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domingo, 21 de julio de 2024

El cartero poeta

Contaba Juan Rodríguez Doreste en su vivencia de confinamiento en el campo de concentración del viejo Lazarero de Gando que «Llevábamos algunos meses en Gando cuando llegaron los detenidos en la Guinea española, que procedían de la isla de Fernando Poo y del territorio del Río Muni, a los cuales se habían incorporado los tripulantes capturados del vapor de la Compañía Trasmediterránea, llamado precisamente el Fernando Poo, hundido en las aguas del puerto de Bata. Eran aproximadamente unos ciento cincuenta en total, entre tripulantes y coloniales. De los primeros salieron las bajas más importantes que causó la expedición conquistadora. (...) Y así un día aparecieron por Gando, derrotados, pálidos, con evidentes señales del estrago corporal que les había causado una reclusión que lindaba en infrahumana. Constituían un buen contingente, muy heterogéneo de composición, pero muy homogéneo en la solidaridad, en el buen espíritu. Venían funcionarios caracterizados: el tesorero de Hacienda, el jefe de Correos, el jefe de la Policía gubernativa, el comisario López García, pintoresco personaje, realmente detenido por error, pues no era ni chicha ni limonada, dependientes de la Curaduría, algunos profesionales, cultivadores y finqueros, escritores, un excelente poeta, etc. y la totalidad de la tripulación del Fernando Poo».

Sobre los funcionarios de correos José Lizcano Barco e Isidro Álvarez Martínez, ya hemos desarrollado un par de paseos por este recorrido en la calle 19 de septiembre de Santa Isabel.

Pero sobre Luis Buelta Saura, el cartero destinado en Santa Isabel, apenas un párrafo:

...adscrito a la oficina de Correos en Santa Isabel, para el que el fiscal pedía cadena perpetua, pesó mucho su compromiso con el semanario El Defensor de Guinea. Como La Guinea Española relataba en su edición del 21 de mayo de 1939, «llegó afortunadamente en 19 de septiembre de 1936 el alzamiento nacional en esta isla, y los Sres. Buelta, Gay, Robles y demás comparsa del Frente Popular fueron retirados de la circulación; y por tanto, muerto y sepultado EL DEFENSOR DE GUINEA, y la imprenta del Sr. Robles incautada por el nuevo Estado...», por lo que finalmente fue condenado a 10 años de prisión.
 
Rodríguez Doreste sí le dedica algo de atención: «Otro sensible poeta, antiguo jefe de Correos de Guinea, Luis Buelta, nos leía también sus composiciones líricas. Los cinco vates de la prisión: Luis Buelta, Antonio Alfonso, Luis Gálvez, que estuvo preso en Tenerife, Rafael Rodríguez Delgado y José Antonio Rial,-que ha publicado en Venezuela sus memorias de la prisión de Fyffes bajo forma novelada- recogieron años después en un precioso tomito, cuidado y editado por Rafael con verdadero primor, algunos de sus poemas de presidiarios».

El cartero poeta, no era un desconocido en la isla. No podría ser de otra forma, si como razona M. López Vicario en En Guinea Ecuatorial, historiando sus venturas y desventuras, «¿Qué hubiera sido del maestro, del médico, del practicante, del religioso, del cabo, del empresario, o del ciudadano, sin el servicio de Correos? El cartero, en Guinea, fue introductor de cultura, especialmente entre los que no tenían relación con los centros religiosos, de sanidad o de cultura, naciendo un sentimiento de curiosidad y simpatía hacia el cartero, que un día acercaría al nativo del más recóndito poblado, hacia ese medio que le facilitaría alguna de esas pequeñas cosas, que el nativo tanto valoraba. Mientras el maestro, médico o religioso, inspiraban respeto, el cartero infundía confianza y simpatía».

En el caso concreto del cartero Luis Buelta, éste contaba con arraigo familiar de años en la isla, como atestiguan las sentidas expresiones de apoyo que generò el fallecimiento de su padre, Luis Buelta Pagés.

Sobre su vocación literaria aludida por Rodríguez Doreste, ésta era de sobra conocida (y reconocida) en Santa Isabel, ya que precisamente a él le tocó recitar unos poemas de su autoría en alabanza de los expedicionarios de la mítica  Patrulla Atlántida que realizó el primer vuelo por etapas entre Melilla y Guinea Ecuatorial en un remoto 1926: En la Escuela Oficial de Niñas, «la Música, la Poesía, la Literatura y la Declamación tuvieron muy dignos representantes. (...) La poesía rayó muy alto en las composiciones de D. Luis Buelta, bien conocido del mundo artístico de la Colonia; (...). La declamación debió quedar muy satisfecha, al oír recitar y declamar a D. Antonio Balanza la poesía del Sr. Buelta».


¿Seguimos con su historia? Hoy subir al pico Basilé, se realiza en una cómoda carretera (tal vez el único problema sea el control de acceso desde Laka/Sipopo). Pero en esa época el viaje requería armarse de valor para una dura ascensión. En 1925 ocurrió el hecho sorprendente de averiguarse que el que el pico Santa Isabel (el hoy conocido como pico Basilé), el más elevado de la isla, al que se atribuían hasta entonces 2,850 m, de altitud, tenía en realidad 4,710 m, es decir, 1,860 m, más de lo que se suponía y constaba en los mapas. Y con esa "redefinición" de la altura del pico, la expedición se consideró con autoridad para rebautizarlo como pico España. 
La ascensión que dió lugar a ese descubrimiento contó con un Luis Buelta Saura de 24 años como uno de sus promotores e integrantes... y su relator: «Dos móviles primordiales nos llevaron a intentar la ascensión a la cumbre más alta de Fernando Poo: uno patriótico y otro científico. Incorporar de hecho la montaña a nuestra isla, explorándola en su mayor extensión posible divulgando sus características entre nuestros compatriotas, y bajar con datos fidedignos acerca de su flora, climatología, altitud, situación, etc. Han sido contadísimas las expediciones que se han llevado a cabo para escalar el formidable macizo fernandino, y casi todas ellas lo fueron por extranjeros, singularmente por los soldados y oficiales alemanes, internados del Camerón durante la guerra europea, El inconveniente más grave que se tropieza para efectuar la ascensión es la falta de agua, elemento que desaparece por completo a unas cuatro horas de Santa Isabel. Y también la carencia absoluta de caminos, hasta el punto de que nuestro viaje se llevó a término abriéndonos paso violentamente durante casi todo el trayecto, a través del bosque virgen que, contra lo que esperábamos, y destruyendo nuestras previsiones, se hacia más compacto e impenetrable al ganar en altura, Previa la autorización del excelentísimo señor gobernador interino de estos territorios, don Carlos Tovar de Revilla, quien dió toda clase de facilidades y elementos para que nuestro proyecto fuese una realidad lo más rápidamente posible, salimos de Basilé, poblado sit, a 450 m, de altura y a 8 kms. de la capital, en la madrugada del domingo 25 de octubre».
Una gran historia para le época, pese a que se equivocaran en la medición (hoy se sabe que son realmente 3,011 m). En su relato del ascenso, Buelta tiene igualmente un cariñoso recuerdo por Antonio Copachito, de Zaragoza de Sampaka, y Guillermo Sipoto, de Botonó, los dos bubis que le acompañaron en el ascenso, pese al miedo por invadir las posesiones del dios Morimó.

Los periódicos españoles recibirán regularmente sus relatos no sólo de la ascensión al pico Basilé;  crónicas, novedades y relatos costumbristas de Santa Isabel están accesibles en las hemerotecas.

Por eso, no es de extrañar que -como escritor y cronista- fuera promotor el 1 de mayo de 1930 de "El Defensor de Guinea" junto a José Robles Diez, impresor de oficio. Desde "La Guinea Española" reconocerán que la iniciativa fue inducida y apoyada por el Superior Provincial de los claretianos en Banapá, ya que con esa nueva hoja bisemanal o diaria de noticias cubrirían sus promotores un servicio que ellos con su publicación misionera no podían ofertar. E incluso se les facilitó la imprenta monopol que Maximiliano C. Jones había comprado en 1924 a instancias del gobernador Barrera, y que tras pasar por diferentes dueños acababa de ser adquirida por los claretianos.

Fundador y Director: Luis Buelta,
dice la cabecera de "El Defensor de Guinea"


El nuevo periódico santaisabelino afirmaba ser  «ajeno a toda tendencia política y social» y su norma «la defensa de los intereses de nuestras colonias en el golfo de Guinea y cómo salvaguardar la acción colonizadora de España en estas posesiones». 

Todo parece indicar que durante los primeros años la alianza entre los dos periódicos funcionó, si bien se fue tensando al igual que el clima político en la península, hasta el 1 de mayo de 1936 (6º aniversario de la creación de "El Defensor de Guinea") en que se crea el Frente Popular de Fernando Póo. Lo crearán según la historiografía franquista «una docena de descontentos sin prestigio ni arraigo: un comerciante de Santa Isabel, don Jaime Gay Compte, hombre apasionado y violento; un contratista de Obras, José Serrano Roldán, aventurero procedente de Tánger, que había creado en la isla una logia llamada "Fernandina número 17", filial de otras de Valencia y Barcelona; un médico, Abelardo Lloret, y unos cuantos funcionarios de menor cuantía y colonos descalificados», estando los funcionarios de correos entre esos "funcionarios de menor cuantía".
En las sucesivas ediciones del bisemanal, se percibirá la sintonía entre el Frente Popular y "El Defensor de Guinea" por lo que con el triunfo del golpe de Estado en Santa Isabel, la imprenta será confiscada.

Como la propia revista "La Guinea Española" relataba en su edición del 21 de mayo de 1939, «llegó afortunadamente en 19 de septiembre de 1936 el alzamiento nacional en esta isla, y los Sres. Buelta, Gay, Robles y demás comparsa del Frente Popular fueron retirados de la circulación; y por tanto, muerto y sepultado EL DEFENSOR DE GUINEA, y la imprenta del Sr. Robles incautada por el nuevo Estado, que es la que ha salido a subasta como al principio dijimos ["motivo de la subasta de la imprenta del rojo y comunista Sr. Robles...", sic]. Era natural, que al que se llamaba pomposamente DEFENSOR DE GUINEA y que otros llaman OFENSOR DE GUINEA le sucediera un verdadero adalid de la Causa Nacional y así vio la primera luz EL NACIONALISTA, cuyos primeros números salieron de nuestra imprenta, mientras se organizaba la que fue del Sr. Robles; a ella se trasladó luego El NACIONALISTA, cambiando más tarde en EL FRENTE NACIONAL...», que se ha mantenido hasta el día de hoy como ÉBANO.

Se percibe un fuerte rencor hacia el periódico, que se razona por su postura durante lo que los clericales coloniales llamaban el "Tornado Antirreligioso": «A los pocos días de la instalación de la república en España, escribe Tomás L. Pujadas, el periódico santisabelino "El Defensor de Guinea" , que dirigía don Luis Buelta, publicaba un radio llegado de la Península, que decía textualmente: "Conviene que tanto ese periódico como la gente más principal de la capital hagan campaña en contra de los misioneros, para que inmediatamente sean sustituidos por sacerdotes seculares y se acabe así con sus intromisiones»....

Ah! y por supuesto, Buelta tenía la imperdonable falta de ser uno de los públicos contribuyentes a la donación de las 10.353,65 pesetas para la República, conforme a la Gaceta de Madrid del 5 Noviembre 1936. No podía ser de otra forma, si los impulsores de la campaña fueron precisamente los funcionarios de correos en Fernando Póo y Río Muni, a instancias de su colega de Bata, Isidro Álvarez Martínez.



El 7 de Octubre de 1936 se da inicio a la instrucción de la Causa 521/36 contra 23 paisanos por el delito de rebelión, incluyendo a Luis Buelta Saura.

Juan Medina Sanabria en Isleta, Puerto de la Luz: campos de concentración, resume la Causa: «juez instructor Capitán de Infantería Fortunato López Chávez, por el presunto delito de rebelión, contra el paisano Jaime Gay Compte y veintidós individuos más. Se enjuicia a todo el Comité del Frente Popular en Fernando Póo, por reuniones clandestinas tendenciosas desde el 18 Julio/19 Septiembre siguiente (estaba ya el Frente Popular suspendido en la isla), por los contactos con el Gobierno de Madrid y Bata y sus actuaciones con los subalternos y marinería del crucero "Méndez Núñez", implicándoseles en la destitución de la oficialidad del buque, etc. Tiene lugar el consejo de guerra el 27 Septiembre 1937 en el hogar del soldado del Cuartel del Grupo Autónomo Mixto de Ingenieros nº 4, sito en La Isleta, siendo aprobada la sentencia por la Autoridad Judicial el 16 Octubre 1937».

Según La guerra civil en las colonias españolas del áfrica occidental, el consejo de guerra fue
«presidido por el coronel José de Roas Fernández, actuando como capitán jurídico Ángel Dolla y fiscal Ildefonso Salazar y del Hoyo, quien solicitó una pena de muerte y otras 17 de numerosos años de prisión. Empero la sentencia rebajaría notablemente estas peticiones (…).

 A las nueve de la mañana del lunes comenzó a celebrarse en el Hogar del Soldado, del Cuartel del Grupo Autónomo Mixto de Zapadores y Telégrafos número 4, el Consejo de Guerra Ordinario de Plaza, para ver y fallar la causa seguida contra Jaime Gay Compte y otros, acusados del delito de rebelión. 


El Ministerio Fiscal interesó las siguientes penas: 
  • De muerte, para Jaime Gay Compte
  • Reclusión perpetua para José Robles Díaz, Pedro Mantilla Hernández, Luis Buelta Saura, Gonzalo Carrillo Riera, Santiago Gil Filiberto, Casimiro Peralta García, Francisco Hiniestro Montes, Manuel Luque Vázquez. Fermín Fernández Ortes, Ginés Pérez Ballesta. José Serrano Roldan y José Trillo Toreguitar. 
  • Veinte años de reclusión temporal para José García Solves. Quince años, para Vicente Gil Filiberto y José  Mendoza Carreño. Doce años, para Enrique Pellicer Garay y José Pallares Rey. 
  • Y retiró la acusación contra los procesados Antonio Platas Calvete, José Bortes de la Torre y Segundo Sabio Dutroy.

A las cuatro y media de la tarde terminó de celebrarse dicho Consejo de Guerra, reuniéndose seguidamente el Tribunal para  deliberar y dictar sentencia, la que será dada a conocer una vez aprobada por la Superioridad. 

El Tribunal fué presidido por el coronel don José de Rozas Fernández y actuó de vocal ponente el capitán del Cuerpo Jurídico, don Ángel Doll Manera. La Ley Marcial estuvo representada por  el alférez del citado Cuerpo, don Ildefonso Salazar y del Hoyo.


Finalmente, pese a la propuesta de reclusión perpetua, a Luis Buelta Saura le caerán 10 años de prisión.

Poco después de la condena, sufrirá un expediente de depuración del Juzgado Especial de la Dirección General de Correos y Telecomunicación, resolviéndose su separación definitiva del servicio de Correos.

Todavía en 1938, su nombre aparece en los listados del Comité Internacional de la Cruz Roja de personas reclamadas para canje por las autoridades republicanas (por José Giral, en su condición de Ministro). En estos registros aparecerá siempre como «empleado de Correos y periodista».

Años después de entrar en prisión se beneficiará de una conmutación de pena y el 08 de noviembre de 1941, el BOE publica su libertad condicional provisional con liberación definitiva del destierro, saliendo de la Prisión Provincial de Las Palmas de Gran Canaria.

Cuenta igualmente con un expediente de indulto generado en 1956, tras haber pasado por prisión e incautación de bienes.


miércoles, 5 de junio de 2024

Presos heredados

No es la primera vez que lo contamos en este paseo por la vieja calle 19 de septiembre de Santa Isabel: 
El 1 de mayo de 1936, se constituye el Frente Popular en Fernando Poo, como estructura partidaria.

Esa primera experiencia apenas superó el mes: según la historiografía franquista, la victoria del Frente Popular en 1936 tras el escándalo de la gürtel del gobierno de derechas, pone nervioso a los poderes fácticos coloniales y el gobernador «Reúne a la Junta de Autoridades el 5 de junio y promulga un bando por el que se declara a la colonia en estado de excepción, lo que le permite expulsar al Presidente del Frente Popular Rodríguez Delgado y a otros agitadores, a los que pone a disposición de la Audiencia de Canarias».

 


Los deportados son Rafael Rodriguez Delgado, abogado y presidente del Frente Popular, Sotero Ortega Yáñez, Eugenio Santos Germán, agricultor, y Antonio Alfonso Rodriguez, carnicero.

Serán encarcelados como presos gubernativos, sorprendiéndoles el golpe de Estado estando ya en prisión.

Y aunque el 28 de junio de 1936 "La Guinea Española" daba la noticia de su próximo regreso en el Ciudad de Cádiz, el diario “Acción” de Las Palmas confirmaba en su edición del día 24 la Lista de los detenidos en Las Palmas y pueblos de la isla, incluyendo a los cuatro de Fernando Póo entre los alojados en la Prisión Provincial y Castillo de San Francisco.

Así, fueron heredados por autoridades golpistas canarias, pasando desde ese momento por diferentes confinamientos, incluyendo los almacenes de la bananera Fyffes o Faifes, (como la denominaba la población local) o el campo de concentración del viejo lazareto de Gando, en donde recibieron a los 150 presos coloniales tras la caída de Bata.

Los cuatro tuvieron diferentes procesos:
  • Rafael Rodriguez Delgado: «tras muchas aventuras intercontinentales, que, entre otros destinos, lo llevaron a desempeñar durante doce años un importante puesto como Asesor jurídico en la Sección de Interpretación de Lenguas de la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York, vive ahora en Madrid, jubilado, escribiendo en Indice, con su mujer y sus dos hijos».
  • Sotero Ortega Yáñez: En 1952 se le concedió la libertad condicional junto a otros veinticinco penados.
  • Eugenio Santos Germán: acusado por "hojas clandestinas" 
  • Antonio Alfonso Rodríguez: El Consejo de Guerra le condenó a pena de muerte, si bien posteriormente sería conmutada por la de cadena perpetua; pena que entonces consistía en treinta años de reclusión mayor. Cuenta Juan Rodríguez Doreste que, en el campo de concentración de Gando, Antonio Alfonso integraba las tertulias literarias en Gando, y tras su excarcelación se exilió, «olvidado de la poesía, se halla ahora en Caracas dedicado a la filatelia comercial».


martes, 19 de septiembre de 2023

El relato de Doreste

Las memorias Cuadros del penal: (memorias de un tiempo de confusión) de Juan Rodríguez Doreste recogen su vivencia en el campo de concentración del viejo Lazarero de Gando.
Éste texto, es citado recurrentemente en este paseo por la calle 19 de septiembre de la vieja Santa Isabel, ya que es un relato de primera mano conocer del sufrimiento de los 150 presos coloniales y tripulación del Fernando Poo en ese penal de Las Palmas.

Igualmente incluye una narración del proceso histórico:

Los funcionarios y la guarnición militar del continente, reducida ésta prácticamente a unas milicias que tenían más carácter de gendarmería civil que de unidad castrense, se mantuvieron fieles al gobierno legítimo por espacio, poco más o menos, de tres meses. Suspendido el contacto y la comunicación regular con la Península, en espera de una inminente sofocación del levantamiento, en la que todos confiaban al no triunfar en los primeros días la vasta conjuración, aquellas gentes decidieron aguardar pacientemente el que estimaban cercano desenlace. El único acto que pudiera tildarse de rebeldía, aunque realmente no lo fuera en sus especiales circunstancias, fue la decisión unánime de los tripulantes del "Fernando Poo" de negarse a zarpar con rumbo a Europa, dejando el barco fondeado en aguas de Bata, en la Guinea continental, hasta que el horizonte político se aclarara. Su pecado mayor, tan ingenuo como contraproducente, fue detener a unos cuantos misioneros, que estaban esparcidos por el interior, y concentrarlos en el "Fernando Poo", convertido en parcial prisión militar, bastante diferente por comodidades y trato al inmundo pontón en que fueron encerrados los presos políticos de Tenerife hasta que se trasladaron a la prisión de Fyffes. El gobierno nacionalista decidió, por razones de prestigio exterior, rescatar aquellos territorios y encomendó la misión al Gobierno militar de nuestra provincia. Se requisó y se artilló conveniente mente el vapor "Ciudad de Mahón", que prestaba servicios entre las islas, se reclutó un batallón que se llamó de voluntarios canarios, en el que se inscribieron hombres jóvenes y maduros a quienes no agradaba la adhesión directa al falangismo, y en los primeros días de octubre la expedición puso proa aventura. Se rumoreó entonces que la partida se estuvo difiriendo hasta comprobar que el Blas de Lezo, unidad de guerra naval fiel al gobierno republicano, abandonaba las aguas guineanas donde estaba apostado.

 

En la crónica histórica, que la prensa local relató a través de literatura tan ditirámbica como altisonante, fueron presentadas la conquista y la ocupación como una epopeya heroica. En realidad hubiera podido ser calificada de episodio de opereta —más de seiscientos hombres, entre los cuales figuraba un Tabor moro de Tiradores de Ifni, un batallón de voluntarios uniformados, artilleros, médicos, etc. para reducir a un puñado de aparentes rebeldes que no disponían ni de una sola ametralladora— si no hubiese costado a los vencidos el tributo de numerosas vidas, y a los expedicionarios cinco desaparecidos en el mar, al ladearse inesperadamente el casco del buque "Fernando Poo", cuando ya se encontraban a bordo numerosos voluntarios que lo creían definitiva mente estabilizado. De los tripulantes que perecieron, unos se ahogaron al tratar de ganar la orilla a nado, otros fueron ametrallados en la lancha en que huían desde una falúa que el Ciudad de Mahón desplazó para perseguirlos. Pocos pudieron escapar alcanzando, a través de los bosques, la frontera del Camerún. El navío artillado conminó a rendirse al "Fernando Poo". Al no acceder la tripulación, le disparó varios cañonazos, uno de los cuales abrió un boquete en la banda de estribor. El barco se escoró y quedó totalmente acostado.

El resto de la epopeya fué un sencillo y marcial paseo. Ingresaron en la prisión todos los funcionarios en activo, los supervivientes del barco hundido, y unas cuantas personas más, caracterizadas en la colonia por un republicanismo más o menos tibio, pero desde luego nunca muy extremado y ardoroso.

Lo que sí resultó ardoroso fue el largo encierro. Amontonados en unos barracones, en condiciones climáticas tan desfavorables, con servicios higiénicos y sanitarios apenas elementales, desprovistos de ejercicio y de adecuada alimentación, la salud de los presos comenzó a quebrantarse, su estado físico a descaecer visiblemente. Y así un día aparecieron por Gando, derrotados, pálidos, con evidentes señales del estrago corporal que les había causado una reclusión que lindaba en infrahumana. Constituían un buen contingente, muy heterogéneo de composición, pero muy homogéneo en la solidaridad, en el buen espíritu. Venían funcionarios caracterizados: el tesorero de Hacienda, el jefe de Correos, el jefe de la Policía gubernativa, el comisario López García, pintoresco personaje, realmente detenido por error, pues no era ni chicha ni limonada, dependientes de la Curaduría, algunos profesionales, cultivadores y finqueros, escritores, un excelente poeta, etc. y la totalidad de la tripulación [del Fernando Póo].

(...) Eran aproximadamente unos ciento cincuenta en total, entre tripulantes y coloniales. De los primeros salieron las bajas más importantes que causó la expedición conquistadora.

lunes, 19 de septiembre de 2022

El caso de Horacio Pérez Cruz

Veíamos en Sombreros de Copa en Fernando Poo, las dificultades por las que pasaron algunos francmasones en el territorio.

Horacio Pérez Cruz, como a al resto de la población canaria, le ocurrió como a Matías López Morales: es de sobra sabido, que Canarias con el "Manifiesto de Las Palmas" se adelantó al resto de España en el golpe de Estado del 36, Franco como comandante militar de Canarias dejó a sus primos Francisco Franco Salgado-Araujo (Pacón) y Juan Fontán y Lobé al mando mientras él volaba en el dragón rapide al continente africano. Canarias no pasó, por tanto, por la experiencia de la guerra, pero sí por la de la represión de la retaguardia. Así, Horacio o Matías se vieron inicialmente reclutados para integrar el ejército golpista, y posteriormente depurados y sancionados en función a supuestas lealtades o actividades previas al quiebre institucional. 

En el caso de Horacio Pérez Cruz, en octubre de 1936, una declaración anónima marcada como "Notas de Zaragoza" le incluye entre los militares canarios pertenecientes a la masonería, en su caso como sargento de complemente en infantería. Fue depurado y apartado del servicio (1937). 

Como relata Manuel de Paz Sánchez en "Masones en el Atlántico", «Según informes policiales (18-01-1939) había sido "propagandista del partido comunista y últimamente de los de izquierdas" y, en aquellas fechas, se encontraba en Fernando Poo, a donde había marchado en 1938». Y, en 1942, regresó a Santa Cruz de Tenerife desde Guinea. Seguirá todo un periplo de juicios y confinamientos, incluyendo prisión atenuada en su domicilio, en donde falleció en 1945.

Años después (2008), en la esquela de su hermano, Julio, se aludirá a ese proceso derivado de «sus preocupaciones sociales, su trato fraternal y su sentida defensa de la libertad y la igualdad, que compartió desde su infancia con su padre, Julio Pérez Cabrera, y su hermano Horacio, que fueron internados en Fyffes y perseguidos por defender ideales democráticos en los inicios de la dictadura franquista».

Al igual que otros, se desplazó (1938-1942) al territorio ecuatorial como vía para distanciarse de las persecuciones y buscar la subsistencia económica. En su caso, la estrategia no funcionó.


DON HORACIO PEREZ CABRERA (sic)
Nació en 1910, soltero, Comisionista, natural y domiciliado en Santa Cruz de Tenerife, calle de Eduardo Cobián número 19. (Hotel Continental).
Masón grado cuarto. Nombre simbólico “Sabinosa”.
Ingresó en Infantería cuando fue llamada su reemplazo, con la categoría de Sargento de complemento, se retiró cuando fue licenciado el remplazo que le correspondía, no siguiendo como voluntario. Mas tarde ingresó de voluntario con las aspiraciones de ser Oficial de complemento, pero al realizarse una información en la que resultaba haber sido anarquista y más tarde socialista, muy propagandista, los Jefes acordaron desmovilización e impedirle fuera aprobado para alférez.
Situación económica mal.
Con un motivo de un conato de insurrección que se iniciaba en Infantería, estuvo en los primeros meses del Movimiento detenido en la Prisión Militar de la Costa.

Hay una confusión en su apellido, ya que "[Julio] Pérez Cabrera" era su padre.

Cuenta Manuel de Paz en Masones en el Atlántico la historia de Horacio Pérez Cruz, conocido por el nombre de Sabinosa:
Santa Cruz de Tenerife, 5 de octubre de 1910. Estudiante, comisionista y sargento de complemento de Infantería. Casado. Hijo de un miembro del taller, resultó iniciado (1-07-1929) en la logia Añaza, nº 1 (GLC-GLE), de la capital tinerfeña, en la que fue exaltado a los grados 2º y 3º, obteniendo además el grado 4º (1933) en el plano capitular, con lo que entró a formar parte del SCRC Añaza de su ciudad de nacimiento. Redactó un trabajo de grado sobre su experiencia masónica. Principal promotor de la revista masónica Lux, de la que salieron dos números, según carta del 12-03-1934 entabló relaciones comerciales con don Luis Gertsch respecto a la representación de firmas cinematográficas y otros asuntos. Secretario (1932-1936) del taller, resultó elegido también para representarlo ante la obediencia regional. Fundador de la Juventud Socialista en la capital tinerfeña, según manifestó en la plancha mencionada, se había «dado de baja» para aquellas fechas. Ocupó también el cargo de gran orador (1934-1935) de la GLC, aunque esta obediencia había salido muy mal parada de la escisión del taller santacrucero a raíz de la proclamación de la República. Firmó (22-05-1936), como secretario de su logia, una plancha dirigida a Martínez Barrio, al objeto de evitar el traslado del inspector de Hacienda y cofrade Manuel Guisado Durán, por presiones de «nuestros enemigos».
Al producirse el Alzamiento fue movilizado y, en 1937, se le separó por su relación con la masonería. Según informes policiales (18-01-1939) había sido «propagandista del partido comunista y últimamente de los de izquierdas» y, en aquellas fechas, se encontraba en Fernando Poo, a donde había marchado en 1938.
Previamente, según otros informes complementarios, había estado detenido en la prisión militar de la Costa Sur y, según se afirmó, su vocación militar se había visto truncada, con anterioridad a la contienda, por su ideario inicialmente anarquista, que luego evolucionó hacia el socialismo. En 1942, según manifestó más tarde, regresó a Santa Cruz de Tenerife desde Guinea, por lo que no pudo presentar la declaración-retractación conforme a la Ley de 1-03-1940. El juzgado nº 3 del TERMC le instruyó el sumario 534/1943, por lo que compareció en Madrid, donde reconoció su intensa vinculación con la Orden, abjuró ante las autoridades eclesiásticas y, realizados los trámites oportunos, el Tribunal dictó (17-12-1943) sentencia condenándole a doce años y un día de reclusión menor y accesorias. Recluido por esta causa en la prisión provincial de Madrid, presentó recurso de alzada ante el Consejo de Ministros y, tras diecinueve meses de prisión, el Gobierno le conmutó (28-05-1945) la pena impuesta por la de seis años y un día de prisión mayor y accesorias. El TERMC decretó (31-05-1945) prisión atenuada en su domicilio, pero poco después falleció (30- 06-1945), en su lugar de nacimiento (Libro 111, fol. 91v, nº 541), sin hijos (AGGCE, 113-A-3, 364-A-5; TERMC, nº 7231).

En Historia de la francmasonería en Canarias (1739-1936), Manuel de Paz incluirá también que Horacio Pérez fue editor en 1931 de la efímera revista literario-masónica ¡Luz!.
La editorial del primer número decía:
Hoy más que nunca, en que los eternos principios de la fraternidad se vulneran, en que los hombres se acometen bajo banderías egoístas y las naciones se resquebrajan por haber atropellado los sentimientos básicos sobre los cuales se cimenta el bien colectivo; en que la moralidad está ausente de toda actividad, se precisa instaurar nuevamente el credo triple y unitivo de «Libertad, Igualdad, Fraternidad». [...] Las islas necesitan de puertos esperanzados en los que atraquen los barcos de las inquietudes puras. [...] Las ideologías no deben ser barrotes entre los que se debate y acongoja la alegría esencial del ser. No deben estar sujetas a otro mandato que al interior-individual.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Música clandestina

Dibujo de Felo Monzón
(Rafael Monzón Grau-Bassas)
realizado en el campo de concentración
Cuenta Guillermo Martínez en La música clandestina en las prisiones franquistas: esperanza, muerte, picaresca y el sueño de libertad que «Modificar la letra del “Cara al sol”, enfrentarse a las autoridades cada vez que intentaban que una partitura saliera de la cárcel y entonar diferentes canciones sobre su propia realidad es lo que hacían decenas de presos encarcelados durante la dictadura franquista (...) Romper el silencio en las cárceles franquistas no fue algo baladí. Decenas de presos políticos se vieron inmersos en bandas y orquestas de estos centros penitenciarios pensados para el castigo y la muerte, la reeducación del régimen. Entre ellos, decenas de músicos profesionales que no dejaron de entonar sus partituras y composiciones entre barrotes, a veces obligados por las autoridades de la dictadura, otras tantas, por la libertad añorada, la familia lejana, los deseos de escapar. La lírica caló en fragmentos de papel higiénico, en giros irónicos de un Cara al Sol quemado, en la protesta política: su crimen».

No es una sorpresa: habíamos visto ya en la celda de los pintores o el aficionado a los toros de Santa Isabel cómo los confinados buscan estrategias que les permitan hacer más llevadera la prisión o incluso generar espacios para la resistencia. Así surgen casos como los voluntarios a Guinea en el penal de Burgos.

En esa búsqueda los presos se inspirarán en diferentes temas, tantos como emociones:

«Asimismo, el protagonismo también recayó en las mujeres que sustentaban al preso: "La figura de la madre, la esposa y la hermana es muy recurrente porque son quienes les llevaban comida y de algún modo ellas estaban tan presas como ellos", especifica Calero. Aun así, la libertad era el tótem central al que dedicaban sus versos. Así ocurre cuando salen de prisión, o bien por su excarcelación o porque se tratara de un traslado. "Cuando ya sea libre te volveré a ver", decían las presas de Durango "desreferenciadas de su propio sitio, sin un lugar al que regresar", apunta la investigadora. Más allá de las mujeres, tan presentes en el pensamiento y recuerdo de los presos, éstos también dedicaban sus obras musicales a los más pequeños de la familia. Lo mismo sucedía con otras composiciones de contenido sexual, dada la carencia del mismo. "Cuando uno se las encuentra puede sorprender, pero no deja de ser una necesidad física y emocional", señala Calero. Ella misma finaliza al afirmar que, en estos casos, las letras sí tienen cierto contenido humorístico y se retrotraen a los ritmos latinos que ya habían penetrado en España en los años 20, donde todo es más sugerente y hablan del sexo hasta donde pueden, entendiéndolo como un juego».

Entre los testimonios recopilados está La Rumba de Ánxel Jóhan, compuesta en 1940 mientras cumplía condena en la Prisión de las Palmas de Gran Canaria.

Danza en el cálido son 

del bongó.

Rumba de selva

en Fernando Póo.

Baile del vientre

con tetas al sol.

Danza, que danza, que danza

la gripa se escurre llena de sudor.

Lujuria del muslo

crispada la mano

y abierto el bongó.

Trenza el calabó, bó, bó

trenza en tu ombligo

las nipas de N’fork [sic, por N’sork].

Sonido, verso y color

para la negra, negra de Cennobón [sic, por Annobón]

Sobre el autor, recogen en El Silencio Roto que Ánxel Jóhan (nacido como Ángel Juan González López, Lugo, 1901-Madrid 1965) fue:

Poeta, escritor y dibujante lucense. En 1929 se trasladó a Las Palmas de Gran canaria donde colaboró con la revista Yunque. Tras la sublevación militar escribió al gobierno de la república informando de la presencia de Franco en la isla, razón por la cual fue detenido en 1937 y condenado a treinta años de reclusión, de los cuales cumplió cuatro en el Penal de las Palmas. Allí retrató a varios de sus compañeros de presidio, colaboró en la revista clandestina Surcos y escribió diversos poemas y canciones, entre estas las de motivo infantil Dos canciones y la erótica Rumba.

En 1938, el Ministerio del Orden Público declara su separación del servicio del Cuerpo de Telégrafos, al que nunca más volverá a pertenecer.

En 1941 fue excarcelado, siendo entonces cuando publicó sus primeros libros: Redondel sin salida (1944), Alba esencial (1944), Muerte siempre (1945), La agonía junta (1946) y Antología cercada (1947). En 1948 regresó a Lugo, donde se dedicó a diversas actividades docentes.

Finalmente falleció en Madrid en 1965.

 

La canción tiene la evidente influencia de alguno de los 150 presos coloniales en Gando.

De todo modos, Ánxel Jóhan cultivará diversos procesos creativos (pintura, poesía... y otro tipo de canciones) en prisión.

Por ejemplo, dibujos y caricaturas:
Retratos de los presos Eustaquio Almeida Ojeda, Félix Montesdeoca Pérez, Domingo Suárez Morales, Juan Trujillo Pérez, Javier Muñoz Pastor y José Fiol Santana realizados en la prisión de Fyffes.



domingo, 10 de mayo de 2020

Sombreros de copa en Fernando Póo

Susana Cuartero Escobés documenta en La masonería española en Filipinas un artículo aparecido en el Diario Mercantil (1896) sobre «los trabajos filibusteros» que conspiraban para la independencia tanto de Filipinas como de Cuba. Se trata de un eufemismo periodístico para aludir a la masonería, cuya labor en la emancipación de los territorios de ultramar era «… menos inofensiva que la moda de los sombreros de copa en Fernando Póo…».

¿Significa eso que no se usaban sombreros de copa en Fernando Póo? ¿Que no había anhelos de independencia entre la población local? ¿O que tal vez no hubo masonería en el territorio ecuatorial?

Por la propia idiosincrasia de la francmasonería -es discreta por naturaleza- y las décadas de represión a la que ha sido sometida, es difícil recabar información... pero definitivamente la hubo y en este paseo por la Calle 19 de Septiembre de la vieja Santa Isabel es posible recopilar indicios de la misma:
  • La historiografía franquista, cuando se refiere al pequeño colectivo de los frentepopulistas de Río Muni se referirá a ellos como «una docena de descontentos sin prestigio ni arraigo: un comerciante de Santa Isabel, don Jaime Gay Compte, hombre apasionado y violento; un contratista de Obras, José Serrano Roldán, aventurero procedente de Tánger, que había creado en la isla un logia llamada "Fernandina número 17 [es más probable que sea la 67]", filial de otras de Valencia y Barcelona; un médico, Abelardo Lloret, y unos cuantos funcionarios de menor cuantía y colonos descalificados».
Es decir, no sólo hubo masonería, sino que también hubo una logia local... que fue perseguida por los ganadores de la guerra civil. Se trata de la Logia Fernandina (no confundir con las agrupaciones tradicionales de los criollos fernandinos) constituida en 1929. De hecho, los propios fernandinos eran según Julián Arija -colono y periodista- «protestantes y francmasones en gran mayoría, afiliados a logias inglesas», organizaciones locales en las que -según Gustau Nerín- «se hermanaban blancos y negros».

Bando publicado por La Guinea Española en noviembre de 1936.

Ese hermanamiento cesará con el triunfo del golpe de Estado el 19 de septiembre, ya que la masonería fue duramente reprimida.

Masones, y rotarios, ya que clamaban desde La Guinea Española: "viene a confirmarse con la masonería y rotarismo aquel dicho vulgar, que son los mismo perros con distintos collares. Pues esta venenosa y letal hierba parece quiso plantar aquí, y según dicen plantó alguna semilla, el fracasado Luis Sánchez Guerra, Gobernador que fué de la Colonia", aludiendo que el gobernador era público rotario (fue fundador y presidente del Rotary Club Alicante).

En el caso de los masones, el ensañamiento fue doble, ya que no sólo se aplicaban las consabidas sanciones por la vía administrativa, civil y/o militar a los detractores del golpe de Estado: los acusados de pertenecer a la masonería están expuestos tanto a las arbitrariedades del consabido Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas como a otro específico, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, creado más tarde. No podría ser de otra forma, si incluso Franco -bajo el seudónimo de J. Boor- afirmaba en el artículo El gran secreto (1948), que «de origen masónico fueron todos los movimientos revolucionarios que en siglo y medio se suceden en nuestro territorio, y los de secesión de nuestros territorios de América, y masones los gobernantes y generales comprometidos en todas las traiciones que mutilaron nuestra Patria. Masón era Morayta y los que con él desde España alentaron la insurrección cubana, y masones los que en las Cortes, y a espaldas de aquel Ejército, los traicionaron para la renuncia y la rendición...».
Juan Fontán, en su discurso de toma de posesión como gobernador general y Jefe Provincial de Falange Española Tradicionalista y de la JONS, no deja lugar a dudas «el Generalísimo de nuestros ejércitos, siempre vencedores, el hombre providencial que Dios pu­so en el camino de España, para sal­varla de caer en la ruina en que que­rían sumirla sus enemigos declarados, los marxistas, y los enemigos ocul­tos, el judaísmo y la masonería».

Os contamos algunos casos recogidos en el blog.
Documento sobre Francisco Del Rosal
que habla de su vinculación a la Fernandina
  • José Serrano Roldán, «que había creado en la isla un logia llamada "Fernandina número 17 [sic, 67]", filial de otras de Valencia y Barcelona» fue sometido a la Causa 518/36 «por tenencia ilícita de arma, al acreditarse que una pistola encontrada en un bosque, con la numeración raspada, era de su propiedad». La fiscalía solicitó para él cadena perpetua siendo finalmente condenado a 10 años de prisión. A eso, habría que incluir el destierro e incautación de bienes acostumbrado por el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Santa Isabel, que acabaría con una subasta pública de sus propiedades. Participó en la fuga más mítica del campo de concentración de Gando, pero esa es otra historia...
  • Jaime Gay Compte (o Conte en este caso), el "socio" de Serrano, cuenta a su vez con una ficha a nombre del sr. "Galiay" por delito de masonería en el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.
  • Francisco Del Rosal, militar de carrera, perteneció a la Logia Cabo Espartel, situada en la zona de Alcazarquivir (Marruecos), con el nombre de "Galdos". En 1930 tramita una licencia por asuntos particulares y se traslada a la Guinea española en donde se vincula con la Logia Fernandina. Con la proclamación de la República regresa a la península y se reincorpora al ejército, manteniéndose leal al gobierno tras el golpe de Estado de 1936. Destacó como dirigente de la Columna Del Rosal integrada por milicianos de la CNT. Empujado al exilio, escribía a las autoridades mexicanas: «Soy de los que aun con amnistía (si la dieran) no podré nunca volver a España, porque aunque no robé ni asesiné, soy en cambio masón, que es mucho peor que nada para la España de hoy». Falleció en 1945 exiliado en Nicaragua.
  • En la dialéctica local, era tradicional que los claretianos señalaran como masones a los gobernadores con los que entraban en contradicción. Así, identificaban al gobernador José Barrasa Fernández de Castro como masón grado 33 (sic) por su empeño en crear la escuela pública en el territorio, «Barrasa se opuso a que las religiosas se estableciesen en Elobey y no permitió que hubiese más de tres en el colegio ya fundado de Corisco, añadiendo que, si de él dependiera, no habría ninguna. Para mayor sinceridad y lealtad a la masonería, sin permiso de la metrópoli, abrió una escuela laica…», al igual que lo hicieron también con José de la Puente Bassave, «rabiosamente sectario y con indudables pintas de masón», o incluso con Ángel Barrera y Luyando. En el caso del viejo Gobernador que murió descalzo recogemos la historia Miguel Núñez del Prado, realmente único gobernador de la Guinea española del que se tiene constancia que fuera integrante de la masonería. En la misma se denominaba "Lafayette", nombre con el que -todavía- se dirigió en 1933 a la Fernandina expresando los «sentimientos fraternales y ofreceros de manera especial nuestra [de la logia Unión núm. 88] entusiasta colaboración en la obra masónica». En el periodo republicano se afilió a la Unión Militar Republicana Antifascista-UMRA (la misma organización que salvó al crucero Méndez Núñez de pasarse a los golpistas). Cuando la sublevación militar de julio de 1936 se mantuvo leal al Gobierno hasta el punto de que accedió a ir a Zaragoza a intentar revertir la insurrección en la ciudad del general Cabanellas (también masón), siendo detenido al aterrizar y fusilado (tras robarle las botas).
  • En el cartero de Bata, esbozamos la historia de Isidro Álvarez, criado en Asturias pero nacido en Cuba: significado como uno de los apoyos de la administración pública al subgobernador, salió huyendo reintegrándose al cuerpo de correos en el territorio republicano. Con el avance de los golpistas, se suma a la retirada a Francia (en noviembre de 1937 el gobierno de Burgos decretó su suspensión del servicio). En el blog deportados de Asturias relatan su periplo por diversos campos tanto en Francia como en Alemania, hasta que «en mayo de 1943, fue llevado a una prisión de la capital alemana y desde allí enviado a la cárcel de Laufen, a orillas de Danubio». Es probable que como nacido en Cuba fuera confinado con menor rigor que otros republicanos, por lo que «Tras año y medio de cautiverio Isidro y sus improbables compañeros de prisión se beneficiaron de un intercambio de prisioneros auspiciado por las Naciones Unidas. Como hombres libres, en febrero de 1945 llegaron al campo de refugiados de Philippeville, Argelia». Con el fin de la guerra mundial, solicita la repatriación: «Se abrió así un proceso en el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, en el que la principal prueba documental en su contra era una simple comunicación de 1936 de la Logia Jovellanos de Gijón con la Logia Constancia de Ourense interesándose por los antecedentes de aquel funcionario de Correos que había manifestado su voluntad de entrar la masonería. En el verano de 1947 el tribunal dicto sentencia absolutoria, dejando así vía libre para su retorno a España». Esa carta y los únicos informes desfavorables remitidos desde Bata la impedirán reincorporarse a su puesto en correos. Hasta que «a comienzos de 1970, Isidro reclamó una vez más su reintegración en el cuerpo de Correos. A punto de cumplir los setenta años, era la última oportunidad que le quedaba de volver a formar parte de la Administración y obtener así una pensión por los veinte años de servicio. En esta ocasión no hubo ningún informe negativo, y todo indica que in extremis Isidro volvió a ser funcionario del Estado por unos meses».
  • El caso del médico narra el acoso al doctor José Villaverde de Beitia, médico separado del Servicio Sanitario Colonial el 31 de octubre de 1938 porque «por su conducta había de considerárselo contrario al Movimiento Nacional, como consecuencia de una información sobre actividades de la Masonería en la Colonia, practicada por un Juez Militar, que dio lugar a la resolución del Gobernador General de Guinea de 19 de octubre de 1938».
  • En El exilio de Joaquín Mallo e Incautaciones de bienes a Joaquín Mallo, se recoge el proceso de exilio, incautación de bines y fallecimiento del finquero, presidente del Consejo de Vecinos, diputado y presidente de la Cámara Agrícola. En el portal Villa de Chía, completan con un «vista su trayectoria, es muy posible que fuera miembro masónico vinculado a la Gran Logia Española (desde alguna de las muchas logias madrileñas de la época) y con contactos en la Asociación Masónica Internacional». De hecho, José Antonio Ferrer Benimeli en su libro "Masonería, política y sociedad" le atribuye incluso el grado 33. 
  • El médico del penal documenta igualmente la detención del doctor Abelardo Lloret Peralt, detenido en Santa Isabel el 19 Septiembre 1936. Tras sucesivas privaciones de libertad, es condenado en mayo de 1944 «como autor de un delito consumado de Masonería, (...) a la pena de doce años y un día de reclusión menor, accesorias legales de inhabilitación absoluta perpetua». Dos años después, el Juzgado de Instrucción número 2 de Las Palmas de Gran Canaria hace saber que ha sido sobreseído el expediente de responsabilidades políticas y «ha recobrado la libre disposición de todos sus bienes».
Según La Guinea Española, hojas de inscripción de la Logia Fernandina

Ante la duda, -una vez más- La Guinea Española es esclarecedora. En abril de 1937 publica un artículo en el que -tras acusar a la masonería de fomentar el separatismo americano y filipino en el siglo XIX- se centra en el territorio ecuatorial: «no es una incógnita el que en Sta. Isabel, años pasados, bajo la obediencia de la Gran Logia Española, fundada en 1885 Calle Zurbano, 1º Barcelona y Alcalá 171 (Hotel) Madrid, funcionaba un Taller masónico establecido en la calle Castilla con el nombre “Fernandina” y cuyo Venerable fue el conocido abogado José Rumbao; poco antes y por poco tiempo debía estar el taller en la Calle Armengol Coll. (…) Poco hemos investigado sobre el tema en el Continente; pero allí no se quedaron atrás y mucho se significó en ese orden masónico Higinio Mazorra, masón de mucha consideración entre sus principales como lo evidencias los documentos que no tenía inconveniente en mostrar; de ahí procedían también los dirigentes de la revuelta del continente».

Fotografía que Gilda Mazorra envía en 1919 a su hermano Higinio, previendo su regreso de Estados Unidos al estallar la I Guerra Mundial. Al dorso de la tarjeta está manuscrito: ' Para que me conozcas,/ y cuando vengas no te/ equivoques al saludarme/ te envío este retrato/ tu hermana que te quiere/ mucho. Gilda 7=IIII=1919'.
Extraída de "Las fotografías de mujeres entre las fotografías de origen masónico del archivo general de la Guerra Civil española".
  • Sin más información sobre Higinio Mazorra Setién salvo su origen cántabro (de Villacarriedo), y que previo a su arraigo en el territorio ecuatorial había trabajado en Cuba y en Estados Unidos. Era afiliado del Frente popular, que estuvo entre los huidos a Camerún tras la caída de Bata. Celeste Muñoz le incluye en la relación de personas citadas por la Comisión de Incautación de los Territorios del Golfo de Guinea, y el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas le condenó en 1940 a «quince años de destierro de estos territorios y la pérdida total, de sus bienes en esta Colonia», exonerando de culpa a su hermano Jesús. Cuenta con sendos expedientes de indulto tanto de la Audiencia Provincial de las Palmas como del Juzgado de 1ª Instancia y Apelación de Santa Isabel, por lo que se entiende que fue igualmente juzgado en Las Palmas y cumplió pena de prisión. El archivo deja igualmente constancia de su pertenencia a las logias Perfección Martí de Palos (La Habana) e Hijos de Acacia de Alacranes (Huelva).
  • De José Rumbao y Conde no hay mucha información... nacido en 1900 en Allariz (Orense) y abogado de profesión, en su expediente del colegio de abogados de Madrid consta que fue procesado en 1929 en Guinea, revocándose el auto por la Audiencia de Las Palmas a petición conjunta del fiscal y su defensor. Años después, el gobierno de la República le instruyó en 1937 expediente por posible desafección al régimen; le acusan de confraternizar con supuestos quinta columnistas en Madrid, si bien se puede rastrear casos en los que -como abogado- intercedió para sacar de prisión a detenidos por las autoridades republicanas. Posteriormente los tribunales franquistas le acusaron de delito de masonería. Fue condenado a 12 años de prisión e inhabilitación absoluta y perpetua. Años después encontramos noticias del "abogado de Sigüenza" en la provincia de Guadalajara.
  • Es llamativo el caso de Otto Löbig, el relojero de Cartagena: marcado como antifascista, su negocio es destrozado y emigra con su familia a Fernando Póo en 1939, buscando el anonimato como comerciante. En uno de sus viajes, el buque "Escolano" es detenido por los franceses y se llevan a Löbig por ser alemán, iniciando un periplo por prisiones del norte de África. Con la caída de París, las autoridades colaboracionistas con la Alemania nazi, le entregarán, recayendo finalmente en el Campo de Concentración de Dachau. Sobre la masonería, hay constancia de que en 1931 la logia Lealtad nº6 no le aceptó. Pero Löbig, protestante de origen y rebautizado católico al contraer nupcias, no tendría problemas en adherirse a la masonería cartagenera, muy vinculada al protestantismo ibérico. De hecho, su nieto lo describe como "rosacruz, masón y superviviente de un campo de concentración". Exiliado, falleció de un ataque al corazón en Maiquetía, Venezuela, el viernes 28 de enero de 1977. 
  • Horacio Pérez Cruz fue sorprendido en Canarias por el "Manifiesto de Las Palmas" que precedió al resto de España en el golpe de Estado. Así, Horacio se vió inicialmente movilizado para integrar el ejército golpista, pero posteriormente depurado: en octubre de 1936, una declaración anónima marcada como "Notas de Zaragoza" le incluye entre los militares canarios pertenecientes a la masonería con el nombre de Sabinosa, por lo que fue apartado del servicio (1937). Aunque emigra a Fernando Póo buscando distanciarse del acoso y asegurar la subsistencia economica, en su ausencia se arman informes e indagatorias. En 1942 regresa a Canarias, iniciando un periplo de juicios y confinamientos, falleciendo en 1945 en prisión domiciliaria. En 2008, en la esquela de su hermano, se aludirá a ese proceso derivado de «sus preocupaciones sociales, su trato fraternal y su sentida defensa de la libertad y la igualdad, que compartió desde su infancia con su padre, Julio Pérez Cabrera, y su hermano Horacio, que fueron internados en Fyffes y perseguidos por defender ideales democráticos...».
Pero seguro que hay más casos de represaliados por su pertenencia al taller de Fernando Poo, como Segundo Sabio Dutoit, aunque él fue absuelto de los cargos, al contrario que Antonio Costa Roca, Secretario de la Cámara Agrícola, identificado como masón y condenado por el TRP a la pérdida total de sus bienes en la colonia y seis años de destierro.

Faltaría, por ejemplo, indagar más sobre la participación de la población local. En el imprescindible Guinea Ecuatorial (des)conocida: (Lo que sabemos, ignoramos, inventamos y deformamos acerca de su pasado y su presente), se recoge cómo la población local en la búsqueda por ascender socialmente se incorpora a la Logia Fernandina, junto a liberales y republicanos españoles. Igualmente se darán casos de pertenencias a talleres ingleses o franceses con presencia en otros países del continente. En PARES tiene ficha del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, entre otros, Guillermo Barleycorn Beckley (archivada por ser súbdito inglés), Eduardo Barleycorn Atti, los hermanos Abilio y Manuel Balboa Arkins o Daniel Macati (McCarthy) Kinson... «También eran masones varios portugueses [tal vez Arturo da Costa Leal y Joaquín Pedro Pedrosa] asentados en la colonia, el sirio David Nauffal, el cónsul de Liberia G. M. Johnson y el pastor metodista británico George Bell. En 1944, cuando el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo comenzó a citarles para su procesamiento, Carrero Blanco, a propuesta del gobernador Bonelli, ordenó a su presidente que excluyera de su jurisdicción a los indígenas guineanos, pues no habían sido plenamente conscientes del carácter maléfico de las logias, a las que habían entrado debido a su cultura británica y para imitar a los españoles, los verdaderos responsables».

Especialmente revelador será este testimonio de «Edward Barleykorn, un marchito y sabio anciano que me habló de su larga vida como cultivador de cacao. (Como de pasada, mencionó que, al final de la guerra civil española, le habían embarcado rumbo a España junto con otros masones. Los masones blancos habían sido ejecutados por los franquistas; él, que pertenecía a una logia de Sierra Leona, quedó libre)».

Isabela de Aránzadi, cuando estudia el legado de Sierra Leona en Bioko, recoge un testimonio «[Nuestros abuelos] tuvieron que cambiar de nacionalidad cuando llegaron los españoles [a principios del siglo XX [...]. En la época de Franco también se expropiaron tierras a fernandinos relacionados con la masonería. Este fue el caso de Samuel Norman Kinson, descendiente de sierraleonas llegados a mediados del siglo XIX a Santa Isabel...».

En el Centro Documental de la Memoria Histórica se puede acceder igualmente a esta imagen:



Fotografía en formato cabinet en plano medio de Blas Barrera Ferrán, miembro de la Logia Fernandina. Pende de su cuello joya del grado 33.



La fotografía está pegada a portafotos de cartón, en cuyo dorso, manuscrito en tinta, se puede leer: 'A los qq:.hh:.de la Resp:.Log/ 'Fernandina'/ su h:./ B:.B:. Garibaldi.g:.33:./ Blas Barrera Ferrán/ Barcelona-calle/ Tresllits 6'. Al dorso además sello de tinta del fotógrafo: ' RAFAEL DELMONTE/ FOTOGRAFO/PUERTO-PRINCIPE'. 

Perdido en la historia queda el caso del cura Galeote, sacerdote castrense en Fernando Poo. Éste cometió un magnicidio en 1886, décadas antes que Restituto Castilla, al asesinar al diputado y primer obispo de la diócesis de Madrid-Alcalá. Asesino confeso, se le acusó de ser «masón del grado 9°». Si bien según el escritor canario Benito Pérez Galdós, «la prensa ultramontana ha dicho que Galeote era masón, y aún indica la logia a que pertenecía, y el nombre o número que usaba en aquella misteriosa asociación. Pero al sostener esto, los ultramontanos no han añadido ninguna prueba. Debemos ponerlo en duda, y creer que tal especie no tiene más objeto que echar la culpa del crimen a las ideas liberales que con más o menos fundamento, se asocian por algunos al instituto masónico. También se dijo que el cura Merino, que dio la puñalada a la Reina Isabel, era masón; mas no resultó cierto. El baldón que sobre el clero arroja la mano aleve de Galeote es demasiado grande para que los defensores del Estado eclesiástico no quieran arrojarlo sobre otra cabeza».

O incluso se suele desconocer la condición de masón de Sir Richard Burton, cónsul británico en Santa Isabel en la década de los 60 del siglo XIX, cuando España apenas daba pasos titubeantes por retomar la administración del territorio insular. En el caso de Burton, está documentado que durante su servicio en el ejército de la Compañía de las Indias Orientales se inicio en la Logia Esperanza (Hope Lodge #337) de rito escocés, con sede en Karachi (Kurrachee en esa época), actual Pakistán, a la que se incorporó precisamente durante los primeros años de su creación.



Esta acumulación de referencias personales son un indicio evidente de que la masonería sí tuvo presencia en el territorio. No podía ser de otra forma, si ya el 30 de noviembre de 1922, José Freixa Martí, Julián Rodríguez Ballester y Juan Vich Company, comisionados por las logias canarias Añaza, Abora y Andamana, y con Amado Zurita Colet (grado 33 de Añaza) como presidente acordaron la tramitación de un nuevo Taller denominado Gran Logia Regional de Canarias, «cuya jurisdicción comprenda el Archipiélago Canario, costa occidental de África y posesiones españolas del Golfo de Guinea». Éste taller tuvo un complejo proceso de creación, que fue truncado con la represión que sufrió la masonería en Canarias tras el triunfo del golpe de Estado.

En cualquier caso, resulta paradójico el ensañamiento con la masonería en el territorio, si precisamente la consolidación del mismo se debió a las exploraciones del alavés Manuel Iradier y Bulfy, que fue francmasón y secretario de la logia Victoria nº 134 de Vitoria con el nombre simbólico de Lurrac Villazen (Lurrak Billatzen -en la grafía actual del euskera-) que significa 'Buscando tierras'.

O incluso el detalle de que la masa principal de colonos tras la retirada de la administración británica procedía de las deportaciones forzosas por razón política, entre la que había masones además de liberales, republicanos y carlistas peninsulares... pero también cubanos, portorriqueños y filipinos (¿alguien se acuerda de la presencia filipina o portorriqueña en el territorio? Eso da para otra entrada...), siendo algunos de ellos sin lugar a dudas integrantes de diferentes talleres. Al fin y al cabo, en esos territorios insulares ser masón suponía un delito doble por «el crimen a las ideas liberales que con más o menos fundamento, se asocian por algunos al instinto masónico», como decía Benito Pérez Galdos, y por imputarles la connivencia con los procesos independentistas, como recordaba La Guinea Española. De hecho, el cubano y deportado Francisco Javier Balmaseda, en Los Confinados a Fernando Poo dejaría constancia de que «los españoles, con pocas excepciones, tienen indecible horror á la masonería, cuya humanitaria y grandiosa institución no comprenden».


Cerramos esta entrada con un documento muy especial: la fotografía anónima de un deportado cubano al que el fotógrafo Otto Schkölziger identifica como "masón de la isla de Cuba. Fue exiliado a la isla Fernando-Po", con fecha estimada entre 1891-1906.

Placa conmemorativa de las deportaciones de cubanos. Ubicada en la actual avenida de la Independencia de la ciudad de Malabo.