gobernador General Luis Herrero, en Santa Isabel, el 28 de diciembre de 1936, remitió al Comandante General de Canarias diez copias certificadas de las resoluciones recaídas en los expedientes gubernativos instruidos en el Gobierno General contra varios individuos, que si bien no incurrieron en responsabilidad criminal eran, no obstante, considerados peligrosos, por lo cual procedía someterlos a medidas de seguridad, puestos a disposición en el primer barco español que saliese para las islas.

Sus nombres eran: Joaquín Meco Sánchez, Ramón Figueras Gorgás, Pedro Torres Planas, Julio Carreño Álvarez, Gonzalo Rosas Guerrero, Miguel Robles Fernández, Salvador Pérez Ballesta, Juan García Rodríguez, Fidel Azaceta Azcárraga y Sabino Begoña Expósito.

No se trata ni de los 150 coloniales, ni de los heredados de la República. Según Santana, están incluidos en el  Archivo Intermedio de Canarias como "Sanciones a los funcionarios coloniales del Gobierno General de las posesiones españolas del Golfo de Guinea" (caja 1762, carpeta 17, fecha de inicio 28/12/36, fecha fin 14/06/1941). Por lo que básicamente serían funcionarios que se mantuvieron fieles a la subgobernación en Bata, y que no salieron huyendo al territorio francés. No habiéndose significado realmente durante el conflicto, y pese a su paso por el Campo de Concentración de Gando, resulta difícil saber de ellos... pero vamos a intentar rastrearles.

Celeste Muñoz incluye a alguno de ellos en la relación de personas citadas por la Comisión de Incautación de los Territorios del Golfo de Guinea.

Joaquín Meco Sánchez (o Meko): Citado por la Comisión de Incautación de los Territorios del Golfo de Guinea, se encuentra entre los imperdonables donantes al gobierno de la República. Pasó por un proceso de depuración, si bien finalmente, «este Ministerio, de conformidad con la propuesta del Juez Instructor y con arreglo a lo dispuesto en el art. 11 y disposición final primera de la Ley de 10 de febrero de 1939, ha acordado la admisión de dicho funcionario al servicio, sin imposición de sanción alguna. Dios guarde a V. I. muchos años. Madrid, 13 de mayo de 1940». Se reincorporó a la función pública, hasta la independencia; el 7 de diciembre de 1968 se dispone finalmente «el cese del funcionario del Cuerpo General Administrativo don Joaquín Meco Sánchez en el cargo de Técnico-administrativo de la extinguida Administración autónoma de Guinea Ecuatorial».

De hecho, Rafael de Mendizábal recoge cómo se las tuvo que ingeniar para dejar el país en marzo de 1969, pese a los controles de Macías, «Meco, ayudó muy solícito y amable a una atribulada señora que marchaba con sus dos hijos, niños de corta edad, a quienes se encargó de subir a la aeronave y con ellos se quedó. El personal de cabina tenía instrucciones de no rechazar a nadie».


Bonifacio Ondó. Joaquín Meco y Juan Fernando Ortega,
Secretario entonces del Instituto Cardenal Cisneros.

Ramón Figueras Gorgás: Se encuentra entre los imperdonables donantes al gobierno de la República. Fue cesado de la función pública al igual que el resto de empleados de correos: «Ilmo. Sr.: Con esta fecha, en virtud de las facultades que me están conferidas y conformándome con la propuesta de esa Dirección de Correos, he tenido a bien acordar la separación definitiva del servicio de Correos, con baja en el escalafón respectivo, de los Oficiales de Correos: don Luís Buelta Faura, administrador que fué de la Principal de Santa Isabel, de Fernando Póo; don Ramón Figüeras Gorgás, don José Lizcano Barco y don Isidro Alvarez Martínez, todos ellos adscritos a los Territorios Españoles en Guinea. Dios guarde a V. L muchos años. Burgos, 24 de noviembre de 1937. — II Año Triunfal. =El Presidente. ~ P . D .—Mauro Serret. Ilm°. Sr. Director de Correos».

Pedro Torres Planas: Se encuentra entre los imperdonables donantes al gobierno de la República

Julio Carreño Álvarez: no hay datos accesibles.

Gonzalo Rosas Guerrero: Tiene también la imperdonable falta de ser uno de los públicos contribuyentes a la donación de las 10.353,65 pesetas para la República, conforme a la Gaceta de Madrid del 5 Noviembre 1936.

Miguel Robles Fernández: no hay datos accesibles.

Salvador Pérez Ballesta: Citado por la Comisión de Incautación de los Territorios del Golfo de Guinea, cuenta con tardío expediente de indulto de 1956/1957. Aunque su hermano, Ginés Pérez Ballesta fue acusado «por tenencia ilícita de armas» y sentenciado con 10 años de prisión que posteriormente le fueron conmutadas tras pasar por el Campo de Concentración de Gando.

Juan García Rodríguez: Citado por la Comisión de Incautación de los Territorios del Golfo de Guinea.

Fidel Azaceta Azcárraga: Si fue funcionario, debió ser de los inhabilitados, ya que Carlos Fleitas -el viejo presidente del Consejo de Vecinos- escribía años después sobre él y su hermano (antiguo guardia colonial), colonos ambos evacuados en el éxodo de 1969, «Fidel Azaceta, Francisco Azaceta, agricultores de Fernando Poo, simbolizan una generación y una etapa de la historia colonial española. Son dos hermanos que llegaron a las tierras del África hispana en plena juventud y que allí agotaron sus energías. Fidel murió solitario, con sus piernas amputadas, (...) en un rincón de una sala de beneficencia. Francisco, propietario de una finca de cacao en Botonos, terminó sus días como portero de una finca urbana en Madrid. Allá, en Fernando Poo, quedó el patrimonio de ambos convertido en bosque y en ruina».

Sabino Begoña Expósito: Pocos datos hay de él. La Guinea Española recoge un viaje de él en 1930, y le asigna la condición de jornalero. Celeste Muñoz le incluye en la relación de personas citadas por la Comisión de Incautación de los Territorios del Golfo de Guinea.

viernes, 16 de enero de 2026

Dejando huella

Lo decía el pasado 7 de enero La Provincia - Diario de Las Palmas: La huella del franquismo persiste en Las Palmas de Gran Canaria medio siglo después, El callejero de la capital conserva nombres de personalidades ligadas a la dictadura como Juan Fontán, García Morato o el falangista Prudencio Guzmán.

Medio siglo después de la muerte del dictador, la huella del franquismo sigue presente en Las Palmas de Gran Canaria. La ciudad mantiene en su callejero 32 vías con nombres vinculados con el bando golpista de la Guerra Civil y la dictadura posterior, según el Catálogo de símbolos, calles, monumentos y menciones franquistas de Canarias elaborado por expertos de diversa índole por el Gobierno de Canarias anterior. Este estudio desvela un listado de 72 vestigios -entre los que se incluye el escudo con el águila de la Base Naval-, aunque varios han sido revocados en el presente mandato.

Pese a que la ciudad retiró de su callejero los principales nombres ligados a la dictadura durante la transición, todavía quedan vestigios de la época. El callejero de la capital conserva nombres de personalidades ligadas a la dictadura como Juan Fontán, García Morato o el falangista Prudencio Guzmán (...) Algunos fuertemente vinculados con la represión de la Guerra Civil y del periodo posterior. Este es el caso del capitán de artillería Juan Fontán, quien participó en el bombardeo de Bata, en la Guinea Ecuatorial, durante la contienda; además, creó una milicia callejera en la capital grancanaria durante la República. La calle se encuentra en Schamann, en la barriada de casas bajas promovida por el Mando Económico de Canarias en los años 40.

Pero no es la primera vez que este periódico se hace eco de esa noticia:


viernes, 9 de enero de 2026

El amigo Charlie

Hubo un tiempo en el que Arturo Pérez-Reverte, el enfant terrible de las letras ibéricas fue enviado especial del diario Pueblo. «Cuando estaba en el diario Pueblo me iba a África, pasaba allí dos meses y a la vuelta decía: “Mira, tengo esto”, y lo ponían en primera. Pero eso se acabó». De ese período quedan las crónicas "Guinea Ecuatorial: ahora o nunca" y un rosario de relatos propios y ajenos, que -tal vez- algún día se puedan leer en un único tomo...

Os contábamos el año pasado sobre el legendario cabo Salomón del aeropuerto de Malabo; pero nos faltaban las historias de Charlie; el coronel Carlos Guerrero Carranza, «uno de los mejores agentes de nuestros servicios de información», que ejercía de director del Centro Cultural Hispano-Guineano de día... y de otras cosas de noche.

Así, que si tenéis fresca la serie Anatomía de un instante, tal vez os interese este relato...

Charlie llegó a Malabo en 1985, ya con el PSOE en el gobierno, habiéndose significado entre los leales tras los confusos sucesos del 23F, así como en aclarar la implicación de algunos militares como el general Alfonso Armada. Incluso Perote, en su libro de confesiones, recogerá: «¿Armada inocente? Los capitanes Camacho, Rubio y Carranza [se refiere a Carlos Guerrero Carranza], así como el sargento Rando, no daban crédito a sus oídos. Haber descubierto y denunciado la implicación del general les ponía en una situación difícil, incluso kafkiana. Les había convertido en una especie de mosqueteros de la democracia a las ordenes directas de Richelieu». Su coherencia les persiguió por décadas, soportando la inquina y ensañamiento de turbios directivos del CESID. Esa es una gran historia, pero que queda fuera de este paseo por la vieja calle 19 de septiembre de Santa Isabel.

En definitiva, a mediados de los 80 -tal vez como una forma de distanciarse del tóxico entorno de Madrid- Charlie se incorporó a una delegación en el extranjero, en esa ocasión como director del Centro Cultural en Malabo y agregado cultural para Guinea Ecuatorial, Nigeria, Camerún y Gabón, conformando equipo -cultural- con el escritor y periodista Donato Ndongo, director adjunto del Centro Cultural Hispano-Guineano. 

Era un momento interesante, ya que las recomendaciones del Primer Congreso Internacional Hispánico-Africano de Cultura (Bata, 1984) estaban muy recientes, marcando una clara agenda de trabajo. Y, pese a tener 2 sombreros, fue un periodo muy productivo,... aun a pesar de que La Casa le escamoteara la indemnización por destino en el exterior. Pero eso, también es otra historia.

Durante su administración en Malabo, -entre otros- se lanzó el primer número de la revista África 2000, se consolidaron las clases de fang, bubi y español, y se crearon talleres creativos como el de Arte Plástica y Modelado de Eva Alcaide. Igualmente, el centro cultural se dotó de una biblioteca, se sentaron las bases para la creación (1988) de la emisora cultural y educativa Radio África 2000, y contaron con una frenética editorial (Ediciones del Centro Cultural Hispano-Guineano), dedicada a escritores guineanos tanto consagrados (especialmente la "generación perdida") como jóvenes promesas. Precisamente en ese periodo se consolidó la imprenta nacional, editora de Ébano, que unos años antes había inaugurado el teniente general Gutiérrez Mellado con la maquinaria del agonizante periódico El Eco de Canarias. 

Y generó un buen recuerdo. Todavía en 1996, la veterana Juana Salas (empleada del CCHG desde 1982) decía en una entrevista a El Patio

-¿Cuál ha sido para usted el mejor director de esta casa?
-D. Carlos Guerrero Carranza.
-¿Por qué?
-Por dos razones:
a) Consideraba a los trabajadores.
b) Por el alumbramiento a uno de mis hijos (sic), me regaló de sopetón 20.000 Bikueles [en esa época, el sueldo medio era de 10.000].

 

El vicepresidente del gobierno de Guinea Ecuatorial, Florencio Mayé (c),
junto a su homólogo español, el teniente general Gutiérrez Mellado (3d),
durante el acto de inauguración de la nueva rotativa del periódico Ébano.

Para completar el contexto; apenas habían pasado 10 años de la muerte de Franco, Guinea Ecuatorial no había cumplido las dos décadas como república independiente, y la abrupta ruptura de la desquiciada administración Macías había tenido lugar 6 años atrás. De hecho, ambos periódicos -Ébano y El Eco de Canarias- procedían de la cadena de Prensa del Movimiento originada de las confiscaciones de la guerra civil. Pero eso era algo habitual en esa época, ya que el mismo diario Pueblo para el que trabajaba Pérez-Reverte tenía un origen similar  

¿Seguimos? En "La T.I.A. y yo" (2021) Pérez-Reverte cuenta: 

Los azares de la vida profesional cruzaron mi camino con algunos de sus agentes. Uno de ellos, Charlie, llegó a ser amigo mío. Él sí era un espía estupendo. Nuestros intereses profesionales coincidieron a veces: necesitábamos información, él para sus jefes y yo para los míos. Así que, en plan compadres, montamos algunas operaciones bonitas. Una en Guinea Ecuatorial, conmigo y una guapa camerunesa vigilando en un pasillo mientras él fotografiaba documentos secretos. Otra, en Libia y con palestinos incluidos –de ésa obtuve una radio Sony que me regaló Gaddafi después de una entrevista–. El caso es que Charlie triunfó con sus informes, yo con mis reportajes, y los dos nos reímos hasta saltársenos las lágrimas.

El periodista Pablo Calvo le preguntaba (2018), para el periódico argentino Clarín, «¿Es cierto que una noche fue espía?»:

Es una historia divertida. Pues lo decidimos junto a un muy amigo, espía español, que estaba en Guinea Ecuatorial espiando. Había una operación en curso con la Embajada de España. Entonces, el espía y yo decidimos asociarnos: lo que conseguiría yo, lo utilizaría para publicar y él, para reportar a sus jefes. Hicimos una incursión en una fiesta nocturna, en el despacho del embajador [según el BOE, se trataría de Antonio Núñez García-Saúco], los dos para conseguir una información muy útil con la cual yo hice una exclusiva muy importante como periodista y él pasó a sus jefes lo que no se podía publicar. Cuando uno ha sido reportero como yo, en lugares inestables, siempre tiene acercamientos, siempre hay gente que pide, que quiere intercambiar datos, nunca he querido tener nada que ver con el espionaje, pero en este caso se trataba de un asunto en mi país, gente seria, solvente, una buena causa, así que decidí aprovechar eso para mi propio beneficio.

Un año antes, para El País, a Berna González Harbour le contaba:

...decidimos hacerla a medias -hablo de Guinea Ecuatorial-, porque yo obtenía una información muy útil para un Informe Semanal que estaba haciendo entonces y ellos obtenían datos para su propio trabajo. Y montamos la operación juntos; intervino también una mujer muy interesante, una africana guapísima, que también tenía su interés en la operación. Entonces, fue una cosa muy divertida. Tengo un recuerdo muy agradable. (...) fue una cosa absolutamente discreta. Nadie se enteró jamás. Yo hice mi información, la publiqué, el espía hizo su informe, la chica ésta hizo el suyo (trabajaba para los franceses). Una cosa a tres bandas, todo el mundo salió beneficiado, nadie se perjudicó. 

La discreción es importante, como recordaba Pérez-Reverte en Falcó: «La salud de un espía solía resentirse de esa clase de cosas. En aquel oficio, los descuidos podían ser de hola y adiós».

El enviado especial en "Guinea Ecuatorial: ahora o nunca"

Anteriormente, en "mi amigo el espía" (1994) Pérez-Reverte contaba sobre su amigo al que conoció «en un país caluroso y tropical cuyo nombre me callo»...

Mi amigo y el que suscribe vivimos juntos un par de peripecias divertidas, a las que asistí como testigo: desde una incursión nocturna en territorio enemigo, africano y ecuatorial, en compañía de una hermosísima joven de piel oscura, hasta el día en que, muerto de risa, vigilé la puerta del despacho de cierto embajador mientras él fotocopiaba, entre pasos de baile, documentos confidenciales que al día siguiente viajaban a España en valija diplomática. El azar y su habilidad, combinados, lo colocaron entre los protagonistas de algunos acontecimientos históricos de la última década, cuya confianza ganó y utilizó al servicio de su país. Durante estos años bebí martinis con él, escuché sus neuras y sus problemas conyugales, y llegué a apreciar a ese vagabundo inteligente, caballeroso y patriota, con un profundo sentido del humor y una extraordinaria lucidez sobre la condición humana.

Ahora está en un lugar donde se juega la vida a menudo, y ni siquiera tiene derecho a lucir medallas. Por eso, a veces, cuando miro el telediario o las páginas de los diarios y veo que el mundo se agita y que ocurren cosas, creo reconocer, a veces, su mano o su presencia en ellas. Entonces levanto un vaso y brindo a la salud de mi amigo, el espía tranquilo. Sé que un día volverá, y lo harán general o -lo más probable- lo enviarán a un despacho de chupatintas, como suele hacerse en nuestra ingrata tierra para premiar los servicios prestados. Pero nadie le quitará aquella noche de gloria que vivió junto a la valiente princesa de piel oscura.

Ni nadie podrá quitarle mi amistad y mi respeto.

Pero el relato más esclarecedor fue el clásico la noche de Malabo (1997):

Alguna vez les hablé de mi amigo el espía, que era de los que espiaban como Dios manda, jugándose fuera el pellejo en vez de estar aquí apalancado cual rata de alcantarilla, pinchando teléfonos y trapicheando con secretos de bragas y coronas, como hacen otros. Mi amigo -a estas alturas puedo nombrarlo sin que pase nada se llama Carlos Guerrero y ahora, retirado del oficio, viste el uniforme que durante veinte años se apolilló en un armario.

«...no es el uniforme -dirá en otra ocasión- lo que hace a la gente, sino la gente la que hace al uniforme. Y en ese contexto, debo añadir que también he conocido a mucha gente que honra el suyo. Mi amigo Charlie el ex espía, por ejemplo, que ahora es coronel de un regimiento».

Carlos, alias Charlie, tuvo diferentes coberturas a lo largo de su azarosa vida profesional. Una fue la de agregado cultural en Guinea Ecuatorial, donde nos encontramos varias veces. Y allí ocurrió el episodio que quiero contarles.

Fue hace unos diez años. España iba de capa caída en Guinea, como siempre y en todas partes, y Francia se aprovechaba de los trenes baratos para acrecentar su in fluencia. Apenas derrocado Macías, el presidente Teodoro Obiang había pedido al gobierno de UCD una compañía de la Legión para garantizar la estabilidad de la ex colonia. Pero la timoratez y el miedo a lo políticamente incorrecto no son patrimonio exclusivo del Pepe ni del Pesoe, de modo que los de don Adolfo se acojonaron por el qué dirán y respondieron no, disculpe, oiga, no queremos ser tachados de neo-colonialismo. Por supuesto, la Frans, que sí lo tiene claro en África -donde mantiene tropas sin el menor complejo-, se apresuró a hacerse cargo del asunto; y por fin apadrinó un despliegue de soldados marroquíes, corriendo París con los gastos. De ese modo, controlando los gabachos la seguridad de Obiang, empezó el declive de la influencia española en Guinea y la reconversión de ésta al área franchute.

Aunque lo suyo era espiar -incluso tenía como alumno de castellano al embajador norteamericano en Malabo- Charlie no descuidaba las tareas de su cobertura diplomática. Y la creciente presencia francesa le repateaba mucho el hígado. Libraba sus dos batallas, la clandestina de agente secreto español y la pública de agregado cultural de la embajada, completamente en solitario, sabiendo que Madrid pasaba mucho del tema y que la suya era una causa perdida. Pero no se rendía, y una noche se le ocurrió un gesto simbólico que, como me dijo, no iba a cambiar nada pero le aliviaría, al menos, la mala leche. Así que, tras planificar casi militarmente la operación, nos vestimos de oscuro y salimos a la calle con un cargamento de pegatinas que la embajada tenía arrinconadas -Madrid había prohibido distribuirlas, por no herir, cielos, susceptibilidades francesas- que rezaban: "Aquí hablamos español".

Lo cual cuadra con la reflexión recogida por Juan María Calvo en La ocasión perdida, «Carlos Guerrero, que hasta finales de 1987 dirigió el Centro Cultural Hispano-Guineano, pensaba que si seguían así las cosas el castellano se perdería en un plazo mucho más breve, que fijaba en unos diez años», mientras -hubiera podido completar Pérez-Reverte- «los tiñalpas de la UCD se la cogían con papel de fumar» (aunque para esa fecha, ya gobernaba el PSOE).

Fue una de esas noches que uno vive para recordarlas después. Nos acompañaba en la incursión una bellísima mujer llamada Gabrielle: una princesa africana auténtica, junto a la que Naomi Campbell no parecería más que una marmota y una ordinaria. Gabrielle era amiga nuestra, odiaba a los franceses porque habían fusilado a su padre en Camerún, y no había perdido el sentido del humor. Así que salimos los tres a recorrer las calles de Malabo, esquivando patrullas, y llenamos de pegatinas la ciudad, incluidas la puerta de la embajada francesa, la casa y el coche de su agregado cultural, la embajada norteamericana y los muros de la Ciudad Prohibida, donde los centinelas, por cierto, estuvieron a punto de trincarnos junto al palacio presidencial. Excuso decirles que, miedo aparte, nos reímos hasta saltársenos las lágrimas. Y uno de los recuerdos magníficos que conservo de aquella noche consiste en que Gabrielle llevaba unos téjanos muy ceñidos -tenía un tipazo soberbio-, y en uno de los bolsillos traseros se había puesto una pegatina. Y cuando estábamos tirados en el suelo, en la penumbra de una esquina, mientras esperábamos que se alejara una patrulla, yo tenía a un palmo de los ojos ese "Aquí hablamos español", pegado en aquellos téjanos que moldeaban un culo estupendo.

En fin. Son recuerdos de cada cual. Pero me han venido hoy a la memoria después de enterarme de que Teodoro Obiang ha decidido convertir el francés en idioma oficial de Guinea, y de que España está a pique de perder el mísero hilo de influencia cultural que aún la ligaba a su ex colonia. Esa Guinea que los pichafrías de la UCD empezaron a perder, el PSOE -tan europeo y atlántico él- dejó pudrirse sin remedio, y ahora el PP no sabe cómo liquidar, porque de África, fuera del negrito de las huchas del Domund, no tiene ni puta idea.

Hasta que Charlie se jubiló, mereciendo un cariñoso recordatorio de Pérez-Reverte en "mi amigo el ex-espía" (2005) como parte de «los correosos agentes que te organizaban un golpe de mano para abrir la caja fuerte de Obiang o se calzaban a la señora del embajador Flanagan para robarle los planos del polvorín, fueron jubilados uno tras otro». 

En los últimos años, Charlie -que además de la carrera en la milicia es licenciado en Geografía e Historia por la Complutense- se ha dedicado a la conservación del patrimonio, y a dar conferencias en el mundo universitario. Precisamente, hace unos años, en los cursos de verano de San Roque, aportó un dato legendario sobre el origen remoto de su profesión: «El espionaje -afirmó- es tan antiguo como el mundo, tanto que Noé, desde su gran barco, después del diluvio manda a una paloma a espiar si ya hay tierra seca donde desembarcar». O como cuando resaltó en otra ocasión que «existen hipótesis fundadas sobre ciertas tareas de espionaje contra el enemigo desplegadas por Cervantes durante y después de su cautiverio argelino».

Por cierto, ¿qué habrá sido de la escultural Gabrielle?

Y una anécdota:



jueves, 1 de enero de 2026

La memoria de un niño II

¿Recordáis el relato del pintor David Manzur, de cuando vivió con sólo 6 años el bombardeo de su casa en Bata? «(...) Un día, temprano, sentí un enorme estruendo por una pared que salió volando de la casa. Cuando miramos hacia el mar, había un barquito negro junto a otro, compañero de El Domine. Por fascinación me puse a verlo, pero no me dieron tiempo porque salimos huyendo a un hospital a través del bosque (...) lentamente, se hundía la embarcación dejando ver un pedacito de uno de sus bordes».

Obviamente, no fue el único niño puesto que se trataba de una población civil; Gustau Nerín documenta la huida de los republicanos ante el bombardeo y desembarco en Bata, los cuales «se iban a pie, en condiciones extremas, porque habían abandonado sus hogares lo más rápido posible. Según algunos guineanos, testigos de la huida, había incluso niños blancos desnudos».

Al igual que también era un niño en ese momento Gonzalo Matamala, el hijo del farmacéutico de Bata. Recoge su vivencia en la entrada "Recuerdos de mi primera infancia" de su blog Memorias:

Por aquellos tiempos España había entrado en guerra consigo misma, al haberse producido el día 18 de julio el alzamiento franquista contra el gobierno de la República, en Guinea las cosas se polarizaron de la siguiente manera: la Isla de Fernando Po se puso a favor de los sublevados mientras que en el continente se siguió fiel al gobierno legitimo; ello motivó que en ambos territorios de la colonia solo surgiese algún incidente sin importancia de ser destacado hasta que desde Santa Isabel decidieron someter a la parte del Muni, para lo que recurrieron al engaño y a la traición como demuestra el hecho de que se presentara un barco de pasajeros armado con un cañón bajo bandera legal, luego una vez en la bahía de Bata arriaron esta bandera e izaron la bandera de los rebeldes (la actual) y sin previo aviso comenzaron a bombardear la ciudad y en especial muchos de los cañonazos fueron dirigidos hacía nuestra casa, ya que al parecer la confundieron con un centro oficial como la sede del subgobierno, esta confusión se debió a que en días anteriores se había celebrado en nuestra casa un recepción para celebrar el aniversario de la instauración de la república, y por ello habían puesto frente a la misma banderas y gallardetes; al parecer el hecho de que este evento de celebrase en nuestra casa era el haber sido elegida por se uno de los pocos edificios edificados de ladrillos al igual que las casas de Europa, también por se la única que en aquel tiempo tenía un salón lo suficiente amplio (el hall de la farmacia)con aforo suficiente para la celebración de estos eventos, puesto que la sede del subgobierno carecía de un local que reuniera las condiciones para ello.


  

La vivienda familiar y farmacia Matamala. A la izq. Gonzalo con su padre en la planta baja de la vivienda.

Ese día sobre las seis de la mañana comenzaron a bombardear como antes he expuesto por lo que salimos de casa con apenas lo puesto y siguiendo los consejos de mi padre nos reunimos una cantidad de personas y salimos en coche camino del Camerún con el fin de no caer en manos de aquellos que querían adueñarse de la ciudad y que según mi madre no habrían dudado en matar a todos aquellos que no fueran adeptos al gobierno dictatorial Fascista por lo que huimos a la mencionada colonia francesa después de toda una noche por la selva y caminos prácticamente meras sendas llegamos a Duala y de allí fuimos a Yaundé, donde se nos unió nuestro padre que se había quedado en Bata haciendo frente al desembarco de tropas en la playa y el con otros siete españoles impidieron que este se llevara acabo durante tres días con apenas armas ya que solo disponían de una ametralladora, desde Yaundé nos trasladamos al Gabón dirigiéndonos a Libreville donde tomamos un barco francés llamado Asia, desde el que comenzamos un nuevo periplo.

Cuando llegamos al Camerún sin apenas tener nada por que como he dicho salimos precipitadamente de nuestra casa sin tiempo siquiera para recoger nuestras pertenencias mas imprescindible fuimos atendidos por las autoridades francesas no así por la misión católica la cuál decía a los negros de ese país les dijeron que éramos demonios que queríamos matar a los cristianos, en cambio no fue así por parte de los protestantes que en verdad nos ayudaron en todo cuanto pudieron.

Desde Libreville comenzamos un periplo agotador ya que desde ese puesto nos partimos a Lagos y de allí fuimos a Fritao y Dakar y de allá fuimos a Burdeos, yo recuerdo que en el puerto de Libreville cuando comenzábamos a embarcar vi en la cubierta del barco a un niño que se llamaba Ferandito que también era refugiado, pues bien yo me empeñe en que quería ir donde aquel niño que era mayor que yo por lo que cogí una enorme rabieta a lo que mis padres se opusieron. Esta rabieta se me pasó una vez que embarcamos, también tengo algunos recuerdos de nuestra permanencia en el barco como del comedor así como de una tienda en la que mi padre me compró un juguete consistente en un pato de un material de pasta parecida al plástico y que flotaba en el agua, tampoco he podido olvidar como arrojaban los desperdicios al mar desde una de las cubiertas.

Cuando llegamos a Burdeos tomamos el tren con destino a España; todavía tengo en mi memoria la estación de ferrocarril que me parecía enorme y recuerdo que era metálica ese recuerdo lo tengo grabado en mi mente como si ayer hubiese ocurrido.

Poco después llegamos a España entrando por Port-Bou dirigiéndonos a Barcelona donde al ser refugiados nos internaron en el estadio de Montjuit allí mi madre fue objeto de un robo por parte de unos rateros que le robaron el bolso, mi padre no quiso denunciar al saber que mi madre tenia en el dicho bolsillo un rosario y un libro de misa pues de haber hecho la denuncia no sabia cuál podía ser el resultado dados los momentos de excitación revolucionaria que imperaba y por este simple hecho podíamos haber sido detenidos y acusarnos de fascistas o cualquier cosa peor.

Y así hasta llegar a la casa de unos parientes en Valencia. No dejéis de leer el resto de las memorias de Gonzalo Matamala.


Gonzalo Matamala unos años antes en Río Muni.


O estas entradas viejas de nuestro paseo por la calle 19 de septiembre de Santa Isabel: