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lunes, 27 de julio de 2026

2.000 calzoncillos largos

¿Recordáis la donación de camisas azules de Rosón?  Lo contábamos en Los azules de Bioko

A la muerte del general, Rosón, admirador de Lina Morgan, gran ‘vedette’ de ‘Celeste… no es un color’ en La Latina, dio salida al ‘stock’ de camisas falangistas sin estrenar enviándolas, en concepto de ayuda, a Guinea Ecuatorial, que ya disfrutaba de una Carta Otorgada (obra de Herrero de Miñón, compañero de Rosón, asesorado por Condomines)... .

Debió ser memorable, como cuando el Ayuntamiento de Vitoria donó a la administración ecuatoguineana los viejos uniformes de la guardia urbana descartados con la renovada uniformidad de la udaltzaingoa.

Recuerda un poco al relato de Gustau Nerín de cómo «a la selva llegaron zapatos, pantalones, guerreras, faldas, chalecos, sombreros… El modo de emplear dichas prendas, a pesar de todo, no siempre coincidía con el habitual en Occidente: había quien llevaba una guerrera sin pantalones, o un sombrero sin camisa… Un comerciante tuvo la brillante idea de comprar el vestuario usado de un teatro de ópera barcelonés y gozó de un gran éxito vendiendo en Bata disfraces de Fausto, de Fígaro y de Hamlet».

Pero debió ser todavía mejor, cuando para tener a punto el repetidor de televisión en pico Basilé y que coincidiera la inauguración con la que sería la última conmemoración en Fernando Póo del aniversario del Alzamiento Nacional, Fraga encargó 2.000 pares de calzones largos.


Lo cuenta El Debate en Cuando Fraga encargó 2.000 calzoncillos largos para enviar a Guinea Ecuatorial:

Corría el 15 de julio y cuatro días después, con el mensaje [de Franco] en el equipaje, Fraga volaba a Guinea para inaugurar las emisiones televisivas en la colonia. Lo hacía el 20 de julio a los poco más de 3.000 metros de altura del pico de Santa Isabel, hoy pico Basilé. La construcción allí de las instalaciones de radiodifusión no había sido tarea fácil. Los obreros de la isla de Bioko se negaban a trabajar en las cotas superiores de este volcán extinto, donde el termómetro se desplomaba.

La empresa concesionaria hubo de conseguir en Madrid 2.000 calzoncillos largos para ellos. No resultó fácil reunirlos. Como consignó el ministro de Información y Turismo en sus memorias, «el que los hacía no quería creer que eran para la zona ecuatorial». Adquiridas las prendas, la obra pudo finalmente llevarse a término.

Y así, con los operarios calentitos se pudo ver en directo el «Guineanos y españoles todos: En estos días en que se cumple un aniversario más de la gloriosa efemérides de nuestro Movimiento en la vida española, me dirijo a vosotros en el momento en que se inauguran en vuestra región los servicios de la Televisión Española. (…) El Gobierno español os ha traído el más deseable de todos: el bien de la paz». 

Bueno, trajo el bien de la paz y 2.000 calzoncillos largos.

domingo, 26 de julio de 2026

El Taiwán Ibérico (IX) y la trama canaria

Hay dos temas que generan furibundas reacciones cada vez que los aludimos en este paseo por la calle 19 de septiembre de la vieja Santa Isabel: uno es cuando señalamos el origen africano del presidente José Giral y el otro con cada nuevo relato que incluimos en la serie El Taiwán Ibérico... Surgen así, reacciones del tipo de "Chorradas esto es de risa y el que lo publica mas y el que lo permite mucho más. Menudos demócratas."

¿Y si fusionamos ambos temas?

Luis  E. Togores, historiador que no esconde sus afinidades ideológicas y que es de todo menos simpatizante de la República, en el libro que dedica a Muñoz Grandes afirma:

«Sobre Muñoz Grandes y Yagüe y sus conspiraciones contra Franco se ha escrito mucho sobre bases más que cuestionables. Entre las especulaciones más increíbles, siempre con una minúscula base de verdad, el historiador Hartmut Heine afirma que en octubre de 1940 el doctor Bibiano Fernández Osorio-Tafall, uno de los comisarios generales del Ejército Popular durante la Guerra Civil, sometió desde su exilio de Nueva York a Churchill un plan para organizar un movimiento político, España Libre, que debía unir los distintos elementos de la oposición moderada contra Franco, formar una fuerza de ex soldados republicanos en América y "liberar" Canarias y Guinea con apoyo inglés, en cuanto Franco entrase en guerra a favor del Eje y así proclamar un Gobierno provisional. Este Gobierno lo formarían los generales Rojo, Miaja y Asensio Torrado, más Yagüe, Kindelán, Muñoz Grandes, Varela, Queipo de Llano y Jordana, de los que afirma que eran adversarios más o menos secretos del régimen de Franco». El propio Togores quita importancia a esa «conspiración de café».

¡Volvió el Taiwán Ibérico! Pero ¿cuál sería esa «minúscula base de verdad»? ¿Contextualizamos?

Para octubre de 1940, apenas hacía un año que el gobierno de la República y una gran masa de población habían pasado al exilio, y aunque se oficializa el «cautivo y desarmado el Ejército Rojo», en los años posteriores se sucede en España una guerra irregular en toda regla, semejante a la que décadas más tarde se desarrollaría en otros lugares como Cuba o Vietnam. 

No son pocos los republicanos que sueñan con un regreso y recuperar el poder, y en ese convicción se habría realizado el acercamiento de Bibiano Fernández Osorio-Tafall con Churchill. Son meses complejos: Alemania había derrotado a finales de junio a Francia e impuesto un gobierno títere. Ya en agosto de 1940, Leclerc seguirá instrucciones de Charles de Gaulle e inicia su gira africana intentando sublevar a los territorios africanos bajo la administración francesa del gobierno títere de Vichy. Y el exilio republicano no es ajeno a ese proceso

No es extraño, que si esa estrategia funciona con la Francia ocupada, a los republicanos les parezca replicable para el caso español, y aunque los territorios periféricos son menores comparados con Francia, pondrán el peso estratégico en las Islas Canarias.... y la Guinea Española.

Para aumentar tensión, en abierta provocación a Inglaterra, la Francia de Vichy había bombardeado en septiembre al Gibraltar británico y la propuesta va tomando forma...

Incluso Ébano da cuenta del bombardeo francés a Gibraltar.

Daniel Arasa en Los españoles en la Guerra del Pacífico entre Pearl Harbor y la masacre de Manila desarrolla más este episodio del Taiwán Ibérico:

«Bibiano Fernández Osorio-Tafall, uno de los comisarios-generales del Ejército Popular, se exilio en Nueva York. En octubre de 1940, cuando Estados Unidos aún no había entrado en guerra, envió un memorandum a Churchill notificando que estaba organizando un movimiento político bajo la denominación de España Libre y que pretendía reunir a todos los sectores moderados de oposición a Franco, incluidos militares del régimen español. Incluso intentó reclutar antiguos soldados republicanos exiliados en países de América. Proponía a Churchill que, si Franco entraba en guerra, tropas británicas y las fuerzas de España Libre ocuparían las Canarias y Guinea española para proclamar desde allí un gobierno provisional. El general José Asensio Torrado, ex subsecretario general del Ministerio de la Guerra, al que algunos llamaron "el general de las derrotas", fue agregado militar en Washington tras su destitución al frente del Ejército Republicano y se quedó en Nueva York al finalizar la Guerra Civil. Era grado 33 de la masonería. Asensio "sonó" como el jefe militar del incipiente intento de formar un cuerpo militar de antifranquistas españoles promovido por Fernández Osorio-Tafall. Según  Doussinague, Asensio y el general José Miaja hablaron en 1941 con altos cargos estadounidenses de una posible invasión de las Canarias utilizando dos barcos confiscados por los americanos a los alemanes. Incluso si fracasaba la operación se daría a Estados Unidos el pretexto para intervenir en España».

Así, apenas medio años después del memorándum de Bibiano Fernández, en verano de 1941 Canarias corrió un serio peligro de ser invadida, esta vez ya con apoyo de Estados Unidos.

Lo recoge JJ Díaz Benítez en "España libre" y los planes para la invasión de Canarias en el verano de 1941: en su relato se citan artículos del diario Arriba, y comunicaciones del Embajador: 

«El periódico España Libre publicó el 25 de julio de 1941 una noticia anunciando que el general Miaja y el general Torrado organizaban un ejército republicano con el apoyo de Estados Unidos para ocupar las Islas Canarias. Esta noticia fue luego difundida por el periódico Arriba el 31 de julio de 1941. La historia sugiere que Estados Unidos tenía planes para atacar las Islas Canarias, posiblemente como parte de una estrategia más amplia para apoyar a la causa republicana. (...)  Estos rumores no pasaron desapercibidos para el embajador español en Washington, Juan F. De Cárdenas, el cual hizo un expediente con la documentación que al respecto obraba en su poder. En él, cabe distinguir dos coyunturas criticas. La primera se localiza en pleno verano, entre finales de julio y principios de agosto de 1941, y se inicia con las noticias publicadas por España Libre. La segunda acaece al iniciarse el otoño de dicho año, mediante una sucesión de cartas anónimas en las que se denunciaba un inminente ataque anglo-americano contra Canarias». 

Finalmente no prosperó, entre otras cosas porque España no entró directamente en guerra (a cambio, Franco mantuvo colaboraciones jugando peligrosamente con los límites), e Inglaterra prefirió invertir en sobornos a los generales precisamente para que el entorno de Franco desaconsejara entrar en conflicto.

Pasado ese verano de 1941, el gobierno vasco en el exilio tomo el relevo: «el 11 de septiembre de 1941 se creó en Gran Bretaña el 3º Batallón de Fusileros Marinos de las Fuerzas Navales Francesas Libres» compuesto por vascos españoles exiliados y también de voluntarios iberoamericanos, a la espera de que la ausencia de neutralidad de la España de Franco exigiera una intervención de los aliados. De carácter efímero, sólo llegaría a intervenir en la operación Postmaster en el puerto de Santa Isabel de Fernando Póo. Pero eso ya es otro episodio de la  serie El Taiwán Ibérico.

Al final…, el que las dos islas a las que los portugueses bautizaron como Formosa (Bioko y Taiwán) no corrieran procesos históricos en paralelo sería pura casualidad.

viernes, 10 de julio de 2026

La materia guineana y la incomodidad

Francesc Sánchez nos comparte una gran entrada de El Inconformista Digital:

Cuenta Francisco Ayala en Historia de macacos como una joven mujer llega a una colonia española imaginaria situada en el África tropical y se convierte en el centro de atención de los hombres más destacados por su función. La vida de estos funcionarios, comerciantes y hombres de dudosa fortuna, pues Francisco Ayala, por haber decidido sellar su destino con la colonia les atribuye algún tipo de desequilibrio, digamos que obtiene un nuevo aliciente. No diremos mucho más sobre esto, pero sí que cuando esta mujer se va con su —supuesto— marido, el hueco dejado en esta comunidad es difícil de llenar. Hasta el límite que uno de estos prohombres para lograr obtener un beneficio económico, decide llevar a cabo con un paisano una apuesta descabellada, que tiene que ver más con las leyendas y las costumbres de los indígenas que con las del hombre blanco. En esta historia como sucede con Joseph Conrad y su novela El corazón de las tinieblas, una cosa es la ubicación en la que se inspira el autor y otra lo que este agrega al relato. La literatura es así. Pero si mantenemos que Conrad probablemente se inspiró en el Congo que en su día visitó pasando un mal momento, no podemos dejar de señalar que Ayala en esta otra historia, que dejaremos como telón de fondo, probablemente se debió de inspirar en Guinea.

Buque Fernando Poo amarrado en Santa Isabel

Del territorio del que ya no hay lugar a dudas es el que Ángel Miguel Pozanco nos cuenta en su relato Guinea Mártir, Memorias de un condenado a muerte, su narración sobre los hechos de una guerra civil que a pocos interesa, y que escribió un tiempo después de abandonar la colonia. Pozanco fue el secretario de Miguel Hernández Porcel, el subgobernador de estos territorios guineanos del territorio continental que fue conocido como Río Muni, un funcionario que se mantuvo leal a la República hasta el final. La historia tiene su miga porque Pozanco cuando describe el ambiente que encuentra en Santa Isabel nos recuerda mucho al que cuenta Francisco Ayala en Historia de macacos, pero lo que vive en su destino en Bata es increíble. Testigo, y también uno de sus protagonistas, de los hechos de la guerra, conocemos por sus palabras, que Guinea fue un escenario de tensiones, más o menos expresadas, y finalmente de enfrentamiento y muerte en el conflicto durante ese largo año de 1936, que el gran público desconoce. Hace años llevé a cabo una investigación en la que explicaba que España, con el caso guineano, había formado parte del mismo proceso por el que las potencias europeas más fuertes habían explorado, explotado y colonizado África, y hace menos expliqué en dos artículos que la Guerra Civil española también se desarrolló en este mismo lugar, pero bajo una dimensión colonial. Entre mis fuentes se encontraba lo escrito por Pozanco.

El golpe fue apoyado por la mayoría de los propietarios porque los rebeldes representaban mejor sus intereses. La ausencia de democracia en la colonia no hizo posible la articulación de ninguna política institucional, y realmente de cualquier tipo, nada que se pareciera de lejos a una democracia, si exceptuamos las actividades del pequeño núcleo de colonos de izquierdas que creó lo más parecido al Frente Popular en Bata. Estas actividades incrementaron el miedo entre los propietarios, no porque los izquierdistas en su pequeño número pudieran imponerles nada, sino por la influencia —bajo su forma de entender— negativa que podían transmitir a los negros. El miedo a los negros y a un posible, aunque improbable, levantamiento fue el que significativamente les hizo traicionar a la República y apoyar decididamente a los rebeldes. Los rebeldes dieron un golpe de Estado el 19 de septiembre en Fernando Poo, donde se encontraba la capital bautizada Santa Isabel, desde la que se pretendía controlar todo el tinglado, pero el Muni permaneció en manos republicanas. Hubo encontronazos en la selva, entre columnas de un lado y de otro formadas por negros y comandadas por blancos, donde cayeron las dos primeras bajas, pero el momento más trágico fue el hundimiento del buque Fernando Poo en la bahía de Bata por el buque rebelde Ciudad de Mahón, que procedía de las Islas Canarias y que era capitaneado por Juan Fontán, prohombre que luego sería compensado con la gobernación de la colonia. La propaganda franquista elevó a los cielos como mártires a los religiosos que estaban recluidos en este barco, y que murieron ahogados paradójicamente por este fuego amigo. El buque de los sublevados, después de bombardear Bata, desembarcó un tabor de regulares, trescientos falangistas y un centenar de coloniales para purgar elementos indeseables y poner orden en la colonia.

El régimen impuesto después por los vencedores, por su carácter militar, tradicionalista y clerical —lo que conocen como fascismo español, en resumidas cuentas— , se parecía al que se iba a imponer a toda España, pero con la diferencia de que Guinea era una colonia. Normalmente esto a veces suele olvidarse u obviarse. Hay que recordar que cualquier colonia, bajo sus diferentes denominaciones a lo largo de la historia, es un territorio y una población dominada por una metrópolis, que extrae lo que le interesa, y dicta cualquier decisión importante. De ahí que se pueda comparar cómo fue ésta durante la República y cómo fue durante el nuevo régimen dictatorial, cómo podría haber sido también una colonia civilizada si recogemos el pensamiento de Pozanco, cuando se refería al hablar de las colonias francesas, pero encontraremos más semejanzas que diferencias. La carga impositiva a través de aranceles que quería efectuar el gobierno del Frente Popular sobre los productos guineanos en manos de los grandes propietarios, un motivo no menor del apoyo a los rebeldes, cuando vencen los nacionales es conmutada por una aportación libre y voluntaria de productos hacia los esfuerzos de estos en la Península.

La educación de los negros bajo los preceptos cristianos fue fundamental, porque se buscaba trabajadores obedientes y temerosos a una entidad superior, que podía condenarles al infierno. Parece claro que España desde el principio hizo la colonia como una caricatura de la metrópolis, y ahora la reformulaba, pero no está de más preguntarse qué influencia pudo ejercer este pequeño laboratorio franquista en la Península. Porque tanto los negros como los españoles en la metrópolis iban a ser marcados a fuego candente en sus cuerpos con la cruz, el águila, y el yugo y las flechas. La colonia, no debemos olvidarlo nunca, pese a que desplegaba un afán evangelizador y de transmisión de la cultura española, cumplía una función económica, extractiva de materias y alimentos, como lo son la madera, el cacao y el café, con destino hacia la Península y hacia el resto de Europa.

Es importante remarcar cuáles eran los aliados de los rebeldes en ese momento y sobresale la Alemania de Hitler, que finalizada la Guerra Civil e iniciada la Segunda Guerra Mundial, establecerá una plataforma de abastecimiento en la isla de Fernando Poo. Ahora quizá se entiende mejor esa clarividente esvástica que aparece en la portada del libro Pozanco. Cuando se produce la famosa reunión entre Franco y Hitler en Hendaya para sondear la participación española en esta otra guerra, el caudillo le exige amplias compensaciones africanas sobre las colonias francesas, que finalmente no son concedidas porque el Führer había ocupado Francia y mantenía una fructífera relación con el régimen colaboracionista de Vichy liderado por Philippe Pétain.

Nos quedan dos cuestiones más. Resueltamente incómodas. La primera de ellas es reflexionar sobre qué hubiera pasado en la colonia si ese núcleo de españoles del Frente Popular hubiera conseguido movilizar a los negros en su causa. La especulación es libre pero los hechos son contumaces, esto nunca se produjo. Tampoco los negros decidieron iniciar una revolución, como si sucedió en otras latitudes y otros tiempos, para quitarse las cadenas la esclavitud y tomar el poder de su respectiva colonia. El ejemplo decisivo que tengo presente es el de la colonia de Saint-Domingue que sujetaba Francia, cuando en el momento en que estalla el proceso revolucionario en la metrópoli en 1789, vive una revolución [1791] en de los negros que habían sido esclavos, que por el lado de la izquierda de la Asamblea Nacional tiene simpatizantes, pero por el lado derecho tiene todo lo contrario, porque amenazaba sus intereses económicos. Esa revolución, que será el origen del Estado de Haití, tendrá su debido espacio en esta publicación, pero lo que aquí quiero señalar, es que siendo verdad que en Guinea ya no existían esclavos, también es cierto que su población negra vivía sometida a la metrópoli española bajo todo un entramado coercitivo y formas de trabajo no muy equitativas y saludables, y esa ruptura, aunque hubo resistencias, jamás se produjo.

Encuentro que todo esto siendo muy significativo hay que insertarlo en la historia colonial de Guinea, de esta forma esta guerra civil en miniatura gana fuerza como la primera piedra fundacional del régimen franquista aplicado a la colonia, que tiene su desarrollo durante la dictadura y sus consecuencias después de la independencia. Pero, como mantiene Ferran Iniesta, cometeríamos un error en estudiar la historia colonial de Guinea aislada de la gran historia de la región y sus pueblos, en donde la presencia blanca europea es fundamental para explicar tanto su historia como el presente, pero es incompleta si omitimos que sucedió antes. Esa historia blanca con sus imperios y colonizaciones produjo una disrupción, una ruptura, que llegó después de que se produjera la otra gran fractura que fue el proceso de captura y trata de esclavos, que incitaron los blancos, pero del que participaron también los que negros que disponían del poder. Pese a todo, en las sociedades africanas, y en este caso en las guineanas, permanecieron sistemas de pensamiento y creencias religiosas propios, que los europeos intentaron erradicar, pero que terminaron conviviendo y mezclándose con las nuevas formas religiosas introducidas, dando lugar en algunos casos a algo nuevo, aquello que conocemos como sincretismo religioso.

La historia de Guinea es incómoda porque nos recuerda que la historia de España es también su historia colonial. En América sabemos mucho más pero tampoco existe un gran avance constructivo en nuestra mutua relación. Porque antes, durante, y después de esa relación de dominación se hicieron cosas muy poco edificantes. Con Guinea sucede algo parecido, y por eso la relación es incomoda, hablar del pasado es desenterrar aquello que muchos no quieren reconocer porque explica el origen del que dispone del poder, y al hacerlo le deslegitima frente a los que permanecen sometidos. El hecho que la Guerra Civil española se viviera también en Guinea es una vuelta de tuerca más a esto que estoy diciendo, y que en este caso por su omisión afecta a esto que hemos venido llamar memoria histórica. Ahora quizá entendamos mejor lo que quería decirnos Francisco Ayala con su historia de macacos en esta sátira del mundo colonial, porque unos hechos en principio inofensivos, unas apariencias ridículas de unos individuos que en un escenario al límite sacan lo peor de sí mismos, ponen al descubierto relaciones de poder y sometimiento en Guinea y en cualquier parte.

 

 


viernes, 3 de julio de 2026

El Sargento Guerra

¿Recordáis los videos de Monanga Bueneke sobre vestigios de la guerra civil española en el territorio Ecuatorial? Todo un clásico.

Con otro registro, Óscar Bono Modu (al que recordaréis por su trabajo de "Wan cabronazos") elabora diferentes videos sobre historia, identidad o notas de interés sobre Guinea Ecuatorial.

El año pasado le dedicó uno de sus videos al Sargento Guerra Tonga:



Hablábamos sobre él en este paseo por la vieja calle 19 de septiembre de Santa Isabel cuando tratábamos la participación de la población local en la guerra civil en Gran palabra tienen los blancos:

el caso de Rafael Ndong Asue, el Sargento Guerra Tonga, que «a los 25 años de edad luchó con las tropas nacionalistas del general Franco y dirigió las operaciones militares que dieron lugar a la liberación del Río Muni de las fuerzas republicanas contra Franco en Guinea. Se dice que durante la guerra liberó heroicamente a muchos españoles, entre otros sacerdotes y monjas encarcelados por las tropas comunistas opuestas a Franco en Bata. Su actuación durante la guerra civil le mereció el honor y numerosas condecoraciones militares. (...) En 1957 fue despedido del ejército y confinado en su pueblo natal de Ekumanguma (Río Benito) por haber zurrado a un instructor español de la Guardia Colonial en Akurenám (Rio Muni) (...) Murió en su pueblo un 18 de octubre de 1965, abandonado en la miseria y sin recompensa financiera ni material de España tras 45 años de servicio militar español».

No es fácil encontrar información sobre el sargento, aunque a Óscar Bono le responde una seguidora con un "Wow! No sabía eso de mi abuelo. Sólo me acuerdo cuando murió por el alboroto que tampoco dejaban que los niños participarán. Yo tenía 14 años. Muchas gracias al autor y redactor de esta historia". Al igual que hace unos años, un lector de Diario Rombe comentaba de forma espontánea: "el primer oficial guineano, Sargento Rafael Guerra!!! y tantos otros. Venía de un pueblecito llamado Nnomam, donde el 90% de los jóvenes o eran profesores o estaban en escuela superior." 



De todos modos, merecería la pena buscar en los archivos militares, consideran que probablemente fue el primer oficial de origen ecuatoguineano. Pero en el listado de expedientes personales de reservistas de la Guardia Colonial en el Archivo General Militar de Guadalajara no se incluye su nombre o que como guardia indígena esté en otro archivo. Es probable que a lo largo de su carrera profesional se le haya anotado con diferentes nombres, ya que el geógrafo Pedro de Novo y Fernández-Chicarro contaba en su conferencia en la Sociedad Geográfica Nacional (1934) a la vuelta de su viaje al territorio ecuatorial cómo "una tarde llegamos a Evinayong. Allí, el teniente Aguilar, jefe del campamento, nos proporcionó escolta de ocho guardias negros a las órdenes de un sargento, también negro (llamado nada menos que Rafael Guerra y que fué nuestra providencia), y también nos facilitó ajustar más de 20 cargadores; pintoresca caravana que sumó a veces hasta 50 personas...".


Pedro de Novo, los 8 escoltas con el sargento Guerra
y los cargadores en Evinayong, "pintoresca caravana"
preparada para la primera jornada (12/06/1933).

Nos completa Óscar Bono: "según sus familiares, precisamente el sargento Guerra sería el del centro de esta conocida fotografía":