Javier Rodrigo en "La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936-1939" recoge que Queipo de Llano «declara ante la legación italiana en noviembre de 1937 que tras la guerra los españoles no se convertirían, y que en consecuencia había "que librarse de esta gente. Hay que seguir fusilando, o crear grandes campos de concentración en las Canarias o en Fernando Po [sic]"».
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| Campo de concentración del lazareto de Gando de Los campos de concentración de Franco de Carlos Hernández de Miguel. |
Lamentablemente, Carlos Hernández falleció sin poder hacer públicos los avances de su investigación: «No sé la ubicación y no tengo documentada su existencia salvo por la petición de un alto cargo franquista que pidió la liberación de un familiar que estaba, según él, allí prisionero. La respuesta de sus superiores fue negar la existencia de ese campo, pero es raro porque en la petición da hasta el número de prisionero (...). Igual es pista falsa, pero tengo que seguir tirando del hilo (...) La petición es de noviembre de 1941 y habla de un "campo de incomunicados en Bata".
Sobre el campo de Annobon, en su día investigué ese lugar porque se utilizó incluso durante la época republicana como lugar de confinamiento... (...). Tengo además (como vosotros) una serie de condenas a "confinamiento en Guinea"... y no me queda claro si era destierro únicamente o destierro y confinamiento en un campo o cárcel. Voy a repasar todo lo que tengo, a fondo, porque en su día hablé con bastante gente, entre ella con Donato NDongo-Biyogo. (...) mi olfato me dice que algo hubo... (...) Seguimos en contacto para ver si aclaramos este tema, pero yo me inclino por pensar que había un lugar de confinamiento para presos políticos españoles».
Precisamente, en los agradecimientos de su investigación sobre los campos de concentración de Franco, destaca un «A Donato Ndongo-Bidyogo, por su ayuda con mi investigación sobre la represión en la llamada Guinea española».
A su vez, la imprescindible tesis doctoral "La ley contra la costumbre. Segregación, asimilación jurídica y castigo en la Guinea española bajo el franquismo (1936-1959)" de Celeste Muñoz, al igual que Donato Ndongo en "Gran palabra tienen los blancos" describen el uso de la isla de Annobón como lugar de confinamiento forzado para población indígena, mientras a la población europea -si no desaparecían por el camino como el barbero [Francisco] Caparrós o como el sargento Anastasio Núñez, o como Manuel Pérez Teira, tripulante del Fernando Poo, fallecido en prisión preventiva en Santa Isabel-... acababa en Las Palmas; inicialmente en los almacenes de plátanos de Fyffes, más tarde en el campo de concentración del viejo lazareto de Gando... y en una época más tardía en la prisión provincial.
Aunque -como detallamos en Desterrado... en Guinea- hay una ingente cantidad de ciudadanos a los que se castigó con el destierro al territorio ecuatorial.
Así, se retomaba con determinación la tradición decimonónica de la que periódicos y obras de teatro dan testimonio, como "La promesa sagrada" de Enrique Pérez Escrich: «Los pájaros de estas grandes jaulas que se llaman ciudades son volubles como las mariposas. Cuando tú te fuiste, las murgas tocaban por las calles el himno de Riego, y hoy, al que se atreve á cantarlo le meten en chirona y le llevan á Fernando-Póo.»
En el S. XIX, sabemos que a los deportados no se les confinaba (bastaba con el perímetro insular, debiendo buscarse el confinado incluso la alimentación), pero en la postguerra ¿los condenados fueron desterrados y confinados? ¿o sólo desarraigados de la península?
Sí hay constancia de la habilitación temprana de un galpón del puerto como lugar de confinamiento, tras la toma de la ciudad la noche del 18 de septiembre. Lo cuenta Juan Ramírez Dampierre -Vicecónsul portugués en Fernando Póo-: «Los presos políticos en número de cuarenta, están bien guardados y vigilados por las milicias, como también bien tratados, pudiendo recibir de sus casas o pensión las comidas y todo lo que necesiten para su uso personal, pero sin comunicación con el exterior del enorme barracón de cemento, donde se encuentran muy bien instalados bajo rigurosa vigilancia. Entre ellos hay media docena de funcionarios de la Secretaria General del Gobierno, cuatro de la Administración de Hacienda, tres de la Administración de Correos, incluyendo el propio Administrador y varios particulares, algunos sin importancia, además de dos negros. También el capitán del Puerto se encuentra entre ellos, señalado como Gobernador Central Comunista».
| Desfile de las tropas marroquís en el ultimo trimestre de 1936, frente al edificio de la aduana del puerto de Santa Isabel. |
Coincide con el ensayo de Gonzalo Álvarez Chillida en "Guinea Ecuatorial (des)conocida": «En la isla la huida fue mucho más difícil, y se llegó a abrir un campo de concentración provisional que tenía 106 internos el 14 de noviembre. Muchos de ellos fueron enviados posteriormente a Canarias, donde debieron sufrir consejos de guerra, aún no investigados».
La Drª Muñoz documenta igualmente en su tesis una solicitud de 1943 de «crear en la Isla de Annobón una penitenciaria o campo de concentración de reclusos peligrosos o reincidentes ruega a XXX. comunique si no existe inconveniente de carácter judicial, por hallarse sujetos a procedimiento o por otra causa para que sean trasladados en el próximo vapor Sagunto, que saldrá la próxima semana, los presos que a continuación se indican, debiendo caso de no existir obstáculo, dar les órdenes oportunas para que se haga su traslado».
En la relación de condenados que acompaña a la solicitud, llama la atención que no hay ninguno de origen europeo..., de igual forma que unos años antes el Juez de Instrucción de Santa Isabel solicitaba (1938) la creación de brigadas disciplinarias para «indígenas no emancipados», siempre con la convicción de que -como documenta Enrique Martino en Opensourceguinea- «hora es ya de que el Estado asuma en toda su integridad la obligación de atender a la subsistencia de la población penal en la Colonia, relevando de esta carga a los Consejos de Vecinos, que solamente percibían del Presupuesto Colonial una tercera parte de los gastos carcelarios, y que sea el Estado también el que aproveche los servicios de penados en obras de utilidad publica».
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| Limpieza, "chapeo", de predios en Santa Isabel. |
En cualquier caso, ese campo de concentración sí debió de prosperar (y perdurar) ya que con el practicante que no fue fusilado, vemos cómo Enrique Atané Amo destinado en la isla de Annobón moría de un tiro en 1956 (!) cuando «uno de los presos indígenas llevado a Annobón pudo hacerse con un arma de fuego, con la que dio muerte a otro preso y luego disparó contra el Instructor D. Cecilio López de Letona, que resultó herido. Al intervenir D. Enrique Atané Amo, Practicante del Servicio Sanatorio Colonial un disparo le atravesó el pecho. El agresor huyó al bosque a donde le persigue la Guardia Colonial».
Pero ¿y en el territorio del Muni?
Algo debió de haber, si de vez en cuando aparecen igualmente vagas referencias a batallones disciplinarios, como ésta:
Ángel López Gutiérrez era natural de Guadalajara. Edad: 23 Sexo: Hombre Estado civil: Soltero/a Residencia: Guadalajara Filiación sindical: CNT Lugar de muerte o condena: Batallón de Trabajadores en Guinea Ecuatorial Circunstancias: Traslado a Batallones Disciplinarios de Trabajo
Fuentes: Foro por la memoria de Guadalajara (datos de su sobrino Enrique López Polo) Investigadores: Foro por la Memoria de Guadalajara/SEFT https://victimasdeladictadura.es/Angel-Lopez-Gutierrez-GU-2466
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Hoy otras confusas referencias... como la de Xosé Velo, uno de nuestros protagonistas de El Taiwán ibérico, del que se dice que «fue detenido y encarcelado tras el golpe de Estado en
1936, obligado a luchar en la División Acorazada Brunete, condenado a un
batallón de castigo en Guinea Ecuatorial por desertar…». Tal vez se trate de otra «pista falsa», como decía Carlos Hernández.
O como relata Manuel Leguineche en "El precio del paraíso" sobre Ángel García Barón: «Tres meses más tarde me llegó su carta: "Hermano: sirvo en el 404 Batallón de castigo en Marruecos (sic), en Río Muni. Duermo en una tabla de veinte centímetros de ancho. Me lavo en el mar y el agua potable está racionada. Gracias por tus desvelos".» Pero esa evidente incongruencia geográfica del jefe de la tribu, le resta credibilidad a este testimonio; ¿será Río de Oro en vez de Río Muni?


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