Os contamos un poco su caso:
Ya en 1926 "La Guinea Española" informa de la llegada del agricultor Saturnino Monteagudo, natural de Sotos (provincia de Cuenca), en el Isla de Panay.
Elementos para conocer la guerra civil española en los antiguos territorios españoles del golfo de Guinea. Actual Guinea Ecuatorial.
Publicaba hace poco un medio digital que de las tres ciudades menos visitadas del mundo, una fue ciudad española hasta 1968:
La tercera ciudad menos visitada del mundo es una que perteneció a España hasta hace casi seis décadas: Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial. En ella viven casi 300.000 personas y es el principal núcleo de población de la nación, aunque muy pocas personas se han decidido a visitarla debido a la escasa oferta turística que hay en el país.
Esta urbe se ubica en la isla de Bioko, y al haber estado durante muchos años bajo soberanía española, en ella se pueden encontrar algunos edificios coloniales a orillas del Atlántico, mientras que en sus alrededores se extienden enormes selvas que acentúan esa sensación exótica que se tiene al recorrer sus calles.
Qué lejos queda aquella nota que documenta Patricio Nbe en su viejo blog:
David Manzur Londoño (Neira, 14 de diciembre de 1929) es un pintor colombiano de origen libanés.
En 1934 su familia fue a vivir a Bata, en donde fue testigo con 6 años de edad del bombardeo de la ciudad por el Ciudad de Mahón.
«Entre sus recuerdos tiene grabada una imagen de la infancia: "A los seis años me tocó ver hundir un barco, empezaba la Guerra Civil Española, estando en Bata, Guinea Ecuatorial. Se llamaba Mahón y hundió otro barco que se llamaba Fernando Poo"», «vi cómo se hundió un barco con 90 personas adentro. Esa imagen fue muy difícil de digerir a esa edad.»
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| David Manzur. Estudio para una transverberación en el mar, 1. |
A punto de cumplir los 100 años, y con ganas de llegar a los 120, en su relato vital asoma la vivencia de la guerra (la española, la mundial y los conflictos colombianos).
Sobre el territorio ecuatorial, cuenta a la periodista Isabel López Giraldo en una de sus Historias de vida:
(...) Por razones de la depresión de la época y por el llamado de un cuñado de mi padre, durante mis primeros años viví especialmente en África y España. Lugares en los que recibí la influencia de la religión católica, de esa carga emocional arraigada en el concepto del pecado. Pero también aprendí sobre la vida de los santos.
La hermana de mi papá estaba casada con un hombre de negocios, muy rico [probablemente la familia David Nauffal de "Almacenes Madrid"]. Entonces mi papá decidió llevarnos con ellos a la Guinea Ecuatorial española, donde se encontraban. Para lograrlo, el primer paso fue llegar a la isla de la Gran Canaria. Aquí se dedicó a trabajar como comerciante de la mano de su cuñado. Yo tenía cinco años cuando viajamos, justo cuando estalló la guerra civil española. Recuerdo que me fascinó el viaje en barco: conocí el mar cuando fuimos al puerto de Barranquilla.
De Canaria fuimos a Guinea en un viaje que tomó doce días en El Domine. Este pertenecía a la compañía Trasmediterránea encargada del tránsito entre España y las colonias africanas. Era blanco, y me encantaba. Pero también me fasciné con las costas, con el mar, con los peces. El viaje me pareció mágico. Tenía seis años cuando estaba asimilando todo este esplendor.
Llegamos primero a Santa Isabel, la capital de lo que era Fernando Poo, actualmente conocido como Malabo, ubicado en el norte de Bioko. Aquí permanecimos una semana. Este es un lugar con encanto, con tortugas, con mariposas y con una densa selva tropical.
En 1934 pasamos al lugar continental de la Guinea llamado Bata, donde mi padre trabajaría. Estando allí bombardearon la Guinea Ecuatorial española, durante la guerra civil. Así fue como pasé cinco años de mi vida en medio del fuego.
Vivimos en una casa muy humilde a la orilla del mar. La casa, que más parecía una choza, tenía una seiba muy alta en el patio de atrás: creció más de treinta metros convirtiéndose en faro para los barcos.
(...) Un día, temprano, sentí un enorme estruendo por una pared que salió volando de la casa. Cuando miramos hacia el mar, había un barquito negro junto a otro, compañero de El Domine. Por fascinación me puse a verlo, pero no me dieron tiempo porque salimos huyendo a un hospital a través del bosque.
Al regreso supe que, al Fernando Poo, de la misma compañía transmediterránea de El Domine, se le había acercado un barquito negro. Éste había disparado un cañonazo que cayó en la casa vecina, derrumbándola y afectando gravemente la nuestra. En mi inocencia infantil resultó una aventura muy divertida que me llenó de curiosidad. Al final de la tarde, ya casi anocheciendo, alcanzamos a ver la manera como este barco, blanco y lleno de gente, se hundía.
Me encontraba solo. Y miraba la manera cómo, lentamente, se hundía la embarcación dejando ver un pedacito de uno de sus bordes. Me asusté al sentir una mano que tocó mi hombro. Se trataba del padre Bruno, una figura muy importante de la Iglesia pues hizo parte de las misiones maristas de España en la Guinea. El padre Bruno era amigo de mamá. Mi mamá era amiga de todos los sacerdotes. Entonces el padre Bruno me dijo: "Recemos porque están muriendo varios mártires" (...).
| Los hermanos David, Jaime (en brazos) y Sara Manzur en Bata. Detrás, el persona de servicio -boy- asignado. |
(...) En Santa Isabel me encontré con el barco italiano Duchessa D'aosta, que en ocasiones nos permitía a los muchachos, también en pandilla, escaparnos del colegio para conseguir ciertas comidas que nos daban los marineros y que por la guerra no podíamos tener en la capital. Lo triste fue que, otra noche, por efectos de un bombardeo, el barco desapareció.
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| El Duchessa D'aosta en el puerto de Santa Isabel (noviembre 1941), tomada desde el avión del Alfonso Alarcón. |
O «La guerra tenía su encanto para él [Manzur] y sus compañeros. Durante muchos meses permaneció en el puerto el barco italiano Duchessa D'aosta. Algunas veces lograban escaparse del colegio, jugaban recorriéndolo y recibían chocolates de sus marinos. Una tarde se lo llevaron y la tristeza fue total porque con él le arrebataron los dulces y el único juego que lograba atraerle».
la concesión de la nacionalidad española a los voluntarios integrantes de las Brigadas Internacionales y a sus descendientes que acrediten una labor continuada de difusión de la memoria de sus ascendientes y la defensa de la democracia en España. |
«Pasados varios meses, se presentó en el despacho parroquial de Bata el Fiscal General de la Colonia con un secretario y pidieron al párroco que les contara la conversación que había mantenido con D. Acasio Mañé la tarde que desapareció. Les contó lo dicho anteriormente. Ellos le leyeron el acta y, estando de acuerdo con lo escrito, el párroco lo firmó.
Después, el Fiscal fue llamando a declarar a las principales autoridades: al Subgobernador de Bata, al jefe de policía, al capitán de la Guardia Territorial y al Capitán de la Marina. Para eso, estuvo en Bata casi un mes. Acabado el atestado, el Fiscal y su ayudante se fueron a Santa Isabel (actual Malabo). Nada se supo de las declaraciones de las autoridades ni del atestado del Fiscal.
Nada se habría sabido del caso si unos seis años después, el mismo Fiscal no se lo hubiese revelado al P. Nicolás Preboste. De vez en cuando, este Fiscal, excelente cristiano y amigo íntimo del P. Preboste, pasaba por el despacho del misionero, para tratar con él asuntos espirituales.
Un día, antes de despedirse, le dijo: "Usted, Padre, nunca me ha preguntado sobre la desaparición y muerte de Acacio Mañé". El P. Preboste le contestó: "Es verdad, y me gustaría mucho saberlo". Le contó que, al descender Acacio las escaleras de la casa del jefe de la policía, varios guardias civiles lo sujetaron y metieron en un jeep que lo llevó a la Guardia Territorial, sin que nadie lo viera. Al día siguiente, habría tenido lugar la llamada a la misión preguntando por un capellán castrense.
A los dos o tres días, lo bajaron de noche al puerto, lo metieron en la lancha del puerto de Bata y lo llevaron a alta mar. Es probable que le dieran un tiro (esto no se ha confirmado), y a continuación lo arrojaron al mar, atado a una piedra grande. Así murió Acacio Mañé, por el "crimen" de haber hecho campaña a favor de la independencia de su pueblo. Fuera de los implicados, nadie vio nada, nadie se enteró de nada. Hasta ahora no consta que se haya castigado a los culpables.
El atestado del Fiscal fue entregado en el juzgado de Malabo, y los jueces, al ver implicadas a las autoridades de Bata, se declararon incompetentes y lo remitieron a Madrid. Allí, vista la gravedad del asunto, se archivó como secreto de Estado en el Ministerio de Guerra o de Justicia.
Los que entonces vivíamos en Guinea sólo vimos que los mencionados altos cargos de Bata, al poco tiempo de los hechos, eran sustituidos por otros, sin llamar la atención».
«Esta otra información la tengo también del P. José María Viñas Bosch. El fiscal de colonias de la Región Continental, del Opus Dei, no recuerda su nombre, se dirigía espiritualmente con el P. Nicolás Preboste. Un día, después de sus charlas místicas, el fiscal le preguntó al P. Preboste: "Padre, usted nunca me ha preguntado por lo de la muerte de Acacio Mëñë". Éste, por la seriedad del problema, le respondió entre titubeos, "pues, pues no". El fiscal le respondió: "yo sí que sé quiénes mataron a Acacio Mëñë. Interrogué a todos los jefes españoles que tenían el mando en Guinea, empezando por el Gobernador General don Faustino Ruiz González. La conclusión que saqué era que todos estos fueron los que ordenaron la muerte de Acacio, y el señor Gobernador General como el primer inculpado. Como yo no podía decidir aquí mandé el expediente a Madrid. Silencio administrativo"».
Lo relata también El País:Jesús Gil y Gil, presidente del Atlético de Madrid llegó esta mañana al aeropuerto de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, como invitado del Gobierno guineano, que preside Teodoro Obiang.
"Yo solo construí una ciudad. ¿Por qué no puedo arreglar esto?", declaró a Efe nada más bajar del avión de Iberia que le condujo a Malabo y confirmó su intención de llevar a cabo inversiones en Guinea Ecuatorial.
Fuentes empresariales de Malabo señalaron a Efe que Gil podría participar en la construcción de un hotel de lujo en Bata-capital de la parte continental de Guinea Ecuatorial y de unos apartamentos en la isla de Bioko, antiguo Fernando Poo.
"No se trata de hacer sólo un hotel", afirmó Gil, que se mostró muy optimista respecto a las posibilidades que ofrece Guinea Ecuatorial a los inversores, "sino que vengo a poner mi imaginación, que es mucha, al servicio de Guinea y estoy convencido de que se pueden hacer muchas cosas".
"Vengo a poner mi imaginación al servicio de este maravilloso país", declaró el presidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil y Gil, nada más aterrizar en el aeropuerto de Malabo, donde pasará unos días y donde tiene previsto asesorar al equipo local.
El Mercedes enviado por el presidente guineano, Teodoro Obiang Nguema, no esperó al embajador de España, Antonio Núñez, que viajó con el presidente atlético, sino a Gil, que se alojará en el Palacio de la Amistad de Malabo, con trato de gran personalidad. Jesús Gil improvisó una conferencia de prensa en la que agradeció el carácter de los guineanos en presencia del grupo de indígenas que le rindieron honores. Las autoridades guineanas pretenden que Gil construya en el país un hotel de lujo. El principal interés del presidente del club madrileño es ahora mismo asesorar sobre el entrenamiento del Atlético de Malabo, equipo del que le gustaría fichar a algún jugador.
Quién sabe en qué quedó todo eso... pero a los pocos meses, el Diario de Palencia completaba:
Sobre la información aparecida el sábado en el semanario El Independiente, en la que se aseguraba que Teodoro Obiang, presidente de Guinea Ecuatorial, había propuesto a Jesús Gil como embajador de España en este país africano el dirigente atlético dijo que no sabía nada al respecto.
"Debe haber sido un error -señaló Gil y estoy convencido de que Obiang, con el que me une una gran amistad, no ha hecho tal cosa. Supongo que, en todo caso, el presidente de Guinea me ha puesto como ejemplo de un empresario que quiere ayudar al pueblo guineano".
Y el congosá empezó a tomar forma en los medios de comunicación, como El Día de Catalunya:
Obiang desea que nombren a Jesús Gil embajador.
El presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema, ha sugerido al Gobierno español que el nuevo embajador español en Malabo sea el presidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil y Gil. Exteriores ha elevado al Consejo de Ministros el nombramiento...
Al final, el bubuto y fallido Embajador que iba a arreglar Guinea Ecuatorial, a los pocos años se lanzó a arreglar Marbella (con los resultados conocidos), Ceuta, Melilla..., e incluso se postuló infructuosamente para presidente de España.
¿Os damos un adelanto? Sólo una muestra, porque no dudamos que el cabo Salomón da mucho juego:
Empecemos por el contexto:
Una lluvia torrencial cae sobre el aeropuerto de Malabo. El calor de los trópicos, a un par de grados de latitud norte del ecuador, hace brotar del suelo un vapor húmedo que se mete por todas partes...
Y con esa escenografía, introducimos al personaje del cabo, de cuya catadura moral ya nos prevenía Pérez-Reverte en Sobornando, que es gerundio:
Unas décadas antes (como 40 años atrás), en caliente y desde Guinea Ecuatorial recogía en Ahora o nunca:(...) en mis tiempos de reportero dicharachero, cuando iba por el mundo con una mochila al hombro, soborné a docenas de fulanos de ambos sexos, en cinco continentes y en varios idiomas. Por esa ventanilla pasó de todo:(...) el cabo Salomón, jefe de policía del aeropuerto de Malabo –a ése ya sólo me faltó ponerle un piso–, que una vez hasta me dejó ver cómo le pegaba una paliza a un ministro del gobierno que no era pamue como él, sino de la tribu bubi.
Guinea Ecuatorial es uno de los pocos países del mundo en los que puede verse a un cabo primero echarle la bronca a un capitán. Eso, que para los desacostumbrados ojos de un europeo puede suponer un espectáculo insólito y pintoresco, es aquí un hecho que a nadie sorprende. Especialmente si el protagonista es el ya casi legendario cabo Salomón, jefe del aeropuerto de Malabo, que igual deshace el equipaje a un teniente coronel español que le canta las verdades del barquero a un ministro guineano.
Uno, que es curioso, se fue una noche de copas con el famoso cabo Salomón, y descubrió el secreto. La jerarquía militar de nuestro hombre no se corresponde con la jerarquía que ocupa en su tribu, en la que figura varios puestos por encima de algunos de los miembros del Gobierno, pertenecientes, como él, al núcleo tribal de los esangui.
(...) De hecho, en Guinea ocurre algo que antes ilustrábamos con el ejemplo del famoso cabo Salomón: las jerarquías militares no se corresponden con las jerarquías tribales, y cualquier alto cargo, incluso el presidente, necesita contar con la aprobación de las tribus y clanes, especialmente de los hombres de Mongomo.
Juan Tomás Ávila Laurel, en su Diccionario básico, y aleatorio, de la dictadura guineana igualmente lo razona:
El 3 de agosto, como el 12 de octubre, los guineanos pueden asistir a los desfiles populares y militares, con palco de honor y gastadores haciendo las delicias de los asistentes. En la calle puedes ver a cualquier ciudadano, sobre todo los de la etnia del dictador, con sus galones de una graduación militar, porque en esta fecha se promueven los ascensos. Entonces puede ocurrir que vieras en la calle a una persona de la que sabías que no había hecho el bachiller, que incluso fuera analfabeto declarado, con sus galones de teniente. Y borracho, porque ha bebido con otros para celebrar el Día de las Fuerzas Armadas. (...)
¿Seguimos con Pérez-Reverte?
(...) nuestro país se ha lamentado de que la mayor parte de la ayuda que desde hace dos años prestamos a Guinea Ecuatorial esté desapareciendo en el pozo sin fondo de la corrupción y el "guru-guru". Se habla de envíos enteros de víveres y medicamentos que desaparecen del aeropuerto de Malabo y son vendidos en los países vecinos, como Camerún, sin que lleguen al pueblo guineano al que están destinados y qué tan urgentemente los necesita.
Todo eso, «...mientras los tiñalpas de la UCD se la cogían con papel de fumar» (sic).
Pero no es sólo Pérez-Reverte; Juan María Calvo en La ocasión perdida también le dedica un par de párrafos al legendario cabo:
La revista Interviú lanza entonces un durísimo ataque contra las autoridades guineanas y los responsables españoles de la cooperación en un reportaje titulado "Guinea; retrato en negro de un fracaso blanco". El semanario afirmaba que se habían perdido unos seis mil millones de pesetas y denunciaba diversas situaciones, comenzando por el estado y funcionamiento de las instalaciones del aeropuerto y los abusos de su máxima autoridad, el entonces cabo Salomón. En aquel tiempo todavía se carecía de ayudas a la navegación aérea, la pista estaba deteriorada y faltaban raquetas en los dos extremos, que obligaban a los aviones de Iberia, especialmente al gigantesco DC-10, a realizar un apurado giro sobre su eje, con el peligro de salirse del asfalto. Tampoco había mejorado la red viaria guineana, ni la hostelería y reinaba el caos más absoluto en la sanidad.
Es una versión edulcorada de JM Calvo, ya que la revista no es nada cariñosa con el cabo: «si encuentra al cabo Salomón y su cohorte, permanentemente bañados en los vahos del alcohol y en los efluvios alucinógenos de la "banga", especie de marihuana tropical...». Mal rollo, si como nos recordaba Pérez-Reverte en el clásico El paraguas de Malabo, «cuando en África un militar tiene mala leche, y además lleva el casco al revés, tiene amarillo el blanco de los ojos y huele a cerveza, la cosa puede ponerse jodida».
Seguimos con el incidente de la valija diplomática en otro capítulo de La ocasión perdida:
(...) La alegría y las buenas relaciones estuvieron a punto de torcerse al ocurrir un incidente grave dos semanas escasas después de la salida de Saénz de Santamaría de Malabo. Unos días antes del 12 de octubre -ya se había retrasado la visita del secretario de Estado para el Comercio- los guineanos descubrieron que unas cajas con unos rótulos que ponía "repuestos para automóviles", dirigidas a la Embajada de España en Malabo, contenían en realidad dos docenas de pistolas.
Juan María Calvo relata cómo cuando el embajador trató de llevarse la valija a Camerún para evitar que fuera forzada llegó a ponerse en movimiento la vieja tanqueta rusa que aún adornaba las instalaciones del aeropuerto. Así las gastaba el cabo Salomón.
Los guineanos se molestaron profundamente por el engaño y además surgieron rumores de todo tipo con distintas versiones sobre el destino previsto de las pistolas. Unos decían que eran para la dotación de la Policía Nacional española, tras un acuerdo por el que Obiang había permitido al general Saénz de Santamaría que los agentes españoles fueran armados por Guinea. Otros aseguraban que eran un regalo para Obiang y sus ministros y también se llegó a decir que era. una primera partida de un proyecto de armar a los policías guineanos. El hecho se silenció, y las relaciones apenas parecieron sufrir un grave deterioro en aquellas primeras semanas, pero las autoridades guineanas se sintieron engañadas. Desde aquel incidente, el cabo Salomón, responsable de seguridad del aeropuerto, ascendido a sargento, molestó mucho más a los españoles que entraban o salían de Guinea inspeccionado minuciosamente sus equipajes. Los guineanos, aunque no se atrevían a tocarlos, miraban incluso con recelo los paquetes y bolsas que llegaban a la Embajada española conceptuados como "valija diplomática".
| Soldados en el aeropuerto fotografiados por Pérez-Reverte en 1981. |
«...quizá fuera realmente sargento. O puede que teniente. Pero para él siempre sería el cabo Salomón. Y aún se vuelve instintivamente cuando percibe olor a ginebra en alguno de los tugurios de la ciudad, con el convencimiento de que le verá ahí, a su espalda, radiografiándole a través de sus Ray-Ban: "Se aseptan los respetos, Secretario..."», matizará el diplomático Francisco Pascual.
Confirmando la leyenda del cabo, el diplomático titulará como El cabo Salomón a uno de sus libros, e inicia esa obra precisamente con un relato sobre él:
Sí, de acuerdo, admito que su nombre era quizá más propio de algún judío errante o empresario aventurero de origen desconocido que de un devoto miembro de las abnegadas fuerzas de seguridad de aquella república africana tan diminuta como arrogante.
Pero, bueno, el caso es que los miembros de la reducida colonia europea solían acudir ritualmente al aeropuerto para presenciar el aterrizaje del avión, como aquellos aldeanos de la España de post-guerra, aún sin televisión, que acudían a la carretera para ver llegar al autobús, comprobar quién subía y bajaba, y comentar durante horas las incidencias de tan singular evento.
El cabo Salomón era un elemento consustancial del aeropuerto, su autoridad máxima y su figura emblemática. El aeropuerto era su feudo, la fuente de sus beneficios y el origen de su reputación, y no podía ser imaginado sin su presencia. Tanto era así que "cabo Salomón" y "aeropuerto" llegaron a hacerse expresiones sinónimas. Si alguno de los europeos comentaba: "Hoy es viernes. Hay avión. Vamos a ver quien viene esta vez", no era raro que otro añadiese: "Vale. Quedamos entonces donde el cabo Salomón".
Y allí estaba, deambulando alerta por la pista, con pasos calculados y talante autoritario, embutido en su uniforme de camuflaje, remangado para dejar a la vista aquellos brazos de ébano pulido, adornados con pulseras doradas, cuyas manos empuñaban como garfios la corta ametralladora colgada del hombro.
A veces, poco antes de la llegada del avión, se subía a un cajón de madera, colocado a tal efecto sobre el asfalto ardiente de la pista, como si ello le permitiera ser el primero en divisar el aparato en la lejanía. O quizá lo hacía para afirmar gráficamente su autoridad desde aquella tribuna improvisada.
Encaramado allí, consultaba su reloj y, cuando el rugido de los reactores comenzaba a escucharse por encima de las copas de las ceibas, colocaba su mano sobre las cejas a modo de visera, marcialmente, como si efectuase un saludo militar. Sus ojos, semiocultos por las Ray-Ban bajo la boina roja de paracaidista, oteaban impasibles el horizonte a la espera de la aparición en el cielo de la familiar silueta del pájaro metálico.
Cuando éste ya se hallaba detenido sobre la pista y el pasaje comenzaba a descender por la escalerilla, el cabo Salomón bajaba lentamente de su podio, se acercaba a la fila de viajeros y miraba con atención a cada uno, como si lo radiografiase. Caminaba junto a los recién llegados con paso quedo y aire de solemnidad, separando los brazos del cuerpo, como los cangrejos, y sin poder evitar las intermitentes elevaciones de su culo respingón. La mezcla de olores, a ginebra y sudor, que inevitablemente le precedía, confirmaba la cercanía de su presencia y facilitaba su localización en caso de aglomeraciones imprevistas.
Si, francamente, aquella figura habría irradiado fiereza de no haber sido porque su aguerrido aspecto quedaba un tanto devaluado por unos botines de tafilete rojo, con su finísima suela terminada en punta, por los que parecía tener especial aprecio, a juzgar por lo impecablemente brillantes que los llevaba siempre.
El diplomático seguirá con un repertorio de diferentes interacciones que caracterizan al cabo:
-Presento mis respetos al agente del orden del Estado soberano y representante de la autoridad legítimamente constituida.
-Se aseptan los respetos, Secretario, repuso complacido el cabo Salomón, muy receptivo a los rimbombantes tratamientos oficiales.
(...)
El cabo Salomón dirigió su mirada escrutadora hacia un grupo de jóvenes monjas europeas que, con sus caras húmedas y enrojecidas, se acercaban a la terminal arrastrando como podían sus pesados bultos.
-¿Esas no "pinchan"?
-No-, contestó el diplomático aflojándose el nudo de la corbata y matando de un manotazo al mosquito que ya le había perforado la piel del cuello.
-¿Por qué?-, quiso saber.
-Porque han decidido dedicarse a algo más importante.
El cabo Salomón le miró estupefacto, como preguntándose qué podía haber en esta vida más importante que "pinchar".
-¿Nunca?-, insistió, cambiando su apoyo a otra pierna.
-Escuche, sargento (el cabo Salomón nunca corregía a su interlocutor las asignaciones erróneas de graduaciones superiores): si le digo que más vale dejarlas tranquilas le digo la verdad.
¿Cómo no van a "pinchar" ni una sola vez en su vida? Eso es imposible, aunque no tengan marido.
O hábiles negociaciones regadas (y resueltas) con generosidad de tragos y variedad de licores...
Eso sí; nos queda la duda de si Francisco Pascual de la Parte realmente sería el joven cónsul que -narraba Pérez Reverte- paseaba el «paraguas, tan digno y grave como si acudiera a una recepción en el palacio de Buckingham, erguido, seguro de sí, aquel secretario de embajada bajó del coche ante el control de los soldados guineanos, y yendo hacia ellos con paso decidido y flema perfecta, balanceándolo con elegancia al caminar, les soltó una larga parrafada en claro y limpio español de Castilla. No sé lo que les dijo, porque me pidió que me quedara en el coche; pero de vez en cuando se volvía y me señalaba con el paraguas».
Otros, como Javier Nart, no dan nombres pero su vivencia en Nunca la nada fue tanto es igualmente esclarecedora:
Cuando las ruedas besaron (como dirían los horteras) el asfalto del aeródromo, fue el momento en que tuve conciencia de la enormidad que había realizado. Que sería el todo o la nada. Y, literal y físicamente, me acojoné. Y acojonado estaba cuando vi que en nuestra dirección llegaban varios soldados corriendo armados del fusil de asalto kalashnikov y uno solo con la pistola en la mano.
Pero Dios, que aprieta pero no ahoga, iluminó mi mente: cuando el tipo de la pistola, evidentemente el oficial al mando, se encontraba a unos cinco metros de mí, saqué de mi bolso de costado una botella de coñac que traía desde Barcelona. Rápidamente avancé hacia él, lo que le hizo detenerse. Y llegando le extendí la mano con la botella. Él la tomó, yo puse la mano sobre la suya, le impulsé hacia mí y le abracé hipócritamente mientras le decía:
-Estoy muy feliz de haber llegado a Guinea Ecuatorial, compañero.
Había aceptado mi regalo, y tras mi abrazo le debió de parecer impropio "dar pasaporte" a quien se proclamó amigo y, además, invitaba. Sobre todo, entonces aún no lo sabía, porque Macías había perdido el control de la situación.
Y con toda seguridad, porque hacía tropecientos años que no le daba un tiento al coñac español. Debía de estar de vino de palma hasta los mismísimos. Así entré, osado y sin visado, en Guinea Ecuatorial aquel mes de agosto de 1979. Procedimiento que no recomiendo a nadie. Ni a mí mismo.
Juro que no lo volvería a hacer.
Pero no sólo el legendario cabo Salomón destacaba en los 80: Lo contaba Juan Durán-Loriga, el primer Embajador de España en la joven república, una década antes: «El aeropuerto de Santa Isabel nos trajo muy incómodas complicaciones. El ministro de Obras Públicas guineano, antiguo empleado del aeropuerto, había almacenado resentimientos de los que quería desquitarse. Hizo la vida imposible a los españoles encargados de la buena marcha técnica del campo. Estas constantes interferencias ponían en riesgo su funcionamiento. Los funcionarios españoles sólo querían garantizar la seguridad de los aterrizajes y despegues, lo que el ministro interpretaba como afán neo-colonialista».
Pero no debe extrañarnos esa pauta, si como recordaba Pérez-Reverte hace unos años:
De todos modos, para aquellos que han experimentado la extorsión del yangué aduanero en el aeropuerto de Santa Isabel, saben que las mañas del cabo Salomón no eran exclusivas de él... y que éstas le han sobrevivido. Igual, como concluye Gustau Nerín en Un guardia civil en la selva, «en la Administración guineana actual no hay ninguna corruptela que no hubiese sido ya inventada por los colonizadores».
Un último detalle: en ese aeropuerto no todo fue jolgorio..., si tienes un rato, googlea al armador y comerciante Antonio Martínez Liste.
Y ya puestos, no te pierdas:
NO DICE NADA INTERESANTE RESPECTO AL MOMENTO DEL BOMBARDEO
U.4,917,804
54
DON JUAN FONTAN LOBE, CAPITAN DE ARTILLERÍA Y JUEZ NOMBRADO PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LOS HECHOS OCURRIDOS EN EL VAPOR «FERNANDO POO» EL 14 DE OCTUBRE DE 1936.
C E R T I F I C O: Que a mi presencia y actuando como Secretario Alfonso Manrique de Lara Fierro, Sargento del Batallón de Voluntarios de Las Palmas, se presenta el Segundo Oficial Francisco Seguí Darder, de la tripulación del “Fernando Poo”, que manifiesta lo siguiente:
No dice nada interesante respecto al momento del bombardeo.- –
Sabe que habían seis fusiles abordo y que estaban repartidos, dos para los camareros, dos para los engrasadores y dos para los marineros.- –
Sabe que el Delegado de los Radiotelegrafistas Francisco Pérez Rodríguez, propuso que se pusieran los fusiles en el puente.-
Sabe que Martorell tenía pistola.- –
Vió como Antonio Tarí se tiró al agua, y oyó, decir que antes de hacerlo andaba con una pistola en la mano.- –
Sabe que los camareros hacían guardia donde estaban recluidos los Padres.- –
Y en prueba de conformidad firma el presente con S.S. y yo el Secretario que doy fé, en Santa Isabel a 17 de Octubre de 1936.
[Firmas rubricadas de JUAN FONTÁN LOBÉ, FRANCISCO SEGUÍ DARDER, y firma abreviada de ALFONSO MANRIQUE DE LARA FIERRO].
CERTIFICO asimismo que, con objeto de ampliar la precedente declaración se presenta el propio declarante manifestando lo siguiente:
Dice que vió prestar servicio de guardia en el puente antes de llegar a Bata, a Antonio Tarí y al barbero Caparrós; en la cubierta de botes vió prestar guardia al timonel de retén (no sabe quien) y a 5 ó 6 marineros- –
Le dijeron que el enfermero Manuel Diaz Diaz estaba con fusil en proa.- –
Filló le dijo que habían pasado demasiado cerca de tierra y que había tenido que apaciguar los ánimos ya que querían tomar represalias, por tal cosa, con el Capitán y Oficiales.- –
Dice que la guardia de abordo se hacía sin conocimiento del comité, no sabiendo quien la ordenó, pero el enfermero Manuel Diaz Diaz había sido mandado, según le dijeron por Antonio Tarí. –-
Dice que a la llegada a Bata, el Comité ordenó tomar precauciones, estableciéndose por indicación de Calvo, una guardia armada en los portalones.-
Que Antonio Tarí distribuyó los dos fusiles de los camareros, Que entre otros prestaron esta guardia los timoneles (Antonio Dieste Ojea, Rafael Ginart y Manuel Pérez Teira). –
Dice que él concurrió a una Asamblea en tierra a la que asistió todo el Comité, excepto el telegrafista Francisco Pèrez Rodríguez y además unos treinta hombres de la tripulación – –
En dicha Asamblea no se trató del traslado de los Padres abordo. Hablaron en la misma en términos extremistas, Antonio Tarí, Filló y el barbero Caparrós. Filló habló sobre los Comités de defensa y de control.-
Dice que en una cena donde estaban Filló, Antonio Tarí, Caparrós y Seguí (el telegrafista Francisco Pérez Rodríguez no quiso asistir regresando abordo), Guardia Colonial y algunos paisanos de tierra; propusieron el traslado de los Padres presos abordo Antonio Tarí y Caparrós, oponiéndose Fontanet.-
U.4,917,805
55
Y en prueba de conformidad firma el presente con S.S. y yo el Secretario que doy fé, en Santa Isabel a 9 de Noviembre de 1936.
[Firmas rubricadas de FRANCISCO SEGUÍ DARDER, JUAN FONTÁN LOBÉ, y firma abreviada de ALFONSO MANRIQUE DE LARA FIERRO].
Cfr.: Archivo del Tribunal Militar Territorial 5.- 9342-297-21.- Causa 24 de 1937.- Folios 54 y 55.
¿Recordáis los videos de Monanga Bueneke sobre vestigios de la guerra civil española en el territorio Ecuatorial?
¿Recordáis El caso de Joaquín Masmano y sus dos (o tres) deportaciones a Guinea? O de cómo a Durruti fue deportado a Bata, y ante la resistencia activa de la Cámara Agrícola y la carencia de medios se amotinaron y finalmente fueron repartidos en diferentes dependencias africanas. Lo cuenta Manuel Buizán:
Los compañeros fueron deportados a África en un bananero que iba rumbo a Bata, en el golfo de Guinea. Los metieron en la bodega, por supuesto. Eran ciento sesenta, y sólo había una escotilla. La gente quería salir, quería ir a cubierta. Ascaso dijo: «Estoy harto», y subió la escalera. El guardia sacó la pistola y gritó: «¡Atrás!» Pero ya sabéis como era Ascaso, no era un hombre que se dejara detener tan fácilmente. Él siguió adelante. El guardia apuntó, y Ascaso le dijo: «¡Venga, dispara, cobarde, porque si no me matas ahora, cuando te encuentre en la calle te mato como a una basura!» El sargento se sintió inseguro. Se puso a temblar. No sabía lo que le podía pasar si mataba a Ascaso, y le dejó pasar. Después no hubo modo de pararlos. Todos subieron a cubierta. El capitán se vio obligado a llamar al destructor que acompañaba al barco. Los marineros abordaron el vapor con los fusiles cargados, para sofocar el motín. Porque se había convertido en un verdadero motín.
Durruti se adelantó, se abrió la camisa, pesaba unos noventa kilos por lo menos, y les gritó a los marineros: «Ahora os animáis, porque nos veis desarmados, pero ya veréis lo que os pasa en España si nos matáis». Entonces los oficiales resolvieron parlamentar. Se decidió que no habría motín, y que los presos podían andar por cubierta cuando quisieran. Así llegaron a Bata.
Como nos recuerda el Dr Iñaki Tofiño, entre deportación y deportación, algunos llegaron a tierras ecuatoriales, y otros incluso se quedaron...
PARES cuenta el caso de Miguel Doñate:
Barcelona (España) 1895-12-23 - Ciudad de México (México) 1954
Obrero de industrias químicas español, exiliado. Nació en Barcelona, en 1895. Anarcosindicalista, militante del Sindicato de productos Químicos de la CNT de Barcelona y miembro del Comité Pro-presos Cataluña. Comenzó a participar activamente desde 1917. En 1922, durante la dictadura de Primo de Rivera, tiene que exiliarse a Francia, ya con su compañera, la también anarquista, luego libertaria, Dolores Morata Díaz [o Dolores Aguilar, por el apellido de Miguel], es establecen en Lavelanet. En 1926, participó, como ponente en el Congreso Anarquista de Marsella. En 1927 es expulsado de Francia, las fuentes apuntan como causa, su actividad revolucionaria. En 1931 con la proclamación de la República, vuelve a España. Milita en el Sindicato de Productores Químicos y es miembro de la FAI, liderando la organización y creación de otros sindicatos como el de la construcción. Es declarado “anarquista Peligroso”, ingresa en La Modelo de Barcelona durante cuatro años. Después ejerció como tesorero en el Comité Regional de Cataluña de la CNT. En 1932, es deportado junto con su compañera [Dolores Morata Díaz], a Bata, Guinea Ecuatorial. Allí será obrero de la casa “Azul Ultramar Casa Nubiola”, de la que será despedido tras ser acusado de colocar explosivos. En 1933 es acusado, junto con otros compañeros, del asesinato del encargado de la fábrica. Durante la Guerra civil, de nuevo en la Península, juego un papel importante en la gestión de la Industria Bélica catalana. Al finalizar la Guerra, pasa con toda su militancia a Francia, al existir una Orden de expulsión, decide embarcarse en el vapor Cuba, haciendo escala en Martinica y trasladándose en el vapor Santo Domingo a México. Llegó en julio de 1940. En 1941 recibe ayuda del JARE, para que su familia, mujer y cinco hijos se trasladasen a México. No lo conseguirían debido a la cuestión bélica en Europa. Miguel Aguilar, que no volvería a reunirse con su familia, moriría en 1954 en México D.F.
Aunque PARES se equivoca: su nombre completo es Miguel Aguilar Doñate, y los incidentes de la Casa Nubiola, no ocurrieron en Río Muni...
Y en cuanto a su compañera de deportación y exilio, Dolores Aguilar, ésta mantuvo su militancia en la CNT aún en el exilio, falleciendo en Toulouse el 18 de diciembre de 1974.