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viernes, 15 de febrero de 2013

JOSÉ ANTONIO VUELVE A GRITAR ¡VIVA EL ESTRAPERLO!

El 29 de noviembre de 1935, la prensa madrileña anunció con grandes titulares otro escándalo, y Miguel Maura planteó una interpelación pidiendo una investigación parlamentaria.

Aquella mañana pasé por la Presidencia, mientras se halla en sesión el Consejo de Ministros, y advertí grupos de gente estacionados en la calle, en hosco silencio, con un número desacostumbrado de guardias civiles entre ellos.

La historia del nuevo escándalo se extendió como fuego sobre un llano después de una sequía. Algún tiempo antes el Gobierno había contratado con un armador dos barcos para el servicio de la Guinea Española. Los barcos entregados estaban tan carcomidos, que uno se hundió en las mismas aguas del muelle y el agente del Gobierno canceló el contrato. El vendedor demandó por daños y perjuicios quinientas mil pesetas, La reclamación fue a manos de Lerroux, amigo del vendedor, y aquel la entregó a su secretario para investigación. De acuerdo con la historia que circulaba, este último habíase asombrado ante la moderación de la demanda. “¿Cómo? ¡Esto es ridículo!

La cantidad es demasiado pequeña. Debemos subirla lo menos a tres millones de pesetas”. y así fue hecho al principio, tras la insistencia del demandante. Entonces, así reza la historia, la cantidad se elevó a siete millones; pero, intimidados por su propia audacia, se dejó en tres millones. Tras esto, Lerroux avisó al agente en la Guinea Española para que pagase la cantidad dando la impresión de que la orden procedía del Consejo de Ministros. Pero el agente, hombre honesto, se negó a cumplir la orden, siendo por ello sumariamente depuesto. Regresando a Madrid a toda prisa, el agente visitó a otros ministros, que negaron todo conocimiento de la transacción si bien un distinguido ministro, notable por su piedad, pensó que era menos peligroso pagar que exponerse a las consecuencias políticas de una denuncia.

A medida que la historia era conocida, aparecía claro que los cansados hombros de Lerroux tenían que cargar con el fardo, por lo que su resentimiento echaba chispas. Sus lugartenientes no aparecían en sus escaños, y un día Lerroux, encarándose con sus con sus colegas de la derecha, les dio una explicación directa. Estos se sintieron considerablemente afectados por el gesto. Lerroux compareció ante la Comisión e insistió en que los ministros habían sido consultados.

Tras la cortina, los dirigentes derechistas trabajaban febrilmente para manipular el informe, Maura, presidente de la Comisión, dimitió como protesta., La Ceda, insistiendo en la prístina pureza de Lerroux, echaba las culpas sobre el humilde secretario, elegido como chivo expiatorio. Los monárquicos deseaban declarar culpables a los dos, amo y secretario, pero solamente de un “error administrativo”. Los republicanos de izquierda estaban dispuestos a considerar culpables, no solamente al amo y al secretario, sino a Gil Robles como encubridor del hecho.

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La Comisión no pudo llegar a un acuerdo, y sólo un informe firmado encubriendo los hechos y firmado por nueve de los veintiuno que la formaban fue presentado por la Ceda como “el informe de la Comisión”; pero las opiniones discrepantes de los monárquicos y los partidos de izquierda ni siquiera se leyeron. Según el “informe de la Comisión”, Lerroux salió “puro como la luz e inmaculado como una estrella”, víctima inocente de un perverso secretario, que fue desollado con justa cólera.

Disgustado por la farsa y la hipocresía de todo ello, José Antonio Primo de Rivera estaba como un toro furioso en una tienda de porcelanas. Atacó demoledoramente el hecho hipócrita, con pruebas, y su vigorosa acusación contra la corrupción creó intranquilidad. Sabiendo que Lerroux solamente podía  ser exonerado por órdenes de Gil Robles, se dirigió en tonos dramáticos a él, llamándole por su nombre, implorándole que no se hiciera el habitual defensor de aquellos culpables de fraude contra el Estado. El requerido, con enrojecido rostro y semblante de furor, retorciéndose y contorsionándose en su asiento, hubo un momento en que pareció que iba a levantarse, pero cambió de parecer. Lerroux permanecía sentado e inmóvil, con los brazos cruzados.

Fue un debate violento, pero sin sentido, una batalla vergonzosa. A las diez, las Cortes suspendieron la sesión hasta la una y media de la madrugada. A las seis de la mañana se verificó la votación. Lerroux fue exonerado, condenado su oscuro secretario, con la teoría de que a mejor día, un hecho mejor – pues era domingo por la mañana. Pero apenas se anunció el resultado, cuando una penetrante voz se levantó de la desierta tribuna diplomática: “¡Viva el estraperlo!”

Los diputados miraron a la cara del travieso José Antonio Primo de Rivera, quien, con el desparpajo de un niño malicioso, se reía de sus mayores. Los diputados miraron con ceñudo enfado y se echaron a la calle, desierta.

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Fuente:

Autor: Claude G. Bowers, Embajador USA en España de 1933 a 1939

Título: Misión en España (My Mission to Spain)

1955 Editorial Grijalbo.- México

CAPITULO XII .- “!VIVA EL ESTRAPERLO!” FRUTOS PODRIDOS! Páginas 172 a 174.

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El embajador Bowers denota una atinado conocimiento del devenir de los acontecimientos españoles durante su misión en España.

Esta vívida descripción de la corrupción de los inverecundos gobernantes de la reaccionaria derecha española, en el periodo republicano conocido como «bienio negro», así lo pone de manifieto,

A la vista de la corrupción política y empresarial que estamos sufriendo actualmente, en esta mediacracia o democracia mediática que nos ha tocado vivir, cabe plantearnos, una vez más, que si bien la Historia no se repite, si parece que se reitera.


Los hermanos Juan y Pedro Medina Sanabria son fuente de inspiración e información para este paseo por la calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel.

Fuente original: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/02/15/jose-antonio-vuelve-a-gritar-viva-el-estraperlo/

viernes, 1 de febrero de 2013

RECUPERANDO MEMORIA HISTÓRICA

En el verano del año 2002, mi hermano Juan me trajo un disco cd, para que lo leyese y le echara una mano corrigiendo el texto.

Quedé absolutamente pasmado con el trabajo realizado por mi hermano. Un trabajo minucioso, que me pareció hasta casi exhaustivo, sobre la tragedia de la guerra civil española en el ámbito de lo que se denomina Canarias Orientales (Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura), complementado con los antiguos territorios africanos explotados por España, Guinea Ecuatorial y A.O.E. (Sahara-Ifni).

En esa época todavía yo estaba en activo, trabajando en el Centro Meteorológico como funcionario del Cuerpo Especial de Observadores de Meteorología, y no pude ayudar a ni hermano como me hubiera gustado, al no disponer de suficiente tiempo libre.

A pesar de ello, pude aportar al libro de mi hermano Juan sobre los Campos de Concentración de Gran Canaria, el testimonio del teldense Don Pedro Martín Hernández, preso superviviente de los Campos de la Isleta y Gando. Testimonio que yo sabía era conservado por su viuda, asimismo natural de Telde, Doña María Pérez Naranjo, recientemente fallecida, en cuya casa-pensión de estudiantes del Barrio Nuevo de La Laguna estuve hospedado durante mi etapa universitaria, junto con mi hermana Pepa.

Me jubilaría el 9 de diciembre de 2002, tras haber cotizado mas de cuatro décadas.

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Los primeros años después de la jubilación los dedicamos mi mujer – mi amada Marilola – y yo, a viajar, por las islas, con especial estancia en mi isla natal, disfrutando de la hospitalidad y el cariño de mis hermanos en Gran Canaria.

Luego marchamos a la Península, para estar con nuestros hijos y nietos, en Madrid y Galicia.

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En diciembre de 2004 asistí a la presentación de un libro, titulado HORROR, ERRORES Y FALACIAS SOBRE LA GUERRA CIVIL EN CANARIAS, escrito por Leopoldo O’Shanahan Rodríguez de la Sierra, nieto del DESAPARECIDO diputado del Frente Popular por Tenerife, Don LUIS RODRÍGUEZ DE LA SIERRA Y FIGUEROA.

En el coloquio que se produjo a continuación del acto de presentación, surgió el asunto de las calles con nombres franquistas, existentes en Santa Cruz de Tenerife.

Yo cuestioné que hubiera tantas como dijo alguno: cuarenta o cincuenta.

Y uno de los presentadores me lanzó un reto: investígalo.

Desafío que acepté y recogí.

En busca de bibliografía, me dirigí a la Biblioteca Pública del Estado, que está cercana a mi casa.

Aquí encontré el libro Calles y Plazas de Santa Cruz de Tenerife [1996], del Coronel Juan J. Arencibia de Torres.

 

Libro que me resultó muy insatisfactorio, por impreciso, inexacto, falaz y tergiversador.

Entonces decidí encaminar mis pasos hacia los Archivos.

Antes de ponerme en camino, hube de documentarme acerca de la normativa existente al respecto.

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Lo que yo no podía imaginar al introducirme en este ardua labor de pesquisa dentro de los Archivos públicos, era que hubiera de leerme, previamente, tantas leyes y decretos relacionados con la normativa legal acerca de la consulta de documentos.

La documentación constitutiva del Patrimonio Documental es de libre consulta con carácter general, una vez concluida su tramitación y depositada en los archivos correspondientes, en virtud de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.

Antes de poner pie en cualquier Archivo Público, para ejercer el derecho de acceso libre a sus fondos documentales, debemos haber leído un montón de normativa legal, haberla asimilado, y luego cumplir con todas sus prescripciones.

1ª.-

Ley 9/1968, de 5 de abril, reguladora de los Secretos Oficiales, modificada por la Ley 48/1978, de 7 octubre

http://www.boe.es/g/es/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&id=1978/25567

 

2ª.-

Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

 

http://www.derecho.com/legislacion/boe/33099

3ª.-

Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español

 

http://www.boe.es/g/es/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&id=1985/12534

4ª.-

Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

 

http://www.boe.es/g/es/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&id=1992/26318

 

http://www.mityc.es/NR/rdonlyres/E9874983-0FE1-465A-BE74-F5CCAD386EF9/0/75ley301992.pdf

 

5ª.-

Reglamento de Archivos Militares aprobado por R. D. de 4 de diciembre de 1998 (B.O.D. nº 251).

 

http://www.ejercito.mde.es/ihycm/e-administracion/regarchivos.pdf

 

Ley 23/2006 de Propiedad Intelectual

http://www.boe.es/boe/dias/2006/07/08/pdfs/A25561-25572.pdf

 

http://www.boe.es/g/es/bases_datos/doc.php?coleccion=iberlex&id=1982/11196

 

¡Qué mareo!

Como para desanimar a cualquiera.

 

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Para la consulta de los documentos que contengan datos de índole personal cuyo conocimiento pueda afectar a la seguridad de las personas, a su honor, o a la intimidad de su vida privada y a su propia imagen, se deberán respetar los plazos marcados en el artículo 57,1 c) de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, que dice así:

Artículo 57.

1. La consulta de los documentos constitutivos del patrimonio documental español a que se refiere el artículo 49.2 se atendrá a las siguientes reglas:

c

Los documentos que contengan datos personales de carácter policial, procesal, clínico o de cualquier otra índole que puedan afectar a la seguridad de las personas, a su honor, a la intimidad de su vida privada y familiar y a su propia imagen, no podrán ser públicamente consultados sin que medie consentimiento expreso de los afectados o hasta que haya transcurrido un plazo de veinticinco años desde su muerte, si su fecha es conocida, o, en otro caso, de cincuenta años, a partir de la fecha de los documentos.

En el caso de que la consulta no haya quedado liberalizada por los citados plazos se deberá presentar una autorización con el consentimiento expreso de los afectados.

 

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Después de haber leído todos estos papeles oficiales, encaminé mis pasos hacia el Ayuntamiento, donde me informaron donde estaba ubicado el Archivo municipal: en el sótano, lugar construido a modo de calabozo del edificio diseñado para ser Palacio de Justicia,

Palacio de Justicia que nunca cumplió con tal función, y que finalmente, fue destinado a dependencias del Ayuntamiento.

Aquí pasé muchísimas mañanas consultando actas y otros documentos inéditos, recibiendo la inestimable ayuda de su Archivero, el arafero Febe Fariña, actualmente destinado en Las Palmas, donde desempeña una plaza de Archivero del Gobierno Canario, ganada tras superar el pertinente concurso-oposición.

En el Archivo Municipal, he encontrado abundante documentación inédita.

Quizás la más destacada haya sido un enorme legajo, marcado como MEDALLA DE BRONCE, donde me topé con una considerable cantidad de documentos originales, firmados de puño y letra por los protagonistas, voluntarios participantes en el denominado Alzamiento Nacional, personados el 18 de julio de 1936 en Capitanía. Todos ellos conspicuos individuos de la sociedad tinerfeña, que en dichos documentos exponen sus hazañas y méritos para ser recompensados con la Medalla de Bronce de la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

Por otro lado, Febe y yo, gritamos ¡Eureka! cuando descubrimos, en una ubicación inesperada, los Libros de Actas Municipales de la Segunda República.

Por las tardes iba a las hemerotecas.

Luego me fui al A.I.M.C. del Cuartel de Almeyda.

Aquí el resultado fue bastante decepcionante.

Vi miles de papeles irrelevantes, entre los cuales se vislumbraban algunos – muy pocos – con detalles que podían considerarse novedosos.

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Y en esto, en noviembre de 2007 se aprueba la Ley 52/2007, que entraría en vigor el día de los Santos Inocentes de ese mismo año 2007.

Al amparo de la ampliación de derechos concedidos por esta Ley de Memoria Histórica, decidí dirigirme al Tribunal Militar Territorial Quinto, sito en la Avenida 25 de julio, dentro del edificio de la Subdelegación de Ministerio de Defensa. Edificio que lucía una curiosa fachada ornada en todo lo alto por el escudo nacional franquista del águila rampante aferrando el yugo y las flechas, mientras en la parte baja luce dos escudos de la Monarquía del Rey Juan Carlos I.

Dicho águila rampante ha sido desmontado, habiendo sido colocado en su lugar el escudo constitucional actual, durante el periodo en que estuvo al frente del Ministerio de Defensa Carme María Chacón Piqueras, la primera mujer embarazada que ha sido Ministra de Defensa.

 

En este edificio, estoy buscando la causa 1/1936 de Gran Canaria, en la cual fue condenado a treinta años de prisión, mi tío Juan Medina Naranjo (a) el Latonero, escapando milagrosamente a la pena de muerte impuesta a cinco de sus compañeros encausados, fusilados el lunes 7 de septiembre de 1936.

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En cumplimiento de lo dispuesto en la Ley 52/2007, y de acuerdo con el Reglamento de Archivos Jurídicos Militares, el Tribunal Militar Territorial Quinto, debe atender las múltiples peticiones que recibe. Encomienda para la cual la Secretaría del Tribunal, dispone de medios limitados e insuficientes.

Por ello, desde el primer momento que fui autorizado a penetrar en su Archivo, me propuse crear una herramienta informática que facilitara este cometido de la Secretaría del Tribunal, practicando el lema do ut des, que ha sido constante en mi vida.

De tal manera que, mientras llevo adelante mi pesquisa documental, estoy ordenando el contenido del Archivo, digitalizando todo lo que me parece de interés, y elaborando un índice informatizado, que sirva a modo de catálogo.

Este índice informatizado, es una gran tabla, consultable como Fontes Rerum, que voy actualizando paulatinamente, y poniendo a disposición de todos los interesados en el tema.

El Tribunal me ha dado toda clase de facilidades para llevar adelante esta ardua tarea, proporcionándome un despacho individual, donde trabajo, sin cortapisas ni interferencias.

Y, aquí estoy, dedicando una media semanal de tres mañanas, lunes, miércoles y viernes.

 


Los hermanos Juan y Pedro Medina Sanabria son fuente de inspiración e información para este paseo por la calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel.

Fuente original: https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/02/01/recuperando-memoria-historica/