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lunes, 24 de enero de 2022

El Taiwán ibérico (III)

Euzko Deya-La voz de los vascos,edición de 1971.
Ésta es una gran historia: de cómo las dos islas Formosa (Bioko y Taiwan) estuvieron a punto de correr procesos en paralelo.

Básicamente se trataba de facilitar la reconstitución del gobierno republicano en el exilio en un territorio no europeo y -con el apoyo internacional- forzar un cambio en el resto del territorio español.
Un proceso fallido que necesariamente recuerda al del la isla de Taiwán.

En este paseo por la Calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel hemos recopilado anteriormente varios intentos durante el periodo de guerra fría:
Pues faltó una más, previo al inicio de la guerra fía...: Se trata de las maniobras del Gobierno Vasco en el exilio, en plena guerra mundial.

Es una obviedad, que al igual que franco recibió el apoyo de alemanes e italianos durante la guerra civil, en la II Guerra Mundial el gobierno franquista colaboraba con mayor o menor descaro con el Eje Roma-Berlín-Tokio, ocupando el territorio ecuatorial un papel interesante como veíamos en El granero en la retaguardia o incluso en Operación Gibraltar.

Así, previendo tanto la posible entrada española en la guerra, como la importancia estratégica del territorio en una posición de neutralidad sesgada, el Gobierno Vasco en el exilio manejó varias opciones, incluyendo la posibilidad de un levantamiento en el territorio para -conjuntamente con el gobierno de la República en el exilio- apelar al apoyo aliado para derribar al gobierno de Franco. O incluso magnificar la presencia alemana en Guinea para forzar una intervención de los aliados.

Se daban dos circunstancias:
  1. En Guinea, el PNV sabía por fuentes fiables que había infiltraciones alemanas desde diciembre de 1936, y que en Fernando Poo -centro neurálgico de las comunicaciones militares con las colonias francesas adheridas a De Gaulle- estaban realizando obras militares.
  2. Las cuatro décimas partes de la población blanca de Guinea eran de origen vasco. 
No es de extrañar, que en un intento por sustraer de miradas curiosas y hostiles la connivencia de las autoridades franquistas con la Alemania nazi, se produjeron expulsiones de diferentes colonos, incluyendo vascos (está documentada la de Elías Barrenechea, Manuel Olazábal Masa y la de su pariente  Ignacio Olazábal Uriarte).

Aquí es donde introducimos el relato de Ángel Elo de Tierra, Joven, Dorado, Guinea Ecuatorial, conforma al cual, «el 11 de septiembre de 1941 se creó en Gran Bretaña el 3º Batallón de Fusileros Marinos de las Fuerzas Navales Francesas Libres. Esa unidad debía de componerse de vascos españoles exiliados y también de voluntarios iberoamericanos, pero tuvo la oposición de las autoridades inglesas -que no deseaban indisponerse con Franco- y finalmente fue disuelta el 23 de mayo de 1942», como respuesta a una queja formal del Duque de Alba, embajador franquista en Londres, al Foreign Office.

Durante su efímera existencia, «la unidad quedó en un desarrollo puramente teórico: reglamentos, comisiones y nombramientos de oficiales. Su única plasmación práctica fue el envío de dos de sus oficiales bajo la tapadera de una misión comercial al África Ecuatorial Francesa Su objetivo era vigilar las actividades secretas alemanas en Río Muni, realizar labores de información y preparar una operación para el caso de que España entrara en guerra. Pero también esta misión se frustró al disolverse el Batallón y tener que regresar los dos oficiales».

Oficiales del 3er. BFM durante un curso de armas ligeras en Browndown, desarrollado del 30 de septiembre al 18 de octubre de 1941. En 1ª fila sentados: capitán de corbeta Servando Marenco, capitán Ries, mayor West, oficial de enlace PhilipKieffer y médico de 1ª Ángel Agirretxe. En 2ª fila,de pie: sargento instructor Blandford, alférez de navío de 1ª José María de Ballabriga, aspirante Servando Marenco alférez de navío de 1ª Antonio González, sargento instructor Guttridge.

Se trataba de Servando Marenco Reja, amigo de Fermín Galán y responsable de la sublevación en Lérida simultánea a la de Jaca, y teniente coronel del Ejército Republicano con el grado de capitán de corbeta y jefe del 3er. Batallón de Fusileros Marinos, y su hijo el aspirante Servando Marenco Delgado, que había sido alférez de Infantería republicano.

Como relata Juan Pardo San Gil en Marinos vascos en las Fuerzas Navales Francesas, «finalizados los cursos de preparación para oficiales, los dos Marenco, padre e hijo, fueron destinados a una misión especial en Brazzaville. Debían vigilar las actividades secretas alemanas en las posesiones españolas en Guinea Ecuatorial. Se tenían informaciones de la presencia de alemanes en la colonia española desde 1936 y se temía que, amparados en un pabellón neutral, pudieran realizar operaciones de desestabilización en el África Ecuatorial Francesa Libre. La tarea de estos oficiales era contactar con los vascos de la colonia, que formaban un núcleo numeroso entre la población blanca local, para recoger información y preparar una lista de personas favorables, susceptibles de ser utilizadas para sus fines. En caso de peligro se prepararía una operación desde el interior de la colonia que pareciera una querella interna entre españoles y tendría menos repercusiones que una acción militar internacional, fórmula que quedaría excluida a menos que España entrara en guerra. Sin embargo, los oficiales tardarían en llegar a Brazzaville, por las dificultades de transporte marítimo derivadas de la guerra, y apenas tendrían tiempo de realizar la misión puesto que el Batallón sería disuelto en 1942 y ellos tendrían que regresar. Además, en el desempeño de su labor, se toparon con que algunas autoridades francesas y personas de contacto en la región eran en realidad simpatizantes de Vichy y dificultaron aún más su trabajo. Les costaría un año regresar a Londres, sin que hubieran conseguido establecer una red de contactos con el interior de la colonia».

Oficiales del 3er. Batallón de Fusileros Marinos, en septiembre de 1941. En 1ª fila sentados: capitán de corbeta Servando Marenco y capitán de corbeta Juan de Arce. En 2ª fila, de pie: alférez de navío de 1ª Antonio González, alférez de navío de 2ª Juan de Basabe, médico de 1ª Ángel Agirretxe, aspirante Servando Marenco, alférez de navío de 1ª José María de Ballabriga. 

Mikel Rodríguez, en su libro Espías vascos afirma:

«... de los espías e informantes aliados que actuaban en la colonia, sólo conocemos que Elías Barrenechea y Manuel e Ignacio Olazábal fueron expulsados por “anglófilos furibundos”. Prepararon operaciones de auténtico fuste ¡hasta sublevar la colonia!
(...). En uno de los informes de la red de espionaje, podemos leer:
Uno de los tres miembros de la comisión comercial que se encuentra en África ecuatorial es un agente del servicio secreto español que tiene la función de supervisar la llegada de alemanes en Río Muni y Fernando Po. Ya en diciembre de 1936 el embajador en La Haya, Semprún y Gurrea, había advertido de infiltraciones alemanas y trabajos militares y no había razones para pensar que los alemanes se habían ido.
Ante el peligro de que los alemanes se apoderen de la Guinea española, en el corazón de las posesiones de la Francia Libre, el hecho de que los vascos representen los 4/10 de la población blanca de la Guinea española y sus dependencias constituye un factor favorable a una acción vasca. Se informa además desde hace alrededor de tres meses de diversos casos de expulsión de colonos vascos, lo que parece indicar un incremento de la actividad que debe sustraerse de ojos curiosos y hostiles.
La labor del agente vasco consistirá en alentar las labores de inteligencia en los miles de vascos y eventualmente entre los oficiales españoles, secundar el servicio competente francés en su labor de información, elaborar la lista de personas simpatizantes susceptibles de ser utilizadas para nuestros fines y, dado el caso, si un peligro concreto aparece, preparar una acción que, partiendo del interior y estando revestida de querella intestina entre españoles, presentaría menos riesgos de repercusiones desfavorables que una acción militar de orden internacional, forma de acción que, además, a menos de una entrada oficial en guerra de España, queda totalmente excluida".
Volvemos a encontrarnos ante el leitmotiv de los “servicios”: exageración del peligro nazi para convencer a los Aliados de la hostilidad española. Resultaba imposible para los alemanes, que no dominaban el mar, hacerse con el control de Guinea. Por otra parte, parece improbable que los colonos iniciaran cualquier aventura al grito de “libertad”, pues los 150.000 indígenas a los que recientemente habían expropiado las tierras podrían tomar buena nota del eslogan.

Creemos –y es una suposición– que estos espías debieron informar en profundidad sobre las defensas de la colonia, porque allí se produjo una de las acciones más enigmáticas de la guerra: la Operación Postmaster. En enero de 1942 un remolcador, que no lucía bandera, penetró en la bahía de Santa Isabel y abordó el líner italiano Duquesa de Aosta y los mercantes alemanes Likomba y Bibundi. Grupos de comandos saltaron sobre los buques, lanzaron cables de arrastre y zarparon ante la impotencia de la Guardia Colonial, que los hostigó a tiro de fusil a falta de medios más potentes. Como Londres intentaba evitar los incidentes con España, se pensó que era cosa de la Francia Libre. Y, sin embargo, fue el 62 Comando del SOE, cincuenta hombres -entre ellos tres exiliados republicanos de los que no conocemos la identidad- denominados Small Scale Raiding Force. Esta incursión exigía una información pormenorizada de las defensas de la isla y del estado de la máquinaria de los mercantes. La presencia de una simple ametralladora o de un mortero podía hacer fracasar la operación y provocar un incidente internacional. Alguien debió dar todo tipo de seguridades de que nada más que fusiles roñosos se opondrían al abordaje».

Oficiales del 3er. Batallón y miembros del PNV y del Consejo Nacional de Euzkadi (de izquierda a derecha): médico de 1ª Angel Agirretxe, Elías Etxebarria, alférez de navío de 2ª Juan de Basabe, Luis Arredondo, capitan de corbeta Servando Marenco, Manuel de Irujo (presidente del CNE), capitán de corbeta Juan de Arce, Antonio Gamarra, alférez de navío de 1ª José María de Ballabriga, José Ignacio de Lizaso, aspirante Servando Marenco y alférez de navío de 1ª Antonio González.

Sobre el último párrafo Mikel Rodríguez, los investigadores Pedro J. Oiarzabal y Guillermo Tabernilla afirman en La OSS y el Servicio Vasco de Información-la Organización Airedale que «el Comando Número 62, una fuerza de incursión a pequeña escala (Small Scale Raiding Force) compuesto por cincuenta y cinco soldados, creada en 1941 y desmovilizada en 1943, fue puesto bajo la dirección del SOE. Su primera acción fue la Operación Postmaster (14 de enero de 1942) con el objetivo de desarticular una base de operaciones del Eje en la isla de Fernando Po (Guinea Ecuatorial española), que se dedicaba a aprovisionar de combustible a barcos italianos y alemanes. A pesar de la reticencia de las autoridades británicas para atentar contra un país neutral, el SOE llevó a cabo la operación especial con gran éxito, enviando un mensaje de advertencia claro y directo a España. En esta operación intervino el comandante del 3er Batallón de Fusileros Marinos, Servando Marenco, y su hijo del mismo nombre, que también estuvo en el batallón».

Como anécdota final, Postmaster fue uno de los primeros éxitos de los comandos británicos y sirvió de modelo para otras operaciones similares. Pero no sólo para futuras operaciones: Ian Fleming -más conocido como autor de James Bond- se involucró en esta operación como comandante de la División de Inteligencia Naval británica: ésta primera acción y posteriores fueron parte de los insumos que crearon al agente 007. De hecho, no son pocos los que creen que Gustavus March-Phillipps, el oficial a cargo de la misma, fue precisamente la inspiración de James Bond.



lunes, 10 de enero de 2022

La cuadrilla de Ayala

Para conocer sobre África en general y sobre Guinea Ecuatorial en particular, no hay mejor guía que Gustau Nerín. Algunas entradas de este paseo por la Calle 19 de Septiembre, como por ejemplo el dedicado a La Sección Femenina, serían difíciles de entender sin su trabajo previo.

Y entre sus muchos textos, hay uno de referencia obligatoria: Un Guardia Civil en la selva.
Se trata del Teniente Ayala, al que ya se ha incluido en varias anotaciones del blog.
Merece la pena, sin embargo, dedicar especial atención al capítulo El declive de un tirano del libro de Gustau:
La Guerra Civil dividió a los miembros de la red de reclutamiento de Ayala. Núñez de Prado cayó durante los primeros días del conflicto. El 18 de julio de 1936, gracias a sus intrigas políticas, ocupaba el cargo de director general de Aeronáutica. Hacía tiempo que colaboraba en la vigilancia de los círculos militares reaccionarios y se le consideraba uno de los principales generales republicanos. Por eso, al enterarse el  Gobierno de que la guarnición de Zaragoza había protagonizado un alzamiento armado, le envió allí para que abortara la rebelión. No pudo hacer nada. Al aterrizar en la capital aragonesa, fue arrestado por los golpistas. Lo ejecutaron sin mediar juicio alguno. Nunca llegaría a ser nombrado conde de Guinea, como proponía el servil Arija. El bando franquista jamás reconoció aquella ejecución. Cuando, años más tarde, la viuda del general pidió explicaciones sobre su paradero, le ofrecieron una partida de defunción en la que únicamente se indicaba que había «desaparecido» en agosto de 1936.
La mayoría de los oficiales que habían servido junto a Ayala en la Guardia Colonial se unieron al bando franquista. Tomás Buiza estaba el 18 de julio en Barcelona. Mantuvo una postura ambigua: no se sumó a la revuelta militar, pero ayudó a escapar a algunos de los guardias civiles rebelados que se habían atrincherado en el convento de los carmelitas de la Diagonal. Al cabo de un tiempo, huyó de Cataluña por la frontera francesa y se pasó a la zona insurgente. Pero no le recibieron con los brazos abiertos. Se le juzgó por no haberse rebelado a tiempo y fue condenado a la pérdida de ocupación y a una pena de cárcel (simultáneamente, se le juzgó en rebeldía por parte de los republicanos, que le condenaron a cadena perpetua).
La actitud de Rafael Carrasco de Egaña fue más clara. Al estallar el golpe estaba en Vilanova i la Geltrú, uno de sus lugares habituales de residencia; en 1934 ya había contribuido, como jefe del cuartel de la Guardia Civil del municipio marítimo, a aplastar la insurrección independentista del 6 de octubre (en aquella ocasión le habían nombrado delegado del Gobierno en Vilafranca del Penedés, y había destacado  por la persecución de militantes de izquierdas y catalanistas). En julio de 1936, pese a estar destinado en Granada, pasaba unos días en Vilanova, de permiso. Se sumó a los rebeldes, pero acabó detenido y fusilado. Eugenio Touchard también apoyó a los golpistas. Cuando estalló la guerra estaba en Palencia, como capitán de la Guardia Civil, y se puso a disposición de los generales derechistas. Como era buen conocedor de Guinea, en enero de 1937 le enviaron a Bata como subgobernador de la Guinea Continental. Al dejar el Ejército, Touchard se estableció en el Muni, donde murió, en 1953, por una intoxicación de setas venenosas.
Casi todos los pilotos de la Patrulla Atlántida lucharon en el bando golpista, y uno de sus aviadores llegaría a ocupar altos cargos durante el franquismo. Fernando de Carranza, un subgobernador de Elobey que había colaborado en los negocios sucios de Ayala, accedió a una plaza todavía más notoria: fue el «hombre de paja» de Franco en la HISMA, empresa hispanoalemana que gestionaba la entrega de armas del Tercer Reich a las fuerzas franquistas. García Loygorri, que seguía en el Muni, lideró un intento de revuelta de los colonos derechistas contra la República; aquel intento fracasó, pero los  republicanos permitieron que huyese. Cuando las tropas franquistas tomaron el control de la colonia, fue recompensado con varios cargos en el Gobierno colonial (aunque durante la República se le hubiera condenado a «postergación perpetua para el ascenso», por su implicación en la trata de negros). Su compañero David Carrillo también se sumó al levantamiento. Aunque en 1933 le hubieran cesado de la Administración colonial por su implicación en las redes de reclutamiento, tras el golpe se reincorporó a la función pública en Guinea gracias al amparo que le proporcionaron destacados franquistas.
En cambio, en julio de 1936, Ayala no lo dudó ni por un instante y se alineó con el Frente Popular, aunque años atrás hubiera destacado por la organización de celebraciones de carácter monárquico. Al parecer, el factor determinante de dicha decisión fue su anticlericalismo (una vez había llegado a afirmar que él apoyaría a quienes «terminaran de una vez por todas con los curas y misioneros»). En realidad, las polémicas políticas de la metrópolis llegaban con escasa virulencia a Guinea. Así, pues, la guerra nunca estuvo acompañada por la gran oleada de violencia que sacudió los cimientos de la metrópolis. El gobernador del momento intentó minimizar el conflicto; pretendía, sobre todo, ocultar ante los negros la división interna entre los colonizadores. En Guinea se impuso la moderación; en un primer momento, en el Muni, incluso se prohibió el Frente Popular, aunque fuera el partido que gobernaba en Madrid. Aun así, los republicanos adoptaron ciertas medidas para controlar a los claretianos, a quienes consideraban -y razón no les faltaba- los principales instigadores de la reacción en la colonia.

domingo, 26 de diciembre de 2021

El exilio de Fermín Botella

¿Recordáis las entradas sobre el destierro en Guinea aplicable a las supuestas disidencias (externas o internas)?
Un castigo pensado para forzar al exilio al penado y arropar jurídicamente las incautaciones de bienes...

La Universidad de Alicante ha elaborado una base de datos de La represión franquista en la provincia de Alicante, y entre la biografías recopiladas se encuentra la de Fermín Botella Pérez, vecino de Alicante:

Periodista alicantino. Propietario de El Luchador-diario republicano, en donde publicaba con el seudónimo de "El de la tanda". Afiliado a IR. Delegado del gobierno en las Salinas de Torrevieja. Miembro de la logia Numancia nº 3 de Alicante (1928 - 1931), simbólico "Blasco Ibáñez", gr. 2º.

Redacción de Radio París: De izq. a der.: Fermín Botella Pérez, Luis Arroquia conversando con Francisco Díaz Roncero, Julián Antonio Ramírez y Carmen Bonet a la máquina de escribir.

Salió al exilio en barco británico Marítima, el 29 de marzo de 1939, acompañado por su hermano Álvaro Botella Pérez, que había sido gobernador civil de Alicante y anteriormente de Toledo. Se le aplicó la LRP, cuando estaba "en paradero desconocido", y se le condenó a una multa de 25.000 pesetas, inhabilitación y confinamiento en la Guinea durante 15 años. El TRMyC sobreseyó provisionalmente su expediente el 5-V-1945.

Falleció a la edad de 76 años, exiliado en París, y sin cumplir la pena de destierro en el territorio ecuatorial.

(Fuente: M. Ors - BOPA, 24-XI-1939, 9-I-1940 y 10-I y 27-VI-1941 – Vicente Sampedro).

Esquela como exiliado y antiguo miembro de la resistencia francesa (fondo Irujo).

 

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Dos más de los 150 del penal

En este paseo por la calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel, son recurrentes las citas a Juan Rodríguez Doreste sobre su vivencia de confinamiento en el campo de concentración del viejo Lazarero de Gando:
«Llevábamos algunos meses en Gando cuando llegaron los detenidos en la Guinea española, que procedían de la isla de Fernando Poo y del territorio del Río Muni, a los cuales se habían incorporado los tripulantes capturados del vapor de la Compañía Trasmediterránea, llamado precisamente el Fernando Poo, hundido en las aguas del puerto de Bata. Eran aproximadamente unos ciento cincuenta en total, entre tripulantes y coloniales. De los primeros salieron las bajas más importantes que causó la expedición conquistadora. (...) Y así un día aparecieron por Gando, derrotados, pálidos, con evidentes señales del estrago corporal que les había causado una reclusión que lindaba en infrahumana. Constituían un buen contingente, muy heterogéneo de composición, pero muy homogéneo en la solidaridad, en el buen espíritu. (...) Me cruzan igualmente por el recuerdo otras figuras de amigos que fueron asiduos concurrentes a nuestro cuarto, que ganaron nuestra estimación, que intimaron incluso con algunos de nosotros y que luego la vida ha esparcido por distintos cuadrantes: los guineos Francisco Luque, escéptico bromista de garra irónica, y Pedro Mantilla, buen dibujante y delineante, excelente persona a quien luego encontré muchas veces en el despacho donde trabajaba en Madrid».

No hay mucha información accesible sobre ambos, pero sí que a Manuel Luque Vázquez y a Pedro Mantilla Henríquez (Enrici dirá el BOE en su nombramiento como capataz forestal en el servicio correspondiente en los territorios españoles del Golfo de Guinea) les fueron conmutadas las penas en noviembre de 1941.

Posiblemente, la extraordinaria memoria del viejo alcalde fallara en esta ocasión y se tratara realmente del Manuel Luque para quien -al igual que para Pedro Mantilla- el fiscal solicitaba reclusión perpetua y finalmente fue condenado a 10 años de prisión, Ambos cuentan igualmente con su correspondiente expediente de indulto, tras cumplir parte de la pena.

Palo ubicado en el patio del campo de concentración del Lazareto de Gando en Gran Canaria, recurrente en los testimonios de maltrato. Fotografía cortesía de Fernando Caballero Guimerá, incluida en "Los campos de concentración de Franco" de Carlos Hernández de Miguel.

martes, 7 de diciembre de 2021

El asunto de Guinea...

La reacción de Lerroux ante
la denuncia Nombela
según L'Esquella de la torratxa
La "denuncia Nombela" o "Caso Tayá" es una historia vieja...: el gobierno de derechas de la II República tuvo su propia caja B, un comisario Villarejo, su respectivo conseguidor como el pequeño Nicolás y un desconocido M. Rajoy que acabó generando la caída del gobierno de derechas en la II República... caída inesperada para los partidos que integraban la coalición, y cuya frustración por la consecuente victoria del Frente Popular desencadenó la ruptura del 18 de julio de 1936.

Veíamos, incluso, en La Gürtel del gobierno de derechas y Guinea que «entre la documentación elaborada por José Antonio Primo de Rivera en la prisión de Alicante, se incluye la referencia al "Asunto de Guinea..." como parte de su "síntesis moral" de los motivos que condujeron a la "rebelión" en julio de 1936».

De hecho, y pese a que entre los "27 Puntos Doctrinales" de Falange Española de las JONS no había referencia al africanismo, José Antonio Primo de Rivera se involucró en el proceso político asesorando a Antonio Nombela, así como en sus comparecencias parlamentarias:

Discurso pronunciado en el Parlamento el 7 de diciembre de 1935

El señor PRIMO DE RIVERA:

Calculo que los republicanos de esta Cámara no caerán en la fácil trampa de admitir que haciendo justicia esta tarde, que sajando implacablemente esta tarde el absceso moral que ha estado soportando el Estado español durante los últimos meses, va a padecer la República. Yo creo que padecería mucho más tratando violentamente de absorberlo. Y yo, que no soy el llamado a poner esto en claro, voy a contribuir con unas palabras, por participación decorosa en la vida política de España y el Estado español, a sajar este absceso. Lo grave en esto, lo grave es, como decía recientemente en caso parecido, el clima moral que ha venido a ahogarnos a todos; el clima moral en que se nos está haciendo vivir a todos desde hace algún tiempo, y este clima moral –por eso mi impaciencia se adelantaba a interrumpir al presidente de la Comisión– se manifiesta con más inaudito descaro cabalmente en los días y en las semanas que siguen a la primera frustración del asalto al Tesoro colonial español.

Ya saben todos, porque esto se nos ha dicho en los dictámenes, los hechos que dan lugar al expediente, primero, y a esta disposición, ahora. Una compañía de navegación presta, mejor o peor –algo mal debe de prestarlo cuando tantas veces insiste la Administración en rescindir el contrato que presta–, un servicio de navegación en nuestras posesiones de Africa Occidental. La Administración le rescinde la primera vez el contrato; acude en recurso contencioso-administrativo al Tribunal Supremo, y el Tribunal Supremo anula la rescisión, ya lo sabéis, no porque la rescisión haya sido injusta, sino porque hay ciertos defectos en el expediente que obligan a que se reponga cierto trámite. En efecto: se repone el expediente a ese trámite, cuando ya había sido solicitada por la Compañía una indemnización de daños y perjuicios, y se llega a un nuevo pronunciamiento de rescisión. Nuevo recurso contencioso-administrativo y nueva declaración del Tribunal Supremo, el cual dice que esta vez ha habido otro defecto de forma; creo que es el de que no se ha dado audiencia a la Compañía en tiempo para que contestase al pliego de cargos. Sólo por este defecto de forma, por este defecto procesal, anula otra vez el Tribunal Supremo la decisión de dar por rescindido el contrato, y otra vez, como antes, se abstiene de decir si la rescisión ha estado bien o mal hecha, y nuevamente se abstiene de decir que haya que pagar daños y perjuicios a la Compañía concesionaria. (El señor O'Shea: "Está en un error el señor Primo de Rivera".) Luego me rectificará su señoría, cuando yo siga y se vea si me he enterado o no del expediente, a pesar de las amables dificultades que he encontrado precisamente por parte del señor diputado que me interrumpe. (El señor O'Shea: "Señor presidente, no se puede dejar flotando en la Cámara esa afirmación. Que diga el señor Primo de Rivera qué dificultades ha encontrado en mí, y yo le contestaré inmediatamente".)

El señor PRESIDENTE:

Ya hablará el señor Primo de Rivera y podrá contestarle su señoría.

El señor PRIMO DE RIVERA:

Yo se lo diré al señor O'Shea en cuanto guarde silencio. (El señor O'Shea: "Le escucho con toda atención".) Digo dificultades amables, porque no han sido dificultades graves que, en último caso, hubiera podido saltar. Pero no me negará su señoría que su semblante no revelaba satisfacción y contento las dos veces que yo esta mañana le pedí el expediente. (Rumores. El señor O'Shea: "Inexacto en absoluto. Sufre su señoría un error".) Esta mañana, cuando me vio su señoría aparecer en los pasillos y le dije que iba a ver el expediente, me dijo: "Está todo ocupado. Va a ser muy difícil verlo". Pues para chisme, basta. (Rumores. El señor O'Shea: "Nada de eso; todo lo contrario. ¿A mí qué me importa el expediente? Piénselo el señor Primo de Rivera. ¿Qué interés podía guiarme?") Como iba diciendo, se reserva a la Compañía concesionario las acciones para que reclame los daños y perjuicios por la vía que estime oportuna, y ella estima que la vía oportuna es la administrativa. En esto, hasta ahora, la Compañía tiene razón. En efecto, reclama sus daños y perjuicios y se liquidan estos daños y perjuicios sobre esa pintoresca base. Ya empieza a ser un poco extraño el criterio jurídico que preside la liquidación de daños y perjuicios en este expediente. Antes, en ocasión de la primera descisión –del primer intento de rescisión, que no llegó a cuajar del todo, porque fue repuesta en el servicio la Compañía–, se había practicado cierta liquidación de daños y perjuicios un poco galantemente, que la Compañía aceptó con mucho gusto, y que los cifraba en una cantidad de 524.118 pesetas. Hubo un segundo periodo en que la Compañía, repuesta al servicio, estuvo prestándolo, y en que parece que no se le abonó la subvención concertada en el convenio con el Estado, y hubo un tercer período, que es el período de la segunda rescisión, en que por segunda vez se interrumpe el servicio. Pues bien: la Administración, lisa y llanamente, dice: por el primer periodo te abono 524.118 pesetas, que ya liquidamos de acuerdo; por el segundo período te abono 414.000 pesetas, que te debía abonar como subvención mientras diste el servicio, y por el tercer periodo, con todo candor, te abono las subvenciones que hubiera tenido que abonarte de haber seguido dando el servicio, y como estas subvenciones, desde entonces hasta aquí, representan 2.095.200 pesetas, te las abono.

Naturalmente, el señor Gil Robles, profesor de Derecho público, aunque también hay algunos profesores de Derecho público que de cuando en cuando se duermen, dijo que no podía compartir este criterio en la tasación de los daños y perjuicios, y no lo podía compartir porque es elemental que las subvenciones del Estado a cualquier Compañía que presta un servicio público arranca de la base... (El señor Royo Villanova: "Pero todo arranca de la Dictadura. Hay que empezar por eso". Rumores. "Tiene razón todo aquel que ha sido atropellado por la Dictadura, y por eso lo defiendo. Yo combatí a la Dictadura, y la sigo combatiendo".) Pues bien, en aquel contrato que se hizo en tiempos de la Dictadura, , no me importa decirlo... (Rumores.) ¡Pregúntenme vuestras señorías lo que quieran! ¡Voy a decir muchas cosas más de las que esperan vuestras señorías! (Exclamaciones. El señor Royo Villanova: "Ya se despertará ese catedrático de Derecha público". Risas.) Se debe ir dando prisa.

Pues en esas subvenciones, como en cualquier subvención concedida por la Dictadura o por cualquier otro Gobierno, se arranca del supuesto de que la explotación directa del servicio es deficitaria; nunca se regalan subvenciones. Se dan subvenciones para proteger servicios públicos que el Estado necesita y que no se pueden cumplir con empresa privada con la aspiración a una ganancia, más o menos legítima, de quien lo monta; pero, naturalmente, cuando se interrumpe la prestación del servicio, desaparece el déficit que cubre, en parte, la subvención; el dar subvención entera es simplemente hacer un regalo.

Los daños y perjuicios –esto lo sabemos todos, porque en esta Cámara casi todos somos abogados, y, además, porque es una cosa tan vulgar que no podemos aspirar a una magistratura quienes lo comunicamos– son, simplemente –perdóneme la Cámara que explane un concepto elemental–, el restablecimiento del nivel patrimonial en que se estaría si el incumplimiento no se hubiera dado. Los daños y perjuicios no son una pena civil; son simplemente el restablecimiento de un nivel patrimonial. Lo que hay que poner en claro es saber cuál seria el nivel patrimonial de la Compañía si el servicio se hubiera seguido prestando; qué beneficios hubiera tenido la Compañía computando en una columna las subvenciones, los fletes, etc., y computando en otra columna los gastos de carbón, de personal, de transporte, etc. Puede incluso acontecer y acontece muchas veces, que si hubiera seguido prestando servicio, la Compañía habría experimentado una pérdida y, en ese caso, no hay que abonar los daños y perjuicios, porque éstos, repito, son el restablecimiento de un nivel patrimonial y no el pago de una pena civil.

Pues bien: la Administración, olvidando esta cosa elementalísima, concede graciosamente a la Compañía de navegación las subvenciones íntegras, como si el servicio se hubiera venido dando, y le otorga 3.033.018 pesetas. Cuando en otra ocasión, en el mes de julio, el señor Gil Robles se sentía obligado, por lealtad, a defender al entonces presidente del Consejo de Ministros, don Alejandro Lerroux, decía: "Pero si en prueba de la intachable lealtad, de la corrección impecable con que el señor Lerroux consideraba este asunto, no hay más que aducir el hecho de que encomendó la práctica de esta liquidación, la instrucción de este expediente, la liquidación de daños y perjuicios, a funcionarios del Ministerio de Hacienda." (El señor ministro de la Guerra: "No ha dicho eso, pero no quiero interrumpir; siga su señoría su razonamiento".) Supongamos que no lo ha dicho. (El señor ministro de la Guerra: "No tiene importancia".) Bien. Algunos han alegado, como prueba de objetividad en la tramitación de este expediente, que don Alejandro Lerroux sometiera esa liquidación de daños y perjuicios a funcionarios designados por el Ministerio de Hacienda. A don Alejandro Lerroux no se le iba a interponer ese pequeño obstáculo porque fuesen funcionarios del Ministerio de Hacienda o de la Presidencia; la cosa no iba a variar, ya que él estaba dispuesto, incluso, a no hacer caso del dictamen del Consejo de Estado, a ir contra el parecer del Consejo de Estado. ¿Qué más le daba, pues, el parecer de algún funcionario de Hacienda? (El señor Mateo de la Iglesia: "En la segunda rescisión tampoco se hizo caso del dictamen del Consejo de Estado".) ¿Qué quiere su señoría que le diga? No era yo presidente del Consejo de Ministros, creo recordar.

Pues bien: contra el parecer del Consejo de Estado, se llevó al Consejo de Ministros una proposición de acuerdo, por virtud de la cual se iba a abonar, lisa y llanamente, los tres millones y pico de pesetas a la Compañía Africa Occidental y se le iban a abonar, y esto es más grave todavía, con cargo al Tesoro colonial. Esto no tiene la más ligera justificación, porque el Tesoro colonial, en la interpretación más amplia, tendrá que hacer frente a los servicios que se refieren a las colonias, pero, ¿quién nos va a hacer creer que una indemnización impuesta a la Administración española por incumplimiento de un contrato, una indemnización que tiene su título –eso también lo sabéis todos–, no en el contrato mismo, sino en el hecho jurídico del incumplimiento, que es novatorio, que da lugar al nacimiento de una obligación nueva, ha de ser satisfecha por el Tesoro colonial? ¿Qué tiene que ver el Tesoro colonial? Para hacer frente a esa indemnización, aun en el caso de que fuera justa, había que solicitar un crédito extraordinario, había que obtener un crédito extraordinario, y entonces se hubiera podido pagar a la Compañía concesionario Africa Occidental.

Se llevó este asunto al Consejo de Ministros, y aquí acontece la escena más grave, que no es preciso comentar, porque también es la más conocida. Los señores ministros de aquel Consejo no están de acuerdo en si se llegó o no a una resolución. Respetabilísimos señores ministros dicen que no hubo tal acuerdo, y que la prueba es que está escrito a máquina, sin que lo firme el secretario del Consejo, y no está sellado. Ese acuerdo, por tanto –se dice–, no ha existido. "Tuvimos un cambio de impresiones en pie. No pudimos creer que se trajera como proyecto de acuerdo del Consejo lo que era, simplemente, una propuesta de la Subsecretaría de la Presidencia. Nos retiramos sin haber Regado a coincidencia alguna entre nosotros. Nunca creímos que aquello era un acuerdo válido y eficaz." Y el señor Gil Robles, buen profesor de Derecho Público, dice: "Si lo hubiera sido, no hubiéramos podido volver contra él en el Consejo siguiente, porque entonces sena ya un acuerdo firme, que sólo podríamos impugnar declarándolo lesivo y recurriéndolo en vía contencioso-administrativa".

Tomado el acuerdo o no, cuando dicen algunos señores ministros que no se tomó, cuando el que menos debe tener la duda de si estaban cumplidos los requisitos, a toda prisa, sin esperar ni que el señor Lucia ponga su firma debajo; a toda prisa, sin solicitar el crédito extraordinario de las Cortes, se libra un cheque contra el Tesoro colonial y se da una orden contra el Tesoro, que ha sido sustraída del expediente y que ha venido a destiempo, traída por el señor Moreno Calvo, en cuyas manos estaba. (El señor Arrazola: "Esto es totalmente inexacto, y yo emplazo a su señoría a que lo demuestre en este momento".) ¿Que no era un cheque? ¿Que era una orden de pago? ¡Qué más da! (protestas en la minoría radical.) Pero, ¿es que vamos a jugar con las palabras? Contra el Tesoro colonial no se extendió cheque –gracias al señor Nombela–, pero se extendió una orden de pago. (El señor Muñoz de Diego: "Contra el Tesoro colonial se extienden cheques; lo ha dicho terminantemente el señor Nombela en su declaración".) Señor defensor de don Alejandro Lerroux... (Protestas en la minoría radical. El señor Muñoz de Diego: "Yo no soy defensor de nadie ahora".) Señor presidente de la Comisión, ¿se dio o no a la Intervención de Colonias la orden de realizar el pago? (El señor Muñoz de Diego: "Yo sólo sé que hay una orden firmada por don Alejandro Lerroux; no sé si se llegó o no a la intervención". Rumores. "No se firmó ningún cheque, ni se dio ningún cheque, ni se interesó ningún cheque.". –El señor González Ramos: "¡Gracias al señor Nombela!") Y entonces se interpuso en el camino el intachable oficial del Ejército español señor Nombela, a cuya tenacidad, a cuyo exceso de celo, como se ha dicho aquí alguna vez, se debe el que no se pague del Tesoro colonial aquella cantidad de más de tres millones de pesetas. El señor Nombela se cruzó en el camino de aquel asalto, y comunicó sus escrúpulos a varios señores ministros, directa o indirectamente, es igual; lo cierto es que, por comunicación del señor Nombela o por movimiento espiritual propio, aquellos señores ministros recabaron del señor presidente del Consejo el que se llevara de nuevo el asunto a deliberación. Se llevó el asunto a deliberación, y contrariando lo que se había dicho en el primer acuerdo, o conato de acuerdo, o simulacro de acuerdo, se decidió que se instruyera de nuevo expediente de indemnización de daños y perjuicios.

Ya está el expediente en la vía administrativa normal; ya el señor presidente de la Comisión se siente aliviado, y nos dice: "Este segundo expediente se instruye con todas las garantías". Pues, no; ese segundo expediente, que, se instruye cuando permanece en la presidencia del Consejo el señor Moreno Calvo, en calidad de subsecretario, y el señor Lerroux, en calidad de presidente; ese segundo expediente es otra vez un intento de asalto al Tesoro colonial, y la segunda liquidación, la de 13 de septiembre de 1935, esta segunda liquidación es todavía más vituperable que la primera. Y esto es lo que voy a demostrar ahora mismo con los datos que en los esfuerzos de la tarde de ayer y de la mañana de hoy he extraído tomándolos del expediente que habéis tenido en vuestras manos durante estos días. (El señor ministro de Obras Públicas y Comunicaciones: "Eso no se ha traído todavía a Consejo, señor Primo de Rivera".) Ya lo sé, naturalmente. No se ha traído a Consejo, entre otras cosas –y ya es algo significativo–, porque la propuesta es de 16 de septiembre de este año, y a los pocos días... (El señor ministro de Obras Públicas y Comunicaciones: "Es lo único que me interesaba".) surgieron algunos sucesos que están en la memoria de todos y cambiaron algunos magistrados públicos. En resumen: esta liquidación es del tenor que vais a escuchar.

Como sabéis, tanto para el representante de la Compañía Africa Occidental como para la Administración hay que distinguir tres etapas en la azarosa vida del contrato de dicha Compañía con el Estado; estas tres etapas son: hasta la primera rescisión, hasta la segunda, el año 32, creo, y hasta nuestros días. Pues bien: por lo que se refiere a la primera etapa, como os dije antes, había llegado la Administración a fijar una indemnización de algo más de 500.000 pesetas; la que antes os dije, cuando leí la liquidación antigua: 524.118 pesetas. Esta liquidación ha sido aceptada por la representación de la Compañía en un escrito que figura en el expediente, que es la fecha de abril de 1931. Está aceptada esta liquidación; luego en todos los daños y perjuicios que se refieren a la época anterior ya no hay para qué entrar de nuevo; han sido absolutamente ratificados por la Compañía, y, lo que es más, han sido aceptados por la Administración en la liquidación esta que no fue aprobada por el Consejo. De modo que la Administración ha pronunciado dos declaraciones acerca de esta cantidad de daños y perjuicios, y la representación de la Compañía Africa Occidental ha pronunciado una. Pues bien: en esta propuesta de acuerdo de 16 de septiembre, que viene firmada por el nuevo inspector, señor Andréu, y que es, poco más o menos, el testamento administrativo del señor Moreno Calvo, en esta propuesta se dice: "Bien es verdad que aquella liquidación fue aceptada por la Compañía Africa Occidental; pero como no está muy claro que la Administración la aceptase, no hay inconveniente en que se dé por retirada aquella aceptación, tal como ahora quiere la Compañía" –tal como quiere la Compañía, en un escrito reciente, presentado dos días después de otro en que se volvió a aceptar no sé por cuál vez–. Pues bien: "no hay inconveniente en dar por retirada aquella aceptación y en aplicar a esta etapa las mismas reglas para la liquidación de daños y perjuicios que vamos a aplicar a la tercera"; es decir, a la que empieza con la última suspensión del servicio. En cuanto al período intermedio, como allí se presta el servicio, hay, simplemente, que abonarle las subvenciones que hubieran correspondido a aquellos meses. Esta segunda parte es la menos discutida; si queréis, es aceptable. Pero he aquí que, por virtud de este trueque en la base de liquidación de daños y perjuicios, aquella primera etapa, que se había liquidado con quinientas mil y pico de pesetas, se encuentra sustanciosamente acrecentada no menos que con el valor de dos barcos que se han perdido; dos barcos que, unidos a un tercero, también perdido –veréis en qué circunstancias–, permiten que el Estado, generosamente, anote una partida de cargo por 1.006.706 pesetas.

Os voy a contar algunas cosas de esto de los barcos. Los dos barcos se llaman el Teresa Tayá y el Príncipe de Asturias. Estos barcos daban el servicio de la Compañía de navegación, La Compañía dice: "Un día dejaron de darme las subvenciones y, además, me rescindieron el contrato. No tuve más remedio que amarrar los barcos, y como tenía poco dinero, como no tenía dinero, como el Estado no me pagaba, aquellos dos barcos, en cuanto vino un tifón, se me fueron a pique. Luego se los cargo al Estado por entero". Mirad, señores, qué criterio jurídico, y perdonadme que vuelva otra vez a los preceptos elementales. Todos sabéis que en el incumplimiento de obligaciones, el incumplidor de buena fe, el incumplidor que no ha incurrido más que en culpa jurídica, sólo responde de los daños que hubieren podido preverse al constituirse la obligación, y que quien responde a todos los daños que conocidamente se deriven es el incumplidor doloso.

Pues bien: fijaos en que esta liquidación la ha formado el Estado solo; es una declaración unilateral del Estado. El Estado, sin embargo, generosamente, se declara a sí mismo incumplidor doloso, y, como incumplidor doloso, se carga a sí mismo el importe de los barcos con todas s–us consecuencias. Es decir, deriva de la falta de pagos hechos a tiempo que los barcos se amarrasen mal, que no tuvieran condiciones de seguridad; de que no tuvieran condiciones de seguridad, que pudiera venir un tifón, y de que pudiera venir un tifón y los barcos se hundiesen. Comprenderéis que con este generoso criterio de incumplidor, el sastre a quien no paguéis puede cargaros daños y perjuicios por la muerte de un hijo a quien no le pudo comprar medicinas porque no le pagasteis a tiempo. Esta es una pura extravagancia jurídica, es un puro disparate; pero es que a este disparate, a esta aceptación graciosa por el Estado del carácter doloso de incumplimiento, se añade el que también contribuye a la aceptación de esa partida el hecho de que los puertos de la Guinea estuvieran mal. Esto –y perdonadme otra vez, compañeros– no es ya aceptar un incumplimiento doloso de obligación. Eso, además, es aceptar ya una culpa extracontractual; también el Estado responde de que estuvieran mal los puertos, y como se halla dispuesto el Estado a colocarse en las más favorables condiciones de deudor, sumando el incumplimiento de buena fe, sumando el incumplimiento doloso, sumada la culpa extracontractual y sumado todo lo que haya que sumar, paga íntegro el valor de los barcos, se aviene a pagar íntegro el valor de los barcos.

Ahora veréis algo también bonito. Los barcos hundidos por el tifón son dos. Hay otro barco que se llama Regina. Este barco Regina es un barco con suerte. Lo traen de Newscastle a Santa Isabel de Fernando Poo; ya estando de viaje, el contrato se rescinde, y entonces dice la Compañía: "Me habéis hecho realizar un viaje en balde, un viaje inútil; me tenéis que pagar el viaje entero, porque este barco se ha frustrado, ya no me sirve para nada". Esto lo dice la Compañía; pero nos enteramos de una curiosa circunstancia, no por lo que dice la Compañía, sino por el señor Andréu, en su propuesta de acuerdo: "Ciertamente –descubre–, con aquel viaje quedó frustrado el destino del barco, se malogró por entero; y si bien es cierto que el Estado lo arrendó durante seis meses para prestar otro servicio retribuido, esto no se puede tener en cuenta, porque lo pudo dar con otro barco de los que estaban amarrados. Como lo pudo dar con ese otro barco de los amarrados, el hecho de que lo diera con éste no hay que contarlo para los efectos de que el destino del barco, se malograse del todo". Pero veréis qué curioso. Este barco Regina se ensucia de fondos, y tiene que ir a Lagos a que se los limpien. Se los limpian, claro está, a cargo de la Compañía propietaria, a la que extiende la factura, y entonces la Compañía propietaria, como siempre, dice: "No tengo dinero porque el Estado no me paga la subvención; no pago la limpieza de fondos". Entonces, por lo visto, la Compañía que había limpiado fondos obtiene, en procedimiento judicial, que el barco salga a subasta, y en esa subasta, de la que no conozco más pormenores, no sé si estarán perdidos entre los fondos que no he podido ver, se pierde el barco para la Compañía Africa Occidental. ¿Se pierde ese barco, no por naufragio, sino por procedimiento ejecutivo? Pues a cargárselo al Estado; pero por su valor entero. Es decir, que lo que debía la Compañía Africa Occidental a la que limpió fondos, y que, naturalmente, supone una partida que habría de deducirse, porque disminuye el total patrimonial del barco, no se descuenta. El Estado acoge en sus afectuosos brazos al Regina entero y le extiende una nueva partida de cargo a favor de la Compañía.

Hay cosas mejores todavía. Estos tres barcos se han perdido, como veis, en tres ocasiones algo dispares, y en la contabilidad de la Compañía aparecen extendidas unas partidas recogiendo, contabilizando su pérdida en la fecha en que cada una de estas pérdidas aconteció. La contabilidad de la Compañía es desastrosa. Según nos dice el señor Gómez Durán, que es quien la ha inspeccionado, la representación de la Sociedad no le presentó el libro copiador de cartas, ni el libro de actas, ni los documentos del archivo; el libro auxiliar de tráfico no está legalizado; en el de inventarios y balances sólo aparecen dos inventarios incompletos y un balance de comprobación de los saldos; en el libro Diario aparecen asientos de fecha anterior a la apertura; la mitad de un folio y los dos siguientes completos aparecen en blanco, con una nota a lápiz, donde se dice que "se reservan para las operaciones de cierre de ejercicio". El señor Gómez Durán tiene que exclamar, y lo dice literalmente: "La contabilidad examinada es, por tanto, jurídicamente defectuosa y técnicamente incompleta, confusa y deficiente. No aparece que la Sociedad haya satisfecho impuesto alguno a la Hacienda del Estado". Pues bien: ésta es la Contabilidad de la Compañía; pero con arreglo a esta Contabilidad de la Compañía, tal como nos la encontramos, resulta que, sumando el valor de los tres barcos en las fechas de las tres pérdidas según los libros de la Compañía, estos tres barcos valían en aquellas fechas 936.190,70 pesetas. Sin embargo, en la liquidación del año 1935 se dice: Valor de los buques, 1.006.706 pesetas. Luego, sobre la suerte de que los barcos se les hundan, resulta que cuando se hunden aumentan de valor con relación a los asientos de la propia contabilidad de la Compañía. (El señor ministro de Obras Públicas y Comunicaciones: "Nuevamente ruego al señor Primo de Rivera me permita una interrupción para que las cosas queden perfectamente aclaradas. Todo esto se refiere a asuntos que no han llegado todavía al Consejo de Ministros".) Ya lo sé. (El señor ministro de Obras Públicas y Comunicaciones: "Es que me interesa, al comenzar y al terminar, acotar con esta sencilla manifestación". –Muy bien.)

Y ahora, un pequeño detalle, el detalle sobre el cual consignaba alguna salvedad el señor presidente de la Comisión. En efecto: –uno de estos barcos, el Príncipe de Asturias, estaba asegurado, y la Compañía aseguradora, la Plus Utra, abonó por el siniestro 220.000 pesetas a Africa Occidental. Pues bien: cuando el señor Andréu redacta su propuesta de acuerdo, dice: "Ciertamente, se le han pagado 220.000 pesetas; pero no está bien que con esto se lucre la Administración –es decir, la Administración se lucra, por lo visto, cuando tiene que pagar indemnizaciones menores–; ésta es una cosa para que la arreglen la Compañía aseguradora y Africa Occidental, ejercitando aquélla las acciones pertinentes". Y yo digo: ¿cuáles serán las acciones pertinentes? Pero si la Compañía aseguradora tenia que pagar el siniestro, ¿habrá modo de que alguien configure aquí un pago de lo indebido o algo semejante? Evidentemente, no. Sería al contrario: sería la Compañía aseguradora la que dijera: "Puesto que se pone en claro que el hundimiento fue culpa del Estado, yo repetiré contra el Estado lo que he tenido que pagar a mi asegurada"; pero que el Estado, benévolamente, entregue a la asegurada las 220.000 pesetas, el valor entero del siniestro, y le deje las 220.000 que ya cobró de la Compañía aseguradora, es una monstruosidad tal, que no necesita comentario.

Bien; estos barcos se han hundido y no es posible que sigan dando servicio. Ya el Estado hace todo lo que puede, que es pagar el importe total de los barcos. Claro es que desde que se hundieron los barcos ya no podía haber servicio; una de dos: o los barcos se pagan por entero y se ha concluido la cuestión, o los barcos siguen dando servicio, y entonces no se puede pagar su precio. Pues, no; en la siguiente línea de abono, en que se computan los beneficios perdidos por la Compañía, se le siguen asignando por cada uno de los cincuenta y seis meses y diecisiete días transcurridos, 31.478 pesetas mensuales de beneficio, los mismos que obtuvo en sus mejores meses la Compañía, y que, por lo visto, podían seguir obteniéndolos hasta la eternidad, con barcos o sin barcos. Y ésta es la partida de los barcos, que luego viene la partida de los beneficios.

La partida de los beneficios monta a 1.791.091 pesetas. Esta partida de beneficios ha nacido de la manera siguiente: el señor Gómez Durán, secretario de la Inspección de Colonias, ha examinado minuciosamente la contabilidad de la Compañía, y ha puesto en claro que la explotación de los barcos produjo en los años 1927 y 1928 –éste en cuanto a sus siete primeros meses– una pérdida de 703.122,98 pesetas. En 1927 se perdieron 493.950,69 pesetas; en 1928, 209.172,29; total, la cantidad de setecientas tres mil y pico que he dicho antes. Claro está, esto no era la pérdida de la compañía por la explotación de este servicio, porque ese servicio tenía una subvención de 54.000 pesetas mensuales del Estado; la subvención, por tanto, durante esos diecinueve meses, de 1.026.000 pesetas; total, el beneficio, computados todos los ingresos y todos los gastos en diecinueve meses, era de 323.877,02 pesetas, o sea de 17.046,16 al mes; os ruego que retengáis esta cantidad. (El señor Royo Villanova pide la palabra.) Entonces, la Compañía formula una serie de reparos a las cuentas puestas en claro por el señor Gómez Durán. El señor Gómez Durán empieza a disfrutar de licencia, y aparece una diligencia en que el señor Andréu, que es el autor de la propuesta última, dice: "Hallándose en uso de licencia el contador secretario general de esta Inspección, don José Gómez Durán, quien hizo la revisión del libro Africa Occidental, s. a., el instructor que suscribe –es decir, el propio señor Andréu– procederá a examinar y puntuar uno por uno los asientos de Diario de dicha Sociedad que se refieren a la presente certificación". Y de esta puntuación del señor Andréu, en ausencia del señor Durán, sin que sepamos por qué, aparece la liquidación transformada en este sentido: los beneficios mensuales que obtuvo la Compañía durante el periodo de explotación, y que eran de 17.046,16 pesetas, han pasado a ser de 31.478. Casi se han doblado sin más que oír unas alegaciones de la Compañía sobre datos que ya tuvo a la vista el señor Gómez Durán; casi se han doblado y se ha establecido que la Compañía debería ganar más de 31.000 pesetas al mes, dato que yo recordaba cuando el señor presidente de la Comisión decía: "Mal negocio debía de ser aquél cuando no lo quiso nadie; quedó desierto el concurso y hubo de concedérsela directamente". Pues bien: en este mal negocio, con un capital de un millón y pico de pesetas, se ganan 31.000 al mes, que ya ¿es bonita. Estas 31.000 pesetas, que se computan como beneficios presuntos y que se tienen en cuenta para los efectos de liquidar daños y perjuicios, ¿sabéis por cuánto tiempo se computan? Por cincuenta y seis meses y diecisiete días. Pero he aquí un detalle: en el contrato con la Compañía hay un artículo, el cuarto, por virtud del cual el contrato con la Compañía puede ser objeto de rescisión por voluntad del Estado en un momento que se repite cada dos años. El Estado dice: "Puedo rescindir el contrato por necesidades de servicio público; puedo rescindirlo también sin alegar motivo especial al final de cualquier período de dos años". Luego, evidentemente, para los efectos de computar rescisión en cuanto a los daños y perjuicios, no puede suponerse, en forma alguna, que el contrato iba a vivir para siempre, puesto que al final de cualquier período de dos años el Estado podía darlo, válidamente, por rescindido. Pues bien: se cuentan los cincuenta y seis meses en que se supone que el contrato inmortal iba a estar surtiendo sus efectos benéficos para la Compañía, se computan los cincuenta y seis meses y se asigna a la Compañía, que se supone perjudicada, esta hermosa partida, que completa hasta los tres millones y pico la total de daños y perjuicios.

Yo me he tomado la molestia, y os la estoy dando a vosotros, de revisar, con arreglo a bases jurídicas y económicas correctas, la liquidación de daños y perjuicios. He podido incidir en algún error, porque evidentemente algún dato no estaba a mi vista; otros exigirían un examen más minucioso; pero estas bases que os voy a dar son impecables, aunque sujetas a un error que siempre tiene que ser pequeño. Pues bien: según irreprochable base de liquidación, los daños y perjuicios que habrían de abonarse por el Estado a la Compañía Africa Occidental son los siguientes: por la primera etapa, que ya fue liquidada, que ya aceptaron la Administración y la Compañía, 524.118 pesetas; por la segunda etapa en que se prestó el servicio, la subvención de 414.000 pesetas; por la tercera etapa, los beneficios que se pudieron obtener y no se obtuvieron desde el instante que le fue rescindido el contrato por segunda vez hasta el instante en que hubiera podido ser válidamente rescindido sin motivo; es decir, según n–ú cuenta, hasta fines del año 1932 –quizá me haya equivocado en algún mes, si es que el viaje de los barcos desde donde se cuentan los dos años fue un poco más tarde–; pero, en fin, hasta fin de 1932, a 17.046,16 pesetas al mes, que son los beneficios que obtuvo la Sociedad en los meses en que dio el servicio, según la revisión de cuentas hecha por el señor Gómez Durán, 189.689,20 pesetas. Total, señores diputados –admito un error de 30 ó 40.000 duros, pero éstas son las bases verdaderas de liquidación–, 1.118.807,20 pesetas, o sea, dos millones menos de lo que quería regalar el señor Moreno Calvo a la Compañía Africa Occidental. (El señor Pérez Madrigal: "Eso no se puede tolerar". (Rumores.)

Yo siento que os hayan podido fatigar estos números. He considerado que debía decirlos para que queden en el Diario de Sesiones y para que los podáis consultar otra vez mañana. Os invito a todos a que impugnéis este cálculo mío con el tiempo que queráis; acepto, si queréis, el deber que la Cámara me confiriera de revisar yo mismo este expediente y hacer, bajo mi responsabilidad, una liquidación exacta de los daños y perjuicios. Os digo que puedo haberme equivocado en algo, por omisión de alguna partida o por falta de algún dato en ésta que he hecho esta tarde; pero os aseguro –y todos estáis convencidos después de esta pesada disertación mía– que, jurídica y económicamente, hay alrededor de dos millones de pesetas en la nueva liquidación que pensaba someter, sin duda, a nueva resolución del Consejo de Ministros el señor Moreno Calvo.

Y esto es lo tremendo: que después que se frustra el primer intento; después que se habla en las Cortes; después que el señor Gil Robles impide que aquello se lleve a término, haya un cinismo obstinado en preparar un segundo asalto al Tesoro colonial; asalto que, por lo visto, se suponía que había de quedar impune. Es decir, que los rumores de la opinión, las denuncias públicas, en nada amedrentan al señor Moreno Calvo y a los que andan a su alrededor en sus propósitos decididos de asaltar de nuevo al Tesoro colonial. Así se estaba otra vez trabajando, hasta que por una denuncia del tenaz y benemérito señor Nombela ha venido aquí el expediente, y es de esperar que ya esta vez no se consume.

Yo no tengo, naturalmente, ni ninguno de los que van a ejercitar la acusación, el menor propósito de que se cause perjuicio a los legítimos intereses de esta Compañía de navegación. Lo que creo es que lo menos que se puede exigir es que el Estado se defienda; que el Estado pague la indemnización justa, y, además, con ello, no se perjudicará en nada al señor Tayá, representante de la Compañía de navegación, porque cuando esta vez se señale la indemnización justa, es de prever que esta indemnización justa llegue íntegra a sus manos. (Grandes rumores.)

Y ahora, señores diputados, adelantaríamos muy poco con toda esta investigación, con toda esta depuración, si nos limitásemos a reprobar el expediente que se ha traído a estudio de la Cámara. Hay que hacer urgentemente una declaración de que la política española quiere sanearse. Es indispensable que esto no se tolere un instante más.

Señor Gil Robles, y perdóneme su señoría que me dirija a él con tanta frecuencia; su señoría es intachable, como sabemos todos; su señoría es joven, su señoría ama a España; su señoría tiene, seguramente, por delante una larga vida política. En el partido radical hay personas probas e intachables; en el partido que sigue a su señoría también las hay; en todas partes puede haber muchas. Fíjese su señoría, señor Gil Robles, en si puede seguir con este peligroso bordado, por salvar Dios sabe qué cosas, de estar aceptando la peligrosa vecindad de gentes y de estilos absolutamente descalificados; piense su señoría que no hay nada que esté por encima de la moral pública; que el mal contra ella es siempre el mal mayor, y que a esto debe subordinarse todo. Piense su señoría que tiene sobre sus hombros la confianza de muchas gentes, y que esas gentes, en cuanto se abra un periodo electoral o una discusión más pública que ésta, van a sentir que les arrojan a la cara, y que arrojan a la cara de su señoría, una acusación de encubrimiento de todas estas cosas. (Rumores.) Su señoría, desde el 26 de julio oyó las denuncias aquí; su señoría supo aquel intento de cobro ¡legal, contra el Tesoro colonial, de una indemnización mal acordada; su señoría, estoy seguro de que con la mejor intención del mundo, no denunció esto, no llegó a una ruptura pública con los que trataban de asaltar así el Tesoro colonial; su señoría ha venido prolongando esta peligrosísima convivencia, y hay algo aquí más grave que lo que pueda padecer su señoría, porque sé que su señoría lo ofrecería, en todo caso, como sacrificio a España: hay el riesgo que estamos corriendo de que, por convivir con gentes que no son dignas de convivir con nosotros; que no tienen nada que hacer en la vida pública de España; que deben retirarse a sus casas, y esto por la infinita benevolencia de quienes no los mandan a la cárcel, está comprometiendo su señoría la posibilidad de que nos agrupemos todos un día: los radicales que se salven de la reprobación general, los jóvenes y los viejos de Acción Popular que le siguen, hombres de derecha y de izquierda, en un posible Frente Nacional, que ha de tener como primera bandera la bandera de la moralidad pública. (Muy bien.)

El señor PRIMO DE RIVERA:

Señores diputados, compañeros diputados: estamos ahora en el instante más solemne de esta noche. Se va a votar de un momento a otro la proposición defendida de una manera insuperable por el señor Toledo: Los síes o los noes que salgan de vuestras bocas, las bolas blancas o negras que depositéis en las urnas van a decidir, simplemente, el honor de esta Cámara. Comprenderéis que a mí, en cuanto a Parlamento, quizá eso me importe menos que a otros. No creo que sea el Parlamento el instrumento mejor para guiar la vida de los pueblos. Pero esto es ahora secundario; lo que me importa es que aquí, en el ámbito del Parlamento, están quizá la mayor parte de las reservas humanas que España tiene para su conducción política, que en la deshonra del Parlamento iría envuelta la deshonra de casi todos nosotros, y eso que pudiera favorecerme como hombre de partido, os digo que es un triste espectáculo, que ni como español ni como hombre me complace. Yo quisiera que en este instante decisivo se salvara todo lo que se pudiera salvar, porque ya os digo que los espectáculos de desastre sólo pueden ser gratos a las almas enfermizas.

Fijaos en esto: la diferencia sustancial entre el voto particular del señor Toledo y lo que es el dictamen de la Comisión reside en esto. El voto particular del señor Toledo envuelve en las responsabilidades políticas a don Alejandro Lerroux; el dictamen de la Comisión excluye de la responsabilidad política a don Alejandro Lerroux y deja caer esa responsabilidad política sobre la cabeza del subsecretario Los subsecretarios –ya se ha dicho hoy con palabras más doctas– no pueden ser objeto de responsabilidad política; eso lo sabéis todos. Lo que tratáis de hacer con ese dictamen es ahuyentar la grave tacha de acusación política –política por ahora– sobre la cabeza de don Alejandro Lerroux, y yo digo solamente esto: si tal hacéis, acaso salvéis con los votos de esta noche a don Alejandro Lerroux; pero caerá sobre todos vosotros, sobre todos los que votéis, la reprobación terminante de la opinión pública entera. La opinión pública sabe ya muy bien (Rumores); ha sentenciado ya muy bien (Protestas); la opinión pública entera ha sentenciado ya este pleito (Nuevas protestas); la opinión pública reclama con escándalo que se abomine esta noche de un tono político impuesto a las costumbres españolas por don Alejandro Lerroux. Esta es la verdad, y está en la conciencia de todos vosotros. Pero, ¿es que vamos a decir todavía esta noche, una vez más, que don Alejandro Lerroux no delinque? Llegó lo del straperlo y apareció su hijo adoptivo, Una especie de cuerpo mixto civil y militar que le rodea, el subsecretario de la Gobernación, el ministro de la Gobernación, todos; él, incólume. Llega este asunto, y tenemos al subsecretario de la Presidencia, quién sabe si al señor Nombela, quién sabe si al juez instructor; él, incólume. ¡Señores! Ya es hora de que concluyamos con esta especie de juego de personajes de vieja farsa italiana. El señor Lerroux no delinque nunca; pero en las inmediaciones del señor Lerroux hay siempre, para delinquir, o un hijo adoptivo, o un cuarto cívicomilitar, o un subsecretario propicio, o un ministro medio tonto; siempre se encuentra eso en los alrededores del señor Lerroux para que se lleven el peso a la hora de las condenaciones.

Es inútil; esto lo ha sentenciado ya España entera; en el fatigoso debate de esta tarde y de esta noche ha quedado, además, suficientemente claro. Decid lo que queráis; echad las culpas de detalles al señor Moreno Calvo; hay una cosa inequívoca; cuando, según decís todos, según consigna la propia Comisión en su dictamen, no hay acuerdo del Consejo de Ministros, don Alejandro Lerroux suscribe una orden de pago en que se dice: "En cumplimiento de acuerdo del Consejo de Ministros, hágase esto". Esto, en términos penales, es una falsedad; esto, en términos políticos, es un motivo de descalificación. (El señor Guerra del Río: "¿Y los demás ministros, que también habían creído que había un acuerdo?") Atáquelos su señoría.

Vamos a votar dentro de unos instantes, y vamos a votar dentro de unos instantes lo que fuera de aquí se ha sentenciado ya.

Si mañana dicen los periódicos: "La Cámara española, con el voto de casi todos, con el voto de los más, ha reprobado terminantemente, ha clausurado terminantemente este período vituperable", la Cámara española recobrará a los ojos del pueblo gran parte de sus prestigios y vuestros partidarios (Dirigiéndose a los diputados de la C.E.D.A.), vuestros partidarios, aunque me queráis interrumpir, y todos los que están fuera de aquí anhelando justicia, se sentirán gozosos y os tributarán su aplauso, y mañana habrá un alborozo popular de domingo, que sienta como si se hubiera levantado en España una losa que la estaba oprimiendo, y vosotros mismos, después de hacer justicia, os sentiréis más ligeros, como quien vuelve a una atmósfera limpia después de haber pasado mucho tiempo en un reducto infecto y enrarecido. Haced lo que os parezca; esto podrá traer consecuencias políticas más o menos graves; no importa. Atreveos a la jugada decisiva: atreveos a jugároslo todo por el honor, y veréis cómo así, si os lo jugáis todo esta noche, si os atrevéis a votar con vuestra conciencia, que responda en esto a la conciencia popular, después de esta noche tendréis mañana en vuestras almas y en vuestros partidos un día alegre. He dicho. (Muy bien. Aplausos.)

¡Arriba España!

domingo, 28 de noviembre de 2021

El procesamiento a Don Faustino

El gobernador y el alcalde de
Santa Isabel Carlos Fleitas (1957).
Recordábamos en El crucero Canarias en 1936 y 1969 que el gobernador «Faustino Ruiz González ocupó durante la guerra varios destinos, incluyendo el de director de tiro del crucero “Canarias”, posteriormente fue Gobernador de los territorios españoles del Golfo de Guinea durante trece años (1949-1962), y cuya administración es recordada por la represión que costó la vida -entre otros- a Acacio Mañé y Enrique Nvó». No hay forma de saber si participó de forma activa en el bombardeo (1936) de la desbandá desde el Canarias, pero sí hay algo más de documentación sobre su administración en el territorio ecuatorial.

Sobre este tema, José Menéndez Hernández -corresponsal de ABC y de TVE en la Guinea Española- en su libro Los últimos de Guinea: el fracaso de la descolonización, relata lo siguiente:

Allá por los años 1959 y 1960, cuando España todavía no estaba concienciada en conceder la independencia a la Guinea Ecuatorial, se produjo una molesta avulsión independentista en la persona de Acacio Mañe, que fue propalando por el Continente ideas (a juicio del Gobierno) subversivas. La situación devino incomoda, porque en muchos lugares se prestaba oídos a las arengas de Acacio Mañe.

Don Faustino Ruiz González, Almirante de la Marina Española y Gobernador General de la Guinea Ecuatorial, muy mal aconsejado, estimó que era preciso cortar por lo sano y se convino que había que hacer desistir a Acacio.

Se le aplicaría un tratamiento disuasorio. Pero a los ejecutores de la orden se les fue la mano y Acacio se les quedo en el sitio. Este resultado desafortunado provocó un cambio en las previsiones gubernamentales. Y se hizo necesario un expeditivo procedimiento.

Se organizó el modus operandi: cuando el Gobernador General recibiese un escueto telegrama, «El pescado está fresco», sería señal de que Acacio Mañé habría sido arrojado al océano, al modo como algunas repúblicas hispanoamericanas se deshacían de los disidentes, depositándolos en el mar con una pesada losa encadenada a los pies.

Don Faustino recibió el telegrama confirmatorio de la ejecución de Acacio Mañe en su despacho oficial. Se lo había pasado su ayudante...

Lo malo era que el telegrama dando cuenta de la ejecución de Acacio Mañe también llego a conocimiento de don Rafael Galbe Pueyo, Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Guinea. Y montó en cólera. Inmediatamente convocó al Fiscal y a los magistrados que tenían que constituir el tribunal.

Rafael Galbe era un hombre honesto, temperamental y vehemente; se decía que era miembro del Opus Dei. Estaba soltero y era de una gran rectitud moral.

El Fiscal era Antonio Fernández Dans. Muy alto y delgado, con un humor británico...

Juan de Miguel Zaragoza, Juez de carrera, igual que Rafael Galbe, era, por tanto, miembro natural del tribunal Superior. Pero para que este estuviera completo debían, según ley, formarlo tres magistrados.

Para los casos en que no hubiera suficientes jueces de carrera, el propio legislador había dispuesto que pudiera completarse el órgano jurisdiccional con magistrados suplentes. Y en tal condición se  incluían al notario -Sebastián Humanes López- y al registrador de la propiedad [José Menéndez Hernández, yo].

Sebastián Humanes, de pie a la izquierda, en el acto de firma de la escritura de un empréstito del Banco de Crédito Local al Ayuntamiento de Santa Isabel.

Rafael Galbe estaba excitado... Era necesario procesar a don Faustino, porque era la máxima autoridad responsable y porque, lógicamente, de él había partido la orden. Estábamos reunidos Rafael Galbe, como presidente del tribunal; Juan de Miguel, como Magistrado titular, el Fiscal y yo, que fui el último en llegar. A mí se dirigió Rafael Galbe. Me expuso todo lo que había ocurrido y resumió:
«Esto es un crimen y no podemos dejarlo impune. Ya he hablado con Juan y con Antonio y están de acuerdo conmigo en que es preciso procesar a don Faustino... No te oculto que formar parte del tribunal en un sumario como este te puede traer complicaciones y consecuencias desagradables...».

En los varios siglos de historia de la Guinea nunca se había producido una situación análoga. Un Gobernador General de Guinea era una especie de Virrey y resultaba insólito e inimaginable que alguien osara incriminarle.

El Gobernador podía fulminar a cualquiera… el Gobernador General podía decretar la expulsión inmediata de todo aquel que resultase "persona non grata"...

El revuelo que se formó en los ámbitos oficiales fue importante. El Gobernador no se resignaba a que un Juez y sus colegas, personas todas sujetas a su indiscutible autoridad, trataran de empapelarlo. Pero aquellos no cesaban e iniciaron las actuaciones. La respuesta de don Faustino no se hizo esperar.

Es cierto que la Historia se repite. Y la persecución ideada contra Rafael Galbe recordaba la que siglos atrás ordenaron los gobernantes de su tiempo contra Sócrates. También al Presidente del Tribunal se le quiso implicar en una trama de corrupción de menores de manifiesta homosexualidad, en unos tiempos en los que las experiencias gays eran fustigadas virulentamente.

En Guinea la experimentación sexual era facilísima en contraste con el rigor religioso moral que, por aquellos años, regia la conducta de las chicas peninsulares…

La permisividad de las jóvenes guineanas hacía estragos en los muchachos españoles, acostumbrados a la rigidez de costumbres de las españolas, muchas de las cuales no permitían ciertas familiaridades a sus oponentes a la hora de bailar y ponían un brazo entre ellas y su acompañante a modo de escudo para que aquel no se aproximase excesivamente…

Las miningas de catorce, quince, dieciséis y más años estaban receptivas a cualquier solicitud amorosa. Algunos quintos se aficionaban tanto a las morenitas o a las mulatas que terminaban prefiriéndolas a las blancas. Era una peculiaridad conocida y los amigos comentaban, «Fulano tiene el mal del ébano».

Tenía su explicación. El contacto de las razas aborígenes con la naturaleza muchos siglos se traduce en que tengan un físico envidiable. Los braceros, los “boys”…tienen unos pectorales, unos bíceps, unos tríceps…y en general una musculatura que recuerda las estatuas griegas, si bien la patina epidérmica exhibe mayor melanina.

Con las mujeres pasa lo mismo. En la adolescencia y en la primera juventud tienen unos cuerpos gloriosos, sin un átomo de grasa, y también parecen esculturas vivientes. Además la mayoría de las féminas no tienen vello en los brazos ni en las piernas y desconocen los sacrificios de la depilación. Por eso su pie les suave y como pulimentada, como una seda humana… También era cierto que se estropeaban mucho más rápidamente que las mujeres de las sociedades civilizadas porque se cuidaban menos y porque solían tener muchos hijos y desde muy jóvenes.

Galbe era consciente de la debilidad de los jóvenes militarizados frente a los encantos y condescendencias de las nativas. El ambiente era de gran facilidad. Los soldados tenían las tardes libres y no tenían que pernoctar en el cuartel. Y las chicas nadie les pedían cuenta de sus actos; tenían la misma libertad que los hombres para entrar, salir o quedarse a dormir donde quisieran.

Galbe, como miembro del Opus Dei, daba un gran valor a la pureza, que practicaba personalmente. Pertenecía a la austera generación de la posguerra y estaba educado en el vencimiento de las pasiones. Siguiendo sus firmes convicciones quiso hacer una labor proselitista con estos y otros jóvenes de la ciudad para evitar que se descarriasen.

Su labor apologética la realizaba en su residencia, situada en el mismo Palacio de Justicia. Allí se reunía con sus catecúmenos y trataba de disuadirlos de los fáciles encuentros con las miningas.

En el África negra (como ahora en los sectores progres de España) no se aprecia la virginidad de la mujer, ni una vida recatada. Cualquier adolescente femenina lleva una vida tan libre, tan desenvuelta como la de un chico. Hay poquísimas excepciones, como algunas alumnas de las oblatas que, por motivos religiosos, observan la castidad. Pero se pueden contar con los dedos de la mano. La regla general es la de la libertad de las mujeres solteras…

A estas chicas de costumbres libres que a veces se iban a vivir con carácter permanente con un blanco se las conocía en Guinea con el nombre de miningas…

En esa predisposición a redimir a la juventud de sus fáciles instintos, encontraron las covachuelas gubernamentales su talón de Aquiles. Por varios conductos (uno de ellos el Policía Jaime Rojas) se empezó a divulgar por la sociedad la especie calumniosa de que Rafael Galbe era homosexual y que se reunía con los efebos para realizar prácticas inconfesables y perversiones en grupo. Si el infundio prosperaba significaba la total descalificación del magistrado, puesto que se pretendía involucrar su pretendida desviación sexual con la causa criminal por asesinato. El argumento era tendencioso: Galbe había instrumentado la instrucción de un proceso para vengarse del Gobernador General que había descubierto sus insanas inclinaciones.

La reprobación moral contra Galbe hubiese alcanzado proporciones imprevisibles si este mismo no la hubiese abortado de una forma contundente.

Conocedor de que uno de los que propalaban la información calumniosa era el Policía Rojas, el Magistrado le convocó ante la sede del Tribunal. De entrada, como era posible, el miembro de la secreta negó los hechos.

Galbe impaciente, cortó por lo sano:
-Muy bien. Yo tengo pruebas concluyentes de tus infundios. Inmediatamente te voy a procesar por calumnia, con lo agravante que significa que el delito sea cometido por un funcionario público en el ejercicio de sus funciones. Lo siento, pero vas a arruinar tu vida.

Acto seguido llamó al Secretario Judicial.

En ese momento Rojas se derrumbó. Fue patético. Se puso de rodillas y alzó las manos, unidas en actitud suplicante.
-Por favor, te lo suplico. Tengo mujer e hijos. No sé qué va a ser de mi familia si me expulsan del Cuerpo. Yo obedecía órdenes. Te prometo que aclararé las cosas y que cesaran los rumores.
-Por el momento suspendo la iniciativa penal. Pero como las cosas no cambien, procederé con todo rigor.
-Yo te prometo…-farfulló Rojas.

El procesamiento de don Faustino no se hizo esperar. Y las reacciones sociales del Gobernador General, tampoco.

Coincidiendo con las fiestas de Santa Isabel, en el mes de no­viembre de 1960, se inauguró una exposición de pintura y escultura en la sede del Ayun­tamiento capitalino. Acudieron al evento todas las fuerzas vivas de la ciudad.
En el amplio salón del edificio municipal se iban formando grupúsculos que comentaban los aspectos más relevantes de la muestra. El Fiscal, Fernández Dans; el Presidente del Pa­tronato Indígena, Alzina de Boschi; el Secretario de dicho organismo, Morales; el Magis­trado Juan de Miguel Zaragoza y yo charlábamos animada­mente cuando se acercó al cír­culo el Gobernador General acompañado de su Ayudante, señor Matres. Deferentemente todos inte­rrumpieron sus opiniones para escuchar a don Faustino.
Don Faustino era alto y grueso, muy corpulento. Y ostensible­mente se puso delante del Fis­cal, con lo que físicamente anulaba su presencia. Fernán­dez Dans era delgado y eclip­sado por la corpulencia de don Faustino dejaba de ser visible.
Por ello se desplazó hacia la iz­quierda. Nuevo movimiento de don Faustino para situarse de­lante de él y ningunearle física­mente. Dans se aparta lateralmente hacia su iz­quierda otra vez. Y la escena se repite. Y así hasta cinco veces sucesivas. Viendo que el fiscal no se retiraba del grupo, don Faustino se volvió hacia Fer­nández Dans y le gritó en pre­sencia de todos: 

-¡Váyase, hombre, váyase! ¿No se ha dado cuenta de que no tolero su presencia? ¡Váyase, imbécil! 
Dans, educadamente y rojo como un pimiento, se retiró con un cortés «con permiso».

Don Faustino, conseguido su propósito, se volvió hacia los circundantes y estalló en una carcajada estentórea: 
-Ja, ja, ja... Un idiota que es­taba estorbando, que se lo he dado a entender repetidamente
y que no lo captaba. Ja, ja, ja. 

El Magistrado y yo nos queda­mos serios. Los otros contertu­lios sonrieron aduladora y cobardemente.
Al final todo se abortó y el qui­jotismo de aquél tribunal, notable en osadía, quedó en agua de borrajas... 

De la inventada homosexualidad de Galbe tampoco se volvió a hablar. .. La vida seguía, pero no para Aca­cio Mañé. Aunque ocho años después (y ya sin violencia alguna) se proclamarla la inde­pendencia de Guinea Ecuatorial. 

Fracasado el intento de procesarle, Don Faustino se retiró dos años después de la gobernación.
Tras su fallecimiento en 1969 fue declarado "Hijo Predilecto de la Ciudad" de San Fernando (Cádiz) en donde tiene dedicada una calle todavía a día de hoy.
Joaquín Bardavío en El reino de Franco: Biografía de un hombre y su época recoge una narración similar. 
Sin embargo, hace un par de años, Rafael de Mendizábal intentará rebatir este relato en Misión en África-La descolonización de Guinea Ecuatorial (1968-1969) con: «El 20 de noviembre de 1958 fue detenido Mañé. Se dijo que murió a manos de la Guardia Colonial en su campamento de Bata, cerca de la Misión Católica y que el cadáver había sido arrojado al mar. Así lo creyó siempre Francisco Macías. La realidad resultó ser distinta. Murió accidentalmente en uno de los navíos apostados allí, según me contó el capitán de fragata Mollá, convirtiéndose –como es lógico– en un mártir de la independencia. Nadie se merece la tortura de ser "pasado por la quilla". "Se les fue la mano". Era un idealista y un hombre honrado. En ese desgraciado episodio, sobre todo para el negro, pero también para España por ser no solo una crueldad gratuita y un crimen sino además un grave error político, aun cuando no deliberado, ninguna participación tuvo don Faustino y su responsabilidad no rebasaba el perímetro exclusivamente político. La jurisdicción naval instruyó el correspondiente procedimiento que resultó sobreseído libremente. Con arreglo al Código de Justicia Militar esta era la competente por razón de las personas y del lugar, e incluso del presunto delito. El Juez de Distrito, con funciones de instructor penal, no actuó en ningún momento, el Fiscal tampoco y menos aún el Tribunal de Justicia presidido a la sazón por un excelente magistrado, Rafael Galbe Pueyo».

Mendizábal es un interesante -pero también interesado- relator. De hecho, Rosa Pardo Sanz -recurriendo al Fondo Marcelino Oreja Aguirre- afirmará en La política descolonizadora de Castiella que «El asesinato de A. Mañé fue reconocido por Castiella en su exposición (La Guinea Ecuatorial en la política exterior española, 1957-1967) a la Comisión Interministerial sobre el futuro de Guinea, en abril de 1967, y en Exposición del Ministro al Consejo de Ministros, 28-3-68 (en AC sin numerar). Al parecer se le aplicó una especie de ley de fugas; el caso se llevó a los tribunales (el juez instructor -R.Galbe- era en 1968 Subcomisario General) y se dio una pequeña pensión a la viuda para enterrar el asunto».


En el documento sellado como SECRETO de ese mismo fondo -sin entrar en detalles- se recoge cómo la provincialización y autonomía genera desasosiego en la población local y «produce una reacción de los sectores políticos guineanos y como consecuencia su represión por la fuerza por nuestras autoridades (…) quedando envuelta en el misterio la desaparición de Acacio Mañé, rico propietario de Bata». [El entrecomillado es nuestro, pero el subrayado es del documento original.]
En esa línea, resulta -cuando menos- curioso que Acacio Mañé, definido como "hombre de pocos escrúpulos",  desapareciera apenas una semana después de la misteriosa muerte de Enrique Nvo, otro líder independentista guineano presuntamente asesinado por órdenes del gobierno colonial.


No te pierdas El callejero y la memoria histórica deslocalizada.

lunes, 22 de noviembre de 2021

El Taiwán ibérico (II)

Pues no fueron los únicos intentos... cuenta Eduardo Martín de Pozuelo en la edición del 5 de agosto de 2005 de La Vanguardia que "CIA y FBI supieron en 1962 de una insólita alianza militar de cubanos y exiliados para atacar territorios africanos españoles":

«No siempre los servicios de información norteamericanos están seguros de la veracidad de lo que averiguan, pero aún en esos casos no dejan de emitir la nota secreta correspondiente. Esto es exactamente lo que sucedió a finales de 1961 cuando el FBI y la CIA tuvieron noticia, cada uno por su lado, de un extraño plan de invasión militar de alguna colonia africana española del que formaría parte nada menos que Enrique Líster, el líder comunista español entonces exiliado en la Unión Soviética. Los norteamericanos no terminaron de creer que el ataque pudiera producirse, pero sí que estuvieron convencidos de que la URSS andaba muy interesada en el Sahara español, en el que desde mediados de los años cincuenta las escaramuzas contra el llamado Ejército de Liberación del Sahara se sucedían sin solución de continuidad. Estados Unidos descartó la supuesta invasión pero dejó escrito que, de intentarse, el territorio escogido sería el de Guinea.

Esta curiosa historia arranca el 19 de octubre de 1961 cuando una fuente cubana a la que no se identifica en la nota hallada por este diario en los Archivos Nacionales de Estados Unidos informó al FBI de un pacto entre comunistas españoles exiliados y cubanos con el objetivo de invadir "uno de los territorios africanos de España". La fuente indicó que Enrique Líster, al que describía como "un ex general del ejército republicano español y miembro del Partido Comunista", había estado en Cuba preparando el asalto y que, como resultado del acuerdo, entre 700 y 800 combatientes cubanos habían viajado a Checoslovaquia para recibir un entrenamiento militar intensivo. El FBI suponía, y así lo escribió, que el gobierno español estaba al tanto de esta información.

El 28 de noviembre, la CIA informó, de fuentes españolas que no identificaba, de que en Cuba se estaba formando una brigada internacional - con cubanos y voluntarios extranjeros- liderada por Líster con la ayuda de otros diez miembros del PCE en el exilio. Estos últimos colaborarían en el entrenamiento militar de la brigada en Checoslovaquia o Polonia. El montaje contaría con el apoyo de la URSS, que facilitaría los submarinos para el transporte.

La inteligencia de EE. UU. analizó las informaciones precedentes y sacó la conclusión que transcribimos íntegramente: "Puesto que el informe de la CIA descarta el aspecto de la brigada internacional de Cuba, lo que queda es el entrenamiento indicado de cubanos y de miembros del Partido Comunista español tras el telón de acero, con el objetivo supuesto de invadir un territorio africano español. Dicha invasión no sería posible en el caso de las fuertemente fortificadas Ceuta y Melilla, y no se sostendría en la expansión tórrida del Sahara español, ni en Ifni, donde hay estacionadas suficientes fuerzas militares españolas para repeler dicha invasión. Guinea Española (Río Muni continental y las islas de Fernando Poo y Annobón) son los territorios africanos españoles más desarrollados, excluyendo Ceuta y Melilla y son los más alejados de España y, aparentemente, los menos defendidos militarmente. En esta zona hay alrededor de 1.000 personas entre militares y Guardia Civil, siendo la gran mayoría nativos locales.

No obstante, hay un destructor de la Armada española permanentemente estacionado en Fernando Poo. Si fueran a intentar invadir un territorio africano español, parecería que Guinea Española sería el punto lógico para intentarlo. No obstante, estos dos informes son altamente especulativos y puede que no haya nada de cierto en ellos".

Extraños, y poco realizables, proyectos de invasión aparte, lo cierto es que el 13 de febrero de 1962, las comunicaciones internas secretas del Departamento de Estado daban por ciertas las informaciones de la CIA referentes a que los soviéticos tenían intereses en "las reclamaciones marroquíes de territorios españoles". El asunto africano-español preocupaba y mucho a EE. UU., sobre todo a causa de que el Portugal de Oliveira Salazar estaba siendo reprobado por la o­nU debido a su inicial pero violentísima guerra colonial en Angola que generaba una situación que a ojos norteamericanos convenía a la URSS.

"La condena y el aislamiento virtual por la cuestión colonial de una potencia de la OTAN, Portugal, por parte de la comunidad internacional son indudablemente vistos con gran satisfacción por los soviéticos. La tirantez consecuente de las relaciones entre Portugal y EE. UU., con su posible efecto adverso en los derechos de las bases de EE. UU. en las Azores, y en el aumento de la inestabilidad del régimen de Salazar, ha sido igualmente bien recibido por los soviéticos", se escribe en el documento en el que se analiza el impacto que tiene para EE. UU. de la cuestión africano-española.

Los analistas americanos escribieron en 1962 que "los soviéticos pueden, perfectamente, estar preparando tácticas para animar y apoyar a los marroquíes y posiblemente a otras reclamaciones africanas sobre los territorios africanos de España", un territorio al que consideraban un "objetivo muy vulnerable debido a la naturaleza de su régimen". Por esa razón, estaban persuadidos de que una campaña contra España en Naciones Unidas "probablemente obtendría un considerable apoyo entre la comunidad mundial". Todo ello ponía a EE. UU. en el dilema de "elegir entre las bases militares, con su contribución a nuestra seguridad nacional, y la imagen de EE. UU. y la posible influencia en el mundo afroasiático".

Los norteamericanos sopesaron qué camino debían tomar para que sus intereses - de imagen internacional o estratégicos de defensa- no se vieran perjudicados en el conflicto entre Marruecos y España. "A la vista de la naturaleza de nuestras relaciones con ambos países - escribieron- hemos evitado implicarnos en su disputa. Hemos animado a ambos a que resuelvan sus diferencias mediante conversaciones bilaterales. La sensación es que, cualquier iniciativa por nuestra parte en esta etapa, solamente vendría a complicar la situación. Cualquier acción por nuestra parte, no importa lo discreta que fuere, de presionar a España para que se acomode a las demandas de Marruecos sería vista con la mayor sospecha por el Gobierno español a la vista de la experiencia de Portugal".

Pese a su posición inicialmente neutral, el Departamento de Estado no desperdició la ocasión para especular sobre los territorios africanos de los que España se desprendería con más facilidad. El análisis aún impresiona: "Los españoles podrían considerar negociables Ifni y el Sáhara Español (este último únicamente si no se encuentra petróleo) bajo ciertas circunstancias, como podría ser la continuidad asegurada de Ceuta y Melilla como ciudades españolas, posiblemente con un territorio extendido. Intensas presiones sobre los españoles para que entregaran esas ciudades podrían acarrear renovadas demandas españolas sobre la devolución de Gibraltar utilizando los mismos argumentos. Con respecto a Guinea Española, existe la posibilidad, si el tema se trata de forma tranquila y sensible y sin el alboroto de Naciones Unidas, de que se pueda persuadir a España para que permita un autogobierno en esa zona, aunque intentaría por todos los medios retener los vínculos entre Guinea y España"».

lunes, 1 de noviembre de 2021

Los otros

La escritora Elsa López, nacida en Fernando Poo, nos reproduce esa dualidad en El corazón de los pájaros:

«El barco que aparece partido por la mitad en la fotografía y atracado en punta en el muelle es el Gomera, uno de los que hacían el servicio interinsular y ahora va y viene al Continente. -En Guinea, "el Continente" era Europa. Nunca decían Europa los blancos de la colonia y cuando estaban en Europa decían "el Continente" para referirse a África-. Al lado hay un barco de guerra, el Calvo Sotelo, que lo tenían aquí los nuestros para custodia de la isla. -El padre siempre decía "los nuestros" porque había sido alférez provisional durante la guerra civil española y tenía la costumbre de hacer suya la guerra; y los demás, incluida su esposa, que era republicana de pura sangre, eran "los otros", los contrarios, los enemigos. Lo de su mujer, según Florentino, era un raro accidente familiar sin importancia y además se lo reía como una gracia-. El otro grande que hay con cuatro palos es un italiano, el Duchessa de Aosta,que se internó en la bahía huyendo de la quema (...)».

Una dualidad que marcará la intimidad del hogar: 

«Los domingos venía a comer un médico joven; era de Granada, como el padre; no hablaba mucho y andaba de un lado para otro de la casa fumando y hablando solo en voz baja, como si tuviera miedo de algo.
-La guerra -decía la madre-, que por culpa de la guerra mataron al padre y el pobre hombre se tuvo que ir de Granada por ser hijo de un condenado a muerte. A-s-e-s-i-n-a-d-o por los fascistas -añadía en un tono provocador, ese tono característico suyo que dejaba a todos en silencio hasta que alguno entraba al trapo y le contestaba.
Valeria no entendía lo de fascistas y esas conversaciones de asesinos y cosas así que le daban miedo y que a veces los mayores gritaban en el comedor, de pie, los brazos subiendo y bajando y los invitados del domingo enrojeciendo y escupiéndose las frases como si fueran a pegarse. Se enfurecían de tal manera que ella se acurrucaba a los pies de Pedro, el cocinero, esperando que empezaran a darse bofetones (...)».