CB

miércoles, 29 de junio de 2022

El caso del mecánico especialista

Rafael de Mendizábal Allende razona en Misión en África. La descolonización de Guinea Ecuatorial (1968-1969) que «Guinea como las Islas Canarias, había sido lugar de destierro o confinamiento de revoltosos durante la insurrección en Cuba, al final del siglo XIX, la Dictadura de Primo de Rivera -Unamuno- y la República en el siguiente y de refugio más o menos solapado de disidentes en el régimen nacido de la guerra civil...».

La Universidad de Alicante ha elaborado una base de datos de La represión franquista en la provincia de Alicante, y entre la biografías recopiladas tal vez se ajuste la de Luis Sancho Riera a la situación que describía Rafael de Mendizábal:

Nacido en Alicante, 29 de junio de 1918, en una familia de 11 hermanos, su padre era alcoyano y mecánico, murió a los 35 años. En la guerra Luis Sancho prestó sus servicios como mecánico especialista de la aviación republicana con empleo de cabo. Salió hacia el exilio en los últimos días de la guerra acompañando al piloto en un avión de entrenamiento de dos plazas. Estuvo dos meses en la cárcel de Orán, después en Camp Suzzoni en Boghar. Tras pasar un tiempo en Camp Morand en Boghari, fue integrado en una de las compañías de trabajadores extranjeros y enviado hacia el sur del desierto, al campo de Bou Arfa, en la construcción del ferrocarril transahariano. En su testimonio, Luis Sancho dice que se organizaban campamentos cada cinco kilómetros del trazado del ferrocarril y allí se levantaban de 30 a 40 tiendas de campaña (marabouts). Cada campamento construía los 5 kilómetros que le correspondían de vías y cada grupo de tres personas tenían que picar 3 m³ de tierra todos los días por obligación. Pasó después a las minas de carbón de Yerada en Marruecos, justo en la frontera con Argelia, ejerciendo de mecánico reparando los motores diésel de las vagonetas y las instalaciones eléctricas. Enfermó de tifus y lo llevaron a un hospital en Sidi Bel Abbed. Habían pasado cuatro años desde su llegada. Debió ser ya en 1943, poco después de la llegada de los Aliados, cuando decide volver a España.

Volvió a España y tuvo que repetir el servicio militar en infantería en Cádiz. Al terminar volvió a Alicante y trabajó en diversos oficios, empleándose en una fábrica de cerámica. Por su actividad política tuvo que marchar a Andalucía, primero a Granada y luego a Cádiz donde trabajó de carpintero. Se trasladó después a Madrid, a Torrejón de Ardoz donde vivió varios años. En Madrid optó a una oposición de mecánico-electricista y fue enviado a Guinea, trabajó en telefonía y en una empresa de desguace de buques [y su Expediente Personal de Reservista fue transferido a la Guardia Colonial como reemplazo de 1939].
Posteriormente entró como personal civil en el Ministerio del Aire, trabajando en el aeropuerto en la central eléctrica. Consiguió traslado al aeropuerto de El Altet donde se jubiló.

Fuente: Manuel del Río Martín: La memoria y los aviadores de la IIª República durante la Guerra Civil. Tesis doctoral, UA, 2015. Publicaciones Universidad de Alicante, 2018. Alicante.

sábado, 25 de junio de 2022

El Ciudad de Mahón causa baja en la flota

Recoge La Vanguardia en su edición de 25 de junio de 1974:


Después de cuarenta y tres años de ininterrumpidos servicios, ha causado baja en la flota de la compañía Trasmediterránea la motonave «Ciudad de Mahón», veterana y constante visitante de nuestro puerto, especialmente en los años en que sirvió las líneas Barcelona-Matón y Barcelona-lbiza.
En los últimos tiempos de la Monarquía, la compañía. Trasmediterránea estaba —igual que ahora— lanzada a la realización de un plan de renovación de la flota, y a los astilleros gaditanos de Echevarrieta y Larrinaga encargó dos motonaves de 1.550 toneladas de registro y 2.150 de desplazamiento que se botaron en 1931 y recibieron los nombres de «General Berenguer» y «General Jordana». Poco después del lanzamiento de tales buques se proclamó la República en nuestro país y los citados nombres de los dos nuevos buques fueron trocados por «Ciudad de Mahón» y «Ciudad de Málaga», respectivamente. En enero de 1936, el segundo resultó hundido saliendo de Las Palmas al ser abordado por un mercante inglés.

Participación en la guerra civil

En sus primeros años de actividad el «Ciudad de Mahón» cubrió la línea Palma-Alicante-Mahón. En julio de 1936 se hallaba el buque en las Islas Canarias y en septiembre del mismo año fue incautado por las fuerzas nacionales para llevar a cabo una misión de la que, por cierto, apenas se ha hablado en las múltiples referencias históricas, oficiales y oficiosas, publicadas sobre el tema de nuestra guerra civil: la ocupación del territorio e islas de la entonces llamada Guinea española. En efecto, armado con una  pieza de 102 mm. y otra de 47 mm., el «Ciudad de Mahón» embarcó en Las Palmas una fuerza  expedicionaria compuesta por menos de 500 hombres que contaban con una batería de artillería de campaña y una sección de ametralladora. A mediados de octubre el «Ciudad de Mahón» apareció ante Bata en cuya bahía se encontraba el vapor «Fernando Poo» con un contingente de milicianos. Al negarse éstos a rendirse según la intimidación lanzada desde el «Ciudad de Mahón», entró en acción la pieza de 102 mm. que abrió amplio boquete en la flotación del «Fernando Poo». A bordo de éste se declaró un incendio que acabó con el navío, hundiéndose en la rada de Bata. Las tropas embarcadas en el «Ciudad de Mahón» tomaron rápidamente la colonia que quedó ya, desde entonces, bajo el control de la España nacional.

Servicio regular Barcelona-Palma

El «Ciudad de Mahón» quedó adscrito a la Armada como crucero auxiliar y en marzo de 1939, recién liberada Barcelona y no terminada todavía la guerra, nuestro buque reanudó el servicio marítimo regular Barcelona-Palma. Después, las necesidades del tráfico y de acuerdo con el material disponible en la diezmada flota de la Trasmediterránea, le llevaron a servir en varias de las líneas Península-Baleares.
Ahora, como todo barco viejo y poco menos que inútil, el «Ciudad de Mahón» ha causado baja en la flota para ser vendido «en pública subasta como un montón de chatarra.

miércoles, 22 de junio de 2022

Los elefantes de la calle Pinto

Contaba ayer Juan Tomás Ávila Laurel en FrontraD sobre La historia de los diez mil elefantes y los nombres
borrados del colonialismo

En estos días los promotores del proyecto que lleva por título Diez mil elefantes (Reservoir Books, 2022)  fueron protagonistas de alharacas mediáticas porque su ansiado proyecto vio la luz. En efecto, anunciado con la antelación necesaria, se produjo finalmente la  presentación en público del referido cómic,  obra de la que se dice que un cronista español y un dibujante guineoecuatoriano aunaron sus esfuerzos para crear un producto que iba a ser una sensación. Pero lo curioso del asunto es que ninguno de los que acogieron la noticia con inocultable entusiasmo reparó en el hecho de que sí parecía que lo natural hubiera sido al revés, que fuera el guineano el que aportara la historia, por estar destinada a conocerla mejor, y el español el que la fijara con sus dibujos.

Y no solamente pasó inadvertido para ellos aquella inversión de los roles, sino que, por ser quienes eran, debían saber que parte de la verdad se ocultada con aquel asunto. Actuaron, además, como si hubieran recibido la consigna de huir hacia adelante. Pero para asentar esta historia en sus cauces cabales y así facilitar la compresión de las aseveraciones aquí hechas, aclararemos que cerca del año del Señor de 2008 recibimos el encargo del actual «cronista español», uno de los autores del cómic en cuestión, de escribir una historia a propósito de un colono español que se había empecinado en vivir la experiencia de encontrarse con diez mil elefantes. Para animarnos en aquella empresa nos facilitó una decena de fotos de la colección del cineasta también colonial Manuel Hernández (1915-2008), de quien se hizo precisamente divulgador y tras recuperar cientos de fotos que aquel hiciera en Guinea bajo los auspicios del régimen franquista allá a mediados de los años 40. Para aquella tarea de redacción hubo la pertinente correspondencia económica, esto que el cronista alude como «compra». Aclaremos inmediatamente que debido al hecho de que aquellos dineros no provenían de la bolsa de un desinteresado y aquijotado filántropo, sino de una financiación pública, aquel entendimiento se llamaría «colaboración», pues no vale sostener la idea de la compra si hubo mediación de unas fotos para que el autor se haga una idea de las personas sobre las que escribiría. La realidad fue que aquella propuesta era un lanzarle a uno los guantes en toda regla; o sea, un reto mayúsculo, pues aquellas fotos nunca constituirán ningún material para coser una historia.

Hemos de decir también que de aquella colección de fotos, debidamente restituidas, se hizo una selección que el mismo recogió en un voluminoso libro titulado Mbini, cazadores de imágenes (Altair, 2006). Supimos que aquel nombre le vino inspirado por nuestra novela corta La carga, (Editorial Palmart, 1999), ambientada en el Río Benito de la época colonial, localidad costera de Río Muni que luego pasó a llamarse Mbini. Curiosamente, y sin que pareciera venir a ningún cuento, esta novela corta se menciona en la información facilitada en el cómic Diez mil elefantes, cuyos autores son presuntamente los señores ya mencionados. Creemos que esta mención es debida a un irreprimible remordimiento de conciencia por un hecho que ya tiene asentada una tradición: el esfuerzo continuado por silenciar las voces africanas y, en particular, las guineanas. Precisamente sobre este hecho centré mis palabras en un acto que tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Madrid en el mes de octubre del pasado año, en el marco del II Encuentro de hispanistas África-España. Para abundar en la idea de este esfuerzo silenciador diremos que de las miles de fotos de la colección de Hernández San Juan no hay ninguno de los fotografiados al que se pudiera identificar con un nombre, todos eran meros cuerpos, caras, rostros anónimos, aunque estuvieran embarcados en la actividad más llamativa. Es decir, para el colonialismo, que de aquello se trataba, no es importante conocer los nombres de nadie, sobre todo de los nativos.

Precisamente contra esto queremos luchar. En nuestra mencionada novela corta La Carga, ambientada precisamente en los tiempos en que aquellas fotos fueron tomadas, los protagonistas sí tienen nombres. Y siguieron teniéndolos en el relato registrado posteriormente como Elefantes en la luna y del que primero se hizo una película de animación deliciosa, Un día vi 10 mil elefantes, (dirigida por Álex Guimerá y Juan Pajares, 2015) donde sí se da crédito a un servidor como autor del relato en que se basa y luego el cómic por el que hemos salido hoy a la palestra. En este empeño por poner nombres a los protagonistas de nuestras historias no hemos necesitado, además, a ninguna antropóloga, como sí le ha ocurrido al cronista y autor del cómic.

Cuando tratamos en privado el asunto de cómo hemos sido, otra vez, silenciado en un asunto en que deberíamos ocupar un lugar central, dijimos que nuestro amigo, el cronista español, se ha pegado un tiro en el pie. Que este tiro no se convierta en una historia de mayor calado pasaría porque nuestro nombre, el mío, fuera restituido en la portada del libro, así como las relaciones económicas que exigen el caso. Lo contrario de este hecho sería la historia de un señor que, amparado en el desconocimiento resultante del ocultamiento sistemático de los nombres guineanos, se hiciera autor de una obra que no ha escrito, por más que estuviera en los inicios de su concepción, haciendo el encargo de que se escribiera. Esto, lo saben, es un fraude, y mencionarlo ahora es hacerle un flaco favor. Es decir, lo del tiro en el pie se queda corto.

miércoles, 15 de junio de 2022

Chacar & Adrián

El caso de Fernando Chacar Bru, es un misterio:

Con las fuentes de información accesibles es posible rastrear la presencia temprana de la familia Chacar en el territorio ecuatorial. Así, Miguel Chacar habría ido en 1903 comisionado a Monrovia para conseguir trabajadores. Hay incluso una finca Chacar en Basakato del Oeste (cruzada por el río Rupe) que con el paso del tiempo fue de la familia Ligero.

Suficiente arraigo familiar en la isla, como para que Fernando Chacar Bru fuera bautizado en la parroquia de Basile el 6 de marzo de 1900. Incluso en La Guinea Española recurren en 1944 al trabajo del «Sr. D. F. Chacar notable cronista de la casa [Bokoko]» para documentar un artículo sobre el origen de la antigua finca de Veiga y Avendaño.

Así con todo, fallecería en Barcelona el 13 de noviembre de 1936, a la de edad de 36 años y dejando una viuda de 26 años.

Aquí es dónde empieza el misterio, ya que su nombre (aunque baila entre Fernando y Frederic) estará entre lo que los apologetas del golpe de Estado del 36 llamarán el “genocidio” de ERC, «con más 8.500 personas asesinadas por Lluís Companys».

De las resoluciones de concesión de pensión a su viuda, la zaragozana Asunción Adrián Comerás, se deduce que éste sería un paisano militarizado con el rango reconocido de cabo de infantería.


Ficha de Asunción Adrián Comeras
en el Centro Documental de la Memoria Histórica

Sin embargo, pese a estar entre los muertos en territorio bajo administración republicana, la propia Asunción -viuda y pensionada- habría sido expedientada y sancionada en 1939 con «pena de multa, remisión o a disposición de otras autoridades» por el Tribunal Militar Territorial Tercero.

Y por esa sanción habría sido “redimida” en 2017 e incluida en la lista de reparación jurídica de víctimas del franquismo (1938-1978) de la Generalitat de Catalunya. Se decreta así la nulidad de su condena y se “restablece el honor, la dignidad y la memoria” de una víctima “injustamente procesada por los tribunales franquistas”.



Aunque igual la historia es más sencilla y cotidiana. Al fin y al cabo, puede ser una historia tan simple como la que relata Elsa López, escritora nacida en Fernando Poo, en El corazón de los pájaros: «El padre siempre decía "los nuestros" porque había sido alférez provisional durante la guerra civil española y tenía la costumbre de hacer suya la guerra; y los demás, incluida su esposa, que era republicana de pura sangre, eran "los otros", los contrarios, los enemigos. Lo de su mujer, según Florentino, era un raro accidente familiar sin importancia y además se lo reía como una gracia».

lunes, 6 de junio de 2022

Donación y castigo

La Gaceta de Madrid del 5 Noviembre 1936 publica la Relación de donantes y donativos correspondientes a la cantidad de 10.353,65 pesetas que figura anteriormente por el Gobernador del Golfo de Guinea

Y Ángel Miguel Pozanco lo recoge también en “Guinea Mártir”: «La guerra de la metrópoli determinó de manera comprensible que el servicio de vapores correos para la línea de Guinea se hallase irregularizado. A pesar de las dificultades que representaba, en el mes de agosto fondeó en la bahía de Bata, tras un largo recorrido, el Ciudad de Ibiza, pequeño barco que transportaba productos alimenticios, medicamentos y correspondencia. Ese mismo barco, en su viaje de regreso, llevaba destinadas al Gobierno diez mil pesetas que se recaudaron en el continente para las fuerzas leales que luchaban en los frentes».

No es algo tan inusual... Gustau Nerín ya recogía en el clásico Blanco bueno busca Negro pobre, que «Durante el franquismo, en España era muy popular la campaña anual del Domund, en que se recaudaba dinero para las misiones católicas. En el año 1953, la diócesis de España que más dinero por habitante aportó fue la de la Guinea Española. Los blancos y los negros de Guinea dieron mucho más para los "negritos" que los españoles de la metrópolis: los habitantes de la colonia dieron 2,61 pesetas de medía, en tanto que los de Barcelona dieron solo 0,80. Pero hay más: los que daban más para los negros eran los mismos negros, pero estos también daban mucho para los blancos. Los guineanos colaboraron intensamente en las recaudaciones proValencia de 1957 y pro-Barcelona de 1962, destinadas a recoger fondos para paliar la devastación causada por los temporales de Valencia y del Vallés. De esta forma, los campesinos africanos ayudaron en aquella ocasión a los "pobres" valencianos y a los "pobres" catalanes». Y no sólo en 1953, año tras año, campaña tras campaña, la diócesis que más aportaba era ecuatoguineana...

Colecta para negritos de África en Chamberí, 1955


Pero volviendo a nuestro tema: Durante la guerra civil, se hicieron diferentes campañas apelando a la solidaridad de la ciudadanía. 

En el caso del territorio ecuatorial, la historiografía franquista narrará que «el jefe de Correos, Isidro Álvarez Martínez, inició una suscripción para las “fuerzas leales que luchan en los frentes”. Porcel la encabezó con quinientas pesetas y llegaron a recaudarse unas diez mil, que se entregaron al comité del control del barco para que las pusiese en manos del Jefe de Gobierno. También empezaron a cargarse en el correo frutos del país donados para los milicianos por los agricultores coaccionados (sic) por el Subgobernador». A su vez, La Guinea Española lo contará así: «Suplicado. Por iniciativa de varios funcionarios públicos que han acordado ceder un día de sus haberes totales para la suscripción abierta por el Gobierno de Madrid, para la Junta Nacional de Socorros, se advierte a cuantos funcionarios y particulares deseen engrosar dicha suscripción, que en la Secretaría General del Gobierno, se recibirán las cantidades que se aporten hasta el día antes de la salida para la Península del primer correo. [Penúltimo párrafo] Santa Isabel, 1.º de septiembre de 1936. [Pie del escrito] El Gobernador General».
Todavía una semana después reiteraría: «Abierta por el Gobierno de la República una suscripción encaminada al socorro de las víctimas de la tragedia que se está desarrollando en la Península, este Gobierno General es para de todos los que, lejos de ella, sienten angustia en su corazón de españoles, que acudan a engrosarla prescindiendo de toda clase de sentimientos que no sean los humanitarios que se invocan; extendiéndose el llamamiento a los extranjeros residentes en la Colonia que desarrollan en ella su industria o su comercio y que sienten exaltados sus anhelos de fraternidad internacional».

Pero en el contexto del triunfo del golpe de Estado, ese listado de donantes se convirtió en probatorio de auxilio al gobierno de la República, por lo que los aportantes fueron cuestionados y depurados.

Obsérvese que -pese a que se ha sostenido que la población local permaneció indiferente al conflicto,  entre los donantes no son extraños los apellidos de orígen africano y fernandino, como Barleycorns, Roku, Muañache, N'guema, N'sé, Obiang, Esono, Estrada, Modipo, Boneke, Otanga, Bolopá, Eyeme, Eyanga, Ebute, Noula, Upolo... así como otros que ya han recorrido con nosotros la calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel: Francisco Hinestrosa, Gonzalo Carrillo, Emilio Fontanet, Raimundo del Pozo, Manuel Aláiz, Luis Buelta, José Lozano, Sebastián Nacarino, Joaquín Mallo (hijo)... . Surgen los nombres de muchos de los que acabaron en el campo de concentración del lazareto de Gando, o que sufrieron destierro, o simplemente desaparecieron..., al fin y al cabo, tirar de la manta, nunca fue tan fácil como leer el BOE. Esta lista publicada con posterioridad a la caída de Bata será decisiva para la incoación de expedientes y la aplicación de sanciones.


Así, tampoco es de extrañar que poco después del triunfo de los golpistas, la Cámara Agrícola diera una donación ejemplar del 20% de la producción.
"Voluntaria", dirán algunos, aunque trabajos como los de Donato Ndongo han demostrado de ésta fue inducida, y dictada su reglamentación desde la Gobernación General... pero discrepada en la intimidad. En parte, para evitar lo que Vila-San Juan definía como la desconfianza hacia los coloniales profranquistas, que -pese a haber triunfado- «los que se habían sublevado (la gente de orden), eran tratados casi como "nacionales de 2ª clase" o "semirrojos"».
En total -nos recuerda Bokung Ondo Akum- «durante la Guerra Civil Española, la Guinea Colonial aportó 61.500.000 de pesetas anuales a la causa franquista», sin contar materias primas.





lunes, 23 de mayo de 2022

El refugio ecuatorial

Recordábamos en Desterrado en Guinea, que el franquismo retoma la vieja tradición del destierro (con o sin prisión) peninsular, relegando a los condenados a las Posesiones Españolas del Golfo de Guinea. Se sucederán así sentencias de los Tribunales de Responsabilidades Políticas contra las supuestas disidencias (externas o internas).

El escritor y dramaturgo Ramón Mª del Valle-Inclán ponía -de hecho- en La Corte de los milagros la frase «¡Si está clavado, mujer! Son unos pillastres que debían estar en Fernando Poo» en boca de la reina Isabel II.

Sin embargo, razona Rafael de Mendizábal Allende en Misión en África. La descolonización de Guinea Ecuatorial (1968-1969) que «Guinea como las Islas Canarias, había sido lugar de destierro o confinamiento de revoltosos durante la insurrección en Cuba, al final del siglo xix, la Dictadura de Primo de Rivera -Unamuno- y la República en el siguiente y de refugio más o menos solapado de disidentes en el régimen nacido de la guerra civil...».

Es el caso de su amigo y asesor, el Dr. Beato: «En Burgos y en Madrid había recibido buenos consejos para conservarme sano en aquellas tierras. El doctor Vicente Beato, ginecólogo que había ayudado al nacimiento de mi hija Diana un año antes, residente durante dos "campañas" en la isla para escapar de los rigores de la guerra civil. (...) Estuvo en los Territorios Españoles del Golfo de Guinea dos campañas, cuatro años, entre 1936 y 1940, siendo allí Médico del Servicio Sanitario Colonial y Director del Dispensario Infantil de Santa Isabel».

No será el único. Ya ocurría antes de la guerra civil, que peninsulares como El Cejas o el poeta León Felipe se establecieran temporalmente en el territorio buscando distanciarse de problemas en Europa, e igualmente a raíz de la guerra civil veíamos otros casos.

Como por ejemplo en El fusilamiento de Matías López Morales, «cuyo padre -Matías López Rodríguez- se alistó a sus más de 50 años en el Batallón de Voluntarios enviado a Guinea en el Ciudad de Mahón, para evitar infructuosamente el fusilamiento de su hijo».

Juan Medina Sanabria en Isleta, Puerto de la Luz: campos de concentración  identifica otro más que os compartimos a modo ilustrativo:

Pelegrín Martín y Modesto Pernas,
guardias municipales de Telde en 1928.
Se trata del Modesto Pernas, guardia municipal de Telde desde finales de 1925 tras su licenciamiento como sargento.

Cuenta Medina que «en la mañana del Sábado 18 Julio 1936 llegan noticias sobre la situación en la Capital, así como órdenes del Gobierno Civil a la Alcaldía de Telde para que se procediera tomar las medidas precisas para garantizar el orden público, hacer frente al levantamiento militar y que por la Federación Obrera se convocara huelga general, reuniéndose muchos obreros en la plaza de San Gregorio (diversos ancianos entrevistados siempre decían plaza de Los Llanos), muchos con escopetas de caza y diversas pistolas, llevándose a cabo cacheos, detenciones, etc. en diversos lugares del término municipal. (...) Antes de las once de la mañana del citado día 19 Julio, llegan desde Las Palmas de Gran Canaria al Ayuntamiento diversas fuerzas afectas con el Alzamiento Militar, a las que se unen la Guardia Civil y Falange local (concentrados en el barrio de San Juan y San Antonio). Se toma la Alcaldía (dicen que solo hubo dos disparos sin desgracias personales) y una vez tomado el Ayuntamiento estas fuerzas siguen hacia el barrio de San Gregorio por la calle La República (luego General Franco). Antes de llegar a la plaza son tiroteados con fuego de pistolas y escopetas, siendo repelido dicho ataque con cerradas descargas de fusilería y pistolas. La concentración obrera se dispersa y huyen en desbandada, quedando más de una bala incrustada en la fachada de la Parroquia de San Gregorio. No hay por fortuna desgracias personales entre los obreros y la actuante fuerza nacionalista. Una vez sometidas las zonas urbanas de Telde proceden a la persecución y detención de los implicados en estos incidentes, dándose cuenta al Gobierno Militar la total pacificación del municipio».

Modesto Pernas es arrestado, y tras un periodo como detenido gubernativo (es decir, sin cargos pero privado de libertad por decisión de la autoridad) es puesto en libertad el 25 de junio de 1937. Fue afortunado, ya que el historiador Sergio Millares defiende que «la represión que el régimen franquista llevó a cabo en el municipio de Telde durante los meses próximo al alzamiento del 18 de julio de 1936 se saldó con la desaparición de al menos 25 vecinos de la localidad de los que nunca más se supo. (...) "El verano fue especialmente sangriento y no fue hasta mediados de 1937 cuando se dieron órdenes de no seguir con esta persecución"».

Se produce así su liberación, y poco después emigrará al territorio ecuatorial, en donde inicia una nueva vida, ya desvinculado de empleo en la función pública.

Todavía en 1942, el Juzgado de Instrucción de Telde le incoa un expediente, como supuesto vecino del municipio, y un años después, la Audiencia Provincial de las Palmas de Gran Canaria publica el sobreseimiento y el desbloqueo de sus propiedades estableciéndose la «libre disposición de sus bienes».

En su nueva vida ecuatorial, en 1951 La Guinea Española cuenta de festejos matrimoniales en Baney y de cómo contrajeron matrimonio «Conrado Bopa y Reginalda Sialo, siendo sus padrinos, D. Modesto Pernas y Dª Anita de Pernas» y en 1954 hay constancia de su condición de empleado de D. Juan García de Fistón.

En 1957, ya completamente asentado, el Gobierno general de Guinea, con informe favorable de la Asesoría Jurídica y de la Dirección General de Plazas y Provincias Africanas, publica la orden de concesión gratuita de terreno «a don Modesto Pernas Fraguio, un terreno de 30 hectáreas, al sitio denominado Las Coronas de Mueri (San Carlos), de la isla de Fernando Poo, dentro de los siguientes linderos: Norte, Luis Díes Latorre; Sur, Lucinda del Carmen Esteves García; Este, Inasa, y Oeste, Roselló y Lucinda del Carmen Esteves García».

domingo, 15 de mayo de 2022

Alejandro Torres García, defensor de Bata

Contábamos en José Serra Companys en el penal de Gando
Alejandro Torres
(1928)
que «El posicionamiento leal a la República de Ángel Miguel Pozanco, Alejandro Torres García y José Sierra Companys sería decisivo para retrasar el triunfo de los golpistas en la Guinea Española».

A Pozanco y Serra les hemos dedicado algún que otro espacio en este paseo por la Calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel, pero ¿a Alejandro Torres García?

De hecho, La Guinea Española tan sólo esboza algunas línea del tipo de «...salimos para Niefang, donde nos presentamos al camarada Alejandro Torres, Delegado del Comité de Bata,...».

No hay mucha información accesible sobre él, si bien la historiografía franquista dirá que junto con «el procurador Sierra Companys, primo del Presidente de la Generalidad, de Cataluña; el maestro nacional José Lozano; el agricultor Francisco Padrón y el industrial Enrique Brutinel» conformaron el Frente Popular en el territorio continental, con la anuencia del subgobernador Hernández Porcel y desoyendo el bando del 5 de junio de 1936.

Así, fue elegido presidente del Comité provisional del Frente Popular en Río Muni, hasta que la tripulación del vapor Fernando Poo reclamó una asamblea y se conformó un nuevo Comité Central el 1 de octubre. 

Le dedican igualmente una breve descripción: «el más caracterizado de los republicanos del continente. Plantador antiguo, establecido desde hace muchos años en la colonia, a la que llegó tras rodar por distintos lugares de América, es el tipo perfecto del colonial, ganado por lo exótico y por la aventura. “Hijo mimado de un alto funcionario del Estado -dice Ceruti- salió inquieto, voluble, corretón. Empezó varios estudios y no terminó ninguno… Recorrió en peregrinación de amargos desencantos todos los pueblos de América que tocó a su paso, desde el Golfo Mejicano al estrecho de Magallanes. Tampoco allí pudo hacer nada de provecho”. En un retorno de vencido a España oyó hablar de Guinea y se embarcó para sus tierras fabulosas».

En abril de 1928, La Voz de Cantabria: diario gráfico independiente de la mañana publica un artículo por su vínculo familiar con la provincia de Santander: «Don Alejandro Torres García -hoy rico agricultor de Santa Isabel- llegó a la isla después de probar varios caminos: telegrafista primero con su padre, el jefe jubilado de Telégrafos, don Juan Torres, tan conocido y estimado en Santander; después comerciante en Argentina, en Uruguay y en Bolivia... De América regresó a España sin haber encontrado el vellocino de oro. Acababa de cumplir treinta años y el porvenir continuaba siendo incierto. Tuvo un gesto valeroso: con el dinero justo del pasaje se embarcó para la Guinea.
De esto hace ocho años, y desembarcó sin más que treinta y cinco céntimos en el bolsillo, una maleta de ropa en cada mano, una salud a prueba de bomba y un corazón que no le cabía en el pecho. Y con todo esto y unas ansias muy grandes de trabajar, de abrirse camino, de recuperar el tiempo perdido en vanos tanteos. 
A los tres días tenía un empleo de contable en una casa portuguesa, a los once meses llevaba en arrendamiento diez y ocho hectáreas de terreno que produjeron en el primer año 11.800 kilogramos de cacao. Hoy exporta 70.000 kilos de cacao y posee fincas vastas, que en el año próximo empezarán a producir una inmensa riqueza en café. 
Para lograrlo -él mismo nos lo cuenta con la sonrisa satisfecha de quien triunfa- ha pasado los ocho años seguidos en Santa Isabel, sin tomarse un sólo mes de descanso. En los primeros tiempos ha pasado grandes privaciones, viviendo en el bosque sin probar pan ni aceite en cinco meses, sin disponer de quinina para cortar la fiebre, con el pelo crecido y la barba hasta el pecho.»

En lo que sí hay consenso e información es en su muerte:
Agricultor nacido en Canarias y directivo de la Cámara Agrícola, participó en la organización de los leales a la República en Bata, hasta que tras el bombardeo de la ciudad, «los blancos republicanos huyeron en masa de Bata a toda prisa, rumbo a Ebibeyín, para exiliarse en Camerún. Se iban a pie, en condiciones extremas, porque habían abandonado sus hogares lo más rápido posible. Según algunos guineanos, testigos de la huida, había incluso niños blancos desnudos. Prácticamente todos los colonos de izquierdas del Muni pudieron escapar a las vecinas colonias francesas. Sólo [Alejandro Torres García] un militante del Frente Popular se resistió al avance franquista; era un viejo colono que había destacado, años atrás, por sus críticas al autoritarismo de Núñez de Prado. Aquel hombre se atrincheró en un remoto destacamento del sur de Guinea y murió con el fusil en la mano, en pleno corazón de la selva ecuatorial», relató Gustau Nerín.

A su vez, cuenta Juan Medina Sanabria en Isleta, Puerto de la Luz: campos de concentración«El viejo e irreductible colono republicano, Alejandro Torres García, fusil en mano, es el último que hizo frente a las patrullas nacionales que se hacían cargo de la zona continental, hasta que agotada la munición una bala lo mata en la selva...».

O como recoge Donato Ndongo en Historia 16 «Algunas columnas persiguieron a los republicanos que huían hacia Camerún: Alejandro Torres García tiroteó a los perseguidores hasta que, ya sin munición, fue muerto».

Años después de su fallecimiento, esa lealtad al gobierno republicano supuso que el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Santa Isabel impusiera a Alejandro Torres García, «cuyo actual paradero se ignora», una desproporcionada multa de 5.000 pesetas como forma de humillarle después de muerto e incautarle las propiedades a su familia.

E indultado en 1957, dos décadas después de su fallecimiento y desprovista su familia de sus propiedades.

jueves, 5 de mayo de 2022

Un guineo más en Mauthausen

Seguro que recordáis el sufrimiento de Carlos Grey-Molay (en diversos archivos y publicaciones se le identifica como José Carlos Grey-Key), Carlitos, en el campo de concentración de Mauthausen o el de José Epita Mbomo en Neuengamme.

Pero no fueron los únicos guineos que fueron confinados por los nazis... os contamos el caso de Fernando Fernández Lavín:

Cuenta Jesús Gutierrez Flores en “Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla" que Fernando Fernández Lavín nació en la localidad de Quintana de Soba (Cantabria) en 1914, «en cuya escuela aprendió las primeas letras, pastoreó el ganado de sus padres y segó y recogió la hierba de sus brañas. Salió de su tierra para emplearse en una explotación maderera en Guinea, hasta que la guerra le sorprendió con 20 años».

Al igual que otros conciudadanos, abandonará el territorio ecuatorial tras el triunfo del golpe de Estado y -en su caso- retornará vía Francia con un grupo de vascos. Ya en Cataluña, se incorpora como soldado de la quinta del 35 (había realizado el servicio militar en la Guardia Colonial).

Luchó en los frentes de Madrid, Teruel y el Ebro, para concluir en Cataluña con el grado de comandante. Fue herido en 1938 e ingresado en el Hospital Militar de Barcelona, donde conoció a la que será su mujer (Feliciana Alonso) que visitaba a unos chicos de Irún.
Traspasó nuevamente la frontera francesa con los vencidos y fue reclutado en una compañía de trabajo para después reforzar la línea Maginot que pretendía contener la amenaza del vecino alemán. Hecho prisionero, fue confinado en Mauthausen el 12 de diciembre de 1940, en donde coincidirá con Carlos Grey-Molay.



Está documentado que en el campo de concentración, Fernando Fernández Lavín se significó como miembro destacado de la organización de resistencia interna.

Carlos Hernandez de Miguel en "Los últimos españoles de Mauthausen" relata, por ejemplo, que «en septiembre de ese año, los deportados dieron un último paso en su nivel organizativo y fundaron el AMI, Aparato Militar Internacional. A esas alturas, los españoles ya llevaban meses con estructuras paramilitares que, aunque contaban con escasísimas armas, sí estaban relativamente bien organizadas. Por esa razón, Fernando Fernández Lavín, primero, y Miguel Malle, desde comienzos de 1945, fueron los dos máximos responsables del mando central del AMI junto al general soviético Andréi Pirógov. El papel de esta estructura militar cobró especial importancia,(..) en los momentos finales de la historia del campo y, también, durante las horas y días que siguieron a la liberación».

Fernando Fernández Lavín, comandante de la AMI, organización resistente clandestina creada en 1944 en el campo de Mauthausen, 4-7 de mayo de 1945 (Foto de Francesc Boix). 

Tras ser liberado, requirió atenciones médicas por una fuerte bronconeumonía y daños en el hígado. Regresó finalmente a España en 1954, trabajando como conductor de autobuses en Barcelona hasta sacar una oposición como administrativo.

Autor:Francesc Boix i Campo. Porta d'entrada al camp de presoners.Varis deportats encarregats del control del camp fins a l'arribada dels americans. Fernando Fernández Lavín, membre del Aparell Militar Internacional (AMI). Tira de sis imatges, marca PERUTZ, amb la numeració: 4, 3, 2, 1, 45, 44, a la part superior.

Falleció en 1993 en Barcelona, sin regresar nunca al territorio ecuatorial.
  • El cuarto guineo confinado en un campo de concentración nazi (inicialmente en Sachsenhausen y finalmente en Laufen), fue Isidro Álvarez, el cartero de Bata. Sobre su vida encontrarás más información en el blog deportados de Asturias.
Pero si quieres saber más sobre Carlos Greykey, accede a

domingo, 1 de mayo de 2022

Creación del Frente Popular

¡1 de mayo! Aniversario de la creación del Frente Popular en Fernando Póo.

Realmente, fue efímero.
Pero forma parte de una historia apasionante, y poco conocida:

Cuando se repasa el desarrollo del conflicto del 36, el relato impuesto es el que reproduce Gerardo J. Cámara en La tierra amada. Aventura y Fe:
-Yolanda, en la Guerra Civil, ¿qué ocurrió en Guinea?
-Pasó con bastante tranquilidad -comento, no fue como en España. Los habitantes de Guinea no era políticos, eran trabajadores. Allí la política prácticamente no interesaba a nadie. La gente vivía pacíficamente. El gobernador de la colonia fue fiel al Frente Popular hasta que el 19 de septiembre de 1936, el capitán de la Guardia Civil y el teniente coronel de la Guardia Colonial de Fernando Poo le destituyeron en un pequeño golpe sin dar ni un tiro. No hubo derramamiento de sangre y la vida en la colonia continuó como siempre. Todo el mundo se conocía y nadie quería complicarse la vida.
-¿Qué ocurrió después de la Guerra Civil?
-Después de la guerra -continuó Yolanda- la colonia vivió una etapa floreciente (…).
Aunque sabemos que sí hubo tiros (y bombardeos), se trata de la construcción que ya veíamos con José Luis Vila-San Juan en El curioso alzamiento en Guinea:
-Los españoles que fuimos a Guinea -me dice uno de mis comunicantes- podíamos ser cualquier cosa, menos políticos... Yo llegue el 33. Aquellos españoles habían ido allí, sencillamente, por ambición. Por un correctísimo deseo de lucro: buenos sueldos (aunque dificilísimas condiciones de trabajo, habitabilidad, clima y salubridad), largos permisos o vacaciones retribuidas, posibilidades de ascensos y de independizarse, etc.
Lógicamente, como en todo este tipo de emigración, se barajaban muy distintos caracteres: el trabajador formal, el vago, el aventurero, el que tiene suerte y el que no la tiene.
-En los años 34 y 35, el Gobierno seguía preocupándose mucho y muy bien por la población de Guinea. Tanto por los nativos como por nosotros. Especialmente, en cuestiones de Sanidad colonial: uno de los grandes triunfos fue la batalla contra la mosca tse-tse, transmisora de la enfermedad del sueno que, al revés de lo que la gente cree, no produce sueño, sino que lo impide...
-Hablemos más de política.
-Esto era política.
-Si claro, pero, había lucha entre los partidos políticos?
-No. No es que hubiese o no lucha, es que no había partidos políticos.
-Pero Vds. bien tendrían ideologías distintas...
-Nosotros habíamos ido allí a trabajar y a luchar por ganar dinero. La Península, Madrid y el Congreso, quedaban muy lejos.
Fiesta republicana en Río Benito (1934):
«La colonia española en Río Benito (Guinea española)
festejó el aniversario de la proclamación de la República
que simboliza la niña María Luisa Domínguez,
a quién rodean en la foto varios indígenas».

Al fin y al cabo, en julio de 1931, el propio Alcalá-Zamora como presidente del gobierno provisional de la República, firmó un decreto exponiendo que «la modificación trascendental que en todo nuestro régimen jurídico supone el advenimiento de la República tenía que llegar, en su repercusión, al régimen colonial de los territorios que, formando parte integrante de la soberanía, están sitos en las islas y continente de Guinea». Sin embargo, y pese a que en el mismo establece que los derechos constitucionales serán de aplicación igualmente a los pobladores españoles y extranjeros del territorio, explicita que «será especial la legislación de orden público, las de reunión, asociación y Prensa», quedando la regulación de ese derecho fundamental entre las «adaptaciones que a propuesta del Gobernador se acuerden por el Gobierno».

Mientras tanto, de entre las diferentes contradicciones que experimenta la política española esos años, hay una que pese a su lejanía se vive con pasión en el territorio: se trata de la "denuncia Nombela" (por el ex inspector general de Colonias, Antonio Nombela) o "Caso Tayá", vinculada directamente con los intereses y la administración del territorio, y que acabó generando la caída del gobierno de derechas en la península. 

«¡Votad a España!, dicen, y los españoles votarán a España, a la España sin ladrones y sin encubridores, a la España libre de "Straperlos" y de "Golfos de Guinea", a la España digna del catorce de abril».

De hecho, tras las elecciones de febrero de 1936, concluirá Donato Ndongo-Bidyogo «La victoria del Frente Popular en un ambiente de máxima polarización sería el pretexto de la sublevación militar que desembocó en la Guerra Civil». Incluso entre la documentación elaborada por José Antonio Primo de Rivera en la prisión de Alicante, se incluye la referencia al «Asunto de Guinea...» como parte de su "síntesis moral" de los motivos que condujeron a la "rebelión" en julio de 1936.


Manzaneque, ex Gobernador de La Guinea,
momentos antes de jurar su declaración 
por al asunto Nombela ante la comisión parlamentaria el 4 de diciembre de 1935.

Volviendo al territorio ecuatorial, no son pocos los colonos y funcionarios que conocen personalmente a Nombela y que saben de primera mano de las arbitrariedades de las navieras con conocimiento cuando no colaboración de las autoridades de turno. En definitiva, muchos son los que festejen la denuncia y han seguido y alentado los avances del caso. Varios de ellos, redactarán y firmarán una nota de público agradecimiento para el Diario La Libertad, por ser a través de sus editoriales e investigación periodística los más visibles impulsores de que la "denuncia Nombela" no quedara olvidada en un cajón. Éstos firmantes, serán precisamente quienes tras esa euforia y alentados por el triunfo de las izquierdas en las elecciones (en las que no pudieron participar ni desde Fernando Póo, ni desde Río Muni), tomarán la determinación de constituir un estructura local del Frente Popular.
La política -seguirá el informante de Vila-San Juan- empezó al final del periodo inmediatamente anterior al 17 de julio.
La potencialidad económica de Guinea, en aquellos tiempos, era baja. Existían sólo cuatro o cinco Compañías fuertes. No podían dar buen trabajo a cuantos habían llegado allí en busca de un Eldorado. Quien no servía, quien no resistía, quien no se superaba en esfuerzo y en tesón, quedaba marginado. Entonces se empezó a hablar del Frente Popular. Se adherían los fracasados, los descontentos con su situación, que no habían sabido elevar.
En cualquier caso, contando con la necesaria anuencia del gobernador, constituyeron la organización y su primera actividad pública fue la celebración del 1 de mayo de 1936, con un comunicado que generó gran revuelo (gracias a Celeste Muñoz, os compartimos el texto):

 Agricultores, obreros, comerciantes, trabajadores todos de Fernando Póo y del Continente:

La primera agrupación de FRENTE POPULAR de Guinea, acaba de nacer en Santa Isabel de Fernando Póo, y se dirige a todos los que trabajan, en la histórica fecha del primero de Mayo, comenzando su acción pública en este día internacional de fraternidad.
Nosotros, haremos llegar hasta aquí el formidable impulso renovador que ha sacudido al pueblo español, y os aseguramos que haremos oir nuestra voz siguiendo el ejemplo magnífico de España, que en formidable esfuerzo se ha unido contra los saqueadores de las arcas públicas y del Tesoro Colonial.
Por estar lejos de la Metrópoli estos territorios, la intriga, la falta de organización y de moralidad, la arbitrariedad, están a la orden del día. Ni escapa, ni puede escapar a la Colonia a la fiscalización del pueblo. No es Guinea excepción honrosa que sea preciso destacar del bienio negro, como espejo de pureza. También aquí es necesario que lleguen nuevos aires y que soplen con fuerza sobre los emboscados que reniegan de las ideas que ayer sostuvieron, para conservar un puesto desde el que poder sabotear las tareas que se ha marcado el pueblo español, y que habrán de llegar hasta nosotros.
Durante el bienio negro, nos hemos visto asaltados por gentes encumbradas al rescoldo del favor político, ilegalmente nombradas para cargos de vital importancia, que continúan controlando los mandos y utilizándolos contra nosotros, contra el pueblo entero, contra los que representamos el nuevo movimiento del pueblo, derrocador de caciques y de capillitas de compadres.
Pero a pesar de esto, nada nos hará detenernos en nuestro camino. La agrupación de FRENTE POPULAR de Santa Isabel no ha nacido sin lucha y declara a la vez que ha nacido para la lucha.
Hemos de luchar, con toda energía y decisión, para obtener las siguientes reivindicaciones:
  1. Sustitución por elementos de izquierda de las autoridades políticas de la Colonia, nombradas durante el bienio de derechas.
  2. Derechos políticos y sociales de igual amplitud que os reconocidos en la Metrópoli.
  3. Ayuntamiento de elección popular.
  4. Delimitación de jurisdicciones y eliminación de los servicios inútiles con supresión o reforma radical de las Administraciones Territoriales y del Patronato de Indígenas.
  5. Sustitución total e inmediata de la enseñanza religiosa, pasando al Estado todas las escuelas, talleres y fincas detentados por las misiones y que son propiedad del pueblo.
  6. Reorganización de los servicios administrativos, con jornada legal del trabajo, imprimiendo mayor eficacia a la acción de todos.
  7. Revisión de los nombramientos de funcionarios efectuados durante los dos últimos años, con reconocimiento de sus derechos a los funcionarios coloniales.
  8. Fomento de la agricultura, apoyo a los pequeños agricultores y facilidades de crédito.
  9. Consejo Colonial y descentralización administrativa
  10. Modificación democrática del Estatuto Colonial.
  11. Protección eficaz del trabajo, tanto de los europeos como de los nativos.
  12. Elevación del nivel cultural y material de indígena.
POR EL FRENTE POPULAR DE SANTA ISABEL 
LA JUNTA DIRECTIVA 


¿Seguimos con el relato del monárquico Vila-San Juan?:

[El abogado Rafael Rodríguez Delgado,] el llamado Presidente del Frente Popular -único partido existente en Fernando Poo- había ido reclutando a sus adeptos casa por casa (como quien hace seguros), ya que en el Casino -una especie de club privado- sólo tenían entrada los propietarios y apoderados, lo que significaba que, aun en la eventualidad de que hubiera podido hacer allí su propaganda, poca clientela hubiese conseguido...
-En total logró reclutar unos 150 hombres. Pero, nunca fueron extremistas. Era un Frente Popular muy moderado.
De todas formas, el Gobernador General, Luis Sánchez Guerra, el 5 de junio declara el estado de excepción, que, prácticamente, ni se notó. Asimismo, solicitó a Madrid un barco de guerra, como medida preventiva. El crucero «Méndez Núñez» llega a Santa Isabel el 24.
-El Gobierno, ¿era muy izquierdista?
-Luis Sánchez Guerra era un caballero de arriba abajo. Ingeniero de Caminos, fue el quien había ya realizado el puerto de Alicante. Era hijo del ex ministro José Sánchez Guerra.


Según la historiografía franquista, la victoria del Frente Popular en 1936 tras el escándalo de la gürtel del gobierno de derechas, pone nervioso a los poderes fácticos coloniales y el gobernador «reúne a la Junta de Autoridades el 5 de junio y promulga un bando por el que se declara a la colonia en estado de excepción: "El modo de ser interpretado, por algunos, el derecho a la libre emisión de sus ideas, por primera vez reconocido en la Colonia durante el mando de este Gobernador General y el evidente estrago que a la causa de la colonización está ello ocasionando, obligan al Gobierno General, contra lo que fuera su deseo, si el freno del patriotismo hubiera sido suficiente, a adoptar las siguientes medidas,..."».


Con apenas un mes de existencia, la personería jurídica del Frente Popular quedará suspendida... y se expulsará a algunos de los agitadores como al comerciante Rafael Santos o al abogado Antonio Pérez, a los que por decisión del Gobernador General se les aplica el artículo 5 y se pone a disposición de la Audiencia de Canarias. Y así, sea como preso gubernativo de junio 1936 o como leales a la República en el territorio ecuatorial durante el golpe de Estado de julio, los fundadores del Frente Popular en la isla acabarán confinados en el campo de concentración del viejo lazareto de Gando, en donde recibirán al resto de presos coloniales conforme eran procesados en el territorio ecuatorial por las nuevas autoridades franquistas.

El golpe en la mesa del Gobernador General no pasó desapercibido: incluso el 11 de junio el diario uruguayo El bien público abría portada con un "Graves desórdenes en la Guinea Española":



Pero no hay constancia de esas revueltas... ni llegó el Blas de Lezo. Sí llegó por unos días el Méndez Núñez, que retornó a España conforme se apaciguaban los ánimos y se prolongaba inesperadamente en la península el golpe de Estado del 18 de julio.

Regresó de nuevo a mediados de agosto, ante el temor de que la oficialidad del buque se pasara a la armada sublevada en el trayecto a España. De nuevo en el puerto de Santa Isabel, y una vez depuesta la oficialidad y confinada en la hacienda de Teodoro Avendaño, la marinería permanecerá ociosa en la ciudad alentando el debate político e insuflando confianza a los militantes del disuelto Frente Popular.

Cuenta en sus informes Juan Ramírez Dampierre, Vicecónsul portugués en Fernando Póo, que esa presencia envalentonó al colectivo, el cual

dirigió una carta al Gobernador General que la consideró inconveniente e irreverente, castigando al presidente del Grupo del Frente Popular, su autor [Rafael Rodríguez Delgado], con una multa disciplinaria de quinientas pesetas. Como las condiciones financieras de éste fuesen precarias, se le embargaron algunos de sus bienes, retirados de su establecimiento, cuya venta de subasta judicial financiada para el 25 del mes corriente. Como no tuvo compradores se anunció una segunda subasta. 

Finalmente, el buque se retirará a finales de mes, quedando los frentepopulistas isleños sin su respaldo.

Pero veamos un detalle recogido por José Luis Bibang Ondo Eyang en La Guerra Civil en la Guinea española: Un episodio quizá insignificante, pero documentado

Para evitar la especulación [de alimentos], el GG, por medio de una ordenanza de 15 de agosto de 1936 (BOC de 15 de agosto de 1936), dispuso la creación de una Junta de Subsistencias, un órgano cuyas funciones principales, según rezaba la misma disposición, eran: racionar los braceros disponibles entre los finqueros coloniales; controlar y regular los precios de los productos; y proponer cualesquier otras medidas que consideren «procedentes» para el mantenimiento de la estabilidad de la actividad económica colonial durante el curso de la guerra. El presidente de la referida Junta era el Secretario General del Gobierno Colonial. Como vocales de la Junta, estaban: el presidente de la Cámara Agrícola Oficial de Comercio e Industria; el presidente de Consejo de Vecinos de Santa Isabel; el Curador Colonial; el Director de Sanidad; y el Administrador Principal de Hacienda y Aduanas. El Ayudante de la Marina actuaba como secretario de la Junta. En la Guinea continental, las funciones de la Junta de Subsistencia las desempeñaba un Comité de Subsistencias, compuesto por los señores: Toribio Villalobos (presidente), Serra Companys, Rafael Iranzo y Jose Lozano Alonso.

Obsérvese que en la zona insular se integra a representantes de instituciones... mientras que en la zona continental, los integrantes del comité procederán de -por así decirlo- la sociedad civil. 
Con el paso de los días, ese matiz será decisivo: Tras la partida del crucero Méndez Núñez, se generan  movimientos pro golpistas en la zona continental, por lo que los republicanos de Río Muni, solicitan al subgobernador que tome medidas de control de armas y revisión de jerarquías en función a la lealtad al gobierno de República. Solicitan igualmente la conformación de una milicia nacional, firmando la solicitud ciudadanos que posteriormente se verán forzados al exilio y sancionados por su posicionamiento.

El temor se confirma: unos días después, caerá Santa Isabel, y se sublevará Cogo.

Fue dado un "golpe de Estado", en la madrugada del sábado 19 del corriente (septiembre); reteniendo con respeto al Gobernador General que continúa ocupando su casa particular en el Palacio, detenido e incomunicado, esa mañana desde las seis, fueron hechos presos cuantos constituían el Grupo Político Frente Popular y sus simpatizantes, siendo las prisiones hechas por milicias nacionalistas, acompañadas cada una de tres soldados de la Guardia Colonial indígena, todos debidamente armados y equipados. Todo Esto ocurrió con el mayor orden y serenidad, alterado tan sólo con el paso constante de camionetas con tropas armadas en los puntos estratégicos de la ciudad e iban a las casas de los individuos que iban a hacer prisioneros.

La historiografía franquista contará que, tras la caída de Santa Isabel, se producirá una reunión urgente en la subdelegación del Gobierno en Bata: «Por la noche se celebra una reunión confidencial y secreta de elementos del Frente Popular, que presiden Porcel y Pozanco, y a la que asisten Alejandro Torres, Rafael Iranzo, el jefe de Correos, Isidro Álvarez y el brigada e instructor de la Guardia colonial Emilio Fontanet. En esta reunión se adoptaron graves acuerdos: proclamar el estado de guerra; destituir y arrestar al capitán y a los oficiales de la Guardia colonial y nombrar comandante militar de la colonia a Fontanet. Y, por último, sustituir a todos los administradores territoriales que no inspirasen confianza».

Y Alejandro Torres García junto con «el procurador Sierra Companys, primo del Presidente de la Generalidad, de Cataluña; el maestro nacional José Lozano; el agricultor Francisco Padrón y el industrial Enrique Brutinel» conformaron nuevamente el Frente Popular en el territorio continental, con el beneplácito del subgobernador Hernández Porcel y desoyendo el bando del 5 de junio de 1936 que había disuelto la organización en la zona insular.

Este Comité provisional del  Frente Popular en Río Muni permanecerá operativo hasta que la tripulación del vapor Fernando Poo llegó a puerto, y reclamó una asamblea el 1 de octubre, para elegir un nuevo Comité Central.
No es de extrañar esa exigencia: en opinión de la naviera, «los oficiales del barco casi todos son rojos», y de hecho la tripulación había pasado en verano por una huelga que conllevó incluso dormir en comisaría para 80 de ellos, se habían posicionado desde el primer momento a favor del gobierno republicano y contaba con un comité abordo. 

Nos comparte Celeste Muñoz: «Aquí tenim l'acta fundacional, la constitució del comitè central i una llista d'afiliats de la regió de Muni (AGA, caixa 81/15781). Segons la meva estimació el FPG va arribar a tenir entre 150 i 200 militants (tots de la comunitat colona, formada per unes 1000 persones llavors)».





Ese nuevo comité del Frente Popular apenas tendrá un par de semanas de vigencia: la mañana del 14 de octubre, del Ciudad de Mahón en una operación de falsa bandera se hará pasar por un barco extranjero llamado el Ciudad de Macao, sorprendiendo a la población de Bata. Como ya sabemos, la jornada terminará con el Fernando Póo hundido en la bahía, la ciudad bombardeada, y los pobladores huyendo desesperadamente hacia las fronteras más cercanas y zonas boscosas en las que esconderse: Ángel Miguel Pozanco, secretario del Subgobierno de Bata, concluye que «con dos cañonazos destruyó el Fernando Poo y atacó la sede del Subgobierno. En el ataque al Fernando Poo también murieron varios tripulantes y otros fueron hechos prisioneros. Soldados marroquíes bien armados, que fueron desembarcados en Bata, no respetaron nada ni a nadie». O Gustau Nerín que documenta la huida de los republicanos ante el bombardeo y desembarco en Bata, los cuales «se iban a pie, en condiciones extremas, porque habían abandonado sus hogares lo más rápido posible. Según algunos guineanos, testigos de la huida, había incluso niños blancos desnudos».

El último en caer será precisamente el agricultor Alejandro Torres García, que había sido efímero presidente del comité provisional del Frente Popular, y que permanecerá en solitario cubriendo la retirada de funcionarios y población civil. 

Seguirán castigos, juicios, confinamientos, destierros, fusilamientos, ensañamiento e incautaciones de bienes. Incluyendo el periódico El Defensor de Guinea, que con el tiempo había acabado identificándose abiertamente con el Frente Popular, y que una vez integrado en la prensa del movimiento, dio lugar al periódico Ébano.

Al final, el acumulado de días entre la organización del Frente Popular en Fernando Póo y en Río Muni, no alcanzaría ni tan siquiera 2 meses de existencia. Pero hoy... es el aniversario: ¡Feliz 1 de mayo!.