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miércoles, 29 de mayo de 2019

Inauguració de l’exposició ‘Guinea: el franquisme colonial’

Un trabajo más de Gustau Nerin:

Inauguració de l’exposició ‘Guinea: el franquisme colonial’

Aquesta mostra explica com el regim franquista va imposar a la colònia de Guinea Equatorial la ideologia nacional-catòlica. En aquest territori la dictadura franquista va veure agreujada uns situació marcada pel racisme.

Data: 29.05.2019 - 17.11.2019
On: Memorial Democràtic, Peu de la Creu, 4 - Barcelona

La Guinea Espanyola va ser colònia d’Espanya del 1858 al 1968. Va patir, doncs, la repressió inherent a la dictadura franquista, com la resta de territoris de l’Estat. Les poblacions de la Guinea van estar sotmeses a un règim antidemocràtic: se’ls va imposar la ideologia nacional-catòlica, se’ls va sotmetre al domini dels militars, no se’ls va permetre estar representats a les institucions... Però la dictadura franquista, a la Guinea, es va veure agreujada pel fet colonial.
Els guineans, com gairebé tots els africans, van ser sotmesos al domini europeu. Fins i tot durant la República van patir de falta de drets. El franquisme va agreujar una situació marcada pel racisme, que conduïa a la discriminació, als maltractes, a l’explotació econòmica, a la despossessió de les comunitats locals.

Si quieres saber más sobre la presencia catalana en el África ecuatorial, consulta #catalanes en Calle 19 de Septiembre.

miércoles, 22 de mayo de 2019

La biodiversidad africana

lunes, 20 de mayo de 2019

El cementerio musulmán de Musola

En la católica España el núcleo urbano de la capital de Fernando Poo, compuesto por dos
ayuntamientos, se puso bajo la advocación de “Santa Isabel de Hungría" al asentamiento de los colonos europeos y bajo la de “San Fernando Rey” al poblado indígena (actual barrio de Elá Nguema de Malabo). Lo cual no dejaba de ser un guiño misionero y patriótico a los Reyes Católicos.

De hecho,  la Constitución de 30 de junio de 1876 -promulgada por Alfonso XII-, en su artículo 11 establecía:
«La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado. La Nación se obliga a mantener el culto y sus ministros.
Nadie será molestado en territorio español por sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su respectivo culto, salvo el respeto debido a la moral cristiana.
No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado.»

El periodo republicano supuso una excepción con una Constitución de la República Española de 9 de diciembre de 1931 que estableció el régimen de separación entre la Iglesia y el Estado, al decir en su artículo 3.0 que «el Estado español no tiene religión oficial».

El franquismo acabará de facto con esa aconfesionalidad y lo recogerá en el artículo 6.° del Fuero de los Españoles -ley de 17 de julio de 1945-, que decía nuevamente que:
«La profesión y práctica de la Religión Católica, que es la del Estado español, gozará de la protección oficial.
Nadie será molestado por sus creencias religiosas ni el ejercicio privado de su culto. No se permitirán otras ceremonias ni manifestaciones externas que las de la Religión Católica.»

Procesión en la festividad de la Inmaculada Concepción de 1936, frente a la catedral de Santa Isabel.
El paso con la imagen está escoltado por falangistas uniformados con la camisa azul mahón de rigor, pantalón blanco, zapatos negros, correaje y fusil con bayoneta.
En la fila delantera se reconoce a José García Vidal (primero por la derecha), y Manuel Mendoza la Llave (primero por la Izquierda). En la segunda fila a José Novo Mediano (segundo por la derecha), junto al paso de la virgen, Ramón Cerdá Rovira (tercero por la derecha), al otro lado del paso.

De hecho, Francesc Tur en España en Guinea Ecuatorial: ¿Una colonización ‘Light’? nos recuerda que «La primera norma local emanada del Gobierno general de Guinea bajo control de los franquistas está referida a la toma de medidas contrarreformistas y se limitaba a aplicar lo dispuesto en la real orden 482, de 26 de julio de 1928, en relación a la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas y la exhibición de símbolos religiosos».

¿Pero era católica la población de Fernando Poo?

Aparte de las creencias autóctonas, Gonzalo Álvarez Chillida aclara en Misión católica y poder colonial en la Guinea española bajo el gobernador general Ángel Barrera (1910-1925) que «desde la década de 1840, estaban establecidos en Fernando Poo los misioneros baptistas británicos, sustituidos desde 1870 por los metodistas, y en la costa continental los presbiterianos estadounidenses. Estos últimos lograron establecer pequeñas pero sólidas comunidades, dirigidas en su mayoría por pastores nativos, y los metodistas hacían progresos entre los bubis, mientras que en la capital la mayoría de los criollos fernandinos era protestante. Desde su llegada, los claretianos intentaron que se prohibieran las misiones protestantes y lograron que se cerraran sus escuelas y no se les permitiera usar campanas».

El monopolio católico igualmente estaba cuestionado por la presencia de musulmanes en el territorio. Ilustración Popular en su edición del 22 de febrero de 1936 le dedica un artículo a los Haussas y Yaundes: «En 1916, durante la gran guerra, cuando el ejército colonial y la población civil blanca del Camerún alemán, cruzando el río Campo, se refugiaron en nuestro territorio ante el empuje arrollador de las huestes senegalesas y sudanesas que operaban por cuenta de los aliados, llegaron a Fernando Póo los primeros haussas, unos atraídos por el buen negocio que podían hacer con los diecinueve mil fugitivos, y otros acompañando simplemente a los oficiales alemanes a cuyo servicio estaban».
La comunidad hausa crecía paulatinamente, y como recuerda Fernando el Africano «en los años 1942, el rey Hausa de la ciudad paseaba por la ciudad con un caballo protegido con un mosquitero».
Sara Núñez Torres lo recoge igualmente en La tierra de Bisila: «En Santa Isabel había todo un barrio hausa, de hombres morenos, de negro negrísimo, altos, escuálidos, vestidos con ropajes blancos o azules que llegaban hasta el suelo, y tocados con un bonetillo de tela bordada. Todos ellos profesaban la religión musulmana y se dedicaban a la compraventa de artículos de ébano y marfil, traídos desde el continente».

Pero estamos en la Calle 19 de Septiembre, y nos interesa especialmente la historia de las tropas indígenas traídas del norte de África con motivo del golpe de Estado de 1936:

Como ya se ha tratado anteriormente, en el Ciudad de Mahón que bombardeó Bata y hundió el Fernando Poo el 14 de octubre de 1936, viajaba un Tabor de Tiradores de Ifni (310 hombres, de los que 302 eran moros, según J. Ramírez Copeiro en “Objetivo África”). Y éste permaneció en el territorio hasta mayo de 1937.

Poco después, el 18 de marzo de 1942, tras el incidente de la Duchessa d’Aosta en el puerto de Santa Isabel, y ante el temor de entrar en guerra, desembarcaron del Dómine dos compañías del 6º Tabor de Tiradores de Ifni, constituidas por 100 europeos y 330 marroquíes. Con el tiempo, se incrementarían hasta los 2.100 hombres (1.300 europeos y 800 moros).

Esta cantidad de musulmanes supuso incluso la creación de un cementerio musulmán en Musola, aprobado el 20 de diciembre de 1943 por el subgobernador Rufino Pérez Barrueco.

«Los soldados moros -cuenta J. Ramírez Copeiro- fallecidos y enterrados con arreglo al rito musulmán, podrían ya disponer de un recinto totalmente cerrado con murete de piedra y una mezquita de bella cúpula a la entrada. El viernes 25 de febrero de 1944, el nuevo gobernador, Juan Mª Bonelli Rubio, visitó el Campamento de Musola para saludar a las fuerzas del Tabor de Ifni allí acampadas y hacerse cargo del cementerio musulmán, ante la próxima repatriación de la unidad. De estilo puramente árabe, el cementerio se alzaba en el monte situado a la izquierda de la entrada al campamento, destacando su blanca silueta del verde frondoso del bosque y sobresaliendo de su mezquita un esbelto minarete coronado en su cúpula por tres bolas, en la última de las cuales se mantenía erguida en el aire la media luna del islam. Dentro del recinto, en blancas sepulturas, reposaban los cuerpos de los 8 soldados moros fallecidos del Tabor».

martes, 14 de mayo de 2019

El santoral ecuatoguineano

La guerra civil no sólo marcó el calendario de festivos con su propia festividad local de "19 de Septiembre" o los consabidos "Día del Caudillo" y "Día del Alzamiento Nacional", celebrados en toda España. Igualmente supuso -décadas después- la trágica ampliación del santoral local.

Es un proceso que se ha prologado hasta fechas recientes: a algunas de las víctimas del conflicto en España se les ha reconocido la condición de beatos, y de éstas hay varias que dedicaron gran parte de su vida a la labor misionera en los territorios españoles del golfo de Guinea.

Así como en su día fue importante para los fieles nicaragüenses la beatificación de la salesiana María Romero o en Guatemala la del franciscano Pedro de San José Betancur, igualmente son significativas estas beatificaciones para el contexto ecuatoguineano.

Hno. Antonio Vilamassana
CMF
Los Misioneros del Corazón Inmaculado de María, de san Antonio María Claret, han contribuido al santoral ecuatoguineano con:
  • Andreu Feliu Bartomeu, trabajó en estas tierras africanas de 1903 a 1934. Beatificado en 2013.
  • Pau Castellà Barberà, destinado en las misiones de Fernando Poo desde 1893 a 1908. Beatificado en 2013.
  • Antoni Vilamassana Carulla, destinado 30 años en Guinea Ecuatorial. Beatificado en 2013.
  • Cirilo Montaner Fabré, párroco de Santa Isabel de 1904 a 1915. Beatificado en 2017.
  • Josep Ros Nadal, de 1904 a 1907, su centro principal de operaciones fue Annobón. Beatificado en 2017.
  • Pere Vives Coll, de 1908 a 1918, su primer destino fue Banapá, luego Basilé y finalmente San Carlos. Beatificado en 2017.
  • Manuel Font Font, misionero en Fernando Póo de 1904 a 1905. Beatificado en 2017.
  • No forman parte de esta relación, los religiosos fallecidos -Acacio Ferraz Latorre (por quien llevó el nombre Acacio Mañe), Angel Roig Barcelis e Isidoro Gil Barrio- en el hundimiento del buque "Fernando Poo" el 14 de octubre de 1936: «Algunas semanas después llegó a Bata el Ciudad de Mahón, barco de guerra enviado desde Canarias para apoyar la sublevación, el cual bombardeó el puerto y el Fernando Poo, hundiéndolo con los prisioneros dentro. El franquismo consideró a aquellos ahogados mártires de la Cruzada, aunque solía olvidar, habitualmente, que había sido él mismo el que los había enviado al fondo del mar».
  • Tampoco integra el santoral ecuatoguineano el padre Tomás Ribé Comas, capellán de la Trasmediterránea asignado al correo Fernando Póo, al cual Juan Fontán daba inicialmente como muerto por la tripulación en las indagatorias tras la caída de Bata.

Es una larga lista de misioneros beatificados, que inicia un siglo antes con Jerónimo Mariano Usera y Alarcón. El padre Usera fue integrante de la primera expedición misionera católica en Clarence (1845-1846): «Deberé decir, para los que no me conozcan, que hace tiempo me he consagrado por entero a los derechos de la raza negra a la que amo en Jesucristo, que es el mejor y más desinteresado amor. (...) Ni las distancias, ni los mares, ni el rigor de los trópicos, junto a los grandes quehaceres que me proporcionaba el gobierno del Arzobispado de Cuba, del cual me hice cargo al poco tiempo de mi arribada a aquella isla, pudieron entibiar en mí el entusiasmo a favor de mis queridos isleños del golfo de Guinea».
Desde hace varios años se trabaja en el proceso de su beatificación, el cual se halla en Roma esperando la última decisión del Vaticano. El 28 de junio de 1999 fue declarado venerable por el papa Juan Pablo II: «Certifico que el Siervo de Dios Jerónimo Mariano Usera y Alarcón, sacerdote y Fundador de las Hermanas del Amor de Dios, vivió en grado heroico las virtudes teologales Fe, Esperanza y Caridad hacia Dios y hacia el prójimo, así como las virtudes cardinales de Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza y las demás virtudes anexas, para que surta efecto en relación con la Causa en cuestión».

Tras el fracaso del padre Usera, llegó diez años después la segunda expedición misionera de Miguel Martínez y Sanz, cura párroco de Chamberí, que tuvo la idea de fundar la congregación de las Siervas de María Ministras de los Enfermos, para la asistencia de éstos a domicilio. A finales de 1855 se crea la prefectura apostólica de Annobón, Corisco y Fernando Poo, siendo elegido como primer prefecto, por lo que a principios de 1856, Miguel Martínez marchó a Guinea con 39 misioneros, incluyendo un grupo de Siervas de María. Antes de partir, sienta las bases de la casa-colegio La Africana en Aranjuez para albergar una treintena de niños -de 8 a 14 años- de Fernando Póo, Annobón y Corisco. Finalmente, no habiendo tenido éxito en su misión africana, se encomendó la labor misionera a los jesuitas, y el viejo párroco de Chamberí regresó a España en 1859, ejerciendo allí diversos cargos eclesiásticos. En España, sus actividades a favor de los necesitados le hicieron ganarse el título de "padre de los pobres", pero a su muerte no fue santificado. Recayó ese reconocimiento en Soledad Torres Acosta, cofundadora con él de las Siervas de María.

Cómo curiosidad, tanto al padre Usera como a Martínez su estadía en Fernando Póo les dio tiempo de pergeñar sendos rudimentarios diccionarios de la lengua bubi

Mención a parte merece la postulación como beato de Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas:

Como recoge Fernando Ballano en Los negros negocios del beato Marqués de Comillas, «uno no es responsable de lo que hayan hecho sus antepasados, pero sí de aprovecharse de los frutos de esos actos. Antonio López López, primer marqués de Comillas y padre de Claudio López Bru, hizo buena parte de su fortuna traficando con esclavos con destino a Cuba cuando la ilegalización de dicha actividad a partir de 1817 hizo subir los precios. Posteriormente consiguió la exclusiva del transporte de tropas y sus correspondientes municiones de boca y guerra entre España y Cuba. (...) Claudio López Bru fundó la naviera Trasatlántica. Continuó con el transporte de tropas y suministros a Cuba. Entre 1895 y 1898 llevó a 220.285 soldados (240.000 según otras fuentes). En el conflicto murieron 55.078 –2.000 por heridas de guerra y el resto por enfermedades–. Tras la rendición, EE.UU. le pagó a Comillas 100 pesetas por soldado repatriado. En 1919, 20 años después, un pasaje en buenas condiciones para ese recorrido sólo costaba 70 pesetas. A pesar del buen precio cobrado, Comillas les trajo en tan malas condiciones que en el trayecto murieron 4.000. Pero volvieron cantando porque ya se había acabado la pesadilla: hay gente que sabe sacar beneficio hasta de las derrotas.

Crucero Isla de Panay. Conocido como el Barco de la Muerte, fue usado para transportar hacinadas a las tropas españolas asignadas a la guerra hispanoamericana en Cuba. Terminada la guerra fue reasignado por la Trasmediterránea al golfo de Guinea hasta su hundimiento, para cobrar el seguro, en Punta Europa: «Fue en la noche del 7 de Diciembre de 1929, tras embarrancar en un bajo llamado Los Primos entre Santa Isabel y San Carlos. Los supervivientes dijeron que serían casi las tres de la mañana cuando se oyó un ruido sordo debajo del barco, como si hubiese tropezado con un arrecife, y que al ir muy despacio evitó partirse por la mitad; comenzó a inclinarse lentamente y se hundió ante la vista de todos, posándose suavemente en el fondo. Allí debe de estar aún, junto a la conciencia del señor marqués».
Antes de que terminara el conflicto cubano, en 1887, se le concedió a la Trasatlántica la línea Barcelona-Santa Isabel (capital de Fernando Póo), lo que permitió que el cacao de la colonia Póo llegara a Barcelona en lugar de a Inglaterra. Comenzaron a establecerse allí muchas empresas catalanas, pero la más importante fue la Trasatlántica, que, a sus actividades marítimas, unió las agrícolas y comerciales. El problema fundamental de Fernando Póo era la mano de obra. Los nativos bubis eran pocos, entre 10.000 y 20.000 según las fuentes, pero estaban escondidos en la selva y no querían trabajar en las plantaciones de cacao, por lo que se llevaba mano de obra engañada desde Liberia a los que se denominaba krumanes (por proceder de una región costera llamada Kru). Claudio se lanzó también a este negocio trasladando esos trabajadores forzados desde esta república a la isla de Fernando Póo en barcos subvencionados por el gobierno. Además supo aliarse en la colonia con el poder fáctico de los misioneros claretianos...»

Cierra esa información El País con un «Claudio López, amigo de Gaudí y protector del extravagante mosén Jacint Verdaguer, (...) regaló a los jesuitas la imponente Universidad de Comillas y, entre otras ostentaciones de religiosidad, fletó decenas de barcos para llevar a Roma a 18.000 obreros -todos asalariados suyos- para rendir pleitesía a León XIII con motivo de un aniversario de aquel largo pontificado. El proceso de santificación, que llegó a Roma en 1948, incluso contó con el impulso del dictador Franco en carta a Pío XII de 1954, centenario del nacimiento de rico y, de momento, fallido probeato».

«Fue el marqués de Comillas el fundador de la Acción Católica en España», aseguraba Francisco Franco en la carta postulatoria que dirigió a Pío XII. «Su alteza de miras y elevado patriotismo al frente de las empresas que dirige, han dado a su personalidad tal relieve, que constituye, en el mundo social y político, una de las figuras más salientes y populares. Contribuye a ello su labor constante en materias sociales, su espíritu caritativo, y su actuación en el partido católico. Ferviente y entusiasta defensor de la política social cristiana, ha podido ser a un tiempo su propagandista y su ejecutor, aplicándola a las empresas que dirige, donde ha establecido, mucho antes de ser prescritos por las leyes, todos los beneficios de pensiones, retiros, mutualidad,...».

Por último, el caso de José Si Esono, "el guardián del ara", del  que el seminario Catalunya Cristiana informaba el 28 de enero de 1993 que «Ja s'han començat a donar els primers passos per incoar la seva causa de beatificació».
Fallecido en 1941, sigue siendo a día de hoy un referente entre los animadores de las parroquias rurales de Guinea Ecuatorial.
Incluso Gustau Nerin, le dedica un par de párrafos, como  objeto de la furia del teniente Ayala: «José Si Esono, un catequista al que los guineanos consideran un auténtico santo, no pudo escapar a las vejaciones de Ayala. José Si Esono se negaba atrabajar en las obras públicas, ya que, argumentaba, no podía abandonar la predicación de la palabra de Dios para dedicarse a tareas mundanas. Ayala le citó en Mikomeseng y le exigió que le explicara por qué no podía trabajar como los demás. El catequista le respondió que estaba al servicio de Dios y de la humanidad. El teniente le contestó que, como se resistía a trabajar, él le enseñaría a servir a la humanidad. Le ordenó cargar con los blancos que viajaran de Mikomeseng a Akonangui, una distancia de unos cien kilómetros.Los europeos iban cómodamente sentados en una silla que se sostenía sobre dos palos y que un par de negros cargaban a sus espaldas. Aunque Si Esono era de constitución muy endeble, parece ser que llevaba a cabo tan ardua labor con mucha dignidad; él aseguraba que Dios le ayudaba y que, cuando rezaba, los blancos pesaban menos. Ayala, al ver que Si Esono, gracias a su fe, resistía el cumplimiento de la sanción, prolongó la duración del castigo».


Autoridades y fieles asistiendo en la Real Basílica de San Francisco el Grande (Madrid) a la «consagración del primer Obispo indígena de La Guinea Ecuatorial Española, Monseñor Rafael María Nzeabuy» (sic) el domingo 13 de diciembre de 1965.



Y si os interesa el tema religioso, no os perdáis:
También es interesante la historia del cura Galeote.

sábado, 11 de mayo de 2019

El primo del president

lunes, 6 de mayo de 2019

El caso del cocinero

Ésta es una historia breve, pero importante.

Al cocinero le sentenciaron a «doce años y un día de reclusión menor» en el Consejo de Guerra contra el personal del Fernando Poo.

Está entre los siete castigados con mayor rigor (y tuvo suerte... ya que otros simplemente desaparecieron, como es el caso del barbero, o murieron en el proceso). Al fin y al cabo, en los testimonios recogidos le señalaban como peligroso:

«Ha oído decir que Mariano Juan Más amenazó a los Padres con una pistola», manifestó el Médico Antonio Fuertes Villavicencio, de la tripulación del “Fernando Poo” durante el interrogatorio. O incluso «Ha oído decir que Mariano Juan Más a había disparado», según el Tercer Oficial Jacinto Devesa Paredes.

O el Tercer Maquinista Manuel de Dios y del Aguila que «como elementos más extremistas señala al barbero Caparrós y dice que Mariano Juan Más se dejaba manejar por Caparrós; que tenía pistola y que ha oído decir que amenazó con ella a los Padres (…) Vio a Mariano Juan Más con un mosquetón en la mano en el momento del bombardeo».

Y ese «ha oído decir», pese a los contradictorios careos, debió ser especialmente decisivo, ya que como reconocía el Capitán Emilio Ley Arata, director de la Trasmediterránea, el 12 de noviembre de 1936 en artículo de La Prensa: «Los oficiales del barco casi todos son rojos. El oficial que se exceptúa de haber estado de parte de los marxistas es el señor Devesa, casado con una joven de Las Palmas, de familia muy conocida».

Tal vez puede que pesara el que fuera herido en el asalto aunque el propio cocinero tan sólo se definiera como «aturdido», pero el caso es que a Mariano Juan Mas, «de veinte y nueve años de edad, natural de Palma de Mallorca, domiciliado en Barcelona, de estado soltero, de oficio cocinero, que sabe leer y escribir, siendo su Padre Antonio Juan Fiol y su madre Concha Más Juan, y que no ha estado procesado por Tribunal alguno», le cayeron los 12 años y un día.

Con el tiempo, ese castigo fue la salvación de sus compañeros, ya que conforme a los diferentes relatos tanto de la prisión de Fyffes y como del campo de concentración del viejo Lazareto de Gando, «La alimentación era escasa y, en ocasiones, se servía en mal estado. Los testimonios orales  recuerdan ver flotar suelas de zapatos en el rancho, el novelista José Antonio Rial afirma en su novela que los calderos de comida no contenían “alimento para humanos” y Francisco García recuerda las comidas como “bazofias” e “inmundicias”».

El 2 Diciembre 1939 la Jefatura Provincial de Sanidad, emite un informe dando cuenta al Gobernador Civil sobre la situación en los recintos penitenciarios existentes en Gran Canaria. Es muy exhaustivo, por lo que resaltamos que «Actualmente hay en la prisión mil ochenta y nueve (1089) presos, de los cuales novecientos veintiocho (928) cumpliendo condena, 134 sujetos a sumario y 27 pendientes de resoluciones gubernativos (...) El agua que posee el establecimiento es impotable según análisis practicado en el Instituto Provincial de Sanidad, escasa e impropia incluso para el aseo personal. La comida es francamente insuficiente, sin las calorías necesarias compuesta de un rancho del que algunos solo llega un cazo del caldo donde se cocieron las legumbres. Es completamente inadecuada, incluso en la llamada de sobrealimentación, para enfermos especialmente los diabéticos, ulcerosos, etc., y desde luego no hay leche para los que la necesitan».

Cuenta Rial que «una noche toda la prisión se sintió atacada por agudos dolores de vientre y corrió hacia los ocho evacuatorios únicos. Al momento una cola que engrosaba sin tregua se había formado por el patio, y los centinelas azules gritaban desde su observatorio, ordenando a la multitud que se disolviera. En vez de esto, uno de los presos rompió la fila y se lanzó a satisfacer su necesidad en el  patio, y toda la fila siguió el ejemplo. La noche continuó así. Los centinelas dispararon algunos tiros y terminaron dejando hacer y envueltos en los vapores que subían del callejón lleno de hombres rugientes por los retortijones de la colerina. Se creyó en un envenenamiento. A veces había alpargatas nadando en el rancho y otras porquerías de gran tamaño, pero no se protestaba porque el preso era un fuera  de la ley. A la mañana siguiente del ataque de diarrea, el patio y todo Fyffes era un mar de  excrementos, y los presos sometidos a aquel vivir en cloacas sentían la humillación con más encono que el odio, o que el diezmo de las noches de ronda».

Imagen del campo de concentración del Lazareto de Gando en Gran Canaria
(Cortesía de Fernando Caballero Guimerá).
En "Los campos de concentración de Franco" de Carlos Hernández de Miguel.
Incluye Juan Rodríguez Doreste en su vivencia de confinamiento en el campo de concentración del viejo Lazarero de Gando que «Llevábamos algunos meses en Gando cuando llegaron los detenidos en la Guinea española, que procedían de la isla de Fernando Poo y del territorio del Río Muni, a los cuales se habían incorporado los tripulantes capturados del vapor de la Compañía Trasmediterránea, llamado precisamente el Fernando Poo, hundido en las aguas del puerto de Bata. Eran aproximadamente unos ciento cincuenta en total, entre tripulantes y coloniales. De los primeros salieron las bajas más importantes que causó la expedición conquistadora».

Fue una llegada providencial, ya que «pasados los meses del miedo empiezan a preocuparse de cosas más materiales como la alimentación. Juan Mas, cocinero del barco Fernando Poo, mejora la calidad del rancho».

Recalca en otro momento que «amontonados en unos barracones, en condiciones climáticas tan desfavorables, con servicios higiénicos y sanitarios apenas elementales, desprovistos de ejercicio y de adecuada alimentación, la salud de los presos comenzó a quebrantarse, su estado físico a descaecer visiblemente. Y así un día aparecieron por Gando, derrotados, pálidos, con evidentes señales del estrago corporal que les había causado una reclusión que lindaba en infrahumana. Constituían un buen contingente, muy heterogéneo de composición, pero muy homogéneo en la solidaridad, en el buen espíritu. Venían funcionarios caracterizados: el tesorero de Hacienda, el jefe de Correos, el jefe de la Policía gubernativa, el comisario López García, pintoresco personaje, realmente detenido por error, pues no era ni chicha ni limonada, dependientes de la Curaduría, algunos profesionales, cultivadores y finqueros, escritores, un excelente poeta, etc. y la totalidad de la tripulación del Fernando Poo, desde el capitán, pundonoroso marino, que fue de los primeramente liberados, al cocinero mayor, el inolvidable Juan Mas, que a fuerza de ingenio culinario logró tornar ligeramente más apetecibles aquellas equívocas cocciones que nos servían bajo especie de rancho».

Repartiendo el rancho en el patio común.
Fotografía publicada por la revista francesa
L´Illustration en 1937.
«La presencia de Juan Mas, el cocinero del Fernando Poo, mejoró sensiblemente la apetecibilidad de nuestros ranchos. Aquello fue el verdadero banco de prueba de sus excepcionales aptitudes culinarias. Pero a veces se estrellaban sus bien contrastadas habilidades ante la intrínseca condición de la materia prima que le suministraban.»

O ante la invasión de insectos: «No hicimos  más que instalarnos y de todos los rincones, al  olor y al calor de la sangre  humana, de los quicios de puertas y ventanas, de los zócalos de madera,  de las grietas de las tablas  del piso, de los desconchones de las paredes, incrustadas  rápidamente en las cajas y cajones de nuestros efectos personales, de  las vigas de los techos, incluso de los de la cocina -yo he visto cadáveres de hemípteros  flotando  en  el  magma  grasiento  de  nuestras  pociones alimenticias-, de todos lados,  como un  aluvión reptante, como esas columnas  de hormigas gigantes, avasalladoras,  de las novelas de Mayne Reid, se abatió  sobre nosotros un ejército nocturnal e invisible. Para los que teníamos la  piel dulce, la epidermis entomológicamente suculenta, comenzó un nuevo, lento  e implacable martirio.  Durante bastantes meses, especialmente cuando vivía  en el cuarto de la pintura, de que luego hablaré y que fue mi última mansión,  para poder dormir los compañeros me enrollaban en mi manta, como a una  alfombra, me cerraban el hueco de los pies con una toalla y me cubrían la cabeza,  para  dejarme respirar, con un gran pañuelo. Mi posición yacente recordaba  muy  de  cerca,  por  su  inmovilidad y  rigidez, la de una  momia guanche. Desvelado, a la luz indecisa del cuarto, que dejábamos siempre encendida,  veía trepar  por  las paredes las hordas salvajes, alcanzar el techo y cuando  estaban estratégicamente situadas sobre sus presuntas víctimas, dejarse  caer con pericia y precisión de acróbatas. Lo curioso es que, en el cuarto de la  pintura,  donde dormíamos ocho compañeros, yo era el blanco exclusivo de aquella  siniestra puntería. Pero fuimos muchísimos los que sufrimos sus escozores.  Todavía eran  pocos e  ineficaces los  insecticidas. El arma  única para combatirlas  era  el agua  hirviente. Cada vez que podía, Juan Mas,  nuestro amable cocinero jefe, nos facilitaba unos cacharros para escaldar todas las posibles madrigueras».

En 1940 se incluye a Mariano Juan Más entre los reclusos con penas ordinarias que habían sido sentenciados y condenados en la provincia de Las Palmas de Gran Canaria hasta el día 1 de marzo de 1940, cuyas penas fueron conmutadas

Y así, se pierde la pista al cocinero del Fernando Poo.

sábado, 27 de abril de 2019

Indagatoria de Manuel Tarí Quiles

Los hermanos Juan y Pedro Medina Sanabria son fuente de inspiración e información para este paseo por la calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel. Y el Blog de Pedro Medina Sanabria | Memoria e Historia de Canarias hace un trabajo constante de difusión, por lo que merece la pena bucear un rato por sus páginas:

DECLARACIÓN INDAGATORIA DEL PROCESADO MANUEL TARI QUILES

En Santa Isabel a veinte y ocho de enero de mil novecientos treinta y siete.

Ante el Señor Juez y a mi presencia compareció el procesado anotado al margen, a quien se le hizo saber que queda relevado del juramento prestado en su primera declaración y que podía ampliar o rectificar dicha declaración en la forma que creyese conveniente, exhortándole a decir verdad, y después de prestar juramento nuevamente fue preguntado y dijo llamarse como queda al margen expresado, de treinta y seis años, natural de Alicante, domiciliado en Valen

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cia, de estado soltero, de oficio camarero, que sabe leer y escribir //malamente, siendo su Padre Antonio Tarí García y su madre Gertrudis Quiles Blanco, difunto el padre, y que no ha estado procesado por Tribunal alguno.

PREGUNTADO si se afirma y ratifica en su primera declaración obrante al folio sesenta y ocho vuelto de la que se le dá lectura integra dijo; que se afirma y ratifica en su contenido. – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

PREGUNTADO si tiene algo más que decir dijo: que no. – – – – – – – –

En este estado S. Sª dió por terminada la presente declaración indagatoria, sin perjuicio de ampliarla si lo estimara pertinente y leída por el declarante se afirma y ratifica en su contenido y en el juramento prestado y la firma con el Señor Juez de lo que yo el Secretario doy fé. Salvado entre líneas dice “malamente”, vale doy fé.

[Firmas rubricadas de MANUEL TARÍ QUILES, JOSÉ GONZÁLEZ GARCÍA, y LEON HERNÁNDEZ BENÍTEZ].

Cfr.: Archivo del Tribunal Militar Territorial 5.- 9342-297-21.- Causa 24 de 1937.- Folios 132 a 133. 


miércoles, 24 de abril de 2019

Declaración de Francisco Pérez Rodríguez

Los hermanos Juan y Pedro Medina Sanabria son fuente de inspiración e información para este paseo por la calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel. Y el Blog de Pedro Medina Sanabria | Memoria e Historia de Canarias hace un trabajo constante de difusión, por lo que merece la pena bucear un rato por sus páginas.

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A.0.026,756*

DECLARACIÓN INDAGATORIA DEL PROCESADO FRANCISCO PÉREZ RODRÍGUEZ

En Santa Isabel a veintisiete de Enero de mil novecientos treinta y siete.

Ante el Señor Juez y a mi presencian compareció el procesado anotado al margen, a quien se le hizo saber que queda relevado del juramento prestado en su primera declaración y que podía ampliar o rectificar dicha declaración en la forma que creyese conveniente, exhortándole a decir verdad, y después de prestar juramento nuevamente fue preguntado y dijo llamarse como queda al margen expresado, de treinta y cuatro años de edad, natural de Culla de Basa, provincia de Granada, domiciliado en Barcelona, de estado casado, de profesión Radiotelegrafista, que sabe leer y escribir, siendo su Padre Manuel Pérez Rodríguez y su madre Petra Rodríguez Asencio, difunta la madre, y que nunca ha sido procesado por Tribunal alguno.

PREGUNTADO si se afirma y ratifica en su primera declaración obrante al folio sesenta y tres vuelto de la cual se le dá lectura integra dijo: que se ratifica en ella, y que respecto a que el llamado Dieste/ dijo que había que tirar al Cura al agua, no se refiere al Padre Ribé, sino al Padre José Ausejo en el viaje anterior al de estas actuaciones.

PREGUNTADO si tiene algo más que decir dijo: manifiesta el procesado que uno de los domingos en ocasión de ir a dar un paseo por Bata en compañía de Enrique López Astudillo primer radiotelegrafista al pasar junto a la Guardia Colonial decidieron entrar en casa del Suboficial Fontanet para que los invitara a un wisky, no haciéndolo por encontrarse Fontanet ausente. Después se encontraron con un tal Martínez fugado, Radiotelegrafista de Bolondo, el cual les dijo que habían acordado enviar a bordo a los Padres  Misioneros, he de hacer la aclaración que su acompañante López Astudillo se retiró, aun cuando insistió el procesado en que se acercara para oir la conversación, no haciéndolo. El declarante manifestó al llamado Martínez que le parecía muy mal el acuerdo tomado, pues temían que hicieran alguna faena a los Padres Misioneros, dada la calaña del personal que había a bordo.

Por otra parte nadie del Comité, mejor dicho los representantes de los Oficiales, ordenaron que se hiciesen guardia a los Padres Misioneros, que seguramente sería orden de Antonio Tarí o de Francisco Caparrós; que el día antes de llegar a Dakar se ordenó por el comité a los Delegados de los diversos departamentos dieran una relación de armamento que existiera a bordo, presentándose Antonio Tarí y Caparrós con las listas al día siguiente de la llegada a Dakar que figuraban doce o catorce nombre de los pertenecientes a cubierta y ocho o diez del personal de fonda; que durante la estancia enBata Antonio Tarí y Caparrós requisaron pistolas que repartieron a bordo.

En este estado el Señor Juez dio por terminada la presente declaración, sin perjuicio de ampliarla si lo estimara pertinente y leída por el procesado se afirma y ratifica en su contenido y en el juramento

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prestado de lo que yo el Secretario doy fé. Entre líneas dice : “dijo que”, debe leerse, vale. Doy fé.

Y en prueba de conformidad firma con S.S y yo el Secretario que doy fé, en Santa Isabel a 1º de Febrero de 1937.

[Firmas rubricadas de JOSÉ GONZÁLEZ GARCÍA, FRANCISCO PÉREZ RODRÍGUEZ, y LEON HERNÁNDEZ BENÍTEZ].

Cfr.: Archivo del Tribunal Militar Territorial 5.- 9342-297-21.- Causa 24 de 1937.- Folios 128 a 129.


Incautaciones de bienes a Joaquín Mallo

En El exilio de Joaquín Mallo contábamos la historia de Joaquín Mallo Castán, diputado,  exAlcalde de Santa Isabel, exPresidente de la Cámara de Comercio, fundador e integrante del Comité Sindical del Cacao (junto a Teodomiro Avendaño) y cofundador de la finca Sampaka..
Natural de Chía, casa Presin. Hacia 1908 emigra a Guinea Ecuatorial o Española, donde su familia tenía una importante explotación de cacao, dedicada a la transformación y exportación de ese producto. En 1918, Joaquín Mallo, fue elegido Presidente del consejo de vecinos de Santa Isabel, cargo equivalente al de alcalde en la península. (Santa Isabel hoy Malabo, capital de la isla de Fernando Poo, hoy Bioko).
Hacia 1922 retorna a la península y se instala en Barcelona, desde donde dirige sus negocios coloniales, al tiempo que se implica en la actividad política integrado en el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, fue elegido diputado por Huesca en las tres elecciones legislativas del periodo republicano: las constituyentes de 1931, las segundas en noviembre de 1933, también por el partido Radical, -aunque lo abandonó el 30 de septiembre de 1934-, por estar en desacuerdo con el nuevo rumbo que ha tomado el partido al no actuar en esa línea de paz y concordia entre todos los republicanos (..) y dejar de ser un grupo político que aspiraba a representar en todo momento el equilibrio. En definitiva a causa del pacto del Partido Radical con la Confederación Española de Derechas Autónomas CEDA.
Permaneció desde esa fecha como diputado independiente, hasta las elecciones de 1936, en las que se presentó por Unión Republicana, partido integrado en el Frente Popular. El estallido de la Guerra Civil lo lleva a exiliarse en Francia, país en el cual falleció en 1938.

Ah! y por supuesto, Joaquín Mallo (tanto da si fue el padre o el hijo) tenía la imperdonable falta de ser uno de los públicos contribuyentes a la donación de las 10.353,65 pesetas para la República, conforme a la Gaceta de Madrid del 5 Noviembre 1936.

El 23 de abril de 1938, el Boletín Oficial del Estado recoge el Edicto del Juzgado Instructor Especial de Incautaciones de Bienes.



domingo, 14 de abril de 2019

Festividades locales

El 14 de abril de 1940, el semanario Ébano publica el calendario oficial de festividades:
El Consejo de Vecinos de Santa Isabel de acuerdo con Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. y la Cámara Oficial Agrícola del Comercio e Industria de Fernando Póo, con el fin de señalar de una vez los días festivos a guardar, formuló la siguiente nomenclatura la cual, previa aprobación del Excmo Sr. Gobernador General de estos Territorios, da a conocer para general conocimiento y cumplimiento...
Se respeta el calendario oficial de aplicación en la península (incluyendo Día del Alzamiento Nacional y el de los Caídos, con su correspondiente ofrenda floral en la Cruz de Punta Fernanda) y se incluyen dos festividades locales de aplicación a jornada completa: el día de Santa Isabel de Hungría, patrona de la ciudad, y el 19 de Septiembre, en conmemoración de la derrota del gobierno de la República en la isla de Fernando Poo.

Se consolidan así los «Acuerdos laudables» recogidos en la primera edición de noviembre de 1936 de La Guinea Española: «Nuestro Consejo de Vecinos y con buen sentido ha tomado los acuerdos en firme de decretar días Festivos el 19 de septiembre en conmemoración del golpe Salvador dado con toda felicidad y sin derramamiento de sangre en Santa Isabel y que fue secundado por toda la Isla, Benito y Kogo, y el 19 de noviembre festividad de Santa Isabel Patrona de la Ciudad, fecha que fue muy típica en los años robustos de nuestra colonización y que recuerdan con satisfacción los antiguos fernandinos. Muy bien por los ediles.

Otro acuerdo importante ha tomado el Consejo de Vecinos cual ha sido el cambio de nombres de algunas calles; y así, la calle de Galán y García Hernández, se llamará del General Franco; la de Alcalá Zamora, se llamará Alcázar de Toledo y la de la Libertad, calle del 19 de septiembre». 

Monumento a los Caídos en Punta Fernanda

Así, la festividad de septiembre pasará a ser parte de las tradiciones y costumbre insulares, con «la ermita adornada con banderas esperando las fiestas de septiembre» como recuerda Valeria -la protagonista de El corazón de los pájaros de Elsa López- de su infancia en Santa Isabel.

jueves, 11 de abril de 2019

No informa del cañoneo

Los hermanos Juan y Pedro Medina Sanabria son fuente de inspiración e información para este paseo por la calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel. Y el Blog de Pedro Medina Sanabria | Memoria e Historia de Canarias hace un trabajo constante de difusión, por lo que merece la pena bucear un rato por sus páginas.

U.4,917,618

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DON JUAN FONTAN LOBE, CAPITAN DE ARTILLERÍA Y JUEZ NOMBRADO PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LOS HECHOS OCURRIDOS EN EL VAPOR «FERNANDO POO» EL 14 DE OCTUBRE DE 1936.

CERTIFICO: Que a mi presencia y actuando como Secretario Alfonso Manrique de Lara Fierro, Sargento del Batallón de Voluntarios de Las Palmas, se presenta la Camarera Virtudes Torres Subirats, de la tripulación del “Fernando Poo”, que manifiesta lo siguiente:

No informa del cañoneo.- –

Que cuando el 1º cañonazo estaba en 3ª pasando inmediatamente al oficio de 2ª donde estaban Juan Ballesteros, David Sanz López y Mariano Juan Más.- –

Dice que Mariano Juan Más llevaba pistolas probándolas frecuentemente.- –

Dice que los más extremistas de abordo eran Francisco Caparrós, Agustín Martorell y Antonio Tarí.-

Que Nicolás Ors y Mariano Juan Más prestaban guardia en los Padres.- –

Y en prueba de conformidad firma el presente con S.S. y yo el Secretario que doy fé, en Santa Isabel a 2 de Noviembre de 1936.

[Firma no rubricada de VIRTUDES TORRES SUBIRATS, firma rubricada de JUAN FONTÁN LOBÉ, y firma abreviada de ALFONSO MANRIQUE DE LARA FIERRO].

Cfr.: Archivo del Tribunal Militar Territorial 5.- 9342-297-21.- Causa 24 de 1937.- Folio 58.

viernes, 29 de marzo de 2019

El fusilamiento de Matías López Morales


Se da una peculiaridad más en el territorio: empezada la purga en la España de Franco, al igual que se dan casos de alistamientos en la División Azul para redimir faltas propias o ajenas, hacer méritos y alejar sospechas, igualmente hay quien solicita plaza en la administración colonial.

No fueron pocos los casos, y el blog "Memoria e Historia de Canarias" de Pedro Medina Sanabria recoge el de la familia del canario Matías López Morales, cuyo padre -Matías López Rodríguez- se alistó a sus más de 50 años en el Batallón de Voluntarios enviado a Guinea en el Ciudad de Mahón, para evitar infructuosamente el fusilamiento de su hijo:

MEMORIAS DE LA MADRASTRA DE MATÍAS LÓPEZ MORALES
Hoy 1 de Julio de 1936 empiezo a escribir mis memorias. Empezando que presencié el consejo de Guerra celebrado el 26 y 27 de Enero de 1937, en el Cuartel de Ingenieros de la Isleta. En él había muchos hombres y un solo militar que era mi hijo Matías, fue el último que sentenció a muerte el fiscal teniente Dolla Manera, sobrino del General Dolla de la Hoz, luego de firmar la pena de muerte le dijo si el acusado tenía algo que alegar que se ponga de pie y lo diga, se puso de pie y dijo : “ Señores del Consejo yo les ruego que tomen en cuenta mi conducta militar y civil, pues nunca se me ha arrestado ni se me ha llamado la atención, siempre he cumplido con mi deber”. Había seis capitanes en el consejo de guerra, nadie contestó nada. Él salió, yo también salí de la sala, se despidió de mí y se lo llevaron en un cochito pequeño al castillo de San Francisco. A mí se me acercó el auditor de guerra y me dijo “Señora, embarque usted esta noche para Tenerife que yo tengo a mi hijo en el Hotel Parque y voy esta noche para Tenerife, va usted con nosotros que mi chofer me espera en el muelle, desayuna en casa y luego va a la comandancia que mi chofer la lleva y le indica por donde tiene que entrar, pero sin que lo vean a él ni a mi coche”. Así pues me llevó y llegué a la entrada. Afuera había varios militares. Me preguntaron qué deseaba y les dije “hablar con el General Dolla” y me dijeron “pase” y fui la primera visita. Yo llevaba varios días sin tomar ni agua, me moría de fatigas. A las diez de la mañana se abrió una puerta al fondo del salón y salió un capitán y me preguntó qué deseaba y le dije que hablar con el general Dolla y me dijeron “pase, es la primera esta señora”. Al entrar en la sala a la derecha estaba una mesa y un señor mayor con la guerrera llena de medallas y cruces. Puse la mano en la esquina de la mesa, me arrodillé y le dije “mi general, vengo a pedir clemencia, que ayer me condenaron un hijo a muerte y no tiene causa y no tiene causa ninguna para eso”.
Él dijo: “Capitán ayudante, ponga a esta mujer de pie” y dirigiéndose a mí, me dijo“señora, me parte usted el corazón pero no puedo hacer nada porque esa condena hace tiempo que la tiene el generalísimo en Burgos”.  Yo le contesté “perdone usted, mi general, pero todavía no ha llegado aquí, porque el señor que la trae no ha llegado”. Me contestó el general “señora, no puedo sino autorizarla a que ponga un telegrama pidiendo el indulto” y dijo ”Capitán Ayudante, escriba este texto: madre afligida ruega indulto para su hijo condenado a muerte Matías López Morales con motivo de la Semana Santa” y me dieron el papel que había dictado el general. Luego dijo “Capitán, acompañe a la señora fuera” y me cogió por el brazo izquierdo y me llevó a la puerta por donde había entrado y bajando la escalerilla de madera, toda vieja, moviéndose, yo iba agarrada al pasamanos de la derecha y él pegó la boca a mi oreja, dándome pequeños mordiscos y diciéndome “venga, esta noche sobre las doce, y ahí delante de ese bajo, ese árbol, nos damos un paseíto, nos tomamos unas cervecitas y yo le doy la vida de su hijo”Yo giré la cabeza, lo miré y le dije “a ese precio no compro la vida de mi hijo yo”. Me soltó de un empujón y se volvió para atrás, y si no se tiran los soldados a mantenerme y me ayudan a terminar de bajar, hubiera caído al suelo, pues yo me iba muriendo, pregunté a los soldados dónde quedaba telégrafos, pues yo no había estado nunca en Tenerife, puse el telegrama y salí para el muelle. Era mediodía, por la noche saldría el correo para Las Palmas. Serían estas fechas 28 y 29 de Enero de 1937.
Mientras Doña Carmen Delgado Expósito esperaba para hablar con el General Dolla La Hoz en la comandancia militar de Santa Cruz de Tenerife el 28 de Enero de 1937 llegaron allí unas monjas y empezaron a hablar con Doña Carmen, le preguntaron por el motivo de su visita al general, Doña Carmen les contestó “Vengo a pedirle clemencia al general porque me condenaron a muerte a un hijo ayer”. Las monjas contestaron “pues si lo han condenado es porque es un malhechor y tiene causa para eso”…
El correo llegó al muelle de Santa Catalina por la mañana a eso de las ocho, casi no salgo del correo, iba por el muelle de Santa Catalina y no creía llegar al parque porque venía totalmente mareada, las casetas y la marquesina me corrían hacia atrás. Por fin llegué al parque y en vez de ir a casa cogí la guagüilla y me fui a la Comandancia Militar del Estado Mayor, pedí al oficial de guardia hablar con el Comandante, me pasaron a una sala y me dijeron “siéntese que el comandante viene más tarde”.
Eran las nueve de la mañana cuando entré en la sala, cerraron la puerta y yo quedé allí, a oscuras. No sé ni cuánto tiempo pasó, lo que sé, y no se me olvida, es que mis lágrimas no dejaron de rodar. No sabía que hora era porque estaba a oscuras, perdí el conocimiento y volví a despertar. De pronto se abrió una puerta, se encendió una luz y entró el comandante y empezó a dar gritos “¡qué mujer es esta! Decía ¿cuándo ha entrado?. Y como yo le dije que a las nueve de la mañana, mi comandante, él llamó al guardia, y al sargento y les echó una bronca de miedo y ellos le contestaron que no sabían nada porque a ellos al hacer el relevo los salientes  no les habían dicho nada, y ellos habían hecho el relevo a mediodía.        
Entonces el comandante se serenó un poco y se acercó a mí y me dijo “señora, ¿a qué ha venido usted? Le dije que a saber de mi hijo, si lo habían matado o dónde estaba para ir a verlo. Me contestó “señora, ahora no puede ir, es de noche, yo le hago un pase por tiempo indefinido y yo mando un ordenanza a llevarla a casa, y usted se baña, se acuesta, descansa, que no se mantiene usted en pie, y mañana, a la hora que usted quiera va al castillo, y está todo el tiempo que quiera pues el pase es por tiempo indefinido y si le ponen resistencia, porque allí el que hace de comandante es de apellido Barragán, si no la deja entrar, usted le enseña el pase, pero no se lo deje, consérvelo en lo que necesite, vaya siempre que quiera. Usted puede estar noche y día, y si le dicen algo le dice usted que me llamen a mí, porque él tiene que cumplir mis órdenes”.
Al día siguiente llegué temprano al castillo y presenté el pase al cabo de guardia, entró y volvió y me dijo “pase”. Entré y vi un cerrojo, abrieron la puerta y lo trajeron a la sala de visitas, donde yo esperaba y después de saludarme me dijo “que demacrada está”. Le contesté que había estado mala esos días, pero nunca le dije que había ido a Tenerife. Estuve con él hasta las doce que a esa hora cambiaban el relevo, me dijeron que tenía que salir y más tarde podría volver a entrar con el otro que entrase. Así lo hice, me marché a casa y de nuevo volví. Le llevé un termo con café, fruta y cigarros virginios que eran los que él fumaba y después, de ese día en adelante seguí diariamente seguí mañana y tarde yendo. Le llevaba de todo, cuatro y cinco cajas de cigarros, un termo con café por la mañana, y otro por la tarde, y ropa limpia, dulces y fruta. Me dijo “si buenamente puede comprar un ajedrez, tráigamelo para enseñarla a jugar y así nos distraemos”. Yo le decía “dígame lo que le hace flata que tengo dinero, pues su padre me manda bastante” y lo único que yo recibía mensualmente eran sesenta pesetas que me las venía a traer de la comandancia. Él creyó que era verdad, que yo tenía mucho dinero y me pedía libros buenos por buenos autores caros, pero yo cogía fiado, pues gracias a Dios, dos tiendas me decían lleve lo que le haga falta. Le fui llevando desde blocs grandes y pequeños hasta estilográficas, tijeritas, espejos… No le privé de nada, era tan bueno y agradecido que se merecía todo, y al despedirme de él pro la noche me daba un beso en la frente y me decía “Hasta mañana o hasta nunca, pues de noche sacan a algunos y no regresan más”.
Siempre me estaba encargando que le dijera a mi madre que cuidara al hermanito pequeño, pues el niño tenía 6 años de edad y yo apenas lo veía, pues desde el día 29 de enero de 1937 que regresé de Tenerife y me dieron permiso por la noche para ir a verlo y me dieron el pase por tiempo indefinido no dejé de ir mañana y tarde al castillo hasta que se hacía de noche. La principal razón era para acompañarlo y que respirara aire puro, pues desde que yo salía todavía en la puerta ya oía el cerrojo de la puerta de la mazmorra, no tenía más aire que el que entraba por las rejas de hierro. Yo nunca entré pero por fuera se veía que era un muro por delante donde estaba la puerta, lo demás, bajo tierra.
Desde que yo llegaba lo sacaban y nos asentábamos en un banco rústico de madera y allí junto a mí tomaba café del que yo le llevaba y fumaba y jugábamos al ajedrez. Hablábamos y pasaba las horas tomando aire fresco y sol, y le hacía juguetes de papel al hermanito y le escribía unas letras casi todos los días, aun conservo algunas de ellas y me gustaría poner aquí la fotocopia.
Matías era el único que estaba encerrado así, yo veía a los demás presos andando, andando, de un lado para otro y sentándose por allí. Eso no lo puedo asegurar, pero es lo que veía.
Ahora voy a contar la gran alegría que recibió cuando llegó el indulto pues él creyó que ya salía para casa, pero por desgracia no fue así. Pues el mismo comandante que le comunicaba el indulto le dijo: ” de momento no puedes marcharte a casa, porque eres el primer indultado, y las familias de los demás se amotinarán y habrá una nueva revolución, de modo que de aquí te pasaremos a la prisión civil, y de allí, en un despiste, te marcharás a casa”.
¡Qué amarga realidad! Seguí encerrado noche y día, yo todos los días pasaba por la comandancia militar a preguntar al comandante de Estado Mayor qué pasaba, qué el tiempo se hacía muy largo, y ya casi hacía dos meses que el padre y Don Juan Fontán desde Fernando Poo lo creían libre puesto que estaba indultado por Franco desde el 29 de Enero de 1937.
Qué alegría y cómo se truncó esa fecha, que el día 29 de Marzo lo sacaron, lo sacaron al mediodía, diciéndole que lo traían para casa. De la alegría repartió todo lo que tenía a los que quedaban allí presos en el Castillo y deseándoles mucha suerte les dijo “hasta luego”.
Luego, cuando se dio cuenta de que pasaban de largo, les preguntó a la pareja que lo llevaba en un cochillo pequeño de color rojo ¿a dónde me van a llevar?. La pareja le dijo “a Ingenieros, a la revisión de la causa”, pero cuando se dio cuenta en lugar de entrar en Ingenieros seguían al campo de tiro.
Entonces, en  una cuartilla, manteniéndola en la palma de la mano, me escribió “Carmen, venga a verme. No quiero que llore. Tráigame una caja de cigarros Virginios aunque no creo que tenga tiempo de fumármelos” pues pensaba mandarla con un soldado, pero cuando llegó a las baterías, me encontró esperándolo. Se abrazó a mí ¿cuándo se enteró usted?. Le contesté que la noche anterior, cuando había llegado del castillo. Llegó a casa el mimo comandante que había traído el indulto y me dijo “Le vengo a traer una noticia muy triste y en secreto porque esto lo he hecho yo por mi cuenta, por si usted puede hacer algo esta noche”.
Yo no dije nada en casa y corrí a la comandancia, a preguntar si mi marido me había mandado algún dinero, pues me hacía falta para comprarle ropa a mi hijo, que estaba pasando frío en el castillo. Esto lo dije para despistar lo que ya sabía y de paso pregunté ¿pero cuando lo van a soltar que ya hace ocho meses que lo tienen encerrado noche y día?. Me dijo “ya saldrá pronto de allí”. Seguí al castillo, entré a preguntar por él, ¿pero a qué vuelve si hace poco que salió? Yo le contesté que me había enterado que al día siguiente saldría correo para Fernando Poo y quería que él le escribiera al padre. Yo antes de entrar, como llevaba la cara descompuesta me estuve tirando agua que había fuera en unos bidones llenos porque estaban arreglando el puente de entrada que era de tablas viejas y lo estaban arreglando de mampostería.
El agua estaba con una capa de cal y cemento pero como Dios es todopoderoso me refrescó la cara y me descongestionó de tal manera que él me encontró sonriente y contenta y me dijo” yo ahora no escribo, que estoy con mucho frío, a ver si usted me puede terminar el pijama de franela que le encargué ayer”, “pues lo tengo a falta de los botones, le contesté, mañana se lo traigo temprano para que lo estrene mañana mismo”. Luego nos despedimos como siempre, me besó en la frente y la palabra de siempre “Hasta mañana o hasta nunca”.
Todo lo más de prisa que pude llegué a casa y sin un segundo de descanso corté por el modelo y medidas que él me había dado anteriormente y me quedé cosiendo toda la noche. Dios me ayudó y al amanecer lo tenía terminado, lo empaqueté con todo cuidado con más ropa y hasta como si fuera a seguir allí, le llevé el desayuno como otras veces lo hacía, con su termo con café y corrí para el castillo como de costumbre. Él quedó tan contento, y yo fingiendo una tranquilidad que a duras penas podía contener. Pero Dios me ayudó. Se tomó el desayuno y fumaba todo contento con su pijama. Tan bonito, blanco manteca y pespuntes y botones azules, era de abrigo, bueno y bonito. ¿Quién le diría a él que aquel pijama iba a ser su mortaja?
Yo conteniendo mi amargura, jugamos una partida al ajedrez, hablamos de muchas cosas y reímos como si nada fuera a pasar. Luego a las once y media me llamaron diciéndome que tenía que marchar. Yo les decía que no, que yo tenía pase por tiempo indefinido, pero no me dejaron. Hasta luego, nos dijimos. A mí el tiempo me parecía interminable, luego para llegar a casa y coger de nuevo un termo con café, y unas cajas de cigarros, y tomar un taxi, y correr para la Isleta.
Pregunté a unos soldados que vi por allí que dónde estaban los que iban a fusilar, y me contestaron que en unas baterías que no se veían pero que siguiera el coche por una vereda de tierra y polvo que pasaba por el campo de tiro y seguía dando unas vueltas llegaría a las baterías, que estaban de debajo de tierra, pero que la vereda llegaba hasta ellas. De ese modo llegué a una zanja, bajé del coche, y luego bajé una veredita de tierra y a lo largo de la zanja estaban unos cuantos soldados y me dijeron que aún no había llegado nadie pero que pasara, que pronto llegarían. En seguida llegó un jeep con cuatro hombres y detrás el mío en un cochillo rojo pequeño acompañado por una pareja de la Guardia Civil.
Cuando Matías me encontró allí quedó sorprendido y emocionado, pues creía que yo no sabía nada de aquel amargo drama. Pusieron a cada uno en una batería, especie de cueva, y dos soldados a hacerle guardia en la puerta de entrada con fusiles y bayonetas caladas. Del hueco donde nosotros estábamos oímos los llantos y los gritos de los cuatro paisanos que trajeron del Penal de Gando y el mío decía “¿por qué serán tan cobardes delante de los verdugos?”.
En seguida llegaron muchos falanges corriendo y los chicos que estaban guardando la salida estaban haciendo guardia llorando con los ojos hinchados, que tenían que mantener el fusil con las dos manos y Matías les decía “esténse tranquilos para que puedan matarme ya que han mandado a mis mejores compañeros”.
Para que sufrieran más llegó un teniente llamado Simeón, que era hermano del cura que estaba en San Francisco, con una botella de coñac y le dijo “toma muchacho, tómate un buche para que te serenes”. Matías le contestó:  ”¿ más sereno me quiere? Usted es el  que no lo está, yo no bebo nunca, y hoy menos lo haré. Estoy escribiendo a mi padre varias cosas, y hablando con mi madre que es un ser extraordinario y ha venido a acompañarme hasta el último momento en que me van a asesinar después de estar indultado dos meses y mi padre voluntario sirviendo en Fernando Poo, que con los accidentes que han pasado allí está vivo de milagro. Ya que usted me ha traído el coñac se lo agradezco, yo desearía una botella de agua para refrescarme la boca”.
‘Querido padre: ¡Qué casualidad! Esta mañana le escribí una carta que le entregué a Carmen y a eso de las 11 y media vinieron a buscarme para fusilarme. Esta nota la escribo en una batería del Pto. de La Luz de donde me sacarán para fusilarme. No se apure. Muero como quien soy. Carmen ha venido a verme. Se ha portado conmigo como debía. Como una verdadera madre. No tengo nada más que decirle, sino que estoy satisfecho de mí mismo. Un abrazo de su hijo’.
Deja a su padre y a Dª Carmen Delgado Expósito (madrastra).

Carta de Matías López Morales a su padre, 29 de marzo de 1937.

El teniente se marchó, y al rato volvió con una botella de agua abierta. Él me dio a tomar a mí, y luego tomó él, y la iba a poner en el suelo y le dijo el teniente “la botella no se puede quedar aquí”. Entonces le contestó él: “La botella no se puede quedar aquí porque cree usted que me voy a ensuciar las manos dándole un golpe con la botella. Yo soy un hombre honrado y hasta hoy tengo mis manos limpias y mi conciencia tranquila”. Le devolvió la botella.
En este momento llegó un cura y le dijo “muchacho, confiésate que es el último momento de tu vida”. Él miro de arriba abajo, y le dijo “No señor, mi vida no se sabe lo que podría durar, porque Dios me la dio y él es quien podía quitármela, pero usted viene aquí a apadrinar el crimen. Su puesto está ante un jefe a decir que no sea un criminal despiadado dando órdenes de matar a hombres que no han cometido ningún delito y siempre han cumplido con su deber de ciudadanos trabajadores y honrados, muchos de ellos padres de familias, dejando huérfanos niños y mujeres sin amparo y sin consuelo de nadie”. El cura dio media vuelta y no volvió, pero a los demás los hacía confesarse, y a los que estaban llorando les hacía llorar más, diciéndoles que se confesaran y arrepintieran si habían matado a alguien o si tenían armas escondidas, y ellos contestaban llorando desconsoladamente que no habían hecho nada malo, que por qué les iban a matar y gritaban ay, mis hijos y mi mujer y mi madre!.
Y nosotros sufriendo mucho al oírles decir estas palabras, pues este gran drama hay que pasarlo para saber lo que se siente y no poder remediar nada. ¡Ay Dios mío, gritaban, qué pena, qué dolor!… Y nosotros hablando con serenidad y a duras penas él escribía, y otras veces dándome consejos para que educara bien al hermanito pequeño, que estaba seguro que crecería y sería muy bueno como él le había inculcado, y como usted sabe hacerlo, y yo que no lloré delante de él pedía a Dios que me diera fuerza para resistir y estaba aparentemente tranquila y muriéndome de pesar por dentro de mi ser…”
Y pensar que las hermanas de la madre decían que estaban contentas, pues unas primas que fueron a darle el pésame quedaron asombradas cuando les contestaron que no sentían ninguna pena porque lo quitaran del medio, que era un rojo y que la madrastra tenía la culpa de que lo mataran.
Los amigos de mi hijo Matías reunieron el dinero necesario para comprar la caja y el nicho y la lápida, y se lo dieron a un primo de la madre de Matías, para que se ocupara de comprar todo ya que yo estaba muy agotada y afligida. El primo compró el nicho y la caja, y puse el nicho a nombre de él, una hermana le dio el papel de propiedad. La lápida no se compró, ni tampoco pusieron flores, yo iba dos veces por semana a ponerle flores y ellos se quedaron con el dinero.
A los diez años, en 1948 murió el único hijo que me quedaba y aunque se le pidió el papel del nicho para enterrar a mi hijo junto con Matías no lo quisieron entregar, decían que el nicho era propiedad de ellos. Entonces mi hijo fue enterrado en una fosa del cementerio del Puerto de Guanarteme.
Por eso, un día fui yo acompañada de otra señora a una tienda de comestibles que tenían en la calle General Mola, que allí estaba el matrimonio atendiendo, y les pedí por favor que me dieran el permiso para sacar lo restos de Matías y traerlos al panteón que yo tenía en el cementerio del Puerto, y que el nicho se lo quedaran ellos, que yo no lo quería. Ellos me insultaron de mala forma, dándome gritos que me quitara de delante de ellos, que yo era una roja. No les contesté nada, ni una sola palabra y nos marchamos asombrados al ver que había gente tan mala y tan informal.
Mi hijo Matías me había encargado saliendo él para el campo de tiro a morir delante de las balas asesinas que como lo mataban por rojo, que le cubriera la cara con un paño rojo. Yo así lo hice, compré un metro de seda roja y flores también. Hice esta compra muy temprano, de mañana de paso que iba para el cementerio que el comandante Juez el día anterior por la tarde del 29 de marzo de 1937 me dijo : Usted no se puede quedar aquí sola esta noche, venga mañana temprano, que yo estaré aquí”. Pues llegamos a un tiempo. Cuando lo pasamos a la caja que le compramos, pues la que él llevó al campo de tiro era de prensado malo y la votamos para un lado, yo le limpié la cara y el lado derecho e izquierdo que estaba embarrado de sangre y tierra, pues al darle el tiro de gracia, el compañero de oficina estaba temblando y se lo dio en el ojo en lugar de dárselo en la sien. Estaba aquella masa de sangre en la guerrera, lo tapé con varios pañuelos y luego le cubrí el rostro con un paño rojo. Yo no lloraba pero sí decía ¡ay mi hijo, como te acribillaron a balazos las balas asesinas! Y el comandante me decía a mi lado “calma señora, es usted admirable”. Luego compartí el ramo de rosas rojas entre todos, eran cinco con el mío.
Más tarde llegó una mujer dando gritos y con palabrotas insultando a Franco, la mandaban a callar, pero no se callaba. Entonces no sé lo que hicieron con ella, yo no la ví más.
A las cuatro en punto el día treinta de marzo de 1937 dijo el comandante “vamos a ir dando sepultura a los demás, el suyo lo dejamos para el último para que usted esté más tiempo aquí con él”. El mismo cura que estuvo en la batería estaba allí y delante de cada uno les iba diciendo un responso, cuando le tocó al mío que lo llevaban cuatro soldados cargando la caja el comandante les dijo Lleven la caja bajita para que la madre le lleve la mano puesta encima hasta llegar al nicho”. Luego mientras caminábamos se acercó el cura a decirle un responso, yo le dije Haga usted el favor de retirarse, y así lo hizo, y mientras subían la caja al nicho el comandante mandó a un soldado a buscar una silla o un banco “para que la señora se siente mientras terminan de tapar el nicho”.
Luego de quedar el nicho tapado y con las iniciales y fecha  puestas 30 de marzo de 1937, me dijo a mí el comandante Ahora yo la llevo a casa y yo le dije Muchas gracias, ahí afuera me espera un coche para llevarme a casa, por lo tanto, se lo agradezco mucho, pero voy con el mismo que me trajo.
Cuando se aproximaba la hora del asesinato de los cinco reos de San Lorenzo el día 29 de marzo de 1937, a las cuatro de la tarde, pasaron por los alrededores de las baterías donde estaban en capilla los cinco reos un grupo de falangistas que iban a presenciar el asesinato como el que iba para una fiesta y Doña Carmen que los vio pasar les dijo “corran que se les escapa la fiesta”. Entre ese grupo iba un señor muy gordo, iba tan sofocado que llevaba la lengua fuera.
El día 28 de octubre de 1936 cuando a Matías López Morales lo llevaron del castillo al Cuartel de San Francisco para la petición fiscal, le preguntaron si deseaba alguna cosa y él les dijo “solamente quiero que dejen ir a mi madre a verme y visitarme al castillo”.
Doña Carmen Delgado Expósito con documento nacional de identidad nº 42.714.122 con domicilio en Las Palmas de Gran Canaria, c/ Emilio Zola, número 71. Nació en la Antigua, isla de Fuerteventura, el día 28 de enero de 1906, hija de Francisco Delgado Saavedra y Casimiro Expósito Díaz. Casada con Don Matías López Rodríguez. De este matrimonio nacieron dos hijos. Uno llamado Carmelo murió con seis años y medio, el otro llamado Andrés nació el 30 de Noviembre de 1928 y falleció el 25 de Noviembre de 1946 con escasos 18 años.
Al contraer matrimonio con Don Matías López Rodríguez se convirtió en la madrastra de Matías López Morales, hijo del anterior matrimonio del viudo. Matías López Morales murió el día 29 de marzo de 1937, a las cuatro de la tarde con 25 años de edad.
Esta señora con sus 87 años sobre sus espaldas ha sido una verdadera mártir a lo largo de toda su vida y hoy se encuentra sola, en una casa de alquiler, con las fotografías de todos sus seres queridos colgando de las paredes.

Esta señora a pesar de sus 87 años conserva toda su lucidez y sigue con ganas de vivir…
El padre de Matías López Morales se llamaba Matías López Rodríguez. Matías López Morales
nació en La Antigua el 8 de frebrero de 1912. La madre de Matías se llamaba Dolores Morales Suárez.
El nicho de Matías en el cementerio de Las Palmas es el nº168, norte a poniente, fila 5ª. Los que están enterrados, después de Matías son Manuel López Suárez y su mujer Ana Morales Suárez.
Este nicho fue comprado para Matías López Morales por los camaradas del Partido Comunista de Canarias, en aquella fecha representado por Mateo González y otros, además del nicho se le compró el ataúd pues el que llevaba desde el campo de tiro era muy malo.
En aquellos días dolorosos Doña Carmen Delgado Expósito no se hallaba en condiciones para poner el nicho a nombre de ella o de Matías, y fue un tío político de Matías el que le puso su nombre, por eso, cuando Doña Carmen Expósito intentó aclarar a nombre de quién estaba el nicho, el tío de Matías y su esposa que era tía de Matías, se negaron y hasta insultaron a doña Carmen. Esta gente se adueñó del nicho indebidamente.
Según informes del sepulturero los restos de Matías se hallan en este mismo nicho nº168, a pesar de haber transcurrido 56 años los restos están bien identificados pues al darle el tiro de gracia el día del asesinato se lo dieron en la cabeza y tiene el cráneo roto.
Informe del cementerio de Las Palmas del 8 de Enero de 1993.
Las Palmas de Gran Canaria 28 de Enero de 1993.
Manuel Henríquez Ranz

Manuel Henríquez Ranz tomó nota del testimonio de Carmen Delgado Expósito y recopiló toda esta información. Pero por si hubiera alguna duda, a través del Portal de Víctimas de la Guerra Civil y Represaliados del Franquismo es posible identificar sendos expedientes de indulto a Matías López Morales. Pese a todo... fue fusilado el 29 de marzo de 1937 como parte de los llamados cinco de San Lorenzo: "el alcalde Santana Vega, el secretario municipal Antonio Ramírez Graña, el jefe de la Policía Local Manuel Hernández Toledo y los sindicalistas Matías López Morales y Francisco González Santana", además de una sanción económica por los perjuicios causados.


‘Próximo a ser asesinado quiero saludar al pueblo canario, a los trabajadores españoles y del mundo entero. No me pesa morir cómo, cuándo y por quién muero. Sólo siento la gran satisfacción de haber cumplido hasta el fi n con mi deber de hombre consciente, de combatiente de la Internacional Comunista, de hijo honrado del pueblo español. Muero satisfecho. Nuestro es el triunfo. Que tiemblen mis verdugos, que tiemblen los traidores. Que tiemblen los que han obligado a mi pueblo a comer tuneras. La hora de su derrota ha sonado. ¡Hombres de izquierdas! ¡Comunistas! ¡Recoged mi último grito! No perdones ni a un enemigo ni a un delator. ¡Exterminio a los verdugos fascistas! ¡Viva el F.(rente) Popular Español! Haced que mi grito llegue a todos los hombres honrados’

Carta de despedida el día de su fusilamiento, 29 de marzo de 1937.